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CUADERNO DE BITÁCORA TERRESTRE
Ensayos Biogeográficos, Aconteceres Históricos y Observaciones Sociológicas
Acerca de
Félix Fernández Rodríguez BURGOS Facultativo de Minas Oficial de la Marina Mercante
Sindicación
 
El RÍO ARLANZA POR CASTROVIDO.

Cuando los invasores romanos rebautizaron el Macizo de la Demanda y los núcleos de La Campiña y Urbión, con el bonito nombre de Montes Idubeda (cuyo significado etimológico, ya deformado, se corresponde con lugar afortunado) no se imaginaban que los ríos que nacen en sus vertientes iban a ser las venas hidráulicas que apagaran la sed de media España. Hoy ya solo quedan en plena libertad dos ríos burgaleses, el Pedroso y el Arlanza. Al primero se pretende extraer una parte de su sangre arterial en su cabecera y al segundo le van a frenar sus impulsos naturales, estrangulándole con un murallar ciclópeo a su paso por Terrazas de Castrovido. Una aldea cárdena y serrana, que aun sigue sin cura ni escuela; pero ello no ha sido obstáculo para sus vecinos, estén instruidos para conservar y defender sus raíces ancestrales y el terruño que les dio luz y cuna.

Por un azar del destino hemos podido recorrer de cerca este territorio del río Arlanza (Salas de los Infantes), vasto en montañas y vaguadas, además de cautivador en panoramas y arboledas. Han sido necesarios dos itinerarios para observar y captar las singularidades de un pequeño tramo de las riberas del río Arlanza. Así fue, ver y sentir en ese recorrido, toda la armonía vital de una Naturaleza, cuya configuración física de sus declives montañosos encauzan al río Arlanza

En el primer itinerario partimos de Salas de los Infantes, y por el camino entre Cuestalomo, Peñas Negras y Crestas, nos asomarnos y ver el cauce hundido del Arlanza, a su paso bajo y entre Monasterio de la Sierra y tenadas de Rasallana y Gustillo; terrenos estos pertenecientes a la ledanía de: Salas de los Infantes, Hacinas, Castrillo de la Reina y Castrovido. Desde esta atalaya cómoda y elevada, veíamos con amplia visibilidad y hacia la ladera del NE, los vestigios ruinosos y desamparados de lo que fuera antaño el Monasterio de Alviente. En aquel refugio contemplativo, jalonado en sus días primaverales con rústicos lirios silvestres germánicos, aromados con jaras, tomillos y brezos, vivieron los monjes franciscanos los últimos avatares de Alviente.

Allí en aquella soledad de ultratumba, mortificados por las enfermedades infecciosas y las acechanzas de los invasores galos y las intrigas de traidores de nuestra patria; los monjes oraron mil plegarias, para disipar la melancolía de su vida, como agradecimiento al tributo espiritual que recibían del Cielo. Hoy solo quedan en aquellos parajes de Alviente; algunas piedras erráticas, el rumor del agua del río Arlanza, los vientos saludables de La Campiña y los matices abigarrados, limpios y glaucos de las salcinas y bardagueras, destacando en la ribera, junto a los tonos oscuros de los alisos del río Arlanza. Por las alturas hacia Oriente, la cima de Cabeza de San Vicente, sigue velando en silencio la nostalgia del Monasterio que se llamó Alviente.

En el segundo itinerario fuimos directamente el pueblo de Terrazas, al otro margen del río Arlanza, con el objeto de analizar el terreno por donde se intenta cimentar el muro presa del embalse del río Arlanza. Recorrimos la línea de sondeos geotécnicos entre el Alto de Eroles y el roble de las Cruces, pisando una vegetación muy agostada y casi moribunda por el estío. Nos llamó la atención; cómo el roble melojo o pirenaico dejaba libertad de suelo y vuelo al roble quejigo. Aquí el fenómeno de adaptación edafológica, de suelo silicio a calizo, se veía desbordada por la influencia o condición xerófila del quejigo en situación de Sur y sobre todo por la proximidad de las calizas jurásicas de de la cantera de Castrovido.

El río Arlanza es de un régimen hidráulico irregular y según los estudios de estiaje y avenidas, requiere una regulación de sus aguas. Sabemos que el aumento de su caudal se agrava en determinadas ocasiones a partir de la donación del río Pedroso, por Barbadillo del Mercado. Consideramos que la retención de un gran volumen de agua, en cotas altas de la confluencia del río Pedroso, será positiva. El objetivo principal del embalse regulador, va a ser la retención de aguas para abastecer los regadíos del curso medio y bajo del Arlanza. No sabemos si se va a aprovechar su potencial energético y nos figuramos que este Proyecto, contribuirá con el río Arlanzón, en el desembalse de aguas, vía Pisuerga hacia el río Duero en épocas de estío.

Sin embargo a este designio de primera magnitud, se han levantado voces que solicitan sean oídas. Piden los ciudadanos de Palacios de la Sierra, cabecera del embalse, una disminución de la cota de nivel rasante, dejándola en 1.035 m.s.n.m. la cual garantiza no inundar Los Vados de Palacios, la cañada ovina y la carretera a Quintanar de la Sierra. Tambien el pueblo de Terrazas solicita se le atiendan algunas demandas y revisiones al Proyecto, ya que van a ser ellos los que soporten el mayor impacto de la presa.

Ante este dilema, de fácil entendimiento, el Proyecto no ofrece dudas a estas peticiones, según nuestro criterio. La rebaja de cota, entre1.035 m a 1.040 m, no es fundamental, porque hay medios técnicos para que las aguas de la cola del embalse, no invadan el Vado de Hornillos. El muro presa junto al pueblo de Terrazas, habrá que dotarlo con alguna perspectiva y aspecto peñascal, para que la faz fría y lúgubre del hormigón se integre y configure con disimulo en su entorno natural.

(Artículo editado en el Diario de Burgos el día 19 de Noviembre de 1986)



El EMBALSE DE CASTROVIDO.

En el artículo precedente apuntábamos los aspectos del espacio geográfico del río Arlanza, y como el Proyecto del Embalse se ralentizaba, consideramos entonces volver a nombrar algunos detalles recordatorios. La cota de 1.040 m.s.n.m. la considerábamos la ideal para proteger el Vado de Hornillos, la cañada ovina y la servidumbre de la carretera. Ha transcurrido un tiempo valioso y las cosas no se han solucionado. Desde Salas de los Infantes y aguas abajo hasta Oporto, nos llegan los clamores para que este embalse del río Arlanza se inicie lo más pronto posible

En nuestro ensayo de entonces, cargábamos las tintas sobre dos fines específicos, que podrían beneficiar a muchos. Uno era la regulación del río Arlanza frente a catastróficas riadas, y el otro favorecer el flujo constante de caudal en el estío, hacia el Duero camino de Portugal. Los regadíos y abastecimientos y otros usos, que algunos necesitan hoy, están garantizados, porque para ellos el agua se puede obtener de acuíferos subterráneos zonales; so pena que el embalse, con dimensiones convenientes, le sobre capacidad de reserva en todo tiempo.

Este futuro embalse que va a inundar el cauce y los estrechos márgenes del río Arlanza, desde los linderos de Palacios de la Sierra, hasta Terrazas en una longitud de 12.000 metros, tiene algunos caracteres geográficos que pueden afectar a la eficacia del Proyecto. Estas causas son de tipo topográfico, geológico e hidrográfico. Sin entrar en consideraciones discordantes, sino de contribución y deseo unánime a su ejecución; vamos a dar nuestra opinión en bien de una pronta solución al problema, el cual nos tiene preocupados por su tardanza.

Se observa en la configuración del espacio del Embalse, cómo la zona inundada es algo cohibida de capacidad y anchura, por lo cual puede estar afectada a alguna acción sedimentaria tipo embudo. El espacio va a ocupar un terreno constituido por arcillas, arenas y cuarzo arenitas, mezcladas con bolos y conglomerados bastante erosivos, como lo demuestran las sedimentaciones erráticas aguas abajo del río Arlanza. Para solucionar estas premisas y el litigio de la cota de coronación, ligada a la capacidad del Embalse; recomendamos que sería lógico trasladar el muro presa, próximo a las canteras de Castrovido descansando sobre las calizas y rocas jurásicas-

Este cambio del muro presa, que representaría un gran costo para el Embalse, supondría un efecto multiplicador de su capacidad, con una cota de coronación de 1.040 m. La topografía del cauce del río Arlanza, en esos 12.000 metros, desde el Vado de Hornillos hasta Terrazas, discurre con una suave pendiente constante. Esta singularidad que puede producir algún efecto de embudo, no es nada favorable para las presas de los embalses; estos requieren junto a la presa, una geometría amplia y horizontal, para el reposo y represada de las avenidas, así como la sedimentación de lodos y su limpieza.

(Artículo editado en el Diario de Burgos el día 4 de Diciembre de 1999)

Conclusión:

Frente a estos comentarios subjetivos, el tiempo ha trascurrido, pero ya se esta acercando el día que veremos brillar la luz del Sol reflejada sobre las aguas del Embalse. Hemos de recordar que el Proyecto de este Embalse de Castrovido, ha tenido como ninguno otro, una serie de cambios y avatares que han sido la causa de su retraso y ejecución. Pero hoy después de varios años de espera, por fin estamos viendo moverse en ida y vuelta, el andarivel metálico automotriz, con su cuba de hormigón armado, por encima del muro presa, para descargarla sobre los encofrados del Embalse de Castrovido.
 
INFORME SOBRE ENERGÍA ATÓMICA
CENTRAL NUCLEAR DE HARRISBURG

Amanecía el 28 de Marzo del año 1979, sobre los verdes campos de Pensilvania. Entonces la corriente del río Susquehanna, con resonancias de indio apache y con un caudal primaveral notable, por el tributo del afluente Juniata, caminaba rápido y ruidoso a veces, e ingrávido y silencioso otras, con rumbo Sur hacia la espléndida bahía de Baltimore. Las aguas de este famoso río que se originan en el lago Otsego (N.Y.) y se nutren con los limpios arroyos de los valles de Tuscarora y Los Montes Azules, ambas estribaciones de la gran cadena de Los Apalaches; no se imaginaban que cuando llegaran alcanzar la villa de Middletown, cerca de Harrisburg (capital del Estado de Pensilvania) se estaba desarrollando allí un revuelo muy alarmante.

En este lugar las aguas se bifurcan en dos corrientes, formando la isla fluvial de Las Tres Millas, donde se alza como un baluarte inexpugnable, la central nuclear de Three Mile Island. Aquel amanecer significó para la televisión y los periódicos americanos, el revulsivo para que el Mundo pusiera la mirada en el continente de la técnica y la materia. Las preocupantes editoriales y la actitud del Gobernador de Pensilvania, dando órdenes autoritarias y concretas a favor de la seguridad de los más débiles, puso al Mundo en tensión y preocupación, que se concretó en una acción directa, rápida y decisiva.

La primera noticia lanzada a la Sociedad, fue que una seria avería en el circuito secundario de alimentación al intercambiador de calor o generador de vapor, había provocado una falta de refrigeración al núcleo del reactor, dando lugar tambien a fugas de agua y gases radiactivos, con presencia de partículas peligrosas de cesio 132 y estroncio 93, que casi seguro procedían de los compuestos alcalinos-térreos que cubren las barras de control, ello debido al calentamiento excesivo del reactor. Estos indicios fueron los que alarmaron, y alguna noticia exagerada dijo que las barras de uranio se estaban fundiendo. Tambien se detectaron en el ambiente atmosférico índices de radioactividad del orden de 12 000 milirens.



Esta central nuclear americana, se compone de dos unidades independientes. El reactor nº 1 comenzó a producir energía en el año 1974 y el reactor nº 2 al principio del año 1979 y es precisamente este, el que se ha averiado a los tres meses de funcionamiento. El sistema tecnológico de esta central es el de reactor de agua ligera o natural a presión; es decir el agua se calienta en el núcleo del reactor y por un circuito cerrado de alta presión (circuito primario) pasa a un intercambiador de calor, donde se genera por transferencia de calor (serpentín) el vapor que alimenta directamente la turbina por un circuito secundario a presión determinada.

Cada unidad tiene dos gigantescas torres de enfriamiento de agua (circuito terciario) de corrientes cruzadas y dispersión laminar, que enfrían el agua que ha servido para condensar el vapor de alta de la turbina y vapor de baja final. Después el agua enfriada vuelve al río Susquehanna o realimenta el circuito terciario de acuerdo a la temperatura. La avería, según informes y noticias, se originó en las bombas del circuito secundario del generador de vapor (2), bloqueando la entrada de alimentación a la turbina, que inmediatamente provocó la parada de la misma por falta de vapor, además de la elevación de presión y temperatura del circuito primario del reactor. En este momento y por exceso de presión se abrió la válvula de seguridad del reactor, que no funcionó correctamente. Por tal motivo al reducirse la presión, se debiera haber cerrado la citada válvula y por exceso de presión, siguió evacuando toda el agua del reactor y otras aguas, como la del tanque de relleno de emergencia. Todo el líquido fue a parar al tanque de relajación (3) y este no pudo admitir toda esta agua radiactiva, derramándose por el doble fondo y sumideros del contenedor del reactor (4).

Más tarde esta agua, al trasvasarse a los tanques de parada o de alimentación auxiliar (10) tambien crearon serios problemas, ya que los tanques no fueron suficientes para recibir y contener tanto caudal de agua y vapor, el cual se volatilizó en el ambiente atmosférico. Estas averías, más la peligrosa bolsa de de oxígeno, hidrógeno y otros gases que se generaron en la parte alta del reactor (1) por exceso de temperatura y falta de agua, fueron los graves problemas que surgieron en la central nuclear de Harrisburg.

Si todo lo que hemos expuesto ha sido toda la verdad (creemos que los medios de comunicación no han ocultado nada) nosotros por el bien del medio ambiente y seguridad de las personas de dentro y fuera de las centrales; opinamos:

PRIMERO.- El tanque de relajación (3) debe ser siempre de una capacidad tal, que absorba toda el agua del reactor, más la del circuito primario y más la del circuito secundario. Esta última operación es; para que en los casos de emergencia, en el que el serpentín intercambiador del generador de vapor se perfore y se mezclen las aguas de ambos circuitos. Tambien hay que pensar en el agua de refrigeración de emergencia, que circula desde el condensador de baja (8) al generador de vapor (2).

SEGUNDO.- Los tanques (10) de agua de parada del reactor que es radiactiva, deberán tener una capacidad suficiente para recibir todas las aguas de ambos circuitos mencionados, además se debe disponer de depósitos auxiliares de repuesto, para el caso de suma emergencia. Todos estos depósitos deberán ser emplazados en edificios contenedores protegidos con hormigón armado y no solamente en cubetas al aire libre.

TERCERO.- Los emplazamientos de las centrales nucleares se debieran haber construido alejados de los ríos y de cuencas hidrográficas. Tambien el subsuelo debiera ser bastante impermeable, para evitar filtraciones subterráneas radiactivas. El agua necesaria para estas centrales, debe ser conducida por canales, desde los ríos, hacia un embalse autóctono de la central. Todo este sistema es muy necesario para que el día de clausura de la central, se tenga garantía y seguridad, de los posibles escapes y derrames de la central, bajo el catafalco inexpugnable que se construya (in perpétuum).
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Artículo editado el día 13 de Mayo de 1979, en el Diario de Burgos.

 
ANATOMÍA URBANA DE BURGOS.
Un antes y un después.

Descubrir todo el proceso evolutivo de la ciudad de Burgos, desde sus orígenes hasta nuestros días, sería el ensayo más apasionante para cualquier investigador. Nosotros vamos a intentar resumir razonablemente, lo que se siente al observar hoy, los horizontes de esta urbe saludable y hospitalaria, que no es lo que pudo haber sido, sino una ciudad sencilla, fiel y leal con el destino y las obligaciones que le impusieron los tiempos. La ciudad, que en los albores de su civilización celtibérica fuera bautizada con el nombre geográfico de cabeza preeminente o cabecera (Buro-goi-era), por ser la cúspide ibérica, desde donde se riegan generosamente, a través de sus ríos Ebro, Duero y Cadagua, las tierras de media España, y luego humildemente donar sus aguas a los tres mares peninsulares.

Burgos ha sufrido en los últimos años una de sus mayores y espectaculares transformaciones urbanas. Hoy la ciudad es un complejo abigarrado de formas, estilos y colores, donde se mezclan todas las muestras de la Arquitectura y Urbanismo, dominadas más por el materialismo y la sin razón, que por la estética y sensibilidad.

Aunque Burgos ha progresado muchísimo y ha cambiado de una vida rural provinciana a una vida cosmopolita, se nota que día a día va ordenando su fisonomía decrépita. No obstante, el panorama que se ve desde el Castillo, al observar su planimetría o superficie urbana, no es atractivo, es disforme y desdibujado, no se corresponde en equilibrio ni en armonía con el escenario y el entorno del Burgos de las Artes y del Neoclasicismo. Sin embargo, sobre la techumbre local, se eleva mayestática mente la singularidad de la Catedral, con sus agujas y chapiteles rasgando la biosfera castellana. Tambien sus artísticas iglesias góticas de piedra plateada de Hontoria, sus conventos renacentistas, sus edificios civiles neoclásicos, con sus impostas, cornisas-aleros dobles y tímpanos; además de los inigualables y románticos paseos que bordean el bucólico, majestuoso y pedregoso río Arlanzón; configuran un cuadro urbano agradable e interesante.



La urbe de Burgos, después de haber experimentado en sus albores las tres etapas de: Tribu, Cívitas y Corte, comenzó su existencia civilizada siendo una ciudad amurallada. Luego a través de los tiempos y de las vicisitudes inexorables de la vida, fue mudándose sucesivamente, trazando y cimentando en su suelo otras formas de ciudad, como: Ciudad Medieval-Amurallada, Ciudad Religiosa, Ciudad Jardín, Ciudad Militar y de su Gobierno de Estado y por último Ciudad Fabril y de Servicios, actual. Hoy día al deambular por sus calles y plazas y al hacer un análisis de su ilustración urbana, vemos muchas imágenes medievales y al mismo tiempo notamos el vacío y la ausencia de muchas piedras milenarias, que fueron base y zócalo del estilo local, en la entonces floreciente e importante Ciudad de Burgos

La causa de este expolio, fue debida a intereses de negocio o poderes económicos, que no supieron o no quisieron trasformar lógicamente su querido Burgos y conservar el acervo histórico de sus antepasados. La fisonomía urbana total, no es solo una mera observación aérea y distante, sino una composición de relieves, perspectivas y paisajes por todos los planos de la urbe. Por este motivo vamos a ir viendo de cerca y descubriendo algunos aspectos de nuestra ciudad, que día a día y año tras año, han ido quedando impresionadas en nuestra memoria.

Nos situamos sobre lo que queda de la muralla del viejo y ancestral Burgos. Nos entusiasma su espectacular traza y color de sus piedras blancas de Hontoria y las berroqueñas sedimentarias de Carcedo, que dan un empaque y vitola sin igual. Es una pena que no hayamos podido conservar el perímetro completo de la muralla, con sus baluartes, troneras, fosos y antefosos, que algunos yacen bajo los cedros del Castillo. La restauración del Arco de San Esteban y los accesos al Arco de San Martín, han demostrado cómo la sensibilidad y la estética del buen hacer, es lo que debe privar en toda obra. Este impulso renovador seguro que proseguirá por los torreones, patios y almenas del Castillo que se pretende ejecutar en el futuro.

Dentro de la muralla y al socaire de sus muros, bajo los aleros, miradores, galerías y soportales de sus viejas rúas, donde moraban los Mazuela, Covarrubias, Elrico y otros chamarileros y buhoneros, se iniciaron las relaciones con Europa. Burgos fue entonces Plaza Mayor, Feria Grande y Consulado del Mar (1494), en tiempos de La Mesta. En aquel tiempo los puertos del Cantábrico con sus naos Vasco-Cántabras, fueron los enclaves para que los priores y cónsules de Burgos y Bilbao, comerciaran en Flandes las lanas de Castilla y otras mercaderías de España. Hemos de recordar en este apunte; cómo los carreteros y muleros burgaleses, atravesaron con valentía y coraje, los puertos de montaña de Burgos, 300 años antes que los americanos las Montañas Rocosas.

Después de este emporio de vida y laboriosidad, cuyos artífices fueron los artesanos burgaleses, que habitaban por gremios por las antiguas rúas, contiguas a la iglesia de San Esteban, San Nicolás, San Román y Santa Gadea; vino la religiosidad; que ya había empezado a sentirse en tiempos de Los Godos. Fue aquella predestinación la que avivó las conciencias, ejerciendo su influencia como contrapunto a la actividad material y al mercantilismo Comenzaron entonces a edificarse conventos y cenobios. Estos rompiendo con los moldes de estrechez y el mínimo espacio vital, avanzaron a través de la muralla para ubicarse en los extramuros de la ciudad; permitiéndoles una avanzadilla más aislada hacia una nueva contemplación espiritual y naturalista.

De esta forma surgieron las joyas del Arte Local; como La Cartuja, Las Huelgas y Cardeña. Otras edificaciones como Fredesval, Hospital del Rey, La Concepción, Monasterio de San Juan, La Tienda Asilo y el museo Miranda etc, sufrieron las mutilaciones, el abandono y envejecimiento, y hoy solo son reliquias importantes a recuperar.

La Ciudad Jardín merece el más ferviente elogio, pero día a día, si no lo remediamos, nos iremos quedando con menos superficie arbolada y menos zonas biológicas de bienestar natural. Aun tenemos varias zonas de suma belleza y atractivo: El Espolón, con sus tejos, superiores a los de Versalles y los mutilados y bien podados plátanos hispánicos. Estos especimenes dejaron boquiabiertos a los americanos, como a mi compañero Hallister, del Consejo de Firestone. Tambien el Parque de La Isla; el Castillo; La Quinta y Fuentes Blancas con su delicioso Arlanzón, son lugares excepcionales para el bienestar de la ciudadanía.


La Ciudad Militar representó para Burgos, otro hito de su historia. El edificio de La Isla como Jefatura de Estado, el Teatro Principal como Ministerio de la Guerra, la Capitanía de todos los Ejércitos, la Academia de Ingenieros y los cuarteles de Infantería, Intendencia, Automóviles y Caballería, fueron los asentamientos que cumplieron el doble objetivo del buen uso y una arquitectura adaptada al medio urbano.

Llegamos a nuestros días y nos encontramos con la ciudad actual, acosada por muchos problemas. La ilusión puesta en la Ciudad Residencial o Ciudad Radiante, fue relegada y sustituida por la colmena abigarrada de ladri-hierro sin aleros ni encuadre de ventanas; por la lonja de doble altura; por el tugurio insalubre de puertas cerradas por el frío; por el ruido; por el polvo; por el miedo al atravesar un paso cebra y por los mil problemas de convivencia e intimidad vecinal; como lo demuestran las relaciones de las comunidades de vecinos, donde prevalece el egoísmo y el sálvese quien pueda.

Pero la vida no se detiene, los tiempos exigen nuevas y más perfectas realizaciones, para que las próximas generaciones tengan derecho y obligación a recibir una ciudad más habitable. Nos consta que hay un interés en seguir restaurando la obra envejecida de la ciudad. Los planes de Urbanismo, así como las Ordenanzas Municipales de Edificación, deberán ser más severos en lo que respecta al Medio Artístico, al Medio Ambiente, a la Seguridad e Higiene y a las dimensiones mínimas de los establecimientos públicos y sus equipamientos, así como a las normas que redunden en el bienestar de los ciudadanos.

Artículo editado en el Diario de Burgoa el 30 de Marzo de 1986.
 
EN SANTO DOMINGO DE SILOS
Un recuerdo al Doctor Areiltza

Hay lugares que aunque sus monumentos hayan sido edificados por hombres de carne y hueso, parecen infundidos de un hechizo o halo sobrenatural, en donde se exhala y se siente un hálito etéreo y tonificante, que penetra hasta lo más hondo de la médula y el alma del ser humano.



Hemos visitado en varias ocasiones Silos, con diferente tempero, desde los gélidos días de invierno a los templados del verano, y siempre hemos experimentado el mismo influjo, algo inexplicable, una emotividad del más grato sentimiento. Nos preguntamos algunas veces, ¿que poder o magnetismo tiene Silos, para que una vez visitado por primera vez o repetidas veces, a todo el mundo le invada la misma voluntad del retorno? El secreto es; volver a ver los colores verdes atezados de las sabinas y encinas que rodean a Silos, de pisar el suave césped de su calvario, de remirar las arcadas herrerianas sobre los sillares calizos de los muros de su iglesia, de recorrer capitel a capitel el claustro románico y de presentir el rumbo cenital, que nos marca la última estación de nuestra vida, simbolizada por la inhiesta verticalidad de su Ciprés.

Hoy que muchos hombres nos encontramos atribulados y afligidos por los problemas de una vida extraña, que no cesa; allí en Silos está el cruce o crucero donde reponer las energías espirituales perdidas, y a la vez renacer la esperanza sobre ideas y obras provechosas, que puedan reprimir la ambición y el materialismo que nos rodea. Esta reflexión nos trae al recuerdo de un hombre bueno que estuvo en Silos, no para purificar su alma, que estaba impoluta, sino para conocer Silos de cerca y compartir la espiritualidad con los Padres Benedictinos. Este hombre fue un apóstol científico de la Medicina, no solo de cabecera sino de cirugía total. Durante su ajetreada misión sanitaria y humanitaria, renunció muchas veces a las invitaciones a ágapes y reuniones con los grandes jelkides vascos y poderosos del dinero y poder, que tanto le adulaban y envidiaban. La renuncia era porque el no se sentía cómodo y se aburría con los magnates. Su obligación y vocación era cumplir con la ética profesional de su labor sanitaria, en el cuarto de socorro minero de Gallarta y en el hospital de Triano en Somorrostro (Bizkaia).

Este Doctor en Medicina, no fue otro que Enrique de Areiltza (1860-1926) y aunque nacido el Bilbao; a partir de su matrimonio, algo tardío, con la Condesa de Rodas, vivió en Portugalete en el palacio “El Salto”. Desde esta atalaya asomada al Abra del Nervión, podía contemplar en sus ratos de descanso, el horizonte cercano del Mar Cantábrico azotando el acantilado de La Galea, y el paisaje verde de la campiña de Algorta y Lejona.

Según las biografías de varios autores y sobre todo la de la historia-novelada de “El Intruso” escrita por el fecundo novelista Blasco Ibáñez, consideraban a este hombre un fuera de serie, inteligente, trabajador, humanista y benefactor de los humildes y desheredados. El gustaba de amigos escritores, artistas y montañeros para sus vacaciones y excursiones científico-culturales. Areiltza, como había estudiado en Valladolid, fue un enamorado de Castilla y de las cosas buenas de esta tierra que el conocía y donde se vio obligado a dar clases para sobrellevar los gastos de estudio y manutención. Consideró y estimó agradecido, la austeridad y hospitalidad que le brindo el “Círculo Católico” que dirigía el entonces jesuita P. Unzueta.

En la Semana Santa del año 1901 el Dr. Areiltza junto a otros amigos, entre ellos Telesforo de Aranzadi, prestigioso antropólogo y naturalista vasco-español, decidieron hacer una excursión por Soria y Burgos, recalando el Domingo de Pascua en Santo Domingo de Silos. En aquellos tiempos se temía mucho a los bandoleros y gente mal vivir, por lo que los excursionistas se equiparon con escopetas de caza; y como era tiempo frío se pusieron gabanes de invierno sobre ropa rústica. Llegaron después de muchas peripecias a la hostería del Monasterio de Silos al anochecer del domingo 7 de Abril de 1901, fatigados y con aspecto desgarbado y sucio; por lo que el padre hospedero después de darles cobijo, tuvo sus reparos y consultó sus sospechas con algún otro padre.

El Abad Dom Guepin, benedictino francés, no fue enterado del asunto por encontrarse descansando, pero los otros Padres pensaron que los visitantes, eran los forajidos bandoleros que campeaban por aquellos lugares de Silos. Esta sospecha la pusieron en conocimiento del Alcalde de Silos, el cual reclutó y alertó al vecindario para apresar a los presuntos bandoleros. Al día siguiente a la hora de la comida, se apostó la horda vecindario a la puerta del Monasterio; todos los componentes venían equipados con orcas, aperos, armas y garrotes, para retener a Areiltza y sus amigos. Este con la personalidad que le caracterizaba, requirió al Alcalde que avisara a la autoridad de la Guardia Civil con sede en Espinosa de Cervera, para que ella les tomase la declaración de buenas intenciones. Personada La Benemérita todo quedó en un chascarrillo o “plancha sonada”. Este incidente sirvió para que Santo Domingo de Silos en el año 1901 saltara a las páginas del Diario de Burgos y otros periódicos de Madrid y Bilbao.

Artículo editado en el Diario de Burgos el 4 de Marzo de 1994.
 
LA VOZ DEL MAR
Como una incesante y eterna voluntad, nuestra madre y amada Patria recibe el influjo del ancho mar. Son precisamente los tres mares limítrofes y encadenados, los que heredando, como buenos hijos, los nombres o apellidos de la madre Tierra, bañan, azotan y acarician el vasto y sinuoso litoral ibérico, con sus cálidos y atractivos perímetros insulares del Atlántico y Mediterráneo. No obstante, donde se manifiesta de verdad la donación y gratitud del “Espíritu del Mar”, es cuando las plateadas y ondulantes olas, vaporizadas como nubes etéreas, rinden un sublime final sobre las arenas tendidas de las playas, o sobre los abruptos e hirientes acantilados.

Esta avanzada y privilegiada situación geográfica, ha hecho que España (faro y atalaya vigilante) no olvide el recto horizonte y limpio de la mar, con una vocación marinera, pescadora y naval, siempre dispuesta y comprometida al servicio supremo de la Patria.

Pero la mar, que encierra en su médula el dinamismo latente de una materia energética y animada, por las fuerzas omnipotentes del Universo, tambien oculta misteriosamente la fatalidad y la sorpresa. Sin embargo el hombre del litoral, conocedor en primera línea de borda de los acaecimientos y tragedias del mar, aun no se rinde. Sabe que la cobardía y el miedo, no sirven como escudo ni casco para luchar contra los poderes de Dios. La mar seguirá necesitando de los hombres valerosos e intrépidos, para que en sus espíritus se reciba el bautismo y el salitre del inmenso océano.

La llamada del mar siempre llego a tiempo, y arraigó fundamentalmente sobre las vocaciones tempranas. Cuando los jóvenes, a veces adolescentes, sienten el interés por la aventura y la navegación; entonces no titubean y de la noche a la mañana, rompiendo con los compromisos terrenos, emprenderán una nueva e insospechada ruta. Dejarán todo su bagaje en el puerto y llevarán consigo toda su ilusión, con el pensamiento puesto mucho más allá del horizonte visible de la mar. En estos momentos decisivos del embarque la despedida del arriesgado marino, será mitad nostalgia de una tierra que fue cuna de su existencia y solar de supervivencia. Ahora su pensamiento será mitad aventura y esperanza por descubrir el amanecer de un nuevo mundo inconmensurable, entre mar y cielo.



Se oye la voz de maniobra sobre cubierta, preparados para largar amarras, y seguidamente la orden de mando a máquinas, avante lentamente. Todo el barco se pone en movimiento y el adiós, con la frase de feliz viaje, se va intercambiando desde los muelles del puerto a cubierta y entrepuentes del navío. Este con marcha moderada, y desembarcado el Práctico de Puerto, se va alejando de la costa, perdiéndose poco a poco las siluetas y perfiles de la tierra firme. Hay un momento de silencio y expectación sobre cubierta, esperando que el capitán arríe la bandera o gallardete, una arriada significativa y simbólica, que marca el momento preciso en que el barco taja y aborda las aguas del espacio internacional. Se comienza a navegar por los dominios del mar de todos y de nadie. Desde ahora, en el mar, no habrá navíos con diferencia de eslora, alarde arboladura, ni manga ancha; solamente deberá imperar en las tripulaciones, el espíritu por salvaguardar el cumplimiento de las Leyes del Derecho Marítimo Internacional y el Código de Señales Marítimas y sobre todo el respeto y comportamiento mutuo y la lealtad bien entendida hacia el Capitán, al que solo guiará el propósito y la virtud de llevar el buque con buen rumbo y gobierno al puerto de destino.

El joven navegante esta ya en mar adentro, flotando como insignificante e indefensa criatura, en medio del piélago de sus sueños, moviéndose a merced de los vientos, de las olas y demás elementos atmosféricos. En estos instantes las añoranzas y vivencias de todo lo dejó y quedó atrás, servirán como preámbulo para organizar y componer las páginas del diario y de una nueva vida a bordo. Esta será desde ahora, compartida entre los deberes de trabajo comunitario, con estricta disciplina y suma laboriosidad, además del tiempo de contemplación y experimentación del asombroso espectáculo de alta mar.

Las singladuras se irán sucediendo día y noche. El unísono y acompasado eco de las olas al chocar contra las amuradas y demás planchas del casco del barco, serán en medio del mar sin sombras, como notas musicales que confortarán el espíritu del nuevo marino, para dirigir su pensamiento a los únicos y elevados espacios celestiales que le acompañan y protegen.

Al establecerse este enlace con la Divina Providencia, no existirá para el hombre de mar, ni tempestad ni naufragio que no pueda soportar. La fortaleza y valentía humana conseguirán al fin, que el protagonismo del hombre de mar o del océano no pase inédito y desapercibido, y se realice para gloria del mar y de los hombres, uno de tantos episodios maravillosos que el Mundo necesita por el bien de la Humanidad.

Artículo editado en el Diario de Burgos el día 6 de Abril de 1977.

EPITAFIO. Para los que entregaron al tenebroso mar, el final de su arriesgada existencia
 
¡CANTONAD!
TRONO DEL VALLE DE MENA

Si hubiera que elegir un punto o vértice, para bendecir el Valle de Mena, entre Burgos y Bizkaia, nosotros nos situaríamos sin lugar a dudas, sobre la verde explanada del santuario de la Virgen de Cantonad. Desde este balcón de admiración panorámica, alcanzaríamos con nuestra mirada todo el horizonte cercano y lejano del Valle; el cual se extiende de Norte a Sur, desde los montes de Ordunte, entre Golitza y Zalama, hasta los montes de La Peña de Losa y el Cabrio. No podemos olvidar en el pensamiento, lugares a nuestra espalda, como la pintoresca aldea de Leciñana y la señorial y ordenada villa de Irus. Dos mojones sobre uno de los caminos del litoral a la Meseta.



Si hubiera que hacer un análisis, mejor dicho, una semblanza del aspecto geográfico y botánico del Valle; tendríamos que rendirnos ante la perfección y grandiosidad de los poderes sobrenaturales de La Creación. Los cuales se manifiestan en la facies geológica que circunda el Valle. En las suaves y variadas ondulaciones de monte bajo y en los sotos, graderíos y barbechos que cubren este anfiteatro campestre. Esta maravillosa naturaleza, quedaría consolidada para uso y disfrute del Hombre; en los últimos movimientos de orogénesis alpina. Este fenómeno se desarrolló al tiempo de la convulsión y plegamiento del gran sistema Pirenaico, en cuya prolongación se encuadran los Montes Vascos, Cántabros, Castellanos, Leoneses y Astures.

Aquí, sobre este paralelo de Mena, los cataclismos geológicos o fenómenos sísmicos, procedentes del Este; al chocar con la pétrea y potente resistencia de la Meseta Burgalesa, provocaron su fractura, su alzamiento marginal y la basculación hacia el Sur, sobre la gran mole sedimentaria de Losa. Al mismo tiempo, las ondas sísmicas desviadas ligeramente, actuaban por los montes de Ordunte, Soba, Reinosa y Picos de Europa. Hoy este murallar de La Peña, que durante siglos ha mantenido su fisonomía pétrea, sigue despertando nuestros sentidos al observar el cuadro fabuloso de la serrata, el cual se extiende, de Este a Oeste, desde el Pico del Fraile o Diente del Ahorcado, en terrenos de Tudela (Burgos), hasta La Magdalena (El Cabrio), sobresaliendo en esta alineación cretácica de La Peña: Túnel de la Complacera, Portillo Avellaneda, Peñalba de Losa, Portillo de Lérdano, Peña Hornilla y Puerto de la Magdalena, protector este a poniente del Santuario de Cantonad.

Si hubiera que traer a la memoria los acontecimientos y vicisitudes ocurridas por el paso de los tiempos sobre estos territorios de Mena; diríamos que estos campos y rutas, fueron el escenario de corrientes migratorias de civilizaciones precedentes. Primero las tribus prerromanas de los Autrigones (buenos hombres vecinos). Después los hombres foramontanos de Liébana y cismontanos de Reinosa, cántabros, bárdulos y caristios de origen, que fueron los precursores y paladines del nacimiento de Castilla. Mas tarde en la Edad Media (1494) los hombres mercantiles y sus criados que transportaron, en carretas de mulas, sus mercaderías (lanas merinas de Castilla) desde el Consulado del Mar, junto al Arlanzón, hasta las lonjas junto al Nervión, entre Portugalete a La Naja de Bilbao; para embarcarlas en las naos cántabras, hacia los puertos del Mar del Norte. Hoy día tambien Mena es vía de unión y ruta de enlace turístico y de acomodo, entre las Encartaciones Bascongadas y las Merindades Castellanas.

Aquellos primitivos Autrigones eran tribus ibero-eúskaras de ascendencia semita, hombres de vida nómada y pastoril; y por esta circunstancia y necesidad tomaron las tres rutas ascendentes desde el Nervión para alcanzar las tierras y pastos de la Meseta y los Valles del Ebro y proseguir, los más audaces, hacia Poza de la Sal, Sedano, El Tozo y por fin Amaya. Parece probable, que cuando estos pastores fueron dejando las espesuras y sombríos del bosque bascongado y se encontraron con las impresionantes rocas de La Peña y el sol resplandeciente de la Meseta, sufrieron un éxtasis ante el fabuloso murallar, y este fue el influjo, para que este lugar fuera bautizado con el nombre mítico de Men. Primitivo y actual nombre eúskaro que significa espíritu, poder o altura. Coincidiendo este nombre universalmente con el Menhir de los celtas, con los Men-efer, Menes y Memphis de los egipcios, con los Men-andros de los griegos y con las dinastías chinas de Meng y Ming.

El Valle de Mena fue el solar fundamental, donde brotó el ímpetu y germen de Castilla. Fue el Monasterio de San Medel de Taranco y el de San Martín de Noceco, los dos cenobios desde donde el Abad Vitulo, soñaba con los afanes de la Reconquista, para vivificar las tierras de presura por todo el “Area Patriniani”, y desde donde se planearon los objetivos que decisivamente contribuyeron a forjar la unidad para el “Renacimiento de Castilla”.

Si hubiera que hacer una defensa de la Naturaleza del Valle de Mena, proclamaríamos en voz alta que este valle es un bio-sistema ideal, un pequeño paraíso, encuadrado en la divisoria ibérica de la región biogeográfica Eurosiberiana con la Mediterránea. Lo demuestran los caracteres biotípicos dominantes de Flora y Fauna Cantábrica, aclimatados en armonía con el Hábitat Mediterráneo arraigado por estas latitudes. La altura media del Valle se sitúa sobre los 400 metros. Los montes de Ordunte y Soba, protegen al Valle de los vientos del Norte Cantábrico. Al Sur, el contrafuerte murallar de La Peña, entre 1100 y 1250 metros de altura, contribuye a regular la humedad y las precipitaciones. Por estas causas el Valle de Mena disfruta de un régimen de sol-humedad excepcional y una climatología saludable, que propicia una vida animal y vegetal en condiciones ubérrimas.

Hemos de destacar en la flora general; los encinares de Villasuso, Altollano, Caniego y Panizares. El pinar de Anzó. El hayedo de Leciñana. El bortal del Berron y las manchas de robledal, acebal y enebral, por las cotas altas bajo La Peña, entre Cadagua, Siones y Cilieza. Tambien la muestra forestal del Parque de Cantonad, es un ejemplo vivo y prodigioso de la Naturaleza y de la sensibilidad y entusiasmo de D.Gregorio Leciñana Manterota, rector del Santuario de la Virgen de Cantonad. Un hombre nativo de Caniego y que llevaba (año1982) 35 años de vida sacerdotal, mirando al cielo de Mena y hollando los caminos de esta tierra fértil y generosa; que ha sido aliento de su alma y el porqué de su vida.

Cantonad nos cautivó por la belleza de su arboleda y por la templanza su Santuario. Entre los árboles que nos llamó la atención, fue un castaño de indias de flor rosa o púrpura (Aesculus hippocastanum carnea-brioti); al lado de este espécimen vegetaba un castaño comestible (Castanea sativa) y una encina milenaria que extendía sus ramas hasta el “Ara” del Santuario.

Al despedirnos del bucólico Valle de Mena, no podíamos hacerlo sin hablar con sus labriegos y captar sus caracteres. Fuimos de Cantonad a Vallejo, tropezándonos primeramente con la Torre de Lezana y el cruce con el río Cadagua con aguas disminuidas. Llegamos a Vallejo y la visita obligada era su iglesia románica, Este monumento se encontraba en restauración ralentizada; pero ello no fue obstáculo para observar la grandiosidad de su estilo artístico y la traza de sus piedras policromadas.

Aquí llegaba el final de la jornada en este hospitalario Valle de Mena; dimos el adiós a sus gentes en prueba a su carácter y personalidad. Estos hombres nos dejaron una impresión muy favorable, notamos que su vida solo conoce la dignidad del trabajo, las conductas honorables y el sacrificio de la vida humilde y sencilla.

Artículo editado en el Diario de Burgos el 5 de mayo de 1982.