"Que el Día se Haga Cargo del Día" Felipe Arreaga Sánchez
“QUE EL DÍA SE HAGA CARGO DEL DÍA”
-Dice el campesino ecologista preso, Felipe Arreaga Sánchez-
Silvestre Pacheco León

Cuando se ha cumplido el día 250 de cárcel injusta, el campesino ecologista, Felipe Arreaga Sánchez, se aferra más que nunca a la idea de que pronto respirará en libertad.
Son más de 8 meses los que lleva encarcelado, acusado de un crímen sucedido en 1998, que no cometió.
En su cuaderno de notas no caben ya los datos de la enorme cantidad de visitantes que creen en su inocencia y lo han acompañado por ratos, a lo largo de 8 meses.
Asegura que cuando quede libre se dará tiempo para agradecer a cada uno el apoyo que le han dado.
Aunque faltan pocas semanas para que venza el plazo que el juez tiene para dictar sentencia, misma que se espera absolutoria, Felipe asegura que no ha pensado lo que hará al salir de la cárcel.
“Que el día se haga cargo del día” me repite varias veces y me explica que con ello quiere decir que dejemos que ése día de su libertad llegue y entonces será él quien nos diga lo que ocurrirá.
“Cuando Dios creó al mundo –dice convencido- cada día se ocupó en una parte de la creación, todo lo que sucedió después no fue obra del azar, es el transcurso mismo de la vida lo que va atando una cosa con otra”-filosofa-.
Dice que muchos amigos le preguntan si cuando salga de la cárcel volverá a su pueblo, o se irá a otro lugar, si continuará en la lucha por la defensa del bosque, si no teme por su vida.
El asegura que no ha pensado si dejará la sierra en la que sueña, aunque sabe que en todas partes hay problemas, no sólo de seguridad, si no medioambientales.
Cuando acudí a la cárcel para entrevistarlo, el jueves 15 de julio, Felipe regresaba del juzgado. Lo llevaron para firmar de enterado el oficio que el juez penal, Ricardo Salinas Sandoval, envió al tribunal, informando que el Ministerio Público desistió de su apelación para mantener abierto el periodo de instrucción y postergar la sentencia.
Un día antes, Greenpeace y Cemda, las dos organizaciones ambientalistas que se han solidarizado con Felipe, demandaron su libertad con una marcha en Chilpancingo, la que culminó con la entrega de una carta para Zeferino en su oficina del palacio de gobierno, en la que le solicitan atención y procuración de justicia para el ecologista.
La noticia del acto le animó el día y le sirvió también para hacer recuento de las últimas visitas que tuvo y que han servido para difundir su caso en los Estados Unidos mediante artículos y reportajes en diarios tan importantes como el New York Times, y Los Ángeles Times.
Para que mantenga su ánimo le digo que el lunes, además de sus compañeros de varios poblados de la sierra, estará en Zihuatanejo el presidente del Centro de Derechos Humanos que sostiene su defensa, el antropólogo Abel Barrera, del Tlachinollan. Hasta la actriz Ofelia Medina vendrá al juzgado para exigir al juez obrar con rectitud y para expresarle a Felipe la solidaridad de tantos hombres y mujeres que ella ha recogido en la difusión de su caso.
Muchos otros representantes de organizaciones quizá quieran pero no puedan venir por la distancia, le digo, y él los entiende y aconseja que mientras cada cual en su trinchera haga algo para ayudar en la mejora del mundo, “no importa que no me visiten”.
Cuando le pregunto de sus experiencias en la cárcel me platica que no sólo ha encontrado amigos y compañeros, muchos de ellos, como él, privados de su libertad injustamente, sino que ha pisado en terreno fértil para extender la solidaridad que tanto se necesita en el mundo.
Dice que ahora mismo le ayuda a un padre con su hijo, platicando y dándole consejos. A pedido del papá, todos los días de visita, se encarga de platicar con el adolescente. Dice que el problema principal en las familias es la falta de comunicación.
Cuando le comento que el caso de los ecologistas de la sierra de Petatlán llama la atención a los estudiosos, especialmente porque en él se conjuntan los problemas medioambientales y de derechos humanos, me echa un sermón, eufórico, por lo simple que la parece a él esa relación.
“Cuando alguien se queja o denuncia alguna acción que afecta al medio ambiente, como puede ser la tala inmoderada, inmediatamente sufre amenazas y represalias”. “como seres humanos tenemos derecho a expresar y manifestar nuestras ideas, -dice- pero el ejercicio de ése derecho humano y constitucional, inmediatamente tiene como consecuencia un acto que pone en riesgo la vida misma, tanto de las personas como de los seres vivos, sean estos animales o plantas”
Felipe dice que derechos como el de la salud, la alimentación y un ambiente sano, son derechos humanos pero que la lucha por su respeto, en el caso muy particular de la sierra, siempre conlleva un riesgo para la integridad física no sólo de quien está dispuesto a luchar, sino también para su familia.
Por eso insiste en que debe haber una relación más estrecha entre los pobladores de las ciudades con lo habitantes de la sierra, porque en la costa todos deben saber lo que sucede allá arriba para apoyarse mutuamente buscando la solución de los problemas.
Cuando nuestra conversación en la cárcel concluye porque es hora del llamado a los presos para la comida, Felipe está de buen talante, y frente al corto plazo que queda para conocer la sentencia del juez, parece no darle mayor importancia al hecho de que su situación en la celda va complicándose como en el principio. “Los representantes de la Comisión de Derechos Humanos me preguntaron si quería una celda para mí sólo, y les dije que no, que era suficiente con un espacio para descansar mi cuerpo, pero ahora hemos vuelto a los problemas porque somos 12 presos compartiendo celda”. El gobierno cambia pero las cosas siguen igual.

-Dice el campesino ecologista preso, Felipe Arreaga Sánchez-
Silvestre Pacheco León

Cuando se ha cumplido el día 250 de cárcel injusta, el campesino ecologista, Felipe Arreaga Sánchez, se aferra más que nunca a la idea de que pronto respirará en libertad.
Son más de 8 meses los que lleva encarcelado, acusado de un crímen sucedido en 1998, que no cometió.
En su cuaderno de notas no caben ya los datos de la enorme cantidad de visitantes que creen en su inocencia y lo han acompañado por ratos, a lo largo de 8 meses.
Asegura que cuando quede libre se dará tiempo para agradecer a cada uno el apoyo que le han dado.
Aunque faltan pocas semanas para que venza el plazo que el juez tiene para dictar sentencia, misma que se espera absolutoria, Felipe asegura que no ha pensado lo que hará al salir de la cárcel.
“Que el día se haga cargo del día” me repite varias veces y me explica que con ello quiere decir que dejemos que ése día de su libertad llegue y entonces será él quien nos diga lo que ocurrirá.
“Cuando Dios creó al mundo –dice convencido- cada día se ocupó en una parte de la creación, todo lo que sucedió después no fue obra del azar, es el transcurso mismo de la vida lo que va atando una cosa con otra”-filosofa-.
Dice que muchos amigos le preguntan si cuando salga de la cárcel volverá a su pueblo, o se irá a otro lugar, si continuará en la lucha por la defensa del bosque, si no teme por su vida.
El asegura que no ha pensado si dejará la sierra en la que sueña, aunque sabe que en todas partes hay problemas, no sólo de seguridad, si no medioambientales.
Cuando acudí a la cárcel para entrevistarlo, el jueves 15 de julio, Felipe regresaba del juzgado. Lo llevaron para firmar de enterado el oficio que el juez penal, Ricardo Salinas Sandoval, envió al tribunal, informando que el Ministerio Público desistió de su apelación para mantener abierto el periodo de instrucción y postergar la sentencia.
Un día antes, Greenpeace y Cemda, las dos organizaciones ambientalistas que se han solidarizado con Felipe, demandaron su libertad con una marcha en Chilpancingo, la que culminó con la entrega de una carta para Zeferino en su oficina del palacio de gobierno, en la que le solicitan atención y procuración de justicia para el ecologista.
La noticia del acto le animó el día y le sirvió también para hacer recuento de las últimas visitas que tuvo y que han servido para difundir su caso en los Estados Unidos mediante artículos y reportajes en diarios tan importantes como el New York Times, y Los Ángeles Times.
Para que mantenga su ánimo le digo que el lunes, además de sus compañeros de varios poblados de la sierra, estará en Zihuatanejo el presidente del Centro de Derechos Humanos que sostiene su defensa, el antropólogo Abel Barrera, del Tlachinollan. Hasta la actriz Ofelia Medina vendrá al juzgado para exigir al juez obrar con rectitud y para expresarle a Felipe la solidaridad de tantos hombres y mujeres que ella ha recogido en la difusión de su caso.
Muchos otros representantes de organizaciones quizá quieran pero no puedan venir por la distancia, le digo, y él los entiende y aconseja que mientras cada cual en su trinchera haga algo para ayudar en la mejora del mundo, “no importa que no me visiten”.
Cuando le pregunto de sus experiencias en la cárcel me platica que no sólo ha encontrado amigos y compañeros, muchos de ellos, como él, privados de su libertad injustamente, sino que ha pisado en terreno fértil para extender la solidaridad que tanto se necesita en el mundo.
Dice que ahora mismo le ayuda a un padre con su hijo, platicando y dándole consejos. A pedido del papá, todos los días de visita, se encarga de platicar con el adolescente. Dice que el problema principal en las familias es la falta de comunicación.
Cuando le comento que el caso de los ecologistas de la sierra de Petatlán llama la atención a los estudiosos, especialmente porque en él se conjuntan los problemas medioambientales y de derechos humanos, me echa un sermón, eufórico, por lo simple que la parece a él esa relación.
“Cuando alguien se queja o denuncia alguna acción que afecta al medio ambiente, como puede ser la tala inmoderada, inmediatamente sufre amenazas y represalias”. “como seres humanos tenemos derecho a expresar y manifestar nuestras ideas, -dice- pero el ejercicio de ése derecho humano y constitucional, inmediatamente tiene como consecuencia un acto que pone en riesgo la vida misma, tanto de las personas como de los seres vivos, sean estos animales o plantas”
Felipe dice que derechos como el de la salud, la alimentación y un ambiente sano, son derechos humanos pero que la lucha por su respeto, en el caso muy particular de la sierra, siempre conlleva un riesgo para la integridad física no sólo de quien está dispuesto a luchar, sino también para su familia.
Por eso insiste en que debe haber una relación más estrecha entre los pobladores de las ciudades con lo habitantes de la sierra, porque en la costa todos deben saber lo que sucede allá arriba para apoyarse mutuamente buscando la solución de los problemas.
Cuando nuestra conversación en la cárcel concluye porque es hora del llamado a los presos para la comida, Felipe está de buen talante, y frente al corto plazo que queda para conocer la sentencia del juez, parece no darle mayor importancia al hecho de que su situación en la celda va complicándose como en el principio. “Los representantes de la Comisión de Derechos Humanos me preguntaron si quería una celda para mí sólo, y les dije que no, que era suficiente con un espacio para descansar mi cuerpo, pero ahora hemos vuelto a los problemas porque somos 12 presos compartiendo celda”. El gobierno cambia pero las cosas siguen igual.

Biografia de Felipe Arreaga
AL PUEBLO DE GUERRERO, DE MÉXICO Y DEL MUNDO.
En Guerrero la justicia sigue pendiente para los luchadore sociales. La ley sirve para proteger y dar impunidad a los cacíques resposables de controlar y combatir el descontento social auxiliados por las corporaciones policiacas y el gobierno.
Durante la penúltima década del siglo pasado en la Sierra Madre del Sur se enfrentaron pueblos enteros contra los cacíques madereros, responsables del saqueo forestal, de la sequía y escasez del agua en las zonas bajas.
En esa lucha destacó la Organización Ecologista de la Sierra de Petatlán y Coyuca de Catalán que tuvo entre sus dirigentes más reconocidos al campesino Felipe Arreaga Sánchez, viejo luchador, heredero de la conciencia y experiencia organizativa que se generó en los ejidos forestales opuestos al saqueo de madera dirigido desde el gobierno estatal a través de la Forestal Vicente Guerrero en la década de los setenta.
Felipe Arreaga nació y vivió en la sierra de Técpan, lugar donde perdió a sus padres víctimas de la violencia de guardias blancas que los asesinaron.
Para evitarse problemas se fue a vivir a la sierra de Petatlán, en el ejido del Mameyal, lugar donde se gestó la lucha ecologista contra los talamontes que abastecían de madera a la voraz empresa norteamericana, Boice Cascade.
Los campesinos, siempre por la vía legal, agotaron todas las instancias oficiales en sus denuncias contra la explotación de pinos a mata rasa, hecho que después les daría la razón cuando la Profepa encontró que ninguno de los aprovechamientos forestales de la zona cumplía con las normas técnicas, lo que obligó a cancelar todos los permisos oficiales de corte de madera.
A principios de 1998, a raíz del bloqueo de los caminos que los pueblos hicieron contra el saqueo de madera, se produjo la más feroz persecución de los campesinos ecologistas. Hubo detenidos, encarcelados, perseguidos y asesinados. La presencia del ejército era temida en toda la zona por su forma atrabiliaria de proceder.
Felipe Arreaga Sánchez, siendo uno de los dirigentes de la Organización Ecologista, fue perseguido y obligado a vivir un año fuera de su casa, sólo, escondiéndose en cuevas, alejado de las comunidades.
En el mes de mayo de 1998 sufrió un accidente que lesionó su columna y le impidió caminar. Estuvo postrado durante una semana y lo curaron en diferentes lugares precisamente en las fechas en que fue asesinado el jóven Abel Bautista Guillén, hijo de Bernardino Bautista, principal enemigo de la lucha ecologista.
En la sierra se sabe que el origen de la muerte del jóven nada tuvo que ver con la lucha ecologista y el propio padre y la madre del muchacho asesinado conocen que Felipe Arreaga nada tuvo que ver. Sin embargo la denuncia y posterior acusación que hacen, constituye una clara venganza contra los campesinos dirigentes de la organización ecologista, pues por hechos ocurridos hace 6 años se ha dictado órden de aprehensión contra 14 líderes ecologistas, habiendo detenido ya a Felipe Arreaga Sánchez el 3 de noviembre del 2004, a quien el juez Primero Penal, José Orrostieta Pérez, le dictó auto de formal prisión que lo mantiene recluido en la cárcel de Zihuatanejo, en una celda para 6 personas que coparten hasta 16 detenidos.
Al juez no le parecieron suficientes pruebas las declaraciones de cinco testigos que en el poblado de Las Mesas, distante 6 horas del lugar de los hechos, atendieron, curaron y vieron al líder ecológista en el día y la hora en que sucedió el crímen del que se le acusa.
Felipe Arreaga Sánchez es un capesino de 55 años, pobre, enfermo, que ha dedicado su vida al servicio de los demás, reconocido líder, defensor de los derechos humanos y de los bosques, catequista, ejemplar padre de familia, asesor de la Organización de Mujeres Ecologistas de la Sierra de Petatlán, productor de abono orgánico y capacitador comunitario.
Felipe Arreaga Sánchez está en la cárcel injustamente, víctima del atrasado sistema judicial de Guerrero donde al acusado se le hace culpable con un señalamiento y desde la cárcel tiene que demostrar su inocencia, haciendose cargo, incluso, de buscar y presentar a los agraviados para que el proceso judicial continúe.
Para detener esta injusticia y exigir el cumplimento recto de la ley pedimos el apoyo de la población para que demande la libertad inmediata de Felipe Arreaga Sánchez, exigiendo a la vez que se investigue y castiguen todos los crímenes y violaciones a los derecos humanos cometidos en aquellos años en la lucha por la defensa de los bosques.
¡LIBERTAD INMEDIATA PARA EL ECOLOGISTA FELIPE ARREAGA SANCHEZ!
Colectivo Costa Libre, A. C. Red Para el Desarrollo Sostenible de México, A. C. Sociedad Protectora de Animales de Zihuatanejo, SPAZ; Organización de Mujeres Ecologistas de la Sierra de Petatlán, A. C. Consejo Promotor para el Desarrollo Rural Sustentable de la Costa Grande, A. C. Grupo Ecologista de Petatlán, Mundo Nuevo, A. C. Sociedad de Solidaridad Social La Botella, Petatlán, Gro. S.O.S. Bahía, Zihuatanejo, A. C.
En Guerrero la justicia sigue pendiente para los luchadore sociales. La ley sirve para proteger y dar impunidad a los cacíques resposables de controlar y combatir el descontento social auxiliados por las corporaciones policiacas y el gobierno.
Durante la penúltima década del siglo pasado en la Sierra Madre del Sur se enfrentaron pueblos enteros contra los cacíques madereros, responsables del saqueo forestal, de la sequía y escasez del agua en las zonas bajas.
En esa lucha destacó la Organización Ecologista de la Sierra de Petatlán y Coyuca de Catalán que tuvo entre sus dirigentes más reconocidos al campesino Felipe Arreaga Sánchez, viejo luchador, heredero de la conciencia y experiencia organizativa que se generó en los ejidos forestales opuestos al saqueo de madera dirigido desde el gobierno estatal a través de la Forestal Vicente Guerrero en la década de los setenta.
Felipe Arreaga nació y vivió en la sierra de Técpan, lugar donde perdió a sus padres víctimas de la violencia de guardias blancas que los asesinaron.
Para evitarse problemas se fue a vivir a la sierra de Petatlán, en el ejido del Mameyal, lugar donde se gestó la lucha ecologista contra los talamontes que abastecían de madera a la voraz empresa norteamericana, Boice Cascade.
Los campesinos, siempre por la vía legal, agotaron todas las instancias oficiales en sus denuncias contra la explotación de pinos a mata rasa, hecho que después les daría la razón cuando la Profepa encontró que ninguno de los aprovechamientos forestales de la zona cumplía con las normas técnicas, lo que obligó a cancelar todos los permisos oficiales de corte de madera.
A principios de 1998, a raíz del bloqueo de los caminos que los pueblos hicieron contra el saqueo de madera, se produjo la más feroz persecución de los campesinos ecologistas. Hubo detenidos, encarcelados, perseguidos y asesinados. La presencia del ejército era temida en toda la zona por su forma atrabiliaria de proceder.
Felipe Arreaga Sánchez, siendo uno de los dirigentes de la Organización Ecologista, fue perseguido y obligado a vivir un año fuera de su casa, sólo, escondiéndose en cuevas, alejado de las comunidades.
En el mes de mayo de 1998 sufrió un accidente que lesionó su columna y le impidió caminar. Estuvo postrado durante una semana y lo curaron en diferentes lugares precisamente en las fechas en que fue asesinado el jóven Abel Bautista Guillén, hijo de Bernardino Bautista, principal enemigo de la lucha ecologista.
En la sierra se sabe que el origen de la muerte del jóven nada tuvo que ver con la lucha ecologista y el propio padre y la madre del muchacho asesinado conocen que Felipe Arreaga nada tuvo que ver. Sin embargo la denuncia y posterior acusación que hacen, constituye una clara venganza contra los campesinos dirigentes de la organización ecologista, pues por hechos ocurridos hace 6 años se ha dictado órden de aprehensión contra 14 líderes ecologistas, habiendo detenido ya a Felipe Arreaga Sánchez el 3 de noviembre del 2004, a quien el juez Primero Penal, José Orrostieta Pérez, le dictó auto de formal prisión que lo mantiene recluido en la cárcel de Zihuatanejo, en una celda para 6 personas que coparten hasta 16 detenidos.
Al juez no le parecieron suficientes pruebas las declaraciones de cinco testigos que en el poblado de Las Mesas, distante 6 horas del lugar de los hechos, atendieron, curaron y vieron al líder ecológista en el día y la hora en que sucedió el crímen del que se le acusa.
Felipe Arreaga Sánchez es un capesino de 55 años, pobre, enfermo, que ha dedicado su vida al servicio de los demás, reconocido líder, defensor de los derechos humanos y de los bosques, catequista, ejemplar padre de familia, asesor de la Organización de Mujeres Ecologistas de la Sierra de Petatlán, productor de abono orgánico y capacitador comunitario.
Felipe Arreaga Sánchez está en la cárcel injustamente, víctima del atrasado sistema judicial de Guerrero donde al acusado se le hace culpable con un señalamiento y desde la cárcel tiene que demostrar su inocencia, haciendose cargo, incluso, de buscar y presentar a los agraviados para que el proceso judicial continúe.
Para detener esta injusticia y exigir el cumplimento recto de la ley pedimos el apoyo de la población para que demande la libertad inmediata de Felipe Arreaga Sánchez, exigiendo a la vez que se investigue y castiguen todos los crímenes y violaciones a los derecos humanos cometidos en aquellos años en la lucha por la defensa de los bosques.
¡LIBERTAD INMEDIATA PARA EL ECOLOGISTA FELIPE ARREAGA SANCHEZ!
Colectivo Costa Libre, A. C. Red Para el Desarrollo Sostenible de México, A. C. Sociedad Protectora de Animales de Zihuatanejo, SPAZ; Organización de Mujeres Ecologistas de la Sierra de Petatlán, A. C. Consejo Promotor para el Desarrollo Rural Sustentable de la Costa Grande, A. C. Grupo Ecologista de Petatlán, Mundo Nuevo, A. C. Sociedad de Solidaridad Social La Botella, Petatlán, Gro. S.O.S. Bahía, Zihuatanejo, A. C.





