Seguimos aprovechándonos del esquema del Proyecto Tabú. Dice Georgina Burgos que las fantasías pueden catalogarse en dos grupos muy generales: recuerdos de experiencias pasadas que excitan al rememorarlos y experiencias que no han ocurrido pero que resulta excitante imaginar. En realidad, esta clasificación no es tan dicotómica como podría parecer. Lo que hace es plantear las relaciones posibles entre la fantasía y la experiencia. Y pensamos que estas relaciones son múltiples y variadas.
Empecemos: Almudena, en ocasiones, ha buscado conscientemente su excitación masturbatoria recordándonos follando. Mientras su dedo juega acelerado en su clítoris, evoca los ojos de Gustavo clavados en los suyos; imagina que el dildo que empuja suave en su vagina es la polla de Gustavo penetrándola. Y estos recuerdos, de una sesión de placer compartido, aportan la excitación que requiere para el placer solitario.
Pero los recuerdos pueden irse mezclando, en dosis variables, con imaginación. Por ejemplo, cuando Almu inicia su sesión privada evocando el sexo compartido con Gus, pero en algún momento al recuerdo se le suman elementos que no existieron y que se sincronizan en la fantasía del momento. Pongamos, por ejemplo, que mientras Almu se acuerda de Gus follándola apareciera en su imaginación una tercera persona que se suma a la escena ...
¿Y si la fantasía es sólo recuerdo, pero recuerdo de otra fantasía? Almudena recuerda para masturbarse otro kiki compartido en el que Gus y ella se inventaron una fantasía. O más virtual todavía: excitarse acordándose de una paja anterior en que algo que se imaginó (o se vio) disparó la excitación de entonces.
Por último: una misma fantasía puede cambiar de categoría si pasa a experimentarse. A Gus le ponen los transexuales de cuerpos rotundamente femeninos y atributo rotundamente masculino. Varias pajas han tenido su origen en imágenes de travestis provenientes de la red. Desde que tenga una experiencia sexual con un transexual (hasta ahora sólo ha fantaseado), ¿las futuras fantasías de esta temática pasarán a ser del segundo grupo? ¿O dependerá de si la evocación excitante recurre a lo vivido, imagina con otro, mezcla ambas posibilidades ...?
En resumen, que no parece que el criterio de distinguir entre recuerdos y experiencias sea demasiado útil para clasificar las fantasías. En nuestra opinión resulta más relevante la temática de la fantasía, sobre la que habremos de escribir más de un post. Ahora bien, la temática más que un criterio para separar unas fantasías de otras (clasificar) es útil para calificarlas. Se trataría de individualizar los temas frecuentes y asignarlos a cada fantasía, teniendo en cuenta que una fantasía particular puede ser monotemática o politemática. De hecho, la cantidad de temas que se involucran en una fantasía podría ser un indicador relevante de la complejidad y riqueza de la misma.
Bueno, ya nos estamos liando; así que dejémoslo aquí. Y aunque no se trate de clasificar nada, lanzamos la pregunta a quienes fantasean (a todos): ¿qué tanto recurres a los recuerdos de experiencias anteriores para excitarte?





