HUESOS, MUJERES Y FELICIDADES
Me asomo y leo el silencio de muchos días. Me da pena dejar este trozo blanco en blanco, yo soy de las de rellenar huecos. Quizá por eso siento este pavor por tener los huesos huecos, me gustaría rellenarlos de ese dulce amarillo tan macabro de los huesitos de santo que venden en las confiterías el día de los difuntos.
Y es que las mujeres tenemos muchas panas, además de penas, por nuestra misma naturaleza. Ya está bien de días de la mujer trabajadora, yo abogaría por el Día de la Mujer Gloriosamente Ociosa, sin dar ni chapa, o sea. Abomino de la regla, la menopausia, el embarazo y el parto. No me quiero realizar. Para que al final te llamen Progenitor B. Que les den. Ahora me gustaría marcharme a Benidorm o a Marina D'Or, Ciudad de Vacaciones, a tomar las aguas y los soles y dejar mis huesos en un saquito para que los doctores más machos los examinen, los clasifiquen y vuelvan a decir cosas bonitas de mi cuerpo.
En otro orden de cosas he visto una familia turca que camina como los cuadrúpedos, creo que van de coña, vamos, que están haciéndose los interesantes. Supongo que encontrarán monedas y botones, caracolas, secretos perdidos y alguna caca de perro.
Otrosi digo: Toya he vuelto del más allá para felicitarte, sé que te mereces un homenaje, propongo la colocación de tu busto en la fuente del abanico, mirando a la Dehesilla -¿se pondrá esto así? -por lo menos. O de cuerpo entero, para que aprendan.





