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CUADERNO DE BITÁCORA TERRESTRE
Ensayos Biogeográficos, Aconteceres Históricos y Observaciones Sociológicas
Acerca de
Félix Fernández Rodríguez BURGOS Facultativo de Minas Oficial de la Marina Mercante
Sindicación
 
MUNICIPIO Y SOCIEDAD

Muchos pueblos nacieron a cielo abierto, junto a la glera de sus ríos, o bajo las bóvedas de oscuras y húmedas cuevas, por valles y quebradas. Primero, todos fueron asentamientos de tribus primitivas, que día a día, por la misma causa y necesidad y con espíritu de supervivencia, se convirtieron en pequeñas comunidades humanas. Estos núcleos fueron el embrión y el engendro de nuestra civilización celtibérica y castellana después. Fueron tambien estas agrupaciones, precursoras del concejo abierto, donde se debatieron todas las ideas renovadoras, los criterios lógicos y razonables y la participación entusiasta en el quehacer cotidiano, solidario este, con la organización y convivencia.

Hoy a muchos de estos pueblos solo les queda el recuerdo, porque el inexorable paso del tiempo, el abandono y el expolio, les han convertido en campos desolados y tristes, en donde solo campea la nostalgia etérea y algún otro vestigio o ruinas pétreas, a las que aún la Naturaleza no ha podido devorar.

Hoy otros pueblos están reducidos a su mínima expresión; siguen vegetando con la mirada puesta en el Cielo. No se vislumbra en su horizonte un amejoramiento de su vida. El aislamiento con la Sociedad, el silencio, la soledad, la tristeza hacia los que se fueron y el frío en las largas noches del invierno, solo se ven recompensados por las auras tonificantes y los aromas de Primavera y Verano; en una Naturaleza magnífica sin agobios ni contaminación, que les sigue recordando las vivencias del pasado que compartieron con otros moradores.

Las iglesias de estos pueblos, que fueron en otros tiempos el refugio de atribulaciones y desahogo de quebrantos, están convertidas en establos y almacenes. Las escuelas que fueron la conciencia incipiente y el recreo de los niños, hoy son el granero, el pajar y el tugurio del ocio y pasatiempo de los adultos. Las eras y caminos, que fueron suaves y cómodos paseos, por donde se soñaron nobles ideales y pensamientos románticos, se han transformado en pistas de cardos, abrojos y espinos. Es ahora una vida a medias, donde el Fuero del Vivir, solo tiene el consuelo de la aventura en el morir.

Hoy otros pueblos que quieren ser y no pueden. No son ciudades ni aldeas; han dejado de ser villas o comunidades rurales con residencias ajardinadas o con casas independientes de huerta y jardín, para convertirse en villorrios, donde solo prevalecen las altas y grandes edificaciones antiestéticas, en manzanas cerradas, en cuyos patios interiores cubiertos, se esconden lúgubres e insalubres lonjas de dos alturas, explotadas como bares y ambigúes oscuros y malolientes de nicotina. Estos recintos no aportan ninguna utilidad social, y su “servicio” solo consiste en especulación y lucro. Todo este cambalache de negocio sucio, añadido al abuso o a la bicoca entre amiguetes y socios, con licencias y favores recompensados, están degenerando el medio urbano y la estabilidad ciudadana de muchos de nuestros pueblos, que en otros tiempos fueron exponentes del bienestar social, de la armonía vecinal y del progreso arquitectónico.

En estos pueblos además la “civilización” ha llegado retrasada y deformada. El concepto de desarrollo, progreso y confor, es un espejismo; es el estilo de una Sociedad engañadora y engañada. Son muchos los listillos que quieren homologarse a los modos modernos y exóticos, desconociendo que en otros países avanzados, los sistemas de vida negativos, entre ellos, el consumo de lo superfluo y adulterado, los hábitos del tabaco y alcohol, la depravación y la golfería, comienzan a declinar y a ser mal vistos. Sin embargo el bienestar social y natural, la moralidad de los gobernantes, la ciudadanía de los gobernados y el buen uso de las cosas, son fundamentos de racionalidad y de esperanza hacia el futuro.

Hoy otros pueblos se han ido trasformando y ensanchando, para convertirse en ciudades grandes o metrópolis, gobernadas y administradas con discutible autonomía municipal. Estas aglomeraciones urbanas, están desbordadas por los múltiples servicios, con graves problemas que atosigan el normal funcionamiento y la eficacia hacia la Sociedad. Los Ayuntamientos o unidades básicas de la Administración Local, son incapaces de soportar por si solos, los abultados costes y gastos de sus obligaciones económicas, algunas veces superfluas y no racionalizadas. Por estos motivos, tienen que compartir con los estamentos y organismos dependientes del Estado, las ayudas y con ellas su intervención.

Las actuaciones urbanísticas de estas ciudades (Viaductos, túneles, aparcamientos subterráneos, redes e instalaciones etc., con sus restricciones peatonales de obra) son una permanente batalla contra la ciudadanía. No hay forma humana de acabar con tanta obra y tanto trajín. Parece como si con este hacer y deshacer, hay algún oculto interés económico, o es simplemente obligado por el desbarajuste urbanístico no planificado, conforme a normas y estudios concretos, realizados por una única, indiscutible y responsable gerencia.

En estas ciudades la deshumanización va en aumento día a día, por efecto del mutuo rechazo y por el materialismo de la vida y la falta de auténtica espiritualidad. También impera una disimulada manipulación de la Sociedad, que va alcanzando caracteres insospechados. Este fenómeno del dirigismo no es otro, que la falta de libertades individuales de las personas, para decidir o escoger por su conciencia, predilección y razonamiento, aquellos caminos hacia la llanura. Las raíces de esta lacra habrá que buscarlas en los grupos organizados u oligarquías, que practican la violencia ante la necesidad de los humildes, junto al caciquismo, las actividades políticas, económicas y públicas, es decir todo el mangoneo exclusivo de la comunidad; coordinado, controlado y manipulado por los Homo-Novus-Imperiosus.
 
SILOS EN PRIMAVERA

El camino esta vez no iba ser de rumbo Norte hacia los páramos y vallejos de Sedano. Lo dirigimos rumbo Sur, a tomar los aires de las Mamblas y Cervera, camino hacia Covarrubias a tomar la frescura del río Arlanza y Mataviejas. Íbamos buscando unos horizontes más cálidos en este tempero destemplado de San Francisco de Paula (abril de 1987). El retraso primaveral nos impidió ver las bellezas de los cerezos en flor de Covarrubias y cantar: Cerezos de Covarrubias, que no dejáis de mirar, la corriente del Arlanza, y la Historia del lugar. A Covarrubias le recordábamos de hace varios años, cuando al bajar por la herradura de Mecerreyes se observaba el espectáculo insólito del conjunto de tejados rojos limpios e incólumes de su caserío. Hoy ya no es lo mismo, la imagen que se presenta es otra, el “progreso arquitectónico” de sus cobertizos ganaderos y agrícolas, esta reñido con la agradable fisonomía de la arquitectura rural de los buenos tiempos. Junto a la restauración artística y arquitectónica del núcleo artístico y local, se contrapone el abuso y anarquía de las construcciones agropecuarias, que reflejan todo un liberalismo de obras mal hechas y ruinosas. Ante este desmadre, las autoridades, que para eso están, deben velar por el orden, el progreso verdadero y el bien general del pueblo.



Cruzar el arco del Archivo del Adelantamiento de Castilla en Covarrubias, es penetrar en un recinto que nos traslada a la época medieval, en lo que respecta a sus calles, plazuelas, pavimentos, columnas, artesonados, entramados de fachadas etc. Salir luego por el puente sobre el Piélago del Arlanza y atravesar el Manto y Peñalba camino de Silos, es dejar atrás muchos siglos de historia y acontecimientos.

Llegamos a Silos y en principio sus piedras nos recibieron con tiempo frío y desapacible. Su abadía no tiene pérdida para el viajero, sobre la rigidez de sus muros pétreos, se bamboleaban los dos mástiles forestales, situados a intramuros del Monasterio; uno el Ciprés en el patio del claustro y el otro el Secuoya en la corte del cenobio; los cuales simbolizan, el primero, la religiosidad, la austeridad y el destino final y el segundo, la vida, la grandeza y la dimensión del ser.

Visitamos primeramente la iglesia restaurada en el siglo XVIII por el arquitecto Ventura Rodríguez. El edificio es una muestra seria de la corriente clasicista, con grandes formas macizas, volúmenes y verticalidad. Aunque la renovación de la iglesia está dentro de la época Neoclásica, vemos en su limpia decoración de grandes y sólidas arcadas y en la perfección de sus líneas geométricas, mucha influencia de la Arquitectura Herreriana. Tambien vimos cómo han quedado entramados con la iglesia, algunos vestigios de la primitiva iglesia Visigótica y más tarde Románica.

Si hoy viviera nuestro amigo Fray Justo Pérez del Urbel, le diríamos valientemente con el beneplácito del Abad Serna, que este recinto de la Iglesia de Silos, sería un estrado magnífico para reavivar los ideales del Humanismo y Cristianismo, para conducirlos hacia una nueva moralidad y espiritualidad. Y desde sus púlpitos se proclame el auténtico Evangelio, no hacia los ángeles y santos, si no directamente hacia los hombres y sobre todo para los mundanos y perversos, que son los que verdaderamente lo necesitan. De este modo conseguiríamos una Sociedad que caminara hacia el amor, la igualdad y la verdad del Dios Creador.

De la iglesia pasamos al claustro, no por la puerta visigótica de la Virgen, si no por la entrada frente a la alberca-manantial. El claustro de Silos es algo fuera de serie en el Arte Románico. Sus 64 capiteles representan la lucha por la vida y el símbolo entre el bien y el mal, inspirados en la Mitología y Filosofía oriental. Los ocho relieves encuadrados en las cuatro esquinas maestras, son un ejemplo de la Apologética, representando los grandes misterios del Nuevo Testamento.



Observamos el claustro, mirando y remirando el maderamen policromado de sus techos y vigas, y las esculturas y altares en suelo y paredes; nos llamó la atención la hierática sala capitular, un espacio de recogimiento de los monjes, solo apto para el tiempo bochornoso de verano. Tambien veíamos entre arco y arco la silueta alzada del Ciprés (Cupresus sempervirens) el último de los cuatro ejemplares que formaron un día el cuadrilátero del claustro. Hoy solo queda uno, el último, su sombra es como una alargada manecilla de un gran reloj de Sol, que poco a poco, como cualquier ser biológico, se irá desvaneciendo para acabar a la hora en punto final.

Ensimismados con tanta imagen artística no nos dábamos cuenta del helor de las losas del claustro y el enfriamiento de nuestros pies. Al momento fuimos atendidos por el Padre Ernesto. El fue como un auxilio, al introducirnos en la gloria del Monasterio, que es la botica, situada parte dentro de la rebotica. Allí este monje bibliotecario, que hace de su simpatía y agradable conversación un culto a la hospitalidad, nos fue explicando muchas cosas. Le preguntamos que hoy hay mucha gente interesada por la Herboristería y las ciencias de Farmacia, que se desarrollaron en Silos, como: Fosfatinas, complejos vitamínicos, licor arsenical, cloruro de magnesio y otras mezclas. Estas fórmulas fueron entonces el alivio al sufrimiento de las personas. Nos contestó que él personalmente está recopilando la documentación de la Farmacia de Silos, para una próxima edición, que amplíe la divulgación de las Boticas Monásticas.

De aquí salimos a extramuros del convento, para dirigirnos a la corte del cenobio y situarnos bajo el árbol grande (Secuoya gigantea). Aquí en este lugar, tambien hay un simbolismo entre el árbol de la vida como padre (Secuoya) y el árbol nieto engañoso y tóxico (Tejo o Taxus baccata) que esta junto a él.

Solo nos quedaba despedirnos de este rincón admirable, que al final nos hizo mirar al Cielo y exclamar.

¡Oh Ciprés¡ que enarbolas tanta fama,
al socaire del claustro del convento,
No es acaso el Secuoya, quien proclama
su forestal faz sobre el Firmamento

(artículo realizado en abril de 1987)