Viaje de las Palabras
Poesía e Imágenes.
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Un poco de ...
Aficionado a la literatura y al arte, fascinación por los simbolos que explican la vida.. camino. gestos .. arboles.. caricias.. puentes.. sonrisas.. ventanas.. un todo y un nada por donde recorrer antes de llegar y partir nuevamente.
Cuando las palabras no alcanzan las estrellas Y el silencio se vuelve magia. Donde el cuerpo camina hacia el ocaso. Es un sueño y el alma brinda el encuentro. Somos niños tras la magia. Que gota a gota desintegra la monotonía. Con la sonrisa y la mirada infantil. Un encuentro y un secreto.
Sindicación
 
LAS METARMORFOSIS DE PIKTOR. Parte 1


El joven Piktor ha entrado al Paraíso y se encuentra frente a un árbol que es a la vez hombre y mujer. Con veneración lo mira y le pregunta: "¿Eres acaso tu el Arbol de la Vida?" Pero cuando, en lugar del árbol, le responde la Serpiente, Piktor se vuelve para continuar su camino. Contempla todo con atención y todo le encanta en el Paraíso. Claramente presiente que se halla en el origen, en la fuente de la vida.

Ve otro árbol, que es ahora al mismo tiempo Sol y Luna. Y Piktor le pregunta: "¿Eres acaso tu el Arbol de la Vida?" El Sol lo confirmó riendo; la Luna, con la sonrisa.

Flores maravillosas le contemplaron, flores de variados colores, flores que tenían ojos y caras. Algunas reían ampliamente, otras casquivanas; algunas ni se movían no reían, permanecían mudas, ebrias, hundidas e sí mismas, envueltas en su propio perfume, como sofocadas. Una flor le cantó la canción de las lilas; otra, una canción de cuna azul oscura. Una flor tenía los ojos como un zafiro duro; otra le recordó su primer amor; otra, el color del jardín de su niñez, la voz de su madre y su perfume. Esta se rió, aquélla le sacó la lengua, una lengüita curva, rosada, que se le aproximó. Piktor extendió la suya para tocarla. Le encontró un sabor agrio y salvaje, a racimo y a miel y también como al beso de una mujer.

Aquí, entre todas estas flores. Piktor se sintió henchido de nostalgia y temeroso. Su corazón latió fuerte, como una campana, quemándose, tendiendo hacia algo desconocido.

Piktor vio ahora un pájaro reclinado en el pasto, refulgiendo de tal suerte que parecía poseer todos los colores. Y Piktor le preguntó:

-¡Oh pájaro! ¿Dónde se encuentra la feliicidad?

-¿La felicidad? Se encuentra en todas paartes: en la montaña y en el valle, en la flor y en el cristal.

El pájaro sacudió alegre sus plumas, movió el cuello, agitó la cola, guiñó un ojo y se quedó inmóvil sobre el pasto. Repentinamente se había transformado en una flor, las plumas eran hojas, las patas raíces. Piktor lo contempló maravillado.

Pero casi en seguida la flor-pájaro movió sus hojas; se había cansado de ser flor y ya no tenía más raíces. Proyectándose lánguidamente hacia arriba, se transformaba en mariposa, meciéndose sin peso, toda luz.

Piktor se maravillaba aún más. El alegre pájaro-flor-mariposa voló en círculos en torno de él, brillando como el sol; se deslizó hacia la tierra, y, como un copo de nieve, quedóse sus alas luminosas, y, de inmediato, se transformó en cristal, de cuyos canto irradiaba una luz rojiza. Maravillosamente brilló entre la hierba, como campanas que tocas para una fiesta.

Así brilló la joya.


Extraido de "El Círculo Hermético" Miguel Serrano.

Relato de Hermann Hesse.

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