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Fantasías Sexuales
Discutir, desde lo concreto a lo más teórico, sobre las fantasías sexuales
Acerca de

Gusalm somos dos: Gus y Alm. Gus viene de Gustavo, Gusano, Gustativo (lo sensorial); Alm viene de Almudena, Almeja, Alma (lo afectivo). Somos una pareja fantasiosa, una pareja cuya vida sexual se nutre y empapa en gran medida de la fantasía. Ambos tenemos 45 años, algo maduritos para la edad media de los blogueros, pero en fin ... ¿Y qué más decir? Pues nada, porque no creemos que haga falta.

Sindicación
 
Almudena domina

Buen inicio el de este año 2007. Eso sí: resfriado tremendo, que nos obliga a pasar los tres primeros días en la cama. Claro que, ¿qué mejor sitio que la cama para divertirse?

El primer puesto del ranking de fantasías de este año nuevo lo ha alcanzado la versión actualizada (y maravillosamente mejorada) de “Almu dominante”. Almu inmovilizando a Gus, diciéndole guarradas, pellizcándole los pezones, frotando el coño contra su polla, metiéndole un dedo en el culo, dejándole que le sobe las tetas y, de pronto, apartándole las manos y sujetándoselas contra la almohada, asiéndole la polla y metiéndosela de golpe para cabalgarle frenéticamente hasta que, también de pronto, sin aviso, sacársela ante la desesperación de Gus ... Y así varias horas de juego siempre in crescendo y, cada cierto tiempo, interrumpido cruelmente por esa reina viciosa, esa dominátrix en que se ha convertido Almu.

Gus se va entregando poco a poco, abandonando su voluntad al dominio de su ama, y cuanto más lo hace más descubre que su excitación y su placer aumentan. Cada vez más se siente un juguete en manos de Almu, un mero utensilio que ella usa para darse placer. Al mismo tiempo, Gus comprueba como Almu sabe manejarlo con excepcional destreza, como sabe tocar los puntos que hay que tocar para producirle explosivas descargas de sexualidad que incrementan su excitación, que llevan su deseo hasta límites paroxísticos. Las pupilas de Gus (se lo dice su ama) están dilatadas; la lengua le asoma ansiosa de lamer esa piel, de saciarse bebiéndose los abundantes jugos del coño; las manos aprovechan cualquier descuido de Almu para asir esas tetas llenas, para juguetear con los pezones gruesos y erectos.

Y, cada vez que Gus, desesperado en su deseo, logra tocar, lamer, besar alguna parte del cuerpo ansiado, Almu reacciona apartándole, sujetándole, regañándole por su atrevimiento, castigándole con deliciosos pellizcos que, en otro momento, serían dolorosos, enervando con su cruel severidad aún más su deseo. Ella manda, ella es la que marca los ritmos, decide qué se puede hacer y qué debe esperar, interrumpe los tocamientos, expulsa la polla. A ratos, magnánimamente, permite que Gus sacuda la polla que ha alcanzando notables dimensiones, mientras ella, mirando como lo hace, se masturba con un dedo el clítoris mientras con la otra mano se abre los labios vaginales. Pero, cuando nota que Gus está a punto de eyacular, le aparta violentamente la mano, le pone a la boca su mano (que Gus chupa y muerde) y, al cabo de unos momentos, cuando ya el chorro no es inminente, con esa mano mojada comienza a retorcer la polla agarrándola desde el glande; y cada contacto, cada torsión, es una sacudida de infinito placer que convulsiona a Gus todo el cuerpo (y toda el Alma).

La sesión del viernes fue épica, por su duración e intensidad. Desde que nos despertamos hasta las 6 de la tarde, con las interrupciones del desayuno y el almuerzo, además de las que, en la cama, imponía Almu cuando quería. Y acabó porque había que salir (noche de reyes), quedando Gus todo él electrizado, cargada de sexualidad hasta su más recóndita célula y sin que Almu le hubiera permitido ninguna eyaculación. Estas vendrían al día siguiente, aunque entonces las fantasías que nos animaron fueron otras.

 
Un regalo para Almu

A pesar de haberlo intentado muchas veces, ya veo que no te animas a escribir un post sobre lo que pasó aquel día en tu casa. Vale lindo, yo lo hago, con una única condición: que volvamos a repetirlo alguna vez...

Cuando entré en la habitación comprobé lo bien que habías hecho tu trabajo. Un hombre desconocido estaba atado a tu cama; yacía indefenso, con los brazos en cruz y las piernas abiertas, sus muñecas y tobillos envueltos en pañuelos de arpillera que lo sujetaban fuertemente a la cama.

Era un hombre alto, bien hecho... y muy bien dotado, un buen ejemplar. Le habías vendado los ojos con un pañuelo de seda lo suficientemente apretado como para que no viera nada. Mirándolo así me pareció un lindo juguete, atado y empaquetado a la espera de que yo lo probara. Un lindo juguetito, sólo para mí.

Te miré divertida, ( qué bien me conoces ) , mientras tú te acomodabas en el suelo, cerca de la puerta, dispuesto a no perder detalle de lo que iba a pasar entre tu amigo y yo.

Me acerqué despacio, sin hacer apenas ruido, y pude comprobar la agitación de aquel cuerpo tendido, su respiración acelerada y la tensión que revelaba la extraña mueca de su boca al apretar con fuerza las mandíbulas.

- Tranquilo, no pasa nada. - y apoyé las rodillas en la cama mientras estudiaba su anatomía decidiendo por dónde empezar.

Noté un escalofrío en su cuerpo al oir mi voz, susurrante, como habíamos acordado. Aunque no me conociera, no queríamos que oyera mi voz, parte del reto estaba en lo desconocido, crear un mundo irreal en el que los sentidos fueran los dueños absolutos de la situación.

Me senté a su lado y empecé a acariciarlo, recorrí suavemente con mis dedos todo su cuerpo, desde los hombros hasta los pies, mientras iba notando como, en cada caricia, iba aflojando la tensión, sus músculos se relajaban y las manos se le abrían, rendidas, igual que todo su cuerpo.

Te miré de reojo, no te habías movido de tu sitio, pero una pequeña sonrisa, casi imperceptible, confirmó lo que ya pensaba : te estaba gustando.

Me puse de rodillas sobre él, animada por tu beneplácito, aunque ya estaba bastante excitada, y empecé a lamer su cuello mientras rozaba su cuerpo con el mío, - no te muevas -, y seguí lamiendo y mordisqueando sus pezones, mientras él iba tomando conciencia de su inmovilidad e intentaba mover las manos para tocarme.

Cuando empezó a gemir, me di cuenta de lo muy excitado que estaba, movía su cuerpo en un inútil intento de controlar la situación y a medida que se daba cuenta de que la dueña era yo, más se excitaba y más gemía, ya no sé si de placer o por desesperación.

-Cállate, no puedes hacer nada - seguí susurrando, mientras mi cuerpo buscaba placer en la sumisión del suyo.

De repente paré, su pene iba a estallar de un momento a otro y no podía permitir que tu regalo durara tan poco, así que volví a las caricias, suaves, lentas, a pasar mi lengua por su cuerpo mientras yo me acariciaba también, y haciendo caso omiso de sus palabras, bastante soeces por cierto, volví a relajarlo, proporcionándole esa clase de placer más cercana al espíritu que al cuerpo.

Apoyé mi nariz en la suya, dejando que mis labios rozaran su boca y creo que en ese momento se volvió loco de deseo, empezó a mover los brazos para agarrarme y creí que por poco lo lograba, pero no pudo, y en lugar de eso, me dio un beso desesperado, concentrando en su boca todas las ganas que tenía de tocar mi cuerpo.

Y me olvidé de ti amor, lo estaba pasando tan bien con mi juguete, que no me di ni cuenta de que te habías acercado y que estabas allí, muy cerca, con ganas también de tocarme y besarme.

La situación era la siguiente: estaba con dos hombres, uno que no podía hacerme nada porque estaba atado, y otro que tampoco podía porque no debía entrar en el juego, pero los dos me deseaban, y mucho, y el solo hecho de saberlo me puso a mil, así que empecé a jugar fuerte.

Me arrodillé en su boca y le ordené que me comiera. Me obedeció enseguida y empezó a lamer mi coñito hábilmente, yo me sentía morir de placer, ahora la que gemía era yo. Me corrí en su boca, pero no me había saciado todavía, quería más, quería sentirlo dentro, así que me coloqué entre sus piernas y empecé a chuparle la polla, que seguía dura.

Empezó a moverse, mientras pronunciaba palabras sin sentido, obscenas, excitantes, mientras mi boca entraba y salía de su pene.
De repente sentí tus manos agarrarme por detrás y tu verga dura entrar en mi cuerpo, no pudiste aguantar y empezaste a follarme con todas tus fuerzas.

Él fue el primero en correrse, después nosotros dos; te miré y nos reímos. Salí en silencio como había entrado.

No sé lo que hiciste con Paco ni lo que te contó, y , sinceramente, tampoco me importa.

 
Fantaseando la continuación del post anterior (Almu)

¿Así que te has calentado con mi aventurilla? Pues luego estuve imaginando lo que habría pasado si no me hubiera cortado y si "ella" hubiera querido, claro. ¿Quieres saberlo?

El caso es que cuando me separé y caminé hacia la puerta del baño, ella rompió ese silencio cómplice y denso. Oí esa voz ronca y tan erótica diciéndome, ordenándome: en 10 minutos en la esquina de Zara, un bmw rojo descapotable.

Me desembaracé de mi hermana con una excusa tonta y por unos momentos caminé como hipnotizada, sin darme demasiada cuenta de lo que hacía. Estaba excitada, pero también desasosegada. No sé cómo, no sé por donde anduve, pero al cabo de un ratillo estaba junto al escaparate de Zara y ahí estaba el coche rojo, ella al volante, la puerta junto a la acera abierta: me senté a su lado. Ella me miraba fija, intensamente. Volví a hundirme en sus ojos, unos ojos verdes y acuosos, profundos. Era muy bella (ya te lo he dicho, ¿verdad?).

Arrancó el motor sin palabras. Conducía rápido, pero sin brusquedades. Salimos de la ciudad y tomamos la carretera del monte. Conozco poco esa zona, sé que hay abundantes chalets de ricos, pero nunca había estado en ninguno. Cuando la carretera se tornó tranquila, ella puso una mano sobre mi muslo izquierdo. Era una mano grande, con las venas marcadas, pero muy limpia, muy cuidada; las uñas algo crecidas y recortadas rectas rascaban suave y distraídamente mi piel, haciendo nacer con sus caricias bultitos erizados. Cerré los ojos y dejé caer mi cabeza hacia atrás: sentía el viento con aroma de hojas verdes salpicado de su olor.

Llegamos a uno de esos chalets: una verja alta casi totalmente envuelta por arbustos y en el centro una puerta de dos grandes maderos macizos que se abrieron de par en par mediante un mando a distancia. El coche recorrió una pista ascendente entre jardines de grandes árboles que moría al pie de una terraza. Allí subimos ambas, cogidas de la mano. Sólo al pisar las lajas de la terraza ella habló nuevamente: Me llamo Luana, dijo, ¿y tú? Almudena, contesté. Encantada, Almudena ... Y me dio dos besos, como una amiga que me recibiera en su casa.

Me pidió que la esperara afuera, en un banco de piedra cubierto con cojines, mientras se cambiaba de ropa. Al meterse en la casa a través de una enorme cristalera, girándose apenas, me dijo: estás muy buena y me gustas mucho, Almu. Yo contesté (o quise contestar, porque la voz no encontraba la salida): tú también.

Volvió al cabo de pocos minutos, con una bandeja en la que había dos vasos. Llevaba un vestido jaspeado con un amplio escote que dejaba ver la mayor parte de sus rotundas y tostadas tetas. Apoyó la bandeja en una mesita y me alargó un vaso. Brindamos y probé la bebida: algo amarga, pero rica, muy rica. Nos sentamos en el banco, una al lado de la otra, muy juntas. Volvió a apoyar su mano derecha sobre mi muslo izquierdo; y yo hice lo mismo. Seguíamos en silencio, cada una con una mano acariciando suave, insinuantemente, el muslo de la otra; la otra mano sujetando el vaso del que cada poco rato bebíamos un sorbo. Yo sentía la ansiedad del placer a propósito demorado, de la piel impaciente; creo que a ella le pasaba algo parecido.

Acabamos los licores y ella dejó los dos vasos sobre la bandeja. De pie frente a mí puso sus manos sobre mis hombros desnudos y me izó lentamente. Luego, sus manos descendieron por mi espalda hasta llegar a la cintura; ahí, lo que era una caricia se transformó en sendos apretones que al mismo tiempo empujaban mi cuerpo hacia el suyo. De pronto me encontré totalmente pegada a ella, mi nariz hundida en el canalillo fragante de sus dos apetitosas tetas. Aspiré profundamente y dejé escapar a mi lengua que saboreó esa carne mullida, por más que fuera resultado de una operación quirúrgica.

Entonces Luana me toma la cabeza con sus dos manos y sosteniéndola me besa salvaje, intensamente. Su boca absorbe la mía con furia, su lengua entra violentamente y chupa golosa por dentro, bebiéndose mi saliva a la vez que yo hago los mismo. Le echo los brazos al cuello y mis dedos empiezan a trepar por el atrás de su cuello, enredándose gozosos en las matas de ese pelo tan negro. Estamos soldadas por las bocas en una guerra de ansias mutuas cuando ella baja sus manos hasta agarrar mis nalgas con fuerza y empujándolas a la vez que me alza en vilo, oprimirme contra su polla. Noto el impacto de ese bulto duro en mi coño y noto (¿estaría ya alucinando?) como a través de la ropa mi vagina se abre hambrienta.

Son unos minutos de intensa presión, de estar en vilo follando sin follar, de sentirme colgada de una boca y sostenida por unas manos en el culo. Acaban esos minutos y ambas volvemos a mirarnos con miradas de excitación y deseo. Soy ahora yo quien toma la iniciativa. Separo lateralmente las telas de su vestido y asomo al aire las dos tetas que tanto me gustan. Mis manos las acarician despacio pero ansiosas, las repasan y contornean; luego mis dedos se pinzan sobre ambos pezones y los retuercen levemente. Tengo la boca entreabierta, me percato de que mi lengua apunta sedienta hacia esos pechos morenos. Y miro a Luana y veo la misma mirada en sus ojos, la misma humedad lujuriosa en sus labios entreabiertos, en su lengua también asomando.

Yo llevaba el vestido blanco de asillas que tanto te gusta, ¿sabes del que hablo? Pues de golpe, sin hablar, Luana tira fuerte de las asilla (de hecho, me ha roto una) y me baja el vestido que queda a mis pies, como un charco blanco de lino. Me empieza a chupar, a llenar de saliva el cuello, las tetas, el abdomen; me manosea acariciando, agarrando, pellizcando; me frota su cara, su pelo, sus dientes que muerden tozos de carne que las manos acaban de despertar ...

En medio de ese frenético banquete, aleja por instantes la cara de mi cuerpo y me dice ronca y lujuriosa: qué buena estás perrita, cómo me pones, tengo la polla a punto de explotar, vas a ver cómo te voy a follar. Y yo la oigo y noto que la sangre me está hirviendo, multitud de burbujas que corren por mis venas llevando cada una el placer alocado de cada punto concreto de mi piel. Mis manos levantan la falda de su vestido y descubren la braguita blanca tremendamente abultada. Libero su polla que salta hacia arriba; la aprisiono ahora con mis manos que se cierran sobre ella. La aprieto y noto su placer; sus jadeos y lametones se sincronizan intensos con mis apretones.

Luana se deja caer despacio, casi con la elegancia de un desvanecimiento en el banco. Sentada con las piernas abiertas, el vestido todo descompuesto, me ordena en silencio lo que he de hacer. Me tiendo en el banco desnuda e inclino mi cabeza hacia su entrepierna. Mi boca engulle esa verga palpitante, venosa. Acaricio los testículos inflados y prietos mientras succiono, saboreo, mordisqueo. Luana se queda quieta, con los ojos muy abiertos, como pasmada. Pero enseguida apoya una mano sobre mi cabeza y la empuja para que trague más polla. Y casi me atoro, pero sigo y sigo, notando como su erección crece, como su excitación se me transmite por la boca y me recorre por dentro el cuerpo, electrizándome, hasta llegar a mi coño. Mi mano derecha baja hasta la vagina.



En poco rato sentí las olas de mi primer orgasmo, justo cuando la polla de Luana llenaba al máximo mi boca. Ella también debió notarlo porque me sujetó la cabeza deteniendo sus convulsiones. Despacio se fue enderezando hasta quedar de pie frente a mí que seguía adherida a su polla. En esa posición empezó a follarme despacio la boca, entraba y casi salía, volvía a entrar y casi volvía a salir. Sus manos me sujetaban la cabeza, insinuándome apenas el ritmo de mis succiones; sus dedos se enredaban en mi pelo, a veces tiraban de ellos, a veces rascaban el cráneo.

Se giró entonces e hizo que yo también me diera la vuelta, manteniéndome a gatas sobre los cojines del banco. Acercó su cabeza a mi culo y empezó a chuparme el ano, los labios vaginales, el clítoris; así en movimientos pausados al principio, luego cada vez más rápidos. Giré mi cabeza y vi que se estaba poniendo un condón sin mirar: las manos se ocupaban de la polla mientras su cara y su lengua exploraban mis partes bajas. Cerré los ojos atenta a la marea de placeres que me venían, sentía que se avecinaba la inundación de un nuevo orgasmo.

Entonces me penetró. Ni siquiera noté el acercamiento previo de la polla; no hubo tanteos. Solo fue separar su cara y su lengua, notar sus manos sobre mis nalgas y sentir la verga dura y cálida que me llenaba, deslizándose sin esfuerzo por mi humedísima vagina. Y fue sentirla dentro y casi de inmediato correrme: un orgasmo quizás no tan intenso como el primero, pero más largo, más vibratorio, que se prolongaba acompasándose a los empujones de la polla de Luana.

Estuvo follándome un buen rato. Luego, salió de mí, se sentó en el banco y cogiéndome casi al peso me clavó de nuevo en su polla. Me folló entonces levantándome y dejándome caer, marcando el ritmo con sus brazos eróticamente musculados. Y a ratos descansaba, dejandome insertada hasta el fondo, y me lamía una teta, me besaba en la boca. Aguantó mucho tiempo en esta posición, mientras yo le acariciaba el pelo, le recorría la cara con mis dedos. Al final, me apartó, se levantó, se quitó el condón y me ofreció la polla brillante y dura. Me acuclillé y empecé a chupar con sorbetones rápidos masturbándome violentamente al mismo ritmo. Así hasta que se corrió ... y yo poco después, mientras su semen se deslizaba por mis pechos.



Detengamos aquí la fantasía; dejemos sin detallar cómo siguió la velada, cómo nos despedimos después de que me dejara en la ciudad, a poca distancia de la casa de mi hermana; no desvelemos si habrá más encuentros ... ¿Qué opinas?

Sólo añadiré que, mientras Luana me penetraba, te imaginé a ti haciéndole a ella lo mismo. Y también te imaginé en más combinaciones ... Mañana tendremos que practicar algunas cosas. Besos.

 
Un encuentro excitante (Almu)

Hola, lindo. Al salir de la exposición de reptiles, mi hermana y yo nos sentamos en una terracita del paseo marítimo. Al poco, mientras saboreábamos nuestras cervezas, apareció una tremenda morenaza. Melena larga y ondulada, que brillaba al moverse; una cara preciosa de ojos grandes y labios carnosos; las tetas ... Dios mío qué tetas, muy grandes y a la vez perfectas. Obviamente operadas, pero qué más da. Sobresalían desafiantes hacia adelante, enfundadas en una camiseta elástica, de esas que a ti tanto te gustan. Más abajo una cintura delgada que resaltaba más las caderas rotundas. El culo redondo y también grande, muy grande. Piernas infinitas y torneadas ; y para colmo, al aire en sus nueve décimas parte: minúscula minifalda. ¿Te la imaginas? ¿Y no te estás excitando?

Pues a ambas nos llamó la atención. Tamaño mujerón nos dijimos mirándola mientras se sentaba en una mesa bastante cercana a la nuestra. Ana fue la primera en darse cuenta de que era un travesti. Demasiado alta, brazos musculados en exceso, la voz algo ronca (si bien bastante erótica) cuando pidió un cortado. No nos fijamos en las manos, como tu me dijiste ... Pero era un travesti, una travesti preciosa y tremendamente cargada de sexualidad.

Esto, con menos detalle, ya te lo he contado por teléfono. Lo que no te he contado es que se dio cuenta de que la mirábamos, de que hablábamos de ella. Y en un momento nos sostuvo la mirada, a mí especialmente, y sonrió. La verdad es que nos pusimos nerviosas y pedimos la cuenta. Mientras ella (¿él?) nos miraba irónica, pagamos y nos levantamos para irnos.

Ahí podría haber quedado la historia, pero hubo un algo más. Al pasar junto a ella, armándome de valor, le devolví la mirada y la sonrisa. Luego, pidiéndole a Ana que me esperase, entré en la cafetería para ir al baño. Al cruzar la puerta del local me giré ostensiblemente y miré a ese mujerón que seguía mirándome, enviándome lujuria desde sus ojos. Me mordí levemente los labios y dejé asomar la punta de la lengua antes de seguir hacia los servicios.

Pasó un ratito; estaba de pie frente al lavabo. Se abrió la puerta y entró ella (no puedo decir él). Me quedé inmovil, muy muy nerviosa, muy muy excitada. Ella se puso detrás de mí; no dijo nada. Yo bajé la vista, entreviendo su imagen en el espejo. Ella pegó su cuerpo al mío, sus tetas oprimieron mi espalda. Bajó la cabeza y pegó sus labios a mi cuello, su pelo largo y negro (¡qué bien olía!) resbaló por mi cara en suave cosquilleo. Me lamió despacio desde la oreja hasta el hombro, su lengua muy extendida. Apreté mi culo contra su ingle y noté el bulto duro de su polla. Las piernas me temblaban, hube de apoyar fuerte las manos en el lavabo. Enseguida las suyas simétricas, a la par, recorrieron mi cara, mi cuello, mis pechos, mi tripa y acabaron juntas sobre mi coño.

En ese momento casi me desvanezco de la excitación. Con un esfuerzo tremendo me enderecé y me di la vuelta. En un instante que pareció eterno, mientras ella me sostenía por la cintura, nos miramos hasta el fondo de los ojos. Entonces mi mano bajó a su entrepierna, por debajo de la falda, y asió su polla dura. Nada más que tocarla, apretarla ... Y soltarla, separarme y comenzar a andar hacia la puerta. Ella permaneció inmóvil y en silencio mientras salía.

Ana me notó rara (lo sé) pero no dijo nada. Nos fuimos a su casa. ¿Me matarás por no haberle pedido el teléfono? Confío en que tu venganza la resolvamos en la cama en cuanto regrese. Un beso muy grande.


PS: ¿A qué esperas para publicar el relato de lo que vivimos este fin de semana?

 
Preparando la realización de una fantasía

He telefoneado a Paco. ¿Te acuerdas de nuestra conversación sobre nuevas experiencias? Sí, me dice, ¿por qué lo preguntas?

Entonces le he hablado de ti. Una amiga, he dicho, con la que comparto fantasías. Le he contado que el otro día me dijiste que fantaseabas con follarte a un hombre que estuviera vendado y atado en una cama y que, por tanto, no supiera quién le estaba usando. Le he dicho que te animé a llevar la fantasía a la práctica y que había pensado en él como "víctima".

Paco titubeó, unos segundos de estupor silencioso. Luego me hace preguntas de tanteo, como si quisiera asegurarse de que no le estoy tomando el pelo. ¿Y por qué no lo hace contigo? Porque justamente lo que le da morbo es que el hombre no sepa en absoluto quién es ella; él estaría preparado en una habitación, ya atado y vendado, antes de que ella entrara y, una vez acabada la "sesión" se iría sin desatarlo. ¿Y tú estarías presente? Bueno, desde luego yo soy el cómplice necesario para prepararte y liberarte al final; me gustaría presenciarlo (obviamente en tanto fantasía me ha excitado) pero eso depende de ti. ¿Ella quiere que estés? Sí, a ella, el pensar que mientras te esté follando yo estoy mirando también le excita mucho.

No sé, me dice. Reconozco que me da mucho morbo pero, al mismo tiempo, me vienen sensaciones extrañas que no sé precisar. Anímate, le digo, ¿qué puedes perder? Te aseguro que la sesión te va a resultar enormemente placentera; sólo tendrás que dejarte llevar, desconectar tu cerebro de malos rollos, no preguntarte nada, sólo sentir. Será una experiencia erótica casi en estado puro, sólo placer al que no podrás vestir con rostros o nombres, ya que la condición es que los desconocerás siempre.

En fin, no me alargo, aunque la conversación duró un buen rato. Lo importante es que dijo que sí, como yo preveía se impuso su morbo a los miedos e inseguridades que todos llevamos a cuestas. Hemos quedado para el próximo fin de semana. Será en mi casa.


 
Adicción a la masturbación (Gus)

Este es el título de un desternillante artículo al que he llegado de casualidad. Aparece en una web católica ("el lugar de encuentro de los católicos en la red), clasificado en la comunidad de jóvenes, categoría sexo seguro, tema sexualidad en los jóvenes. Su autor, el Padre Jorge Loring, predicador incansable contra la corrupción en la que desgraciadamente vivimos.

Creo que es relevante en este blog sobre fantasías sexuales introducir la sesuda y científica información que nos aporta este cura sobre la peligrosa masturbación. Máxime porque, para qué vamos a engañarnos, las fantasías sexuales son, en un muy alto porcentaje, fuentes inspiradoras de ejercicios onanistas.Por tanto, si fomentamos (aunque solo sea reflexionando sobre las mismas) que la gente fantasee, es más que probable que estemos contribuyendo a hundir a más de uno en gravísimas adicciones.

Así que recomendamos encarecidamente la lectura del artículo citado. Es muy largo para transcribirlo (más arriba va el enlace), pero no he podido resistirme a copiar algunos párrafos que, en mi modesta opinión, son verdaderas joyas de la mesura, el sentido común, la sabiduría profunda (esa que viene del corazón). ¡Qué maravilla!

Debes tener el coraje de pensar, y también decir, que la masturbación es un mal. Escucharás con frecuencia argumentos que intentan defender que se trata de un comportamiento inofensivo, tan anodino como el beber, comer o transpirar. Es preciso desmontar esas razones. (...) «No es ciertamente el pecado más grave que puedas cometer. Pero eso no impide que te hagas su esclavo, que te habitues a una sexualidad egoísta, y que asfixie en ti la vida espiritual».

«Cuando la masturbación se convierte en hábito, debe ser calificada como falta de madurez. (...) Cuando la masturbación presenta síntomas de psicosis y neurosis, debe buscarse la ayuda de un profesional que la someta a un tratamiento adecuado.(...) Las fuentes que dan pábulo a la fantasía -lecturas, televisión, cine- han de considerarse como la base de muchas acciones que no deberían haber tenido lugar, si no hubiesen sido estimuladas».

El vicio de la masturbación lleva a la eyaculación precoz en el matrimonio, que impide acomodarse al ritmo de la mujer que es más lenta, y es causa de graves problemas en la armonía sexual matrimonial. Los médicos americanos que habían tratado a muchachas que se masturbaban, descubrieron que después de casarse resultaban esposas frígidas.

«En la edad madura, la masturbación puede ser síntoma de algo más serio, sobre todo si es persistente. Puede indicar un estado de adolescencia mental, o alguna otra deficiencia psíquica. Se encuentra, desde luego, en muchos tipos de demencia senil y en el alcoholismo. En general puede aparecer en todos los estados mentales, en los que se dé una descohesión de la personalidad que tenga por consecuencia una pérdida de control de los instintos más primitivos».

El orgasmo, que es la sacudida que experimenta el cuerpo con la satisfacción del placer sexual, es derecho exclusivo de casados. Una persona soltera no puede ni procurárselo voluntariamente ni aceptarlo si lo experimenta involuntariamente. A veces el orgasmo se produce imprevistamente. En ese caso tampoco es lícito saborearlo voluntariamente, aunque no se pueda evitar la sensación placentera. Pero cuando ocurre durmiendo no es pecado alguno.


 
Tanteando experimentar fantasías (Gus)

Pregunta Jordi si las fantasias dejan de serlo cuando se llevan a cabo. Y opina que, a veces, es mejor dejarlas tal como están y dedicarse a otras cosas.

La verdad es que nuestras fantasías, de momento, son sólo eso: fantasías. Ciertamente, como decíamos en un post anterior, no parece muy correcto llamar fantasías a las experiencias reales, aunque hayan sido motivadas por esas fantasías. Pero esa es una irrelevante discusión terminológica. La cuestión es si conviene o no llevar a la práctica las fantasías. Y en mi opinión, el criterio decisorio estaría en saber si experimentar las fantasías enriquece o no la vida sexual de quienes fantasean.

Almu, al hilo del comentario de Jordi, me dice que creé que tiene razón, que mejor no experimentar. La verdad que yo no lo tengo claro del todo. Es muy probable que vivir lo que hasta entonces no ha sido sino una fantasía no sea tan excitante como se ha imaginado; y quizás la decepción desactive el efecto excitador de esa fantasía en el futuro. Pero, por otra parte, siempre he pensado que hay que lanzarse a probar lo que se desea, que el único arrepentimiento que se justifica es el de las omisiones. Además, si la experiencia anula la fantasía ... pues recurriremos a otras fantasías (¡cómo si no hubiera suficientes!)

Bueno, pero no lo tengo claro. Hay muchos factores que considerar antes de decidirse, máxime si la fantasía implica terceras personas (lo que, en nuestro caso, ocurre en varias). Se trata de experimentar, pero no a tontas y locas. Con la intención, justamente, de tantear el terreno, el pasado fin de semana, aprovechando un viajecito a la capital del reino, hice una serie de llamadas a travestis previamente seleccionados de algunas páginas de contactos de internet. Una de mis fantasías (que ya desarrollaremos más adelante) trata justamente de un encuentro con una de estas personas, a ser posible con un cuerpo exuberantemente femenino y un rabo entre las piernas. Por supuesto, desde que estoy con Almu, fantaseo (hemos fantaseado) con un posible trio (ella, yo y el/la travesti).

El caso es que hice tres llamadas y, curiosamente, ningun@ de ell@s aceptaba el trío. Hubo un@ que estaba dispuesta a que nos lo montáramos los tres, pero me advirtió que no follaría con Almu. No es que tuviera yo ninguna idea preconcebida, pero eso de que a priori te empiecen a poner condiciones ... En cuanto a los precios: caro, muy caro. La única que admitía el trío, doblaba alegremente su tarifa individual y se ponía en 200 euros por una hora (tampoco es muy agradable que te limiten el tiempo).

Total, que la indagación exploratoria resultó bastante frustrante. Mal presagio, ¿verdad? A ver si va a tener razón Jordi y mejor dejar esas experiencias para la imaginación ... ¿o no?



 
Henry and June

Cuando empezamos este blog pensamos que la nuestra era una idea muy original. La ignorancia es atrevida, dicen ... y tanto. Apenas llevamos un mes y ya nos hemos dado más que cuenta de que muchas personas escriben sobre fantasías sexuales. Ahí están, referencias frecuentes en varios asuntos, explícitas o implícitas, narradas o reflexionadas ... Navegando por la red con nuestra atención dirigida hacia las fantasías sexuales hemos encontrado un número grande de páginas que tratan de ellas. Y, por supuesto, también varios blogs.

Uno de estos es el de Henry and June. Según dicen, un hombre y una mujer que se han conocido en la red (no físicamente) y que escriben fantasías a duo: uno(a) las empieza y el(la) otro(a) las continua. Los relatos están bien armados y tienen una fuerte carga erótica; es decir, que son eficaces excitadores. En la evolución cronológica del blog van insertándose mensajes de deseo entre uno(a) y otro(a). Se insinúa que se encuentran (¿o es otra fantasía?).

Los posts son relativamente abundantes durante los pasados meses de febrero y marzo (ilustrados con magníficas fotografías, por cierto), pero prácticamente desaparecen luego (un post en abril y otro en mayo). Quizás se hayan aburrido o quizás, si es verdad que se han encontrado (prefiero esta opción) están tan ocupados experimentando sus fantasías que no tienen tiempo de inventar nuevas. El caso es que es una pena para los lectores.


 
Recuerdos adolescentes de Almudena

El otro día Gus y yo entramos a una tienda de deporte; nos entretuvimos un buen rato mirando diferentes artículos, hasta que llegamos a la sección de Golf. Gus cogió un palo del 9 y, recordando sus clases de hace unos meses, ensayó posturas mientras yo, sentada, lo miraba. Es increíble cómo el cerebro asocia imágenes sin importancia, en este caso Gus jugando a jugar al golf, con recuerdos prácticamente olvidados.

Vivía con mi madre y con mi abuela y la educación que recibíamos era sumamente estricta. Nada de amistades masculinas, en el colegio las clases no eran mixtas y los horarios debían respetarse a rajatabla. Así que el contacto con personas del otro sexo era misión imposible; a los chicos sólo los intuíamos y de lejos.

Sin embargo, y pese a tanta prohibición, me había fijado en uno; era alto, delgado y de tez morena, tenía unos ojos enormes que se me antojaban misteriosos y profundos, sus facciones eran delicadas, de nariz perfecta y labios finos que al sonreír mostraban una hilera de dientes increíblemente blancos que contrastaban con el color de su piel. Nunca supe su nombre, pero durante un tiempo fue el mejor motivo para levantarme por las mañanas; el mejor momento del día, ese instante brevísimo en que nos cruzábamos por la calle y nos quedábamos mirándonos, con ojos cargados de ganas, de palabras, de deseos. Y, por supuesto, el mejor momento de la noche.

Recuerdo estar leyendo una novela de mi madre, de estas absolutamente rosas, que me tenía enganchadísima, y en un capítulo salía el chico dándole clases de golf a la chica. En el libro se explicaba (decentísimamente) cómo ella se colocaba con el palo de golf en las manos y él se le ponía detrás, rodeándola con los brazos y sujetando sus manos para explicarle cómo había que balancearlo para golpear la bola. Naturalmente, en mis fantasías la chica era yo y el chico era él, y los dos jugábamos al golf en un campo inmenso, desconocido y desierto. Yo estaba de pie, con ese palo en las manos y él se me acercaba suavemente y se pegaba a mi espalda, apoyando su cabeza en mi hombro para hablarme al oído y explicarme lo que tenía que hacer. Me lo imaginaba desde todos los ángulos, de frente, de perfil, de espaldas, de lado, desde abajo, desde arriba, y el placer que sentía era enorme.

Recordándolo ahora me da risa, ¿cómo me podía sentir tan a gusto con esa pseudofantasía que no iba ni para alante ni para atrás y que se basaba únicamente en un contacto casi estático y en una voz susurrante al oído? Sin embargo era muy dulce ... y muy excitante. No hace falta una fantasía desbordante para excitarse, sólo se necesitan un par de ingredientes, a saber: una buena dosis de deseo, una pizca de prohibición, tres cuartos de transgresión, dos onzas de abandono, una cucharadita de imaginación, sal al gusto y voilà: ya se puede elaborar un plato sencillo y sabroso, que hará las delicias del paladar más exigente.

¿Verdad Gus?

 
Cine Porno

Este post surge tras leer el homónimo de El Bisexual y el comentario que sobre el mismo aporta Amaranta. Obviamente, lo que nos interesa es la relación del cine porno con las fantasías sexuales.

Si los resultados de la encuesta del Proyecto Tabú son fiables, resulta que el 43,52% de los hombres y el 34,06% de las mujeres encuentra la inspiración de sus fantasías en los vídeos eróticos y/o pornográficos. Eso querría decir que más de una tercera parte de las mujeres que fantasean sexualmente (que son el 98% de las mujeres que participaron) ve cine erótico/pornográfico y disfruta del mismo ... Al menos disfrutan lo suficiente como para que la peli (escenas de la peli, más bien) le inspiren posteriormente sus fantasías.

De otra parte, coincidimos con Amaranta en que el cine porno es básicamente un medio para excitarse. Así que una peli porno cumple el mismo papel que una fantasía sexual. Podríamos decir que el cine porno viene bien cuando andamos un poco flojos para evocar (o inventar) fantasías, pero esto sería simplificar en exceso. Ahora bien, una fantasía es fundamentalmente un rollo mental que, en principio, no requiere de la estimulación en "tiempo real" de ninguno de los otros sentidos: te concentras en tu historia y las escenas mentales van pasando por el cerebro excitándote, sin necesidad de que haya nada que estés viendo, oyendo, oliendo, palpando ... En cambio, la película es algo exterior a ti, que te llega a través de la vista (y el oído) y estimula el cerebro para que se excite.

Disentimos con Amaranta en que esa excitación no sea mental; por supuesto que es mental, como todas las excitaciones sexuales. Lo que pasa es que quizás sea muy elemental; digamos que la vista aporta simples escenas visuales que a lo mejor, en algunas personas cuyos mecanismos de excitabilidad son algo menos elementales, no consiguen el objetivo para el que fueron previstas. Imaginamos que Amaranta está en esa situación y apenas le ponen las escenas pornográficas habituales.

Nosotros no somos consumidores de cine porno, aunque algunas pelis hemos visto (más Gus que Almu). A Gustavo sí le pueden excitar las escenas visuales pornográficas, pero no excesivamente (depende mucho de la actriz) y preferiría que no se abusara tanto de esos primeros planos de folleteo que descontextualizan (y deserotizan) las escenas (siempre a su juicio, naturalmente). A Almu, en cambio, la mayoría de escenas que ha visto le han dejado bastante fría: echa en falta una mínima complejidad argumental que aporte una cierta dosis de morbo, ya que ahí están los cimientos de sus fantasías (y, por ende, de su excitabilidad).

En fin, se podría hablar mucho de esto (de hecho, se ha hablado mucho), pero no somos expertos. Acabaremos diciendo que estamos seguros (con El Bisexual) de que la industria evolucionará (parece que ya lo está haciendo) para que sus productos resulten más atractivos a las mujeres (lo cual, más que probablemente, redundará en una mayor calidad cinematográfica de las películas). Aun así, habrá que admitir que, aunque menos que lo hombres, las mujeres también consumen porno; luego también les excita verlo.

PS: Mientras escribíamos este post, Gus se acuerda que hace ya varios años vio una peli no estrictamente porno con su anterior pareja que a ambos les excitó bastante; se llamaba algo así como "La llave secreta" y era de un director italiano (estaba rodada en Venecia).


 
¿Recordando o imaginando?

Seguimos aprovechándonos del esquema del Proyecto Tabú. Dice Georgina Burgos que las fantasías pueden catalogarse en dos grupos muy generales: recuerdos de experiencias pasadas que excitan al rememorarlos y experiencias que no han ocurrido pero que resulta excitante imaginar. En realidad, esta clasificación no es tan dicotómica como podría parecer. Lo que hace es plantear las relaciones posibles entre la fantasía y la experiencia. Y pensamos que estas relaciones son múltiples y variadas.

Empecemos: Almudena, en ocasiones, ha buscado conscientemente su excitación masturbatoria recordándonos follando. Mientras su dedo juega acelerado en su clítoris, evoca los ojos de Gustavo clavados en los suyos; imagina que el dildo que empuja suave en su vagina es la polla de Gustavo penetrándola. Y estos recuerdos, de una sesión de placer compartido, aportan la excitación que requiere para el placer solitario.

Pero los recuerdos pueden irse mezclando, en dosis variables, con imaginación. Por ejemplo, cuando Almu inicia su sesión privada evocando el sexo compartido con Gus, pero en algún momento al recuerdo se le suman elementos que no existieron y que se sincronizan en la fantasía del momento. Pongamos, por ejemplo, que mientras Almu se acuerda de Gus follándola apareciera en su imaginación una tercera persona que se suma a la escena ...

¿Y si la fantasía es sólo recuerdo, pero recuerdo de otra fantasía? Almudena recuerda para masturbarse otro kiki compartido en el que Gus y ella se inventaron una fantasía. O más virtual todavía: excitarse acordándose de una paja anterior en que algo que se imaginó (o se vio) disparó la excitación de entonces.

Por último: una misma fantasía puede cambiar de categoría si pasa a experimentarse. A Gus le ponen los transexuales de cuerpos rotundamente femeninos y atributo rotundamente masculino. Varias pajas han tenido su origen en imágenes de travestis provenientes de la red. Desde que tenga una experiencia sexual con un transexual (hasta ahora sólo ha fantaseado), ¿las futuras fantasías de esta temática pasarán a ser del segundo grupo? ¿O dependerá de si la evocación excitante recurre a lo vivido, imagina con otro, mezcla ambas posibilidades ...?

En resumen, que no parece que el criterio de distinguir entre recuerdos y experiencias sea demasiado útil para clasificar las fantasías. En nuestra opinión resulta más relevante la temática de la fantasía, sobre la que habremos de escribir más de un post. Ahora bien, la temática más que un criterio para separar unas fantasías de otras (clasificar) es útil para calificarlas. Se trataría de individualizar los temas frecuentes y asignarlos a cada fantasía, teniendo en cuenta que una fantasía particular puede ser monotemática o politemática. De hecho, la cantidad de temas que se involucran en una fantasía podría ser un indicador relevante de la complejidad y riqueza de la misma.

Bueno, ya nos estamos liando; así que dejémoslo aquí. Y aunque no se trate de clasificar nada, lanzamos la pregunta a quienes fantasean (a todos): ¿qué tanto recurres a los recuerdos de experiencias anteriores para excitarte?


 
Excitándose mutuamente con fantasías

Las fantasías sirven para excitarse. Una de las preguntas que hacía Georgina Burgos en su Proyecto Tabú era para qué usaba el encuestado sus fantasías sexuales. Curiosamente, un porcentaje significativo (9% hombres, 17% mujeres) no las usa para excitarse. Es curioso porque, para nosotros, la fantasía sexual por definición tiene la finalidad de excitarnos. Es decir, una fantasía que no tiene por objeto excitarnos no es una fantasía sexual. No obstante, parece que hay gente que opina de forma distinta.

En todo caso la mayoría de la gente usa las fantasías para excitarse. En torno al 40% de los encuestados parecen usar sus fantasías tanto en la masturbación como en las relaciones sexuales. De otra parte, son más quienes las usan sólo en la masturbación que los que exclusivamente las convocan durante el coito. Parece lógico, como lógico también nos parece que las fantasías se ensayen primero en las pajas solitarias y sólo más adelante se recurra a ellas durante el sexo acompañado.

Ahora bien, que muchas personas recurran a sus fantasías durante sus relaciones sexuales no quiere decir necesariamente que lo hagan con conocimiento de su pareja. Un 35% de los hombres comparte sus fantasías con su pareja y, sin embargo, un 55% las usa mientras tiene relaciones sexuales. Así que, en principio, hay un 20% de los varones encuestados que está fantaseando mientras folla sin que su pareja sepa nada. Como mínimo; porque puede haber otros que, pese haberle comentado a su pareja sus fantasías, no las compartan mientras están en la tarea. Entre las mujeres hay menos desequilibrio (según la encuesta), pero para ellas también vale la afirmación inicial.

Nosotros usamos con frecuencia las fantasías durante nuestras relaciones. Normalmente escoge Almudena alguna de su amplio catálogo y Gustavo suele entrar al trapo, sigue y reinventa el hilo narrativo ... Y así nos vamos contando la fantasía, la vamos viviendo, cada uno en su papel, excitándonos a tope, follando dentro de nuestra historia ...

En el libro hemos leído la fantasía de una mujer bisexual de 49 años, como ejemplo de la globalidad en las fantasías. Sin embargo, lo que nos ha llamado la atención es el parecido con una que vivimos hace un mes, como excusa para probar un masajeador que acabábamos de comprar a la salida de un hipermercado. En la fantasía del libro, la protagonista es una masajista que se dedica a acariciar siempre con motivos terapéuticos a una paciente hasta llevarla al orgasmo; luego la paciente le pide que le enseñe la técnica y practica con ella con el mismo resultado. En la nuestra, el masajista es un vendedor del aparatito que, llegado a la casa de una mujer que está sola, se ofrece a hacerle una demostración.



Así qué Gus, en su papel de representante de una importante casa alemana de utensilios de masaje terapéutico, llega a la casa de Almu y le ofrece probar el bicho en cuestión, que tiene cierta semejanza con la linternita con la que los médicos te miran la boca: el puntito luminoso es el vibrador (en realidad, son dos esferitas metálicas). Almu, la doña sola en casa mientras su marido está en la oficina, como se aburre, acepta que le den un masajito, que siempre está bien y relaja tensiones. El caso es que, para estar más cómodos, pasan al dormitorio. Almu se echa de espaldas y el hombre se apoya en la cama y empieza el masaje. Al principio va siguiendo con las dos esferitas la línea de la columna, desde las cervicales hasta el coxis. Almu se siente muy a gusto, relajada y también ligeramente excitada, máxime cuando con la mano libre el hombre va acariciando las partes recién masajeadas.

Al cabo de un ratito, el representante le dice a la señora que los efectos terapéuticos son mucho mejores si el masajeador se aplica sobre la piel desnuda. La señora, muy en su papel, se sorprende, si bien lo está deseando y sólo necesita que le den unos mínimos argumentos. El vendedor así lo entiende y le explica cualquier chorrada pseudotécnica sobre los poros de la piel, el electromagnetismo inducido, etc ... Bueno, si usted lo dice que es quien sabe, dice Almu y se quita el vestido de una pieza volviéndose a acostar boca abajo, ahora sólo en braguitas. Y Gus sigue con el masaje, pero ahora sobre la piel desnuda; y su mano libre aprovecha para irse desviando ligeramente del entorno de la columna y roza la parte alta de los senos apoyados, el interior del cuello junto a la barbilla, los pliegues de la cintura, bajo la cinta de la braguita ...

La vibración intensifica el placer de las caricias; Almu cada vez está más excitada, pero también Gus. Gus corre ligeramente la braguita dejando al aire la hendidura entre las nalgas por la que enseguida empieza a deslizarse el metal vibrante. Una descarga de placer invade a la señora. Pero ... ¿esto es normal? Sí, claro, contesta el profesional, siempre lo hacemos así. El masajeador presiona y vibra sobre el ano, revolotea en círculos, aprieta incisivo ... La mano de Gus, flotando, acaricia las nalgas, los dedos se escapan a dibujar la rajita, la recorren hacia abajo, tras regatear al aparatito. Ya la señora se ha abandonado, no quiere hacer más preguntas, sólo sentir y gozar.

Una mano desliza las bragas por las piernas mientras el masajeador avanza lento e incansable hacia el sur. Ahora la mano de Gus tantea suave el interior de los muslos y va subiendo hacia el centro y va empujando y separando despacio las piernas de Almu. Y Almudena, obedeciendo la orden callada de su cuerpo, clava las rodillas en la cama y empina ligeramente el culo. El coño abandona la protección del lecho y abre sus labios ansiosos. Y sabedor de lo que hay que hacer, Gus lleva el masajeador allí e inicia una danza suave por la periferia húmeda de la vagina. Un ratito de dulce desespero, de placer siempre in crescendo, hasta que uno de los metales vibrantes cae sobre el clítoris y provoca un grito orgásmico de Almudena.

¿Todo bien, señora? Pregunta el vendedor. Sí, sí (entrecortadamente). Si a la señora no le importa, el tratamiento es más eficaz si me desnudo; tengo más libertad de movimiento y se evitan pérdidas electromagnéticas por el contacto de la piel con los tejidos. Y ante el silencio aprobatorio de Almu, Gus le entrega el aparato mientras se desnuda. Almu entonces rueda en la cama para ponerse boca arriba y comienza a aplicar el masajeador a su coño, lo introduce un poco en la vagina, lo saca, lo lleva al clítoris, peina su vello púbico ... Gustavo, ya desnudo, la desplaza colocándola transversalmente. Entonces se echa también él en la cama, paralelo a la mujer, con la cabeza junto a su ingle. Con suavidad coge la mano de Almu con el masajeador y la lleva hacia arriba. Liberado el coño, Gus comienza a lamerlo: lengüetazos largos y muy húmedos. Si se mojan las partes a masajear, dice el representante, el efecto terapéutico es mucho mayor.

Pero la explicación ya apenas hace falta. Almu sólo atiende al placer que está recibiendo y al orgasmo que nuevamente se le aproxima. Vuelve a llevar el masajeador al clítoris para acelerar la ola. Gus, mientras, sigue lamiendo y sorbiendo los jugos de la vagina; disfrutando de su sabor fuerte, sintiendo cómo su excitación no para de acrecentarse. Almudena se corre entre espasmos, el masajeador a un lado y el coño impulsado repetidamente contra la boca de Gus. Luego, un instante de reposo.

La verdad, dice la señora, es que el aparatito parece muy efectivo. Lo es, corrobora el vendedor, y como ha podido comprobar es fácil de usar por uno mismo. Sí, no parece difícil, aunque creo que debería practicar algo más ... Antes de comprarlo, ¿me permite probar con usted? Gustavo no necesita contestar porque Almu, asiendo nuevamente el masajeador se gira colocando su cabeza entre las piernas del hombre. El vibrador se dirige sin dudas a la zona anal de Gus y, al mismo tiempo, la boca de Almu engulle su polla erecta.

Y viene ahora la segunda escena de la fantasía, en la que la iniciativa corresponde a la señora ama de casa, que quiere aprender a dar masajes. Y luego hubo una tercera escena, que fue la del coito largo e intenso: Almu y Gus follando mientras se hablan de usted, mientras siguen en sus papeles de representante y ama de casa. Así hasta que ambos acabamos, exhaustos sobre la cama, sonrientes, felices ...


 
La frecuencia de nuestras fantasías

El viernes compramos "Proyecto Tabú”, el libro al que nos referíamos en el post anterior. Ciertamente, las motivaciones de Georgina Burgos eran similares a las nuestras al abrir este blog: a ambos nos interesaba desvelar tantos aspectos ocultos de las fantasías sexuales. Como ella, nosotros sospechábamos que fantasear en materia de sexo y usar esas fantasías para excitarse es algo muy común, algo que hacemos la gran mayoría de los humanos; y, sin embargo, la gente no habla para nada de ello, ni siquiera lo hace abiertamente con amigos íntimos (incluyendo parejas). En resumen, que es un tema tabú.

Supongo que nuestro “proyecto” (este blog) se diferencia del de Georgina en que nuestro interés proviene directamente de nuestra sexualidad de pareja. Escribiendo en este blog pretendemos conocernos a nosotros mismos, compartir (desde el anonimato, of course) nuestras experiencias y someterlas al contraste de las de otros (si otros participan, claro). Pretendemos también (¿para qué negarlo?) que el mantener el blog juntos sea un elemento más de nuestra relación, un juego común, una fuente de erotismo y complicidad. En suma, este blog es personal (bipersonal) e íntimo: viene de nuestras intimidades compartidas y vuelve a ellas.

Volviendo al libro de la Burgos: de momento apenas hemos leído los tres primeros capítulos, pero nos parece muy útil. Plantea algunas dudas sobre la fiabilidad estadística de los resultados, dado el escaso control sobre la muestra y sobre la veracidad de los datos; no obstante, teniendo en cuenta lo escurridizo del asunto, creo que la metodología de investigación y las conclusiones que va articulando alcanzan un nivel bastante más que aceptable. En todo caso, lo que resulta muy útil para este blog es la sistemática de análisis que lleva el libro: va tocando muy ordenadamente los distintos factores que un investigador meticuloso ha de aclarar sobre las fantasías sexuales.

Pues el caso es que se me ha ocurrido (a mí, Gustavo) aprovecharme de ese esquema tan ordenado del libro como plantilla para reflexionar sobre nuestras fantasías sexuales. Como nosotros no estamos haciendo ninguna investigación científica, tampoco se trata de obsesionarse con el rigor del método, así que iremos escribiendo según nos apetezca y nos dicte la inspiración. Pero hoy, mientras Almu duerme, apunto algunos comentarios a partir del primer capítulo del libro. Trata éste de los aspectos más generales sobre las fantasías sexuales: cuánta gente las tiene; las variaciones en número entre hombre y mujer y según la orientación sexual o identidad de género; la relación del fantasear con la edad y con la situación de pareja …

Reflexionando en estos últimos meses, creo que Gus siempre ha fantaseado, pero ha sido poco consciente de que lo hacía, quizás porque sus fantasías no estaban demasiado elaboradas ni tampoco eran muy fuertes los vínculos entre éstas y su actividad sexual real (masturbatoria o en pareja). Ha sido Almudena quien le ha descubierto abiertamente las fantasías sexuales como ingredientes fundamentales de la relación sexual. Es como si, hasta la aparición de Almu en su vida, las fantasías de Gus se mantuvieran semiescondidas, reprimidas, borrosas… Y de pronto, el bobo de él descubre que pueden usarse para aumentar la excitación sexual, para multiplicar el placer. Aprovechándose de que Almudena le muestra las suyas, Gus ha empezado a ver con claridad las que a él le excitan y esas fantasías propias, al desvelarse, le van sorprendiendo con su potente capacidad excitadora. En resumen que Gus contestaría ahora que sí fantasea con frecuencia y, sin embargo, cuando se llevó a cabo la encuesta en Internet hubiera contestado que sólo a veces, y eso después de preguntarse por un ratito si él fantaseaba realmente.

Obviamente, Almu es diferente (afortunadamente). Ella desde siempre, desde muy pequeña, ha fantaseado y la fantasía siempre ha sido un componente básico de su sexualidad. Cuenta con multitud de fantasías, como si de piezas de ropa se tratase; y de la misma manera que los vestidos, las guarda y cuida en el armario de su cabeza y se las pone una y otra vez. La frecuencia con la que Almu fantasea depende de su libido y su libido depende mucho de la relación de pareja que mantenga (entramos en otro aspecto de este primer capítulo del libro). Almu busca en su armario mental una fantasía que ponerse para resolver sus ganas de correrse (ya volveremos a este tema en otro post). Cuando ha estado sin pareja escogía fantasías unas tres veces por semana, con preferencia en los findes; ahora que estamos juntos ha cambiado algo la frecuencia del fantasear y, sobre todo, la utilización de la fantasía.

En cuanto a la edad, ambos hemos buceado hacia atrás y comprobado que nuestras primeras fantasía provienen de la preadolescencia (Almu algo más precoz que Gus). ¿Cómo ha variado su frecuencia durante nuestras vidas? Las de Gus poco, debido a haberse mantenido siempre semisumergidas, castraditas en el fondo de la mente; hasta hace poco, naturalmente. Así que el comportamiento de Gus, gracias a algo tan casual y puntual como ha sido el haber conocido a Almu, no responde a la tendencia a la baja de los hombres del “Proyecto Tabú”: estos fantasean ligeramente menos a medida que envejecen; Gus, de golpe y porrazo, se ha puesto a fantasear a tope a una edad en la que ya no es un niño. De otra parte, Almu está muy segura de que la edad, hasta ahora, no ha sido un factor que haya influido en la frecuencia con la que recurre al fantaseo.

Bueno, vamos a dejar aquí esta primera confrontación del fantasear de Gus y Almu con los resultados del Proyecto Tabú. En otro post seguiremos (quizás). Entre tanto, a ver si conseguimos visitantes y, sobre todo, que quienes nos lean nos hablen de sus fantasías.


 
Proyecto Tabú


He estado esta tarde interneteando un par de horas, buscando información sobre las fantasías sexuales. He encontrado varias cosas que me gustaría comentar en este blog. Pero de todas, la que más me ha llamado la atención es el llamado Proyecto Tabú, una investigación realizada por una tal Georgina Burgos sobre las fantasías sexuales. Para realizarla, la autora abrió una página web, diseño una encuesta e invitó a todos los visitantes a contar anónimamente sus fantasías. Parece ser que logró más de 5.000 participaciones, número suficiente para poder sacar algunas conclusiones sobre este tema, sobre el "oscuro mundo de nuestros deseos". No sé cuándo y durante cuánto tiempo se realizó esta interesante encuesta, pero en 2004 se publicó el correspondiente libro que habremos de comprar en breve.

Ahora se anuncia en varios foros y algunos blogs que se pretende hacer una segunda encuesta; sin embargo, el link que aportan remite a la web de la editorial. Probablemente ya se ha cerrado la participación (el anuncio visto en un blog es de febrero del año pasado); en ese caso esperaremos al segundo libro, ya que parece que pese a que la autora obtiene la información de la participación gratuita de los internautas no está por la labor de compartir los resultados en la red ...

En todo caso, compraremos el libro. Espero que no sea simplemente un recopilatorio de relatos eróticos, sino que aporte algunas conclusiones interesantes sobre cómo funcionamos en cuanto a las fantasías. Por cierto, te puedes bajar gratuitamente el principio del libro y hay que decir que el índice resulta sugerente. Bueno, pues ahí queda la información, para quien no la conociera y esté interesado en el tema. Parece ser que se nos adelantaron en cuanto al uso de internet para investigar sobre este asunto; resulta un poco deprimente ... y eso que apenas hemos empezado.

 
La fantasía del matrimonio maduro y su doncella

Ha sonado el timbre, la señora quiere que vaya. Entro despacio en la sala, una habitación oscura, abarrotada de muebles antiguos; los grandes ventanales están cubiertos por pesados cortinajes. Ella está al fondo, apenas la distingo sentada en la silla alta tapizada en damasco rojo, hierática, como una reina cruel en su trono. Acércate, me ordena. Antes de avanzar pregunto si quiere que encienda la luz. Acércate, repite; la orden ahora se tiñe de amenaza.

Camino temerosa hacia ella. La cabeza baja, siguiendo con los ojos las líneas geométricas del pavimento de madera barnizada. No se me ocurre qué puede querer de mí a estas horas. Llevo sólo una semana trabajando en la casa, una semana en que ambos, un matrimonio de edad madura, me han dejado clara la estricta rutina que debo cumplir. Es la primera vez que, después de recogida la cena, se me requiere. Estoy ante ella: ¿qué desea, señora?

Lentamente levanto la vista. Ella está sentada mirándome fijamente. El cabello negro con media melena apenas cubriéndole las orejas, una blusa blanca abotonada al centro, una falda de vuelo oscura que llega hasta las rodillas. Tiene las piernas ligeramente abiertas; intuyo sus muslos regordetes, veo sus brazos carnosos apoyados en el regazo, bajo el abundante pecho caído. Son unos segundos en que nuestras miradas se cruzan en silencio; la mía desconcertada, la suya calculadora.

Arrodíllate. La voz suena a mi espalda; una voz grave, imperativa pero tranquila. Es la voz de él, a quien descubro de pie detrás de mí. Perdón, señor, ¿cómo ha dicho? Arrodíllate delante de mi mujer. Y mientras habla apoya sus grandes manos sobre mis hombros; apenas presiona, pero una corriente me cruza todo el cuerpo. No entiendo nada, siento miedo y, a la vez, una extraña excitación. Pero señor, protesto débilmente. No te preocupes, dice ... Y sus manos empujan algo más decididas. No has de hacer preguntas, tu trabajo es obedecer.

No quiero hacerlo ... Mentira, sí quiero hacerlo. Necesito este empleo, me digo. Las piernas se me van doblando lentamente, los ojos de ella se clavan en los míos y me arrastran hacia abajo, al igual que las manos de él en mi espalda. Un cosquilleo me revolotea en el estómago. Ella va deslizando su culo hacia adelante mientras sus dedos regordetes recogen la falda hacia arriba. De pronto, estoy arrodillada y las manos de él han colocado mi cara justo entre las piernas de su mujer; ante mi boca, casi pegado, está su coño, abierto y mojado.

Lame. La palabra hace evidente la situación. Quiero hacerlo, aunque sé que no debo. Las manos del hombre siguen en mi espalda, excitándome. Miro el coño, su humedad se me antoja brillante, atrayente. Tímida, lo rozo con la punta de la lengua. Un sabor fuerte, salado, invade mi boca. Me gusta. Sigo ensayando lengüetazos, la puntita saltando por los labios y cada vez dejándose hundir. Poco a poco ya no es la punta, arrastro toda la superficie de la lengua sobre la vulva, que se va hinchando, un agujero rojo y negro que se ensancha.

La mujer abre las piernas cada vez más, siento cómo sus carnes se aflojan, cómo el placer la va inundando ... Gime con sonidos gatunos, se agarra a los brazos de la silla para impulsar su coño contra mi boca. Mi cara se hunde en sus jugos, que me empapan de olores; mi lengua penetra hasta el fondo, chupando afanosamente; mi boca aspira ansiosa el aire del sexo. Llevo mi mano derecha a mi clítoris y empiezo a acariciarlo. Estoy muy excitada.

De pronto, él me remanga la falda, noto el aire frío entre mis piernas, en los labios abiertos y húmedos de mi vulva. Enseguida, casi sin tiempo de entender lo que pasa, siento la punta de su polla presionando para entrar en mi vagina. Ese solo contacto hace que mi culo se impulse hacia atrás y mi coño se abra engullendo ese pene duro y caliente. El me sujeta por la cintura y de un solo golpe penetra hasta el fondo, empujándome de nuevo contra su mujer. Y entonces, durante un tiempo interminable, él me folla con violentas sacudidas mientras yo lamo, chupo, mordisqueo, sorbo, beso, me hundo en el coño palpitante de mi señora ...



Esta fue la primera fantasía que me contaste, unas dos semanas después de enrollarnos. Creo recordar que estábamos hablando de lo que nos excitaba.

Sí, te empecé a hablar de las fantasías, de lo importantes que eran para mí.

Es verdad, y me sorprendiste. Nunca había hablado de eso con anteriores parejas. Ni siquiera había pensado mucho sobre ellas.

Pues a mí lo que me sorprendió fue que apenas hubieras tenido fantasías, que no las hubieras usado para excitarte.

Luego ha resultado que sí he tenido algunas, incluso desde muy joven ... Pero, desde luego, muchas menos y mucho menos continuadas que tú. Me gustaría saber si los hombres somos menos fantasiosos que las mujeres ...

No lo sé, aunque estoy casi segura que vuestras fantasías son bastante más elementales, menos elaboradas. Me imagino que es porque el hombre tiene instintos más directos; mientras que la mujer está habituada a organizar mucho más su vida, incluso en el terreno de las fantasías: por eso las detalla más, las elabora muy narrativamente.

Puede influir también que el hombre se excita sobre todo visualmente, lo que es más directo, menos elaborado; mientras que la mujer lo hace más auditivamente, más despacio, requiriendo una narración.

Yo diría que la mujer, como en todo, usa los cinco sentidos ...

Bueeeno, vamos a no meternos en guerras de sexo. Cambio al tema del que en realidad quería hablar al hilo de tu fantasía y no es otro que la temática. Obviamente, lo que te excita de esta fantasía tuya es el sentirte dominada, obligada a hacer algo que consideras sucio, prohibido. ¿Me equivoco?

Puede que haya más factores, pero sí, es verdad. En la mayoría de mis fantasías me ocurren cosas porque me las "imponen". Es otro quien toma la iniciativa y va llevando la fantasía hacia los actos sexuales. Yo me veo obligada a hacerlos, tengo siempre la excusa de que "yo no quería, pero ...". Aunque ciertamente es una excusa, porque, incluso en la fantasía (que, al fin y al cabo, me la invento para excitarme) la protagonista (yo) quiere hacer lo que hace.

Es una atracción por el sexo porque lo entiendes como algo malo, sucio ... Y te excita el que otro te ensucie, te lleve a ese terreno.

Es así, pero no es tan sencillo, no es tan fácil de explicar. Naturalmente, no pienso para nada que el sexo sea sucio, ni que nada esté prohibido. Por otro lado, el sexo me parece una expresión preciosa del amor, algo dulce, maravilloso ... Pero, al mismo tiempo, una de las formas más eficaces (no la única) de sentir placer es remover (¿del pasado?) esas etiquetas pecaminosas adheridas al sexo. Es como si tuviera que ser dos personas. Como si no pudiera admitir ser una puta en la cama, ni practicar "guarrerías"; es más, como si no pudiera admitir siquiera que me gusta ... Entonces me tengo que inventar que me fuerzan, aunque yo busque y anime a que lo hagan.

Bueno, vamos a dejarlo aquí, que si no, no publicamos el post. Pero me gustaría profundizar más en la relación entre la fantasía y lo prohibido, en la capacidad de lo prohibido de estimular la excitación.


 
Primeros recuerdos (Almudena)

Abro el diccionario y busco la F, efe, efe, efe...ya está, FANTASÍA, y esto es lo que encuentro: "Facultad de la mente para reproducir en imágenes cosas inexistentes o de idealizar las reales". Está bien la definición, aunque siempre que intentamos darle un significado concreto a las palabras se nos escapan miles de detalles, miles de matices que se esconden, muchas veces, detrás del concepto evidente y más cercano de la misma.

Cuando hablamos de fantasía inevitablemente pensamos en el mundo de los más pequeños, el mágico mundo de la imaginación, lleno de hadas y princesas, dragones, teteras parlantes, sirenas, unicornios, jorobados, gigantes buenos y un sinfín de animales semihumanos. Todos crecimos con las mismas historias, pero la pregunta es, ¿Cuándo se produce el cambio en nuestras fantasías? ¿En qué momento traicionamos a Blancanieves por la vecina del primero? ¿En qué situación traspasamos el umbral de lo lícito y comienzan nuestras primeras transgresiones mentales? ¿Eh?

Recuerdo ser una niña callada, absolutamente atípica. Allí donde vivíamos no había niños, sólo nosotros; nosotros y nuestra imaginación. Éramos capaces de crear instrumentos musicales con cualquier cosa, construir fantásticos cohetes para lanzar al espacio a las incautas lagartijas que caían en nuestras manos, las hormigas tenían su infierno y su paraíso particular en cubos de plástico llenos de agua, arena o barro, domesticamos gatos salvajes, perros y palomas... Los juegos eran sencillos, la fantasía inagotable.

No me gustaban los juegos tradicionales ni las muñecas y a pesar de la insistencia de mi hermana para que jugara con ella yo prefería leer, y así pasaba horas, entre libros, llenando mi cabeza de personajes e historias fantásticas. Un día cayó en mis manos un cómic, era un cómic de piratas, sí, piratas. Estaban los buenos, los malos y las chicas, espectaculares y escasas de ropa, raptadas por los piratas y atadas al palo mayor del barco a la espera de ser rescatadas.

Y allí empezó todo, estoy segura, mis fantasías cambiaron de rumbo, se transformaron; ya no soñé con hadas y princesas, ni con príncipes impecablemente azules, ya no hubo teteras parlantes, ni inocentes animalitos semihumanos, tampoco hubo más brujas, ni gigantes buenos, jorobados, unicornios o sirenas. A partir de entonces... ¡soñé con piratas!

Con el tiempo mis fantasías, como es lógico, han ido evolucionando, he añadido nuevos personajes, distintas situaciones y ahora recuerdo aquellas primeras con cariño y ternura, al fin y al cabo son los antepasados de mis fantasías eróticas actuales, pero lo más importante, lo más significativo para mí, es haber podido, a pesar de los años, ubicarlas en el tiempo.

 
Inaugurando el blog

Bueno ... A ver cómo empezamos esto.

Pues nada, que como ya hemos dicho en el "Acerca de" somos una pareja de cuarentones. Llevamos poco tiempo juntos y estamos muy felices juntos. Pero además de felices, estamos alucinando el uno con la otra (y la una con el otro, claro), sobre todo en nuestras relaciones sexuales. Ambos estamos sintiéndolas con una intensidad y un placer que carecía de antecedentes en nuestras vidas. Sexo fantástico, del bueno bueno ...

En nuestra vida sexual está jugando un papel importante casi desde el principio la fantasía. Exploramos juntos nuestras fantasías, nos las contamos, las introducimos en nuestro juego erótico. Y muy bien, pero que muy bien ... Naturalmente, no todos son "polvos de fantasía": hay más variedades y cada una está resultando maravillosa. Por supuesto, para quien lo dude, en todas hay mucho amor; cada vez más.

El caso es que se nos ha ocurrido investigar sobre las fantasías, preguntarnos si muchos las viven como nosotros, compartir reflexiones y sensaciones con otras personas. Hemos comprobado que, a diferencia de muchísimas otras facetas de la vida sexual, de las fantasías se habla poco y, sobre todo, se concreta poco. Estamos seguros de que lo que nosotros imaginamos, sentimos, practicamos ... es muy muy frecuente, pese al silencio que cubre esta parte de la sexualidad.

Seguro que ese silencio tiene su origen en el estigma de suciedad, inmoralidad, culpa/pecado, prohibición, etc, etc que se atribuye socialmente a las fantasías. Porque la fantasía (como la imaginación, en general) suele ser transgresora y, por tanto, peligrosa. No obstante, seguramente esos mismos estigmas sociales (que nos han embutido con nuestra educación) son también los motores que hacen que las fantasías estimulen nuestra excitación sexual. No sabemos y nos gustaría discutirlo con cuanta más gente mejor. A ser posible, gente abierta e inteligente (ambas características suelen darse juntas).

Hace poco tiempo que hemos descubierto este mundo de los blogs. Hay algunos fantásticos, enormemente adictivos, divertidos, entretenidos, ingeniosos ... De hecho, al crear éste hemos puesto enlaces a algunos de los que leemos con más frecuencia. Esperamos que a sus autores les parezca bien; también confíamos en que nos visiten y participen (ellos y sus lectores) en nuestro blog.

Porque esa es la idea. Que este blog sea una especie de foro sobre las fantasías sexuales y temas afines. Que desde el anonimato y la buena voluntad que predominan en bloguilandia vayamos entre todos debatiendo sobre este aspecto de nuestra sexualidad, compartiendo, aprendiendo juntos ... y por supuesto divirtiéndonos. En fin, nos está sonando un poco presuntuosa esta presentación y no es nuestra intención.

Y acabamos ya este post inaugural. A ver si conseguimos visitantes que participen. Por nuestra parte procuraremos ir aportando temas para mantener el debate en marcha. Ah, nos olvidábamos, se trata de hablar sin tapujos y libremente, aportando materia para reflexionar, aprender y divertirnos; no pretendemos recopilar relatos eróticos inventados (aunque alguno pueda caer ...)

Saludos y hasta pronto, visitantes aún inexistentes



Post Scripti (a 5 de mayo de 2006)

Ha pasado una semana desde que abrimos el blog y aunque, poco más hemos hecho que presentarnos, unos cuantos lo han visitado y cuatro nos han hecho el honor de dejar su comentario. No me resisto (soy Gustavo) a comentar muy muy brevemente los comentarios.

A Elvira y Jordi nada que comentarles, sino agradecerles que hayan dejado sus palabras. Llevamos un tiempito leyéndolos y sus blogs nos parecen estupendos. Ojalá más adelante entren en nuestra materia porque estoy seguro que mucho nos podrían aportar.

El comentario de Oskar pues ... ufff. Si bien lo que cuenta no es estrictamente una fantasía sino una experiencia real, me lleva a preguntarme (y preguntaros) sobre dos asuntos: primero, cómo se vive la relación entre las fantasías (propias e individuales) y las experiencias con la pareja (o el amante, o quien sea); segundo, relación entre fantasías y experiencias. Entiendo que para Oskar es importante compartir su fantasía con su mujer y también llevarla a la realidad. Sobre estos asuntos, con más tiempo, me gustaría contar algunas de nuestras vivencias.

Por último, gracias a Libertad por considerar nuestro blog interesante (quizás sería mejor decir prometedor; ojalá). Veo que ella recién empieza también en estos menesteres, así que caminaremos juntos. Por supuesto te animo a que cuentes lo que quieras contar, que intuyo que tienes materia y gracia para hacerlo.

Pues nada más; besos a todos