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Desayuno de trabajo
Opinión, cultura, comentarios de política y sobre la vida en general.
Sindicación
 
YENEIRE

La cocina es la mejor habitación de esta casa, nada del otro mundo, pero tiene una ventana grande que da al campo, se ven algunas carrascas oscuras, un montón de nubes de primavera y al final de vez en cuando salta una liebre, luego he mirado por los prismáticos y ha resultado ser la autovía, por donde circulan coches siempre grises. Y tras los coches, un camión. He pasado un rato mirando y pensando si el asesino llegó por la carretera, si paró aquí su coche o su camión, y si por desgracia se cruzó con la niña Expiración. Vaya nombre premonitorio.

Por la tarde ha venido a saludarme una de las chicas del “Milaidys”. Es una eslava alta, muy pálida, demasiado grande, algo masculina, con un acento muy gracioso. He pasado un rato muy divertido con ella.

-Hola,¿cómo estass, hostiass? - Ha dicho.
-Bien – he contestado. Y he añadido por si acaso – Hostiass.
-Soy de estas putas de al lado – ha declarado – Me llamo Yeneire.

Le he dado un café de estos buenísimos que me he traído y ella a cambio me ha contado cosas de los clientes habituales de su club de señoritas y de los chulos que las mantienen medio prisioneras hasta que liquiden sus deudas. Ella cree que mis caseros son unos espías pagados por una mafia del este con base en Parla.

-Estos cerdos de aquí al lado son unos miserables, no les quites la vista de encima, me ha recomendado mirando los prismáticos. Son cotillas. Él huele muy mal.

Creo que esta chica será una buena ayuda para mí, ni siquiera ha buscado una excusa para su visita, salvo su curiosidad.
Mi dormitorio tiene un tabique de papel y esta primera noche puede decirse que he dormido con mis caseros. Sé todo sobre ellos y creo que también sobre sus madres. Oí los ronquidos entrecortados hasta que me fui con la manta al salón y me instalé en el sofá frente a la chimenea apagada. Tengo que buscar leña.
Yeneire se ha hecho cargo de mi problema y me ha acompañado a la tienda-almacén-cafetería del señor Casimiro, un tipo con guayabera que me ha vendido unos troncos para encenderla. Parece que la guayabera es el traje regional.

Tengo que confesar que llevaba unos días bloqueada y no podía escribir ni una letra. Yeneire me ha gustado mucho.
 
Comentario:
Haviso: meter las narices en los escrementos no te ba a yebar a denguna parte. Hojo con las putas, que esos cuerpos tienen dueño y el kabisa no es traidor.
No