He telefoneado a Paco. ¿Te acuerdas de nuestra conversación sobre nuevas experiencias? Sí, me dice, ¿por qué lo preguntas?
Entonces le he hablado de ti. Una amiga, he dicho, con la que comparto fantasías. Le he contado que el otro día me dijiste que fantaseabas con follarte a un hombre que estuviera vendado y atado en una cama y que, por tanto, no supiera quién le estaba usando. Le he dicho que te animé a llevar la fantasía a la práctica y que había pensado en él como "víctima".
Paco titubeó, unos segundos de estupor silencioso. Luego me hace preguntas de tanteo, como si quisiera asegurarse de que no le estoy tomando el pelo. ¿Y por qué no lo hace contigo? Porque justamente lo que le da morbo es que el hombre no sepa en absoluto quién es ella; él estaría preparado en una habitación, ya atado y vendado, antes de que ella entrara y, una vez acabada la "sesión" se iría sin desatarlo. ¿Y tú estarías presente? Bueno, desde luego yo soy el cómplice necesario para prepararte y liberarte al final; me gustaría presenciarlo (obviamente en tanto fantasía me ha excitado) pero eso depende de ti. ¿Ella quiere que estés? Sí, a ella, el pensar que mientras te esté follando yo estoy mirando también le excita mucho.
No sé, me dice. Reconozco que me da mucho morbo pero, al mismo tiempo, me vienen sensaciones extrañas que no sé precisar. Anímate, le digo, ¿qué puedes perder? Te aseguro que la sesión te va a resultar enormemente placentera; sólo tendrás que dejarte llevar, desconectar tu cerebro de malos rollos, no preguntarte nada, sólo sentir. Será una experiencia erótica casi en estado puro, sólo placer al que no podrás vestir con rostros o nombres, ya que la condición es que los desconocerás siempre.
En fin, no me alargo, aunque la conversación duró un buen rato. Lo importante es que dijo que sí, como yo preveía se impuso su morbo a los miedos e inseguridades que todos llevamos a cuestas. Hemos quedado para el próximo fin de semana. Será en mi casa.

Este es el título de un desternillante artículo al que he llegado de casualidad. Aparece en una web católica ("el lugar de encuentro de los católicos en la red), clasificado en la comunidad de jóvenes, categoría sexo seguro, tema sexualidad en los jóvenes. Su autor, el Padre Jorge Loring, predicador incansable contra la corrupción en la que desgraciadamente vivimos.
Creo que es relevante en este blog sobre fantasías sexuales introducir la sesuda y científica información que nos aporta este cura sobre la peligrosa masturbación. Máxime porque, para qué vamos a engañarnos, las fantasías sexuales son, en un muy alto porcentaje, fuentes inspiradoras de ejercicios onanistas.Por tanto, si fomentamos (aunque solo sea reflexionando sobre las mismas) que la gente fantasee, es más que probable que estemos contribuyendo a hundir a más de uno en gravísimas adicciones.
Así que recomendamos encarecidamente la lectura del artículo citado. Es muy largo para transcribirlo (más arriba va el enlace), pero no he podido resistirme a copiar algunos párrafos que, en mi modesta opinión, son verdaderas joyas de la mesura, el sentido común, la sabiduría profunda (esa que viene del corazón). ¡Qué maravilla!
Debes tener el coraje de pensar, y también decir, que la masturbación es un mal. Escucharás con frecuencia argumentos que intentan defender que se trata de un comportamiento inofensivo, tan anodino como el beber, comer o transpirar. Es preciso desmontar esas razones. (...) «No es ciertamente el pecado más grave que puedas cometer. Pero eso no impide que te hagas su esclavo, que te habitues a una sexualidad egoísta, y que asfixie en ti la vida espiritual».
«Cuando la masturbación se convierte en hábito, debe ser calificada como falta de madurez. (...) Cuando la masturbación presenta síntomas de psicosis y neurosis, debe buscarse la ayuda de un profesional que la someta a un tratamiento adecuado.(...) Las fuentes que dan pábulo a la fantasía -lecturas, televisión, cine- han de considerarse como la base de muchas acciones que no deberían haber tenido lugar, si no hubiesen sido estimuladas».
El vicio de la masturbación lleva a la eyaculación precoz en el matrimonio, que impide acomodarse al ritmo de la mujer que es más lenta, y es causa de graves problemas en la armonía sexual matrimonial. Los médicos americanos que habían tratado a muchachas que se masturbaban, descubrieron que después de casarse resultaban esposas frígidas.
«En la edad madura, la masturbación puede ser síntoma de algo más serio, sobre todo si es persistente. Puede indicar un estado de adolescencia mental, o alguna otra deficiencia psíquica. Se encuentra, desde luego, en muchos tipos de demencia senil y en el alcoholismo. En general puede aparecer en todos los estados mentales, en los que se dé una descohesión de la personalidad que tenga por consecuencia una pérdida de control de los instintos más primitivos».
El orgasmo, que es la sacudida que experimenta el cuerpo con la satisfacción del placer sexual, es derecho exclusivo de casados. Una persona soltera no puede ni procurárselo voluntariamente ni aceptarlo si lo experimenta involuntariamente. A veces el orgasmo se produce imprevistamente. En ese caso tampoco es lícito saborearlo voluntariamente, aunque no se pueda evitar la sensación placentera. Pero cuando ocurre durmiendo no es pecado alguno.





