Las fantasías sirven para excitarse. Una de las preguntas que hacía Georgina Burgos en su Proyecto Tabú era para qué usaba el encuestado sus fantasías sexuales. Curiosamente, un porcentaje significativo (9% hombres, 17% mujeres) no las usa para excitarse. Es curioso porque, para nosotros, la fantasía sexual por definición tiene la finalidad de excitarnos. Es decir, una fantasía que no tiene por objeto excitarnos no es una fantasía sexual. No obstante, parece que hay gente que opina de forma distinta.
En todo caso la mayoría de la gente usa las fantasías para excitarse. En torno al 40% de los encuestados parecen usar sus fantasías tanto en la masturbación como en las relaciones sexuales. De otra parte, son más quienes las usan sólo en la masturbación que los que exclusivamente las convocan durante el coito. Parece lógico, como lógico también nos parece que las fantasías se ensayen primero en las pajas solitarias y sólo más adelante se recurra a ellas durante el sexo acompañado.
Ahora bien, que muchas personas recurran a sus fantasías durante sus relaciones sexuales no quiere decir necesariamente que lo hagan con conocimiento de su pareja. Un 35% de los hombres comparte sus fantasías con su pareja y, sin embargo, un 55% las usa mientras tiene relaciones sexuales. Así que, en principio, hay un 20% de los varones encuestados que está fantaseando mientras folla sin que su pareja sepa nada. Como mínimo; porque puede haber otros que, pese haberle comentado a su pareja sus fantasías, no las compartan mientras están en la tarea. Entre las mujeres hay menos desequilibrio (según la encuesta), pero para ellas también vale la afirmación inicial.
Nosotros usamos con frecuencia las fantasías durante nuestras relaciones. Normalmente escoge Almudena alguna de su amplio catálogo y Gustavo suele entrar al trapo, sigue y reinventa el hilo narrativo ... Y así nos vamos contando la fantasía, la vamos viviendo, cada uno en su papel, excitándonos a tope, follando dentro de nuestra historia ...
En el libro hemos leído la fantasía de una mujer bisexual de 49 años, como ejemplo de la globalidad en las fantasías. Sin embargo, lo que nos ha llamado la atención es el parecido con una que vivimos hace un mes, como excusa para probar un masajeador que acabábamos de comprar a la salida de un hipermercado. En la fantasía del libro, la protagonista es una masajista que se dedica a acariciar siempre con motivos terapéuticos a una paciente hasta llevarla al orgasmo; luego la paciente le pide que le enseñe la técnica y practica con ella con el mismo resultado. En la nuestra, el masajista es un vendedor del aparatito que, llegado a la casa de una mujer que está sola, se ofrece a hacerle una demostración.
Así qué Gus, en su papel de representante de una importante casa alemana de utensilios de masaje terapéutico, llega a la casa de Almu y le ofrece probar el bicho en cuestión, que tiene cierta semejanza con la linternita con la que los médicos te miran la boca: el puntito luminoso es el vibrador (en realidad, son dos esferitas metálicas). Almu, la doña sola en casa mientras su marido está en la oficina, como se aburre, acepta que le den un masajito, que siempre está bien y relaja tensiones. El caso es que, para estar más cómodos, pasan al dormitorio. Almu se echa de espaldas y el hombre se apoya en la cama y empieza el masaje. Al principio va siguiendo con las dos esferitas la línea de la columna, desde las cervicales hasta el coxis. Almu se siente muy a gusto, relajada y también ligeramente excitada, máxime cuando con la mano libre el hombre va acariciando las partes recién masajeadas.
Al cabo de un ratito, el representante le dice a la señora que los efectos terapéuticos son mucho mejores si el masajeador se aplica sobre la piel desnuda. La señora, muy en su papel, se sorprende, si bien lo está deseando y sólo necesita que le den unos mínimos argumentos. El vendedor así lo entiende y le explica cualquier chorrada pseudotécnica sobre los poros de la piel, el electromagnetismo inducido, etc ... Bueno, si usted lo dice que es quien sabe, dice Almu y se quita el vestido de una pieza volviéndose a acostar boca abajo, ahora sólo en braguitas. Y Gus sigue con el masaje, pero ahora sobre la piel desnuda; y su mano libre aprovecha para irse desviando ligeramente del entorno de la columna y roza la parte alta de los senos apoyados, el interior del cuello junto a la barbilla, los pliegues de la cintura, bajo la cinta de la braguita ...
La vibración intensifica el placer de las caricias; Almu cada vez está más excitada, pero también Gus. Gus corre ligeramente la braguita dejando al aire la hendidura entre las nalgas por la que enseguida empieza a deslizarse el metal vibrante. Una descarga de placer invade a la señora. Pero ... ¿esto es normal? Sí, claro, contesta el profesional, siempre lo hacemos así. El masajeador presiona y vibra sobre el ano, revolotea en círculos, aprieta incisivo ... La mano de Gus, flotando, acaricia las nalgas, los dedos se escapan a dibujar la rajita, la recorren hacia abajo, tras regatear al aparatito. Ya la señora se ha abandonado, no quiere hacer más preguntas, sólo sentir y gozar.
Una mano desliza las bragas por las piernas mientras el masajeador avanza lento e incansable hacia el sur. Ahora la mano de Gus tantea suave el interior de los muslos y va subiendo hacia el centro y va empujando y separando despacio las piernas de Almu. Y Almudena, obedeciendo la orden callada de su cuerpo, clava las rodillas en la cama y empina ligeramente el culo. El coño abandona la protección del lecho y abre sus labios ansiosos. Y sabedor de lo que hay que hacer, Gus lleva el masajeador allí e inicia una danza suave por la periferia húmeda de la vagina. Un ratito de dulce desespero, de placer siempre in crescendo, hasta que uno de los metales vibrantes cae sobre el clítoris y provoca un grito orgásmico de Almudena.
¿Todo bien, señora? Pregunta el vendedor. Sí, sí (entrecortadamente). Si a la señora no le importa, el tratamiento es más eficaz si me desnudo; tengo más libertad de movimiento y se evitan pérdidas electromagnéticas por el contacto de la piel con los tejidos. Y ante el silencio aprobatorio de Almu, Gus le entrega el aparato mientras se desnuda. Almu entonces rueda en la cama para ponerse boca arriba y comienza a aplicar el masajeador a su coño, lo introduce un poco en la vagina, lo saca, lo lleva al clítoris, peina su vello púbico ... Gustavo, ya desnudo, la desplaza colocándola transversalmente. Entonces se echa también él en la cama, paralelo a la mujer, con la cabeza junto a su ingle. Con suavidad coge la mano de Almu con el masajeador y la lleva hacia arriba. Liberado el coño, Gus comienza a lamerlo: lengüetazos largos y muy húmedos. Si se mojan las partes a masajear, dice el representante, el efecto terapéutico es mucho mayor.
Pero la explicación ya apenas hace falta. Almu sólo atiende al placer que está recibiendo y al orgasmo que nuevamente se le aproxima. Vuelve a llevar el masajeador al clítoris para acelerar la ola. Gus, mientras, sigue lamiendo y sorbiendo los jugos de la vagina; disfrutando de su sabor fuerte, sintiendo cómo su excitación no para de acrecentarse. Almudena se corre entre espasmos, el masajeador a un lado y el coño impulsado repetidamente contra la boca de Gus. Luego, un instante de reposo.
La verdad, dice la señora, es que el aparatito parece muy efectivo. Lo es, corrobora el vendedor, y como ha podido comprobar es fácil de usar por uno mismo. Sí, no parece difícil, aunque creo que debería practicar algo más ... Antes de comprarlo, ¿me permite probar con usted? Gustavo no necesita contestar porque Almu, asiendo nuevamente el masajeador se gira colocando su cabeza entre las piernas del hombre. El vibrador se dirige sin dudas a la zona anal de Gus y, al mismo tiempo, la boca de Almu engulle su polla erecta.
Y viene ahora la segunda escena de la fantasía, en la que la iniciativa corresponde a la señora ama de casa, que quiere aprender a dar masajes. Y luego hubo una tercera escena, que fue la del coito largo e intenso: Almu y Gus follando mientras se hablan de usted, mientras siguen en sus papeles de representante y ama de casa. Así hasta que ambos acabamos, exhaustos sobre la cama, sonrientes, felices ...

Yo no entiendo la sexualidad sin fantasias.
Muy buenos vuestros relatos.





