He telefoneado a Paco. ¿Te acuerdas de nuestra conversación sobre nuevas experiencias? Sí, me dice, ¿por qué lo preguntas?
Entonces le he hablado de ti. Una amiga, he dicho, con la que comparto fantasías. Le he contado que el otro día me dijiste que fantaseabas con follarte a un hombre que estuviera vendado y atado en una cama y que, por tanto, no supiera quién le estaba usando. Le he dicho que te animé a llevar la fantasía a la práctica y que había pensado en él como "víctima".
Paco titubeó, unos segundos de estupor silencioso. Luego me hace preguntas de tanteo, como si quisiera asegurarse de que no le estoy tomando el pelo. ¿Y por qué no lo hace contigo? Porque justamente lo que le da morbo es que el hombre no sepa en absoluto quién es ella; él estaría preparado en una habitación, ya atado y vendado, antes de que ella entrara y, una vez acabada la "sesión" se iría sin desatarlo. ¿Y tú estarías presente? Bueno, desde luego yo soy el cómplice necesario para prepararte y liberarte al final; me gustaría presenciarlo (obviamente en tanto fantasía me ha excitado) pero eso depende de ti. ¿Ella quiere que estés? Sí, a ella, el pensar que mientras te esté follando yo estoy mirando también le excita mucho.
No sé, me dice. Reconozco que me da mucho morbo pero, al mismo tiempo, me vienen sensaciones extrañas que no sé precisar. Anímate, le digo, ¿qué puedes perder? Te aseguro que la sesión te va a resultar enormemente placentera; sólo tendrás que dejarte llevar, desconectar tu cerebro de malos rollos, no preguntarte nada, sólo sentir. Será una experiencia erótica casi en estado puro, sólo placer al que no podrás vestir con rostros o nombres, ya que la condición es que los desconocerás siempre.
En fin, no me alargo, aunque la conversación duró un buen rato. Lo importante es que dijo que sí, como yo preveía se impuso su morbo a los miedos e inseguridades que todos llevamos a cuestas. Hemos quedado para el próximo fin de semana. Será en mi casa.

**besitos**





