logotipo

img_google
Fantasías Sexuales
Discutir, desde lo concreto a lo más teórico, sobre las fantasías sexuales
Acerca de

Gusalm somos dos: Gus y Alm. Gus viene de Gustavo, Gusano, Gustativo (lo sensorial); Alm viene de Almudena, Almeja, Alma (lo afectivo). Somos una pareja fantasiosa, una pareja cuya vida sexual se nutre y empapa en gran medida de la fantasía. Ambos tenemos 45 años, algo maduritos para la edad media de los blogueros, pero en fin ... ¿Y qué más decir? Pues nada, porque no creemos que haga falta.

Sindicación
 
Recuerdos adolescentes de Almudena

El otro día Gus y yo entramos a una tienda de deporte; nos entretuvimos un buen rato mirando diferentes artículos, hasta que llegamos a la sección de Golf. Gus cogió un palo del 9 y, recordando sus clases de hace unos meses, ensayó posturas mientras yo, sentada, lo miraba. Es increíble cómo el cerebro asocia imágenes sin importancia, en este caso Gus jugando a jugar al golf, con recuerdos prácticamente olvidados.

Vivía con mi madre y con mi abuela y la educación que recibíamos era sumamente estricta. Nada de amistades masculinas, en el colegio las clases no eran mixtas y los horarios debían respetarse a rajatabla. Así que el contacto con personas del otro sexo era misión imposible; a los chicos sólo los intuíamos y de lejos.

Sin embargo, y pese a tanta prohibición, me había fijado en uno; era alto, delgado y de tez morena, tenía unos ojos enormes que se me antojaban misteriosos y profundos, sus facciones eran delicadas, de nariz perfecta y labios finos que al sonreír mostraban una hilera de dientes increíblemente blancos que contrastaban con el color de su piel. Nunca supe su nombre, pero durante un tiempo fue el mejor motivo para levantarme por las mañanas; el mejor momento del día, ese instante brevísimo en que nos cruzábamos por la calle y nos quedábamos mirándonos, con ojos cargados de ganas, de palabras, de deseos. Y, por supuesto, el mejor momento de la noche.

Recuerdo estar leyendo una novela de mi madre, de estas absolutamente rosas, que me tenía enganchadísima, y en un capítulo salía el chico dándole clases de golf a la chica. En el libro se explicaba (decentísimamente) cómo ella se colocaba con el palo de golf en las manos y él se le ponía detrás, rodeándola con los brazos y sujetando sus manos para explicarle cómo había que balancearlo para golpear la bola. Naturalmente, en mis fantasías la chica era yo y el chico era él, y los dos jugábamos al golf en un campo inmenso, desconocido y desierto. Yo estaba de pie, con ese palo en las manos y él se me acercaba suavemente y se pegaba a mi espalda, apoyando su cabeza en mi hombro para hablarme al oído y explicarme lo que tenía que hacer. Me lo imaginaba desde todos los ángulos, de frente, de perfil, de espaldas, de lado, desde abajo, desde arriba, y el placer que sentía era enorme.

Recordándolo ahora me da risa, ¿cómo me podía sentir tan a gusto con esa pseudofantasía que no iba ni para alante ni para atrás y que se basaba únicamente en un contacto casi estático y en una voz susurrante al oído? Sin embargo era muy dulce ... y muy excitante. No hace falta una fantasía desbordante para excitarse, sólo se necesitan un par de ingredientes, a saber: una buena dosis de deseo, una pizca de prohibición, tres cuartos de transgresión, dos onzas de abandono, una cucharadita de imaginación, sal al gusto y voilà: ya se puede elaborar un plato sencillo y sabroso, que hará las delicias del paladar más exigente.

¿Verdad Gus?

No