Pregunta Jordi si las fantasias dejan de serlo cuando se llevan a cabo. Y opina que, a veces, es mejor dejarlas tal como están y dedicarse a otras cosas.
La verdad es que nuestras fantasías, de momento, son sólo eso: fantasías. Ciertamente, como decíamos en un post anterior, no parece muy correcto llamar fantasías a las experiencias reales, aunque hayan sido motivadas por esas fantasías. Pero esa es una irrelevante discusión terminológica. La cuestión es si conviene o no llevar a la práctica las fantasías. Y en mi opinión, el criterio decisorio estaría en saber si experimentar las fantasías enriquece o no la vida sexual de quienes fantasean.
Almu, al hilo del comentario de Jordi, me dice que creé que tiene razón, que mejor no experimentar. La verdad que yo no lo tengo claro del todo. Es muy probable que vivir lo que hasta entonces no ha sido sino una fantasía no sea tan excitante como se ha imaginado; y quizás la decepción desactive el efecto excitador de esa fantasía en el futuro. Pero, por otra parte, siempre he pensado que hay que lanzarse a probar lo que se desea, que el único arrepentimiento que se justifica es el de las omisiones. Además, si la experiencia anula la fantasía ... pues recurriremos a otras fantasías (¡cómo si no hubiera suficientes!)
Bueno, pero no lo tengo claro. Hay muchos factores que considerar antes de decidirse, máxime si la fantasía implica terceras personas (lo que, en nuestro caso, ocurre en varias). Se trata de experimentar, pero no a tontas y locas. Con la intención, justamente, de tantear el terreno, el pasado fin de semana, aprovechando un viajecito a la capital del reino, hice una serie de llamadas a travestis previamente seleccionados de algunas páginas de contactos de internet. Una de mis fantasías (que ya desarrollaremos más adelante) trata justamente de un encuentro con una de estas personas, a ser posible con un cuerpo exuberantemente femenino y un rabo entre las piernas. Por supuesto, desde que estoy con Almu, fantaseo (hemos fantaseado) con un posible trio (ella, yo y el/la travesti).
El caso es que hice tres llamadas y, curiosamente, ningun@ de ell@s aceptaba el trío. Hubo un@ que estaba dispuesta a que nos lo montáramos los tres, pero me advirtió que no follaría con Almu. No es que tuviera yo ninguna idea preconcebida, pero eso de que a priori te empiecen a poner condiciones ... En cuanto a los precios: caro, muy caro. La única que admitía el trío, doblaba alegremente su tarifa individual y se ponía en 200 euros por una hora (tampoco es muy agradable que te limiten el tiempo).
Total, que la indagación exploratoria resultó bastante frustrante. Mal presagio, ¿verdad? A ver si va a tener razón Jordi y mejor dejar esas experiencias para la imaginación ... ¿o no?

Cuando empezamos este blog pensamos que la nuestra era una idea muy original. La ignorancia es atrevida, dicen ... y tanto. Apenas llevamos un mes y ya nos hemos dado más que cuenta de que muchas personas escriben sobre fantasías sexuales. Ahí están, referencias frecuentes en varios asuntos, explícitas o implícitas, narradas o reflexionadas ... Navegando por la red con nuestra atención dirigida hacia las fantasías sexuales hemos encontrado un número grande de páginas que tratan de ellas. Y, por supuesto, también varios blogs.
Uno de estos es el de Henry and June. Según dicen, un hombre y una mujer que se han conocido en la red (no físicamente) y que escriben fantasías a duo: uno(a) las empieza y el(la) otro(a) las continua. Los relatos están bien armados y tienen una fuerte carga erótica; es decir, que son eficaces excitadores. En la evolución cronológica del blog van insertándose mensajes de deseo entre uno(a) y otro(a). Se insinúa que se encuentran (¿o es otra fantasía?).
Los posts son relativamente abundantes durante los pasados meses de febrero y marzo (ilustrados con magníficas fotografías, por cierto), pero prácticamente desaparecen luego (un post en abril y otro en mayo). Quizás se hayan aburrido o quizás, si es verdad que se han encontrado (prefiero esta opción) están tan ocupados experimentando sus fantasías que no tienen tiempo de inventar nuevas. El caso es que es una pena para los lectores.


El otro día Gus y yo entramos a una tienda de deporte; nos entretuvimos un buen rato mirando diferentes artículos, hasta que llegamos a la sección de Golf. Gus cogió un palo del 9 y, recordando sus clases de hace unos meses, ensayó posturas mientras yo, sentada, lo miraba. Es increíble cómo el cerebro asocia imágenes sin importancia, en este caso Gus jugando a jugar al golf, con recuerdos prácticamente olvidados.
Vivía con mi madre y con mi abuela y la educación que recibíamos era sumamente estricta. Nada de amistades masculinas, en el colegio las clases no eran mixtas y los horarios debían respetarse a rajatabla. Así que el contacto con personas del otro sexo era misión imposible; a los chicos sólo los intuíamos y de lejos.
Sin embargo, y pese a tanta prohibición, me había fijado en uno; era alto, delgado y de tez morena, tenía unos ojos enormes que se me antojaban misteriosos y profundos, sus facciones eran delicadas, de nariz perfecta y labios finos que al sonreír mostraban una hilera de dientes increíblemente blancos que contrastaban con el color de su piel. Nunca supe su nombre, pero durante un tiempo fue el mejor motivo para levantarme por las mañanas; el mejor momento del día, ese instante brevísimo en que nos cruzábamos por la calle y nos quedábamos mirándonos, con ojos cargados de ganas, de palabras, de deseos. Y, por supuesto, el mejor momento de la noche.
Recuerdo estar leyendo una novela de mi madre, de estas absolutamente rosas, que me tenía enganchadísima, y en un capítulo salía el chico dándole clases de golf a la chica. En el libro se explicaba (decentísimamente) cómo ella se colocaba con el palo de golf en las manos y él se le ponía detrás, rodeándola con los brazos y sujetando sus manos para explicarle cómo había que balancearlo para golpear la bola. Naturalmente, en mis fantasías la chica era yo y el chico era él, y los dos jugábamos al golf en un campo inmenso, desconocido y desierto. Yo estaba de pie, con ese palo en las manos y él se me acercaba suavemente y se pegaba a mi espalda, apoyando su cabeza en mi hombro para hablarme al oído y explicarme lo que tenía que hacer. Me lo imaginaba desde todos los ángulos, de frente, de perfil, de espaldas, de lado, desde abajo, desde arriba, y el placer que sentía era enorme.
Recordándolo ahora me da risa, ¿cómo me podía sentir tan a gusto con esa pseudofantasía que no iba ni para alante ni para atrás y que se basaba únicamente en un contacto casi estático y en una voz susurrante al oído? Sin embargo era muy dulce ... y muy excitante. No hace falta una fantasía desbordante para excitarse, sólo se necesitan un par de ingredientes, a saber: una buena dosis de deseo, una pizca de prohibición, tres cuartos de transgresión, dos onzas de abandono, una cucharadita de imaginación, sal al gusto y voilà: ya se puede elaborar un plato sencillo y sabroso, que hará las delicias del paladar más exigente.
¿Verdad Gus?
Este post surge tras leer el homónimo de El Bisexual y el comentario que sobre el mismo aporta Amaranta. Obviamente, lo que nos interesa es la relación del cine porno con las fantasías sexuales.
Si los resultados de la encuesta del Proyecto Tabú son fiables, resulta que el 43,52% de los hombres y el 34,06% de las mujeres encuentra la inspiración de sus fantasías en los vídeos eróticos y/o pornográficos. Eso querría decir que más de una tercera parte de las mujeres que fantasean sexualmente (que son el 98% de las mujeres que participaron) ve cine erótico/pornográfico y disfruta del mismo ... Al menos disfrutan lo suficiente como para que la peli (escenas de la peli, más bien) le inspiren posteriormente sus fantasías.
De otra parte, coincidimos con Amaranta en que el cine porno es básicamente un medio para excitarse. Así que una peli porno cumple el mismo papel que una fantasía sexual. Podríamos decir que el cine porno viene bien cuando andamos un poco flojos para evocar (o inventar) fantasías, pero esto sería simplificar en exceso. Ahora bien, una fantasía es fundamentalmente un rollo mental que, en principio, no requiere de la estimulación en "tiempo real" de ninguno de los otros sentidos: te concentras en tu historia y las escenas mentales van pasando por el cerebro excitándote, sin necesidad de que haya nada que estés viendo, oyendo, oliendo, palpando ... En cambio, la película es algo exterior a ti, que te llega a través de la vista (y el oído) y estimula el cerebro para que se excite.
Disentimos con Amaranta en que esa excitación no sea mental; por supuesto que es mental, como todas las excitaciones sexuales. Lo que pasa es que quizás sea muy elemental; digamos que la vista aporta simples escenas visuales que a lo mejor, en algunas personas cuyos mecanismos de excitabilidad son algo menos elementales, no consiguen el objetivo para el que fueron previstas. Imaginamos que Amaranta está en esa situación y apenas le ponen las escenas pornográficas habituales.
Nosotros no somos consumidores de cine porno, aunque algunas pelis hemos visto (más Gus que Almu). A Gustavo sí le pueden excitar las escenas visuales pornográficas, pero no excesivamente (depende mucho de la actriz) y preferiría que no se abusara tanto de esos primeros planos de folleteo que descontextualizan (y deserotizan) las escenas (siempre a su juicio, naturalmente). A Almu, en cambio, la mayoría de escenas que ha visto le han dejado bastante fría: echa en falta una mínima complejidad argumental que aporte una cierta dosis de morbo, ya que ahí están los cimientos de sus fantasías (y, por ende, de su excitabilidad).
En fin, se podría hablar mucho de esto (de hecho, se ha hablado mucho), pero no somos expertos. Acabaremos diciendo que estamos seguros (con El Bisexual) de que la industria evolucionará (parece que ya lo está haciendo) para que sus productos resulten más atractivos a las mujeres (lo cual, más que probablemente, redundará en una mayor calidad cinematográfica de las películas). Aun así, habrá que admitir que, aunque menos que lo hombres, las mujeres también consumen porno; luego también les excita verlo.
PS: Mientras escribíamos este post, Gus se acuerda que hace ya varios años vio una peli no estrictamente porno con su anterior pareja que a ambos les excitó bastante; se llamaba algo así como "La llave secreta" y era de un director italiano (estaba rodada en Venecia).
Seguimos aprovechándonos del esquema del Proyecto Tabú. Dice Georgina Burgos que las fantasías pueden catalogarse en dos grupos muy generales: recuerdos de experiencias pasadas que excitan al rememorarlos y experiencias que no han ocurrido pero que resulta excitante imaginar. En realidad, esta clasificación no es tan dicotómica como podría parecer. Lo que hace es plantear las relaciones posibles entre la fantasía y la experiencia. Y pensamos que estas relaciones son múltiples y variadas.
Empecemos: Almudena, en ocasiones, ha buscado conscientemente su excitación masturbatoria recordándonos follando. Mientras su dedo juega acelerado en su clítoris, evoca los ojos de Gustavo clavados en los suyos; imagina que el dildo que empuja suave en su vagina es la polla de Gustavo penetrándola. Y estos recuerdos, de una sesión de placer compartido, aportan la excitación que requiere para el placer solitario.
Pero los recuerdos pueden irse mezclando, en dosis variables, con imaginación. Por ejemplo, cuando Almu inicia su sesión privada evocando el sexo compartido con Gus, pero en algún momento al recuerdo se le suman elementos que no existieron y que se sincronizan en la fantasía del momento. Pongamos, por ejemplo, que mientras Almu se acuerda de Gus follándola apareciera en su imaginación una tercera persona que se suma a la escena ...
¿Y si la fantasía es sólo recuerdo, pero recuerdo de otra fantasía? Almudena recuerda para masturbarse otro kiki compartido en el que Gus y ella se inventaron una fantasía. O más virtual todavía: excitarse acordándose de una paja anterior en que algo que se imaginó (o se vio) disparó la excitación de entonces.
Por último: una misma fantasía puede cambiar de categoría si pasa a experimentarse. A Gus le ponen los transexuales de cuerpos rotundamente femeninos y atributo rotundamente masculino. Varias pajas han tenido su origen en imágenes de travestis provenientes de la red. Desde que tenga una experiencia sexual con un transexual (hasta ahora sólo ha fantaseado), ¿las futuras fantasías de esta temática pasarán a ser del segundo grupo? ¿O dependerá de si la evocación excitante recurre a lo vivido, imagina con otro, mezcla ambas posibilidades ...?
En resumen, que no parece que el criterio de distinguir entre recuerdos y experiencias sea demasiado útil para clasificar las fantasías. En nuestra opinión resulta más relevante la temática de la fantasía, sobre la que habremos de escribir más de un post. Ahora bien, la temática más que un criterio para separar unas fantasías de otras (clasificar) es útil para calificarlas. Se trataría de individualizar los temas frecuentes y asignarlos a cada fantasía, teniendo en cuenta que una fantasía particular puede ser monotemática o politemática. De hecho, la cantidad de temas que se involucran en una fantasía podría ser un indicador relevante de la complejidad y riqueza de la misma.
Bueno, ya nos estamos liando; así que dejémoslo aquí. Y aunque no se trate de clasificar nada, lanzamos la pregunta a quienes fantasean (a todos): ¿qué tanto recurres a los recuerdos de experiencias anteriores para excitarte?





