SOBRE JUAN DE GARAY
El día 11-6-1580, hace ya muchos años, fundaba definitivamente la Ciudad de Buenos Aires (Argentina) el intrépido conquistador español, Juan de Garay, nacido en Villalba de Losa (Burgos).
Habían transcurrido 44 años desde que en el año 1536, el adelantado Pedro de Mendoza, había puesto la primera bandera española en el estuario del Rio de la Plata; bautizando la ciudad con el nombre de Buenos Aires, en memoria de la Virgen del Buen Aire, Patrona de los navegantes sevillanos. Pedro de Mendoza en aquella importante colonización, no estaba solo, le acompañaba nuestro paisano de Briviesca, Juan de Ayolas y el vergarés Domingo Martínez e Irala. La corta vida (28 años) de Juan de Ayolas privó a este de otros grandes descubrimientos para orgullo de la Patria Hispana.
Hemos seguido con interés y expectación, cómo nuestra provincia hermana de Vizcaya, reclama el patronazgo de Juan de Garay, abogando que su nacimiento fue en la ciudad de Orduña, Según todas las averiguaciones, no hay documentos verídicos que den fe de este nacimiento de Juan de Garay, y los argumentos que ellos exponen y defienden, se basan exclusivamente sobre la naturaleza vasca de su apellido, sobre los vestigios solariegos que existen o existieron en el barrio de Belandia (Orduña). Los cuales atribuían la casta o hidalguía a los jóvenes que salían rumbo hacia las Indias Occidentales.
Tambien sostienen que Juan de Garay en su niñez o adolescencia vivía junto con su familia en dicho barrio de Orduña. Un ilustre bilbaíno desaparecido Joaquín de Zugazagoitia y otro el historiador argentino Enrique de Gandia, se han empeñado en no reconocer la carta de naturaleza existente, que demuestra que Juan de Garay era hijo natural de Villalba de Losa.
Analizando todas estas controversias y las dudas suscitadas, hemos llegado a las siguientes conclusiones. Observando los límites fronterizos actuales entre Burgos y Vizcaya, se ve cómo el enclave de Orduña es una cuña de terreno, aislada y encajada entre las provincias de Burgos y Álava; cuya muga o mojón principal de primera magnitud, es la Peña del Charlazo o de la Virgen de la Peña de Orduña, ubicada en la misma escarpadura vertical de los pétreos murallones de la Alta Meseta Burgalesa, situándose a 5 km del centro rural de Villalba de Losa, sobre camino llano y directo.
Tambien ocurre que dentro del territorio de Orduña (Vizcaya) en un lindero comunal sobre las laderas de la Sierra Salvada, hay una parcela de 120 hectáreas que corresponde en régimen mancomunado a la comunidad de Orduña, a la Junta de Villalba de Losa, Ayala y Amurrio. Esta servidumbre común, demuestra el movimiento fronterizo interprovincial de familiaridad de las gentes vecinas y sus intereses ganaderos comunes.
Respecto al origen vasco del apellido Garay, no hay lugar a dudas. Garay procede del significado eúskaro “Gora” de ámbito europeo y universal, que corresponde a lugar alto, eminente o lo más supremo etc. Tambien observando la Toponímia que circunda a Villalba de Losa y sobre terreno burgalés, vemos los nombres de: Urbina, Anestizas, Tezabal, Aostri, Zaballa, Añanangorri, etc: lo que quiere decir que nombres vascos en Toponímia y en apellidos, abundan y están extendidos por todos los lugares de la Península.
De igual manera los grandes descubridores vascos con sangre mestiza como Domingo Martínez e Irala, de Vergara; Juan Sebastián Elcano, de Guetaria; Miguel López y Legazpi, de Zumárraga; Juan Martínez y Recalde, de Bilbao; y otros, ostentaban en sus apellidos la ascendencia castellana y nadie ha revindicado ninguna paternidad histórica interesada. Además estos conquistadores nacidos en Vizcaya y Guipúzcoa, vivieron siempre alejados de sus respectivas cunas, preparando las gestas y descubrimientos.
Posiblemente estos vascos universales que hoy trascribimos, nos traen a la memoria las vivencias campestres y los pensamientos juveniles que Juan de Garay, tuvo al asomarse al atractivo mirador de Basconia.
A la Peña de Orduña me asomé
a ver los valles y tierras vascongadas
no vi, me turbe, soñé,
oí del Cielo estas palabras:
Desde aquí los hombres de Bardulia,
con los de Cantabria y Castilla,
forjaron con ímpetu y razón,
el germen de una Nación;
que un día se llamó Iberia,
y hoy es Hispania.
Juan de Garay nace en Burgos y muere en Argentina, sus vicisitudes fueron muchas, sus ilusiones tambien. La grandeza de sus gestas quedó inscripta en la Historia Hispanoamericana. El valeroso español escribiendo su vida, pudo entregar a España un descubrimiento en el Nuevo Mundo, para que hoy se eleve su recuerdo y su memoria.
LOS POETAS MUERTOS
Cuando ya va feneciendo el año 1978, tan sacudido por los acontecimientos políticos; cuando ya el pueblo español quiere reposar el cansancio padecido por tanta odisea política; cuando ya las buenas gentes solo quieren ver un rayo de luz y esperanza en su vida, y sentir las áureas tonificantes y confortables de paz y oír el inefable mensaje de Dios; yo me dirijo a Madrid. Allí en la urbe capitalina, me encuentro con un hombre entusiasta, un ser humano impregnado de poesía y de “alforjas serranas”, un hombre como los demás con cuerpo y alma y con sus defectos y virtudes.
Este hombre llamado Conrado Blanco, paisano burgalés de la serranía de Quintanar de la Sierra, tiene el día 13 de Diciembre, fiesta conmemorativa de San Juan de la Cruz, un gran recuerdo para los poetas muertos, escribiendo en el diario “ABC” una emotiva y nostálgica esquela, hacia todos los poetas muertos. Era un recuerdo espiritual cargado de sentimiento para aquellos hombres que dedicaron su pensamiento y su palabra escrita a lo trascendental y a las ideas excelsas de la vida, a los caminos alumbrados por el resplandor crepuscular del Cielo, y a las acciones vivificadoras del ser humano cuando defiende el Universo y Naturaleza.
Aquella esquela fue como un laudo providencial a favor de todos los poetas muertos. Su efecto iba a estremecer los corazones de sus deudos y alumbrar a flor de sus ojos, el sentimiento de los que un día lloraron su emigración hacia el Cielo. Pero el silencio de una esquela y la frialdad de un papel impreso con un grueso trazo negro, había que acompañarlos con la voz espiritual y entrañable de un amoroso poeta, y así fue.
Por azares del destino fuimos testigos entusiasmados por el pregón “in eclesia” dirigido para aquellos poetas muertos, y para todos los hombres de buena voluntad que aún continúan en la brecha, experimentando los misterios de la vida. El poeta, magnífico, fue nuestro buen amigo de Aguilar de Campoo, el Padre Agustino Félix García, un ser humano de 83 años de larga y dilatada existencia, impregnada por tantos acontecimientos en su vida espiritual y docente en el “Buen Consejo”. El escenario ideal para este evento fue la capilla de la iglesia de San Juan de la Cruz en Madrid, y el lema poético “Lección de Vida”.
Comenzó el Padre Félix en la homilía de la misa, con el recuerdo humano a los poetas que participaron en vida con belleza y consuelo hacia las cosas divinas. Citó primero a Santa Teresa, para hacer patente a ella y a nosotros, de la gran verdad de la Santa, cuando decía traer memoria de Dios en la distancia y cercanía. Citó luego a San Agustín, de cómo el Santo se esforzaba en hacer comprender a los hombres, que caminen sin decaimiento y dan cara acara defendiendo y amando la Patria común con ejemplo de buenas lecciones de generosidad, consuelo y sacrificio ante Dios, no retrocediendo ante el bien de las cosas terrenas.
Por último citó a San Juan de la Cruz, como ejemplo de bien andar por la vida con merecimiento, participando en las mismas luchas, miserias y dolores que los poetas; con el refuerzo y la defensa de Dios, ya que la vida sin ente espiritual no merece la pena. La lección que nos han dejado los poetas muertos es una lección de consuelo y de bondad. Actualmente el Mundo no sabe utilizar las cosas materiales y su beneficio, con espiritualidad. El Mundo es un esclavo de la vida cotidiana. El Mundo comienza a notar muestras de desvalimiento humano y espiritual. El Mundo anda a ciegas y trompicones con su alma atribulada y herida, parece como no poder encontrar la gracia inmutable de Dios para seguir caminando por los senderos del bien y del amor.





