Las fantasías sirven para excitarse. Una de las preguntas que hacía Georgina Burgos en su Proyecto Tabú era para qué usaba el encuestado sus fantasías sexuales. Curiosamente, un porcentaje significativo (9% hombres, 17% mujeres) no las usa para excitarse. Es curioso porque, para nosotros, la fantasía sexual por definición tiene la finalidad de excitarnos. Es decir, una fantasía que no tiene por objeto excitarnos no es una fantasía sexual. No obstante, parece que hay gente que opina de forma distinta.
En todo caso la mayoría de la gente usa las fantasías para excitarse. En torno al 40% de los encuestados parecen usar sus fantasías tanto en la masturbación como en las relaciones sexuales. De otra parte, son más quienes las usan sólo en la masturbación que los que exclusivamente las convocan durante el coito. Parece lógico, como lógico también nos parece que las fantasías se ensayen primero en las pajas solitarias y sólo más adelante se recurra a ellas durante el sexo acompañado.
Ahora bien, que muchas personas recurran a sus fantasías durante sus relaciones sexuales no quiere decir necesariamente que lo hagan con conocimiento de su pareja. Un 35% de los hombres comparte sus fantasías con su pareja y, sin embargo, un 55% las usa mientras tiene relaciones sexuales. Así que, en principio, hay un 20% de los varones encuestados que está fantaseando mientras folla sin que su pareja sepa nada. Como mínimo; porque puede haber otros que, pese haberle comentado a su pareja sus fantasías, no las compartan mientras están en la tarea. Entre las mujeres hay menos desequilibrio (según la encuesta), pero para ellas también vale la afirmación inicial.
Nosotros usamos con frecuencia las fantasías durante nuestras relaciones. Normalmente escoge Almudena alguna de su amplio catálogo y Gustavo suele entrar al trapo, sigue y reinventa el hilo narrativo ... Y así nos vamos contando la fantasía, la vamos viviendo, cada uno en su papel, excitándonos a tope, follando dentro de nuestra historia ...
En el libro hemos leído la fantasía de una mujer bisexual de 49 años, como ejemplo de la globalidad en las fantasías. Sin embargo, lo que nos ha llamado la atención es el parecido con una que vivimos hace un mes, como excusa para probar un masajeador que acabábamos de comprar a la salida de un hipermercado. En la fantasía del libro, la protagonista es una masajista que se dedica a acariciar siempre con motivos terapéuticos a una paciente hasta llevarla al orgasmo; luego la paciente le pide que le enseñe la técnica y practica con ella con el mismo resultado. En la nuestra, el masajista es un vendedor del aparatito que, llegado a la casa de una mujer que está sola, se ofrece a hacerle una demostración.
Así qué Gus, en su papel de representante de una importante casa alemana de utensilios de masaje terapéutico, llega a la casa de Almu y le ofrece probar el bicho en cuestión, que tiene cierta semejanza con la linternita con la que los médicos te miran la boca: el puntito luminoso es el vibrador (en realidad, son dos esferitas metálicas). Almu, la doña sola en casa mientras su marido está en la oficina, como se aburre, acepta que le den un masajito, que siempre está bien y relaja tensiones. El caso es que, para estar más cómodos, pasan al dormitorio. Almu se echa de espaldas y el hombre se apoya en la cama y empieza el masaje. Al principio va siguiendo con las dos esferitas la línea de la columna, desde las cervicales hasta el coxis. Almu se siente muy a gusto, relajada y también ligeramente excitada, máxime cuando con la mano libre el hombre va acariciando las partes recién masajeadas.
Al cabo de un ratito, el representante le dice a la señora que los efectos terapéuticos son mucho mejores si el masajeador se aplica sobre la piel desnuda. La señora, muy en su papel, se sorprende, si bien lo está deseando y sólo necesita que le den unos mínimos argumentos. El vendedor así lo entiende y le explica cualquier chorrada pseudotécnica sobre los poros de la piel, el electromagnetismo inducido, etc ... Bueno, si usted lo dice que es quien sabe, dice Almu y se quita el vestido de una pieza volviéndose a acostar boca abajo, ahora sólo en braguitas. Y Gus sigue con el masaje, pero ahora sobre la piel desnuda; y su mano libre aprovecha para irse desviando ligeramente del entorno de la columna y roza la parte alta de los senos apoyados, el interior del cuello junto a la barbilla, los pliegues de la cintura, bajo la cinta de la braguita ...
La vibración intensifica el placer de las caricias; Almu cada vez está más excitada, pero también Gus. Gus corre ligeramente la braguita dejando al aire la hendidura entre las nalgas por la que enseguida empieza a deslizarse el metal vibrante. Una descarga de placer invade a la señora. Pero ... ¿esto es normal? Sí, claro, contesta el profesional, siempre lo hacemos así. El masajeador presiona y vibra sobre el ano, revolotea en círculos, aprieta incisivo ... La mano de Gus, flotando, acaricia las nalgas, los dedos se escapan a dibujar la rajita, la recorren hacia abajo, tras regatear al aparatito. Ya la señora se ha abandonado, no quiere hacer más preguntas, sólo sentir y gozar.
Una mano desliza las bragas por las piernas mientras el masajeador avanza lento e incansable hacia el sur. Ahora la mano de Gus tantea suave el interior de los muslos y va subiendo hacia el centro y va empujando y separando despacio las piernas de Almu. Y Almudena, obedeciendo la orden callada de su cuerpo, clava las rodillas en la cama y empina ligeramente el culo. El coño abandona la protección del lecho y abre sus labios ansiosos. Y sabedor de lo que hay que hacer, Gus lleva el masajeador allí e inicia una danza suave por la periferia húmeda de la vagina. Un ratito de dulce desespero, de placer siempre in crescendo, hasta que uno de los metales vibrantes cae sobre el clítoris y provoca un grito orgásmico de Almudena.
¿Todo bien, señora? Pregunta el vendedor. Sí, sí (entrecortadamente). Si a la señora no le importa, el tratamiento es más eficaz si me desnudo; tengo más libertad de movimiento y se evitan pérdidas electromagnéticas por el contacto de la piel con los tejidos. Y ante el silencio aprobatorio de Almu, Gus le entrega el aparato mientras se desnuda. Almu entonces rueda en la cama para ponerse boca arriba y comienza a aplicar el masajeador a su coño, lo introduce un poco en la vagina, lo saca, lo lleva al clítoris, peina su vello púbico ... Gustavo, ya desnudo, la desplaza colocándola transversalmente. Entonces se echa también él en la cama, paralelo a la mujer, con la cabeza junto a su ingle. Con suavidad coge la mano de Almu con el masajeador y la lleva hacia arriba. Liberado el coño, Gus comienza a lamerlo: lengüetazos largos y muy húmedos. Si se mojan las partes a masajear, dice el representante, el efecto terapéutico es mucho mayor.
Pero la explicación ya apenas hace falta. Almu sólo atiende al placer que está recibiendo y al orgasmo que nuevamente se le aproxima. Vuelve a llevar el masajeador al clítoris para acelerar la ola. Gus, mientras, sigue lamiendo y sorbiendo los jugos de la vagina; disfrutando de su sabor fuerte, sintiendo cómo su excitación no para de acrecentarse. Almudena se corre entre espasmos, el masajeador a un lado y el coño impulsado repetidamente contra la boca de Gus. Luego, un instante de reposo.
La verdad, dice la señora, es que el aparatito parece muy efectivo. Lo es, corrobora el vendedor, y como ha podido comprobar es fácil de usar por uno mismo. Sí, no parece difícil, aunque creo que debería practicar algo más ... Antes de comprarlo, ¿me permite probar con usted? Gustavo no necesita contestar porque Almu, asiendo nuevamente el masajeador se gira colocando su cabeza entre las piernas del hombre. El vibrador se dirige sin dudas a la zona anal de Gus y, al mismo tiempo, la boca de Almu engulle su polla erecta.
Y viene ahora la segunda escena de la fantasía, en la que la iniciativa corresponde a la señora ama de casa, que quiere aprender a dar masajes. Y luego hubo una tercera escena, que fue la del coito largo e intenso: Almu y Gus follando mientras se hablan de usted, mientras siguen en sus papeles de representante y ama de casa. Así hasta que ambos acabamos, exhaustos sobre la cama, sonrientes, felices ...

El viernes compramos "Proyecto Tabú”, el libro al que nos referíamos en el post anterior. Ciertamente, las motivaciones de Georgina Burgos eran similares a las nuestras al abrir este blog: a ambos nos interesaba desvelar tantos aspectos ocultos de las fantasías sexuales. Como ella, nosotros sospechábamos que fantasear en materia de sexo y usar esas fantasías para excitarse es algo muy común, algo que hacemos la gran mayoría de los humanos; y, sin embargo, la gente no habla para nada de ello, ni siquiera lo hace abiertamente con amigos íntimos (incluyendo parejas). En resumen, que es un tema tabú.
Supongo que nuestro “proyecto” (este blog) se diferencia del de Georgina en que nuestro interés proviene directamente de nuestra sexualidad de pareja. Escribiendo en este blog pretendemos conocernos a nosotros mismos, compartir (desde el anonimato, of course) nuestras experiencias y someterlas al contraste de las de otros (si otros participan, claro). Pretendemos también (¿para qué negarlo?) que el mantener el blog juntos sea un elemento más de nuestra relación, un juego común, una fuente de erotismo y complicidad. En suma, este blog es personal (bipersonal) e íntimo: viene de nuestras intimidades compartidas y vuelve a ellas.
Volviendo al libro de la Burgos: de momento apenas hemos leído los tres primeros capítulos, pero nos parece muy útil. Plantea algunas dudas sobre la fiabilidad estadística de los resultados, dado el escaso control sobre la muestra y sobre la veracidad de los datos; no obstante, teniendo en cuenta lo escurridizo del asunto, creo que la metodología de investigación y las conclusiones que va articulando alcanzan un nivel bastante más que aceptable. En todo caso, lo que resulta muy útil para este blog es la sistemática de análisis que lleva el libro: va tocando muy ordenadamente los distintos factores que un investigador meticuloso ha de aclarar sobre las fantasías sexuales.
Pues el caso es que se me ha ocurrido (a mí, Gustavo) aprovecharme de ese esquema tan ordenado del libro como plantilla para reflexionar sobre nuestras fantasías sexuales. Como nosotros no estamos haciendo ninguna investigación científica, tampoco se trata de obsesionarse con el rigor del método, así que iremos escribiendo según nos apetezca y nos dicte la inspiración. Pero hoy, mientras Almu duerme, apunto algunos comentarios a partir del primer capítulo del libro. Trata éste de los aspectos más generales sobre las fantasías sexuales: cuánta gente las tiene; las variaciones en número entre hombre y mujer y según la orientación sexual o identidad de género; la relación del fantasear con la edad y con la situación de pareja …
Reflexionando en estos últimos meses, creo que Gus siempre ha fantaseado, pero ha sido poco consciente de que lo hacía, quizás porque sus fantasías no estaban demasiado elaboradas ni tampoco eran muy fuertes los vínculos entre éstas y su actividad sexual real (masturbatoria o en pareja). Ha sido Almudena quien le ha descubierto abiertamente las fantasías sexuales como ingredientes fundamentales de la relación sexual. Es como si, hasta la aparición de Almu en su vida, las fantasías de Gus se mantuvieran semiescondidas, reprimidas, borrosas… Y de pronto, el bobo de él descubre que pueden usarse para aumentar la excitación sexual, para multiplicar el placer. Aprovechándose de que Almudena le muestra las suyas, Gus ha empezado a ver con claridad las que a él le excitan y esas fantasías propias, al desvelarse, le van sorprendiendo con su potente capacidad excitadora. En resumen que Gus contestaría ahora que sí fantasea con frecuencia y, sin embargo, cuando se llevó a cabo la encuesta en Internet hubiera contestado que sólo a veces, y eso después de preguntarse por un ratito si él fantaseaba realmente.
Obviamente, Almu es diferente (afortunadamente). Ella desde siempre, desde muy pequeña, ha fantaseado y la fantasía siempre ha sido un componente básico de su sexualidad. Cuenta con multitud de fantasías, como si de piezas de ropa se tratase; y de la misma manera que los vestidos, las guarda y cuida en el armario de su cabeza y se las pone una y otra vez. La frecuencia con la que Almu fantasea depende de su libido y su libido depende mucho de la relación de pareja que mantenga (entramos en otro aspecto de este primer capítulo del libro). Almu busca en su armario mental una fantasía que ponerse para resolver sus ganas de correrse (ya volveremos a este tema en otro post). Cuando ha estado sin pareja escogía fantasías unas tres veces por semana, con preferencia en los findes; ahora que estamos juntos ha cambiado algo la frecuencia del fantasear y, sobre todo, la utilización de la fantasía.
En cuanto a la edad, ambos hemos buceado hacia atrás y comprobado que nuestras primeras fantasía provienen de la preadolescencia (Almu algo más precoz que Gus). ¿Cómo ha variado su frecuencia durante nuestras vidas? Las de Gus poco, debido a haberse mantenido siempre semisumergidas, castraditas en el fondo de la mente; hasta hace poco, naturalmente. Así que el comportamiento de Gus, gracias a algo tan casual y puntual como ha sido el haber conocido a Almu, no responde a la tendencia a la baja de los hombres del “Proyecto Tabú”: estos fantasean ligeramente menos a medida que envejecen; Gus, de golpe y porrazo, se ha puesto a fantasear a tope a una edad en la que ya no es un niño. De otra parte, Almu está muy segura de que la edad, hasta ahora, no ha sido un factor que haya influido en la frecuencia con la que recurre al fantaseo.
Bueno, vamos a dejar aquí esta primera confrontación del fantasear de Gus y Almu con los resultados del Proyecto Tabú. En otro post seguiremos (quizás). Entre tanto, a ver si conseguimos visitantes y, sobre todo, que quienes nos lean nos hablen de sus fantasías.

He estado esta tarde interneteando un par de horas, buscando información sobre las fantasías sexuales. He encontrado varias cosas que me gustaría comentar en este blog. Pero de todas, la que más me ha llamado la atención es el llamado Proyecto Tabú, una investigación realizada por una tal Georgina Burgos sobre las fantasías sexuales. Para realizarla, la autora abrió una página web, diseño una encuesta e invitó a todos los visitantes a contar anónimamente sus fantasías. Parece ser que logró más de 5.000 participaciones, número suficiente para poder sacar algunas conclusiones sobre este tema, sobre el "oscuro mundo de nuestros deseos". No sé cuándo y durante cuánto tiempo se realizó esta interesante encuesta, pero en 2004 se publicó el correspondiente libro que habremos de comprar en breve.
Ahora se anuncia en varios foros y algunos blogs que se pretende hacer una segunda encuesta; sin embargo, el link que aportan remite a la web de la editorial. Probablemente ya se ha cerrado la participación (el anuncio visto en un blog es de febrero del año pasado); en ese caso esperaremos al segundo libro, ya que parece que pese a que la autora obtiene la información de la participación gratuita de los internautas no está por la labor de compartir los resultados en la red ...
En todo caso, compraremos el libro. Espero que no sea simplemente un recopilatorio de relatos eróticos, sino que aporte algunas conclusiones interesantes sobre cómo funcionamos en cuanto a las fantasías. Por cierto, te puedes bajar gratuitamente el principio del libro y hay que decir que el índice resulta sugerente. Bueno, pues ahí queda la información, para quien no la conociera y esté interesado en el tema. Parece ser que se nos adelantaron en cuanto al uso de internet para investigar sobre este asunto; resulta un poco deprimente ... y eso que apenas hemos empezado.
Ha sonado el timbre, la señora quiere que vaya. Entro despacio en la sala, una habitación oscura, abarrotada de muebles antiguos; los grandes ventanales están cubiertos por pesados cortinajes. Ella está al fondo, apenas la distingo sentada en la silla alta tapizada en damasco rojo, hierática, como una reina cruel en su trono. Acércate, me ordena. Antes de avanzar pregunto si quiere que encienda la luz. Acércate, repite; la orden ahora se tiñe de amenaza.
Camino temerosa hacia ella. La cabeza baja, siguiendo con los ojos las líneas geométricas del pavimento de madera barnizada. No se me ocurre qué puede querer de mí a estas horas. Llevo sólo una semana trabajando en la casa, una semana en que ambos, un matrimonio de edad madura, me han dejado clara la estricta rutina que debo cumplir. Es la primera vez que, después de recogida la cena, se me requiere. Estoy ante ella: ¿qué desea, señora?
Lentamente levanto la vista. Ella está sentada mirándome fijamente. El cabello negro con media melena apenas cubriéndole las orejas, una blusa blanca abotonada al centro, una falda de vuelo oscura que llega hasta las rodillas. Tiene las piernas ligeramente abiertas; intuyo sus muslos regordetes, veo sus brazos carnosos apoyados en el regazo, bajo el abundante pecho caído. Son unos segundos en que nuestras miradas se cruzan en silencio; la mía desconcertada, la suya calculadora.
Arrodíllate. La voz suena a mi espalda; una voz grave, imperativa pero tranquila. Es la voz de él, a quien descubro de pie detrás de mí. Perdón, señor, ¿cómo ha dicho? Arrodíllate delante de mi mujer. Y mientras habla apoya sus grandes manos sobre mis hombros; apenas presiona, pero una corriente me cruza todo el cuerpo. No entiendo nada, siento miedo y, a la vez, una extraña excitación. Pero señor, protesto débilmente. No te preocupes, dice ... Y sus manos empujan algo más decididas. No has de hacer preguntas, tu trabajo es obedecer.
No quiero hacerlo ... Mentira, sí quiero hacerlo. Necesito este empleo, me digo. Las piernas se me van doblando lentamente, los ojos de ella se clavan en los míos y me arrastran hacia abajo, al igual que las manos de él en mi espalda. Un cosquilleo me revolotea en el estómago. Ella va deslizando su culo hacia adelante mientras sus dedos regordetes recogen la falda hacia arriba. De pronto, estoy arrodillada y las manos de él han colocado mi cara justo entre las piernas de su mujer; ante mi boca, casi pegado, está su coño, abierto y mojado.
Lame. La palabra hace evidente la situación. Quiero hacerlo, aunque sé que no debo. Las manos del hombre siguen en mi espalda, excitándome. Miro el coño, su humedad se me antoja brillante, atrayente. Tímida, lo rozo con la punta de la lengua. Un sabor fuerte, salado, invade mi boca. Me gusta. Sigo ensayando lengüetazos, la puntita saltando por los labios y cada vez dejándose hundir. Poco a poco ya no es la punta, arrastro toda la superficie de la lengua sobre la vulva, que se va hinchando, un agujero rojo y negro que se ensancha.
La mujer abre las piernas cada vez más, siento cómo sus carnes se aflojan, cómo el placer la va inundando ... Gime con sonidos gatunos, se agarra a los brazos de la silla para impulsar su coño contra mi boca. Mi cara se hunde en sus jugos, que me empapan de olores; mi lengua penetra hasta el fondo, chupando afanosamente; mi boca aspira ansiosa el aire del sexo. Llevo mi mano derecha a mi clítoris y empiezo a acariciarlo. Estoy muy excitada.
De pronto, él me remanga la falda, noto el aire frío entre mis piernas, en los labios abiertos y húmedos de mi vulva. Enseguida, casi sin tiempo de entender lo que pasa, siento la punta de su polla presionando para entrar en mi vagina. Ese solo contacto hace que mi culo se impulse hacia atrás y mi coño se abra engullendo ese pene duro y caliente. El me sujeta por la cintura y de un solo golpe penetra hasta el fondo, empujándome de nuevo contra su mujer. Y entonces, durante un tiempo interminable, él me folla con violentas sacudidas mientras yo lamo, chupo, mordisqueo, sorbo, beso, me hundo en el coño palpitante de mi señora ...
Esta fue la primera fantasía que me contaste, unas dos semanas después de enrollarnos. Creo recordar que estábamos hablando de lo que nos excitaba.
Sí, te empecé a hablar de las fantasías, de lo importantes que eran para mí.
Es verdad, y me sorprendiste. Nunca había hablado de eso con anteriores parejas. Ni siquiera había pensado mucho sobre ellas.
Pues a mí lo que me sorprendió fue que apenas hubieras tenido fantasías, que no las hubieras usado para excitarte.
Luego ha resultado que sí he tenido algunas, incluso desde muy joven ... Pero, desde luego, muchas menos y mucho menos continuadas que tú. Me gustaría saber si los hombres somos menos fantasiosos que las mujeres ...
No lo sé, aunque estoy casi segura que vuestras fantasías son bastante más elementales, menos elaboradas. Me imagino que es porque el hombre tiene instintos más directos; mientras que la mujer está habituada a organizar mucho más su vida, incluso en el terreno de las fantasías: por eso las detalla más, las elabora muy narrativamente.
Puede influir también que el hombre se excita sobre todo visualmente, lo que es más directo, menos elaborado; mientras que la mujer lo hace más auditivamente, más despacio, requiriendo una narración.
Yo diría que la mujer, como en todo, usa los cinco sentidos ...
Bueeeno, vamos a no meternos en guerras de sexo. Cambio al tema del que en realidad quería hablar al hilo de tu fantasía y no es otro que la temática. Obviamente, lo que te excita de esta fantasía tuya es el sentirte dominada, obligada a hacer algo que consideras sucio, prohibido. ¿Me equivoco?
Puede que haya más factores, pero sí, es verdad. En la mayoría de mis fantasías me ocurren cosas porque me las "imponen". Es otro quien toma la iniciativa y va llevando la fantasía hacia los actos sexuales. Yo me veo obligada a hacerlos, tengo siempre la excusa de que "yo no quería, pero ...". Aunque ciertamente es una excusa, porque, incluso en la fantasía (que, al fin y al cabo, me la invento para excitarme) la protagonista (yo) quiere hacer lo que hace.
Es una atracción por el sexo porque lo entiendes como algo malo, sucio ... Y te excita el que otro te ensucie, te lleve a ese terreno.
Es así, pero no es tan sencillo, no es tan fácil de explicar. Naturalmente, no pienso para nada que el sexo sea sucio, ni que nada esté prohibido. Por otro lado, el sexo me parece una expresión preciosa del amor, algo dulce, maravilloso ... Pero, al mismo tiempo, una de las formas más eficaces (no la única) de sentir placer es remover (¿del pasado?) esas etiquetas pecaminosas adheridas al sexo. Es como si tuviera que ser dos personas. Como si no pudiera admitir ser una puta en la cama, ni practicar "guarrerías"; es más, como si no pudiera admitir siquiera que me gusta ... Entonces me tengo que inventar que me fuerzan, aunque yo busque y anime a que lo hagan.
Bueno, vamos a dejarlo aquí, que si no, no publicamos el post. Pero me gustaría profundizar más en la relación entre la fantasía y lo prohibido, en la capacidad de lo prohibido de estimular la excitación.
Abro el diccionario y busco la F, efe, efe, efe...ya está, FANTASÍA, y esto es lo que encuentro: "Facultad de la mente para reproducir en imágenes cosas inexistentes o de idealizar las reales". Está bien la definición, aunque siempre que intentamos darle un significado concreto a las palabras se nos escapan miles de detalles, miles de matices que se esconden, muchas veces, detrás del concepto evidente y más cercano de la misma.
Cuando hablamos de fantasía inevitablemente pensamos en el mundo de los más pequeños, el mágico mundo de la imaginación, lleno de hadas y princesas, dragones, teteras parlantes, sirenas, unicornios, jorobados, gigantes buenos y un sinfín de animales semihumanos. Todos crecimos con las mismas historias, pero la pregunta es, ¿Cuándo se produce el cambio en nuestras fantasías? ¿En qué momento traicionamos a Blancanieves por la vecina del primero? ¿En qué situación traspasamos el umbral de lo lícito y comienzan nuestras primeras transgresiones mentales? ¿Eh?
Recuerdo ser una niña callada, absolutamente atípica. Allí donde vivíamos no había niños, sólo nosotros; nosotros y nuestra imaginación. Éramos capaces de crear instrumentos musicales con cualquier cosa, construir fantásticos cohetes para lanzar al espacio a las incautas lagartijas que caían en nuestras manos, las hormigas tenían su infierno y su paraíso particular en cubos de plástico llenos de agua, arena o barro, domesticamos gatos salvajes, perros y palomas... Los juegos eran sencillos, la fantasía inagotable.
No me gustaban los juegos tradicionales ni las muñecas y a pesar de la insistencia de mi hermana para que jugara con ella yo prefería leer, y así pasaba horas, entre libros, llenando mi cabeza de personajes e historias fantásticas. Un día cayó en mis manos un cómic, era un cómic de piratas, sí, piratas. Estaban los buenos, los malos y las chicas, espectaculares y escasas de ropa, raptadas por los piratas y atadas al palo mayor del barco a la espera de ser rescatadas.
Y allí empezó todo, estoy segura, mis fantasías cambiaron de rumbo, se transformaron; ya no soñé con hadas y princesas, ni con príncipes impecablemente azules, ya no hubo teteras parlantes, ni inocentes animalitos semihumanos, tampoco hubo más brujas, ni gigantes buenos, jorobados, unicornios o sirenas. A partir de entonces... ¡soñé con piratas!
Con el tiempo mis fantasías, como es lógico, han ido evolucionando, he añadido nuevos personajes, distintas situaciones y ahora recuerdo aquellas primeras con cariño y ternura, al fin y al cabo son los antepasados de mis fantasías eróticas actuales, pero lo más importante, lo más significativo para mí, es haber podido, a pesar de los años, ubicarlas en el tiempo.
Bueno ... A ver cómo empezamos esto.
Pues nada, que como ya hemos dicho en el "Acerca de" somos una pareja de cuarentones. Llevamos poco tiempo juntos y estamos muy felices juntos. Pero además de felices, estamos alucinando el uno con la otra (y la una con el otro, claro), sobre todo en nuestras relaciones sexuales. Ambos estamos sintiéndolas con una intensidad y un placer que carecía de antecedentes en nuestras vidas. Sexo fantástico, del bueno bueno ...
En nuestra vida sexual está jugando un papel importante casi desde el principio la fantasía. Exploramos juntos nuestras fantasías, nos las contamos, las introducimos en nuestro juego erótico. Y muy bien, pero que muy bien ... Naturalmente, no todos son "polvos de fantasía": hay más variedades y cada una está resultando maravillosa. Por supuesto, para quien lo dude, en todas hay mucho amor; cada vez más.
El caso es que se nos ha ocurrido investigar sobre las fantasías, preguntarnos si muchos las viven como nosotros, compartir reflexiones y sensaciones con otras personas. Hemos comprobado que, a diferencia de muchísimas otras facetas de la vida sexual, de las fantasías se habla poco y, sobre todo, se concreta poco. Estamos seguros de que lo que nosotros imaginamos, sentimos, practicamos ... es muy muy frecuente, pese al silencio que cubre esta parte de la sexualidad.
Seguro que ese silencio tiene su origen en el estigma de suciedad, inmoralidad, culpa/pecado, prohibición, etc, etc que se atribuye socialmente a las fantasías. Porque la fantasía (como la imaginación, en general) suele ser transgresora y, por tanto, peligrosa. No obstante, seguramente esos mismos estigmas sociales (que nos han embutido con nuestra educación) son también los motores que hacen que las fantasías estimulen nuestra excitación sexual. No sabemos y nos gustaría discutirlo con cuanta más gente mejor. A ser posible, gente abierta e inteligente (ambas características suelen darse juntas).
Hace poco tiempo que hemos descubierto este mundo de los blogs. Hay algunos fantásticos, enormemente adictivos, divertidos, entretenidos, ingeniosos ... De hecho, al crear éste hemos puesto enlaces a algunos de los que leemos con más frecuencia. Esperamos que a sus autores les parezca bien; también confíamos en que nos visiten y participen (ellos y sus lectores) en nuestro blog.
Porque esa es la idea. Que este blog sea una especie de foro sobre las fantasías sexuales y temas afines. Que desde el anonimato y la buena voluntad que predominan en bloguilandia vayamos entre todos debatiendo sobre este aspecto de nuestra sexualidad, compartiendo, aprendiendo juntos ... y por supuesto divirtiéndonos. En fin, nos está sonando un poco presuntuosa esta presentación y no es nuestra intención.
Y acabamos ya este post inaugural. A ver si conseguimos visitantes que participen. Por nuestra parte procuraremos ir aportando temas para mantener el debate en marcha. Ah, nos olvidábamos, se trata de hablar sin tapujos y libremente, aportando materia para reflexionar, aprender y divertirnos; no pretendemos recopilar relatos eróticos inventados (aunque alguno pueda caer ...)
Saludos y hasta pronto, visitantes aún inexistentes
Post Scripti (a 5 de mayo de 2006)
Ha pasado una semana desde que abrimos el blog y aunque, poco más hemos hecho que presentarnos, unos cuantos lo han visitado y cuatro nos han hecho el honor de dejar su comentario. No me resisto (soy Gustavo) a comentar muy muy brevemente los comentarios.
A Elvira y Jordi nada que comentarles, sino agradecerles que hayan dejado sus palabras. Llevamos un tiempito leyéndolos y sus blogs nos parecen estupendos. Ojalá más adelante entren en nuestra materia porque estoy seguro que mucho nos podrían aportar.
El comentario de Oskar pues ... ufff. Si bien lo que cuenta no es estrictamente una fantasía sino una experiencia real, me lleva a preguntarme (y preguntaros) sobre dos asuntos: primero, cómo se vive la relación entre las fantasías (propias e individuales) y las experiencias con la pareja (o el amante, o quien sea); segundo, relación entre fantasías y experiencias. Entiendo que para Oskar es importante compartir su fantasía con su mujer y también llevarla a la realidad. Sobre estos asuntos, con más tiempo, me gustaría contar algunas de nuestras vivencias.
Por último, gracias a Libertad por considerar nuestro blog interesante (quizás sería mejor decir prometedor; ojalá). Veo que ella recién empieza también en estos menesteres, así que caminaremos juntos. Por supuesto te animo a que cuentes lo que quieras contar, que intuyo que tienes materia y gracia para hacerlo.
Pues nada más; besos a todos





