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El leve transito de una vida
Acerca de
Soñar... esa ilusión necesaria que te permite seguir cada día
 
Hoy se me rompió...

.. el cepillo de dientes. Y aparte del momento ese absurdo en que te encuentras con un mango de nada en la mano, el cepillo en el lavabo y tu boca llena de espuma y encima mirándote al espejo con cara de: "menuda fuerza tengo hoy"... me dio una pena terrible desprenderme de un objeto que me ha acompañado cada día durante más de dos meses. Me va a costar volver a encontrar un cepillo como éste.. Lo sé. Y es que impregno los objetos de sentimientos, y sé que tendría que aprender a desprenderme de ellos..

Recuerdo hace un tiempo (a veces parece mucho, a veces parece poco..) en que la mitad de mi vida estaba guardada en cajas. Uno de los momentos dramáticos fue abrir esas cajas. Empezaron a aparecer objetos.. y con los objetos mil y un recuerdos. Una vajilla que había conseguido con vales de la gasolinera, unas fotos de un viaje a Noruega, unos pendientes que simulaban una bisagra diseñada por Calatrava en la Ciudad de las Ciencias y que me regaló en un viaje a Valencia... De repente me encontré rodeada de objetos y lágrimas y me sentí absurda. Los volví a guardar en las cajas correspondientes. Compré platos nuevos para una nueva casa, cambié el carrete con nuevas diapositivas y me puse un piercing para "celebrar" que no siempre iba a llevar sólo pendientes...

Un sano ejercicio que practico últimamente es desprenderme de cosas que me gustan mucho... Así que de vez en cuando, algún amigo/a se lleva algo de casa.. así, por la cara, de regalo.

 
Comentario:
Muchas veces intenté desprenderme de mi historia, en vano. Algunas veces, las suficientes, tuve que deshacerme a la fuerza de lo que formaba mi entorno más cercano, "patrimonial"; desprenderme de un objeto querido... fue difícil, más tarde lo asumí, pero nunca supe desprenderme de personas, lo intenté, sí, pero nunca pude. Tu cepillo de dientes trajo magníficas reflexiones de Koldo, Clo, Volviendoami, y de esas cuatro aprenderé tantísimo...
Recuerdo que una vez me contaron que, en esas fronteras difusas de lo que fue el gran reino de Lituania o el de Polonia, algunos judíos ashkenazíes tuvieron que cambiar muchas veces de pueblo (algo así como la película de El Violinista en el tejado). Se llevaban lo mínimo, pero nunca dejaron las puertas de sus casas, del mismo modo que los sefardíes siempre cargaron con sus llaves. Quien me lo contó recuerda a su abuelo, al otro lado del océano, hablando en yiddish y lamentándose de haber perdido su puerta.
(No, no valoro, ni tan sólo pienso ahora en tus llaves sobre el Teide)
 
Comentario:
A mi no me gusta tener recuerdos "de lo que fué" (sea lo que sea). De echo, como a eso se han unido muchas mudanzas arrasadoras, sin medios y sin espacio final, durante el camino he ido desprendiéndome de todo.

Hace unos años me llamaron para recoger unas cajas mias que no sabía ni que existían y me llevé una sorpresa, porque en ellas estaba, no la persona que yo recordaba, sino la que realmente fuí. Fué sano. Pero sigue sin gustarme acumular objetos :s
 
Comentario:
ese ejercicio no creo que lo peuda hacer, ahora miro a mi alrdedor y veo cosas y mas cosas, y me imagino el dia que me mude, me lo llevare todo, y tendre que cargar esas cajas y llorar con mis recuerdos, y con lo lloron que soy, croe que me gustara, solo de bobo que soy
 
Comentario:
CANCIÓN DE AMOR A MIS ZAPATOS


Los zapatos en que espero
el tiempo de mi partida
tienden dos alas de cuero
para sostener mi vida.


Bajo la suela delgada
siento la tierra que espera...
Entre la vida y la nada
¡qué delgada es la frontera!

(No recuerdo el nombre del poeta pero murió hace bien poco. Era el poeta de los objetos cotidianos)
 
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