OtRaS fOrMAs dE ViDa sOn pOSiBLeS
Es difícil tocar ciertos temas sin que te tilden de jipi o de visionaria… Realmente prefiero que me digan que se me va la olla. Y sí, quizás se me va, aunque sólo sea de vez en cuando.
Hubo un tiempo en que mi vida era convencional, que parecía que las cosas tomaban los derroteros “normales”. Pero ahora no. Y en el movimiento que supone recolocarte en el mundo descubres otras maneras de posicionarte. Esos descubrimientos en realidad fueron los redescubrimientos de esas ideas adolescentes y utópicas que las mentes inquietas hemos tenido o hemos sentido alguna vez. En eso estoy, y qué bueno comprobar que no camino sola.
El primer contacto con las llamadas comunidades intencionales fue, como para muchos, la lectura del libro de B.F. Skinner: “Walden Dos”, donde el psicólogo recrea una sociedad utópica y autogestionada, un experimento con un sistema de vida distinto al que está actualmente aceptado. El nombre del Walden, provenía de la experiencia de Thoreau, un jipi nacido en 1817, que se retiró durando dos años a vivir totalmente aislado en el bosque de Walden, apartado completamente de la civilización industrial… ¡en 1854!!! ¿qué hubiera hecho este hombre hoy?, (por cierto, realmente interesante su ensayo Desobediencia Civil). Disculpen si no soy capaz de hacer un breve resumen de la historia de Walden Dos, pero es uno de esos libros que leí hace más de 15 años (cómo pasa el tiempo, maldita sea) y ahora está escondido en alguna caja que todavía tengo por abrir (esas putas cajas que esconden la mitad de mi vida)… de todas formas, encontrarán detalles en esa mina de información que es Sant Google. Lo que sí recuerdo de aquel libro es la sensación que me dejó, y que apenas hace unos meses ha vuelto a mi memoria.
¿Es necesario vivir una vida convencional?
Estoy harta de cruzarme en la ciudad con desconocidos. De entrar en un ascensor y repasar los ojos de cada una de las personas con las que comparto la vida durante tres pisos, para comprobar que todas ellas miran al suelo y/o al techo. De vivir en el mismo edificio con tres familias y no saber el nombre de ninguno de sus hijos (y mira que tienen cuatro niños cada una…). Estoy jarta (sí, con jota), de comer tomates trasgénicos, sin que en la etiqueta me digan que son trasgénicos. Que el filete de ternera se me quede por la mitad cuando lo cocino. Que la tortilla sea de color blanquecino y no amarillo (independientemente de los calabacines con los que la decore). Estoy harta de tener que decir que estoy harta.
Quiero vivir una diferente… en el sentido amplio de la palabra. Compartirla con personas que tienen una visión similar, un proyecto similar. Porque sí, porque sé que es posible. Porque estoy por hacer grandes los espacios compartidos en vez de hacer cada vez espacios individuales más pequeños (que le den porculo a la idea de la ministra y a sus 30 metros cuadrados de vivienda indigna). ¿Otras formas de vida son posibles?
Hubo un tiempo en que mi vida era convencional, que parecía que las cosas tomaban los derroteros “normales”. Pero ahora no. Y en el movimiento que supone recolocarte en el mundo descubres otras maneras de posicionarte. Esos descubrimientos en realidad fueron los redescubrimientos de esas ideas adolescentes y utópicas que las mentes inquietas hemos tenido o hemos sentido alguna vez. En eso estoy, y qué bueno comprobar que no camino sola.
El primer contacto con las llamadas comunidades intencionales fue, como para muchos, la lectura del libro de B.F. Skinner: “Walden Dos”, donde el psicólogo recrea una sociedad utópica y autogestionada, un experimento con un sistema de vida distinto al que está actualmente aceptado. El nombre del Walden, provenía de la experiencia de Thoreau, un jipi nacido en 1817, que se retiró durando dos años a vivir totalmente aislado en el bosque de Walden, apartado completamente de la civilización industrial… ¡en 1854!!! ¿qué hubiera hecho este hombre hoy?, (por cierto, realmente interesante su ensayo Desobediencia Civil). Disculpen si no soy capaz de hacer un breve resumen de la historia de Walden Dos, pero es uno de esos libros que leí hace más de 15 años (cómo pasa el tiempo, maldita sea) y ahora está escondido en alguna caja que todavía tengo por abrir (esas putas cajas que esconden la mitad de mi vida)… de todas formas, encontrarán detalles en esa mina de información que es Sant Google. Lo que sí recuerdo de aquel libro es la sensación que me dejó, y que apenas hace unos meses ha vuelto a mi memoria.
¿Es necesario vivir una vida convencional?
Estoy harta de cruzarme en la ciudad con desconocidos. De entrar en un ascensor y repasar los ojos de cada una de las personas con las que comparto la vida durante tres pisos, para comprobar que todas ellas miran al suelo y/o al techo. De vivir en el mismo edificio con tres familias y no saber el nombre de ninguno de sus hijos (y mira que tienen cuatro niños cada una…). Estoy jarta (sí, con jota), de comer tomates trasgénicos, sin que en la etiqueta me digan que son trasgénicos. Que el filete de ternera se me quede por la mitad cuando lo cocino. Que la tortilla sea de color blanquecino y no amarillo (independientemente de los calabacines con los que la decore). Estoy harta de tener que decir que estoy harta.
Quiero vivir una diferente… en el sentido amplio de la palabra. Compartirla con personas que tienen una visión similar, un proyecto similar. Porque sí, porque sé que es posible. Porque estoy por hacer grandes los espacios compartidos en vez de hacer cada vez espacios individuales más pequeños (que le den porculo a la idea de la ministra y a sus 30 metros cuadrados de vivienda indigna). ¿Otras formas de vida son posibles?
El montañero
Hay un lazo especial entre él y yo. Ese que no entiende de sexo, ni de mentiras, ni de huidas... Ese lazo que construimos poquito a poco, con cada canción que nos enviamos, con cada cosita que nos explicamos, con cada lágrima que compartimos... Hubo sexo, sí, pero hace tanto tiempo que ni me acuerdo. Y fue importante, sí, porque fue el primer hombre con quien estuve después de una separación realmente desagradable. Pero, a pesar de eso, porque desgraciadamente muchas veces el sexo en vez de unir desune, se quedó por aquí. Y aparece de vez en cuando. Una canción suya, un texto, una sonrisa virtual... Es un trocito de mí. Lo siento así. Un día le escribí algo intentando explicarle lo que sentía por él. Esa sensación de que nos hemos conocido antes, hace mucho, mucho tiempo, en algun lugar remoto. Que hemos sido parte el uno del otro. Y eso hace que lo mire a los ojos y me aparezca una sonrisa. Sé que me lleva en su corazón. Sé que necesita tenerme cerca, todo lo cerca que un cable nos permite, para explicarme de vez en cuando sus vivencias, sus proyectos... Sé que nos reconocemos uno en los ojos del otro. Sé que es mi hermano eterno. Los ojos del hermano eterno. Esos ojos en los que me busco cuando me siento perdida.
Sé que voy a subir alguna montaña a su lado. Y sé que me dará la mano para llegar a la cima, y nos miraremos a los ojos y nos daremos un abrazo. Y pensaremos qué suerte habernos encontrado, aunque sólo sea por los pequeños momentos mágicos que hemos compartido.
Qué bueno que sigas por aquí, montañero.
Los abrazos
... Un día, alguien que amé, me negó un abrazo. Fue el final de todo. ¿Cómo se puede negar un abrazo?.
Y de repente aparece un desconocido. Casi un desconocido. Lo miro, lo miro despacito, me pierdo entre sus ojos oscuros de color miel de romero y dejo que me parta en dos con sus abrazos. Abrazos de amigo. Abrazos de alguien que ha dado muchos abrazos. Abrazos de un brazo. Abrazos de dos. Amanecer abrazados.
Me pido para reyes un hombre que dé un abrazo como él...
(no, él no... él no me va a saber querer...)
Y de repente aparece un desconocido. Casi un desconocido. Lo miro, lo miro despacito, me pierdo entre sus ojos oscuros de color miel de romero y dejo que me parta en dos con sus abrazos. Abrazos de amigo. Abrazos de alguien que ha dado muchos abrazos. Abrazos de un brazo. Abrazos de dos. Amanecer abrazados.
Me pido para reyes un hombre que dé un abrazo como él...
(no, él no... él no me va a saber querer...)
Los dolores
Hoy, hablando sobre el sufrimiento con un amigo, me explicaba que a los 10 años tenía un profe que le decía que el dolor era necesario.. porque : "Si no existiese el dolor y te hirieses gravemente, acabarías desangrándote y muriéndote sin enterarte"
Me dejó pensativa y reflexiva. Añadió que a él le daban más miedo los dolores ajenos que los propios.. porque los propios puedes decidir acabarlos, mientras que respecto a los ajenos muchas veces no puedes hacer nada.
Sigo pensando. Sonrío. Sí, últimamente las cosas que me devuelven a la Fátima reflexiva me hacen sonreir...
Me dejó pensativa y reflexiva. Añadió que a él le daban más miedo los dolores ajenos que los propios.. porque los propios puedes decidir acabarlos, mientras que respecto a los ajenos muchas veces no puedes hacer nada.
Sigo pensando. Sonrío. Sí, últimamente las cosas que me devuelven a la Fátima reflexiva me hacen sonreir...
Los castillos en el aire... los castillos sobre el agua
Ummmmmm... la Alhambra. Cada vez que voy le descubro algo. Una nueva fuente, un mosaico que no había visto, un color diferente en el atardecer desde ese mirador famoso.
Dicen que los europeos construían castillos en el aire, mientras que los árabes lo hacían sobre el agua...
Debo aprender a construir sobre las cosas... y no por encima. Como hicieron los árabes.
Dicen que los europeos construían castillos en el aire, mientras que los árabes lo hacían sobre el agua...
Debo aprender a construir sobre las cosas... y no por encima. Como hicieron los árabes.





