MUNICIPIO Y SOCIEDAD
Muchos pueblos nacieron a cielo abierto, junto a la glera de sus ríos, o bajo las bóvedas de oscuras y húmedas cuevas, por valles y quebradas. Primero, todos fueron asentamientos de tribus primitivas, que día a día, por la misma causa y necesidad y con espíritu de supervivencia, se convirtieron en pequeñas comunidades humanas. Estos núcleos fueron el embrión y el engendro de nuestra civilización celtibérica y castellana después. Fueron tambien estas agrupaciones, precursoras del concejo abierto, donde se debatieron todas las ideas renovadoras, los criterios lógicos y razonables y la participación entusiasta en el quehacer cotidiano, solidario este, con la organización y convivencia.
Hoy a muchos de estos pueblos solo les queda el recuerdo, porque el inexorable paso del tiempo, el abandono y el expolio, les han convertido en campos desolados y tristes, en donde solo campea la nostalgia etérea y algún otro vestigio o ruinas pétreas, a las que aún la Naturaleza no ha podido devorar.
Hoy otros pueblos están reducidos a su mínima expresión; siguen vegetando con la mirada puesta en el Cielo. No se vislumbra en su horizonte un amejoramiento de su vida. El aislamiento con la Sociedad, el silencio, la soledad, la tristeza hacia los que se fueron y el frío en las largas noches del invierno, solo se ven recompensados por las auras tonificantes y los aromas de Primavera y Verano; en una Naturaleza magnífica sin agobios ni contaminación, que les sigue recordando las vivencias del pasado que compartieron con otros moradores.
Las iglesias de estos pueblos, que fueron en otros tiempos el refugio de atribulaciones y desahogo de quebrantos, están convertidas en establos y almacenes. Las escuelas que fueron la conciencia incipiente y el recreo de los niños, hoy son el granero, el pajar y el tugurio del ocio y pasatiempo de los adultos. Las eras y caminos, que fueron suaves y cómodos paseos, por donde se soñaron nobles ideales y pensamientos románticos, se han transformado en pistas de cardos, abrojos y espinos. Es ahora una vida a medias, donde el Fuero del Vivir, solo tiene el consuelo de la aventura en el morir.
Hoy otros pueblos que quieren ser y no pueden. No son ciudades ni aldeas; han dejado de ser villas o comunidades rurales con residencias ajardinadas o con casas independientes de huerta y jardín, para convertirse en villorrios, donde solo prevalecen las altas y grandes edificaciones antiestéticas, en manzanas cerradas, en cuyos patios interiores cubiertos, se esconden lúgubres e insalubres lonjas de dos alturas, explotadas como bares y ambigúes oscuros y malolientes de nicotina. Estos recintos no aportan ninguna utilidad social, y su “servicio” solo consiste en especulación y lucro. Todo este cambalache de negocio sucio, añadido al abuso o a la bicoca entre amiguetes y socios, con licencias y favores recompensados, están degenerando el medio urbano y la estabilidad ciudadana de muchos de nuestros pueblos, que en otros tiempos fueron exponentes del bienestar social, de la armonía vecinal y del progreso arquitectónico.
En estos pueblos además la “civilización” ha llegado retrasada y deformada. El concepto de desarrollo, progreso y confor, es un espejismo; es el estilo de una Sociedad engañadora y engañada. Son muchos los listillos que quieren homologarse a los modos modernos y exóticos, desconociendo que en otros países avanzados, los sistemas de vida negativos, entre ellos, el consumo de lo superfluo y adulterado, los hábitos del tabaco y alcohol, la depravación y la golfería, comienzan a declinar y a ser mal vistos. Sin embargo el bienestar social y natural, la moralidad de los gobernantes, la ciudadanía de los gobernados y el buen uso de las cosas, son fundamentos de racionalidad y de esperanza hacia el futuro.
Hoy otros pueblos se han ido trasformando y ensanchando, para convertirse en ciudades grandes o metrópolis, gobernadas y administradas con discutible autonomía municipal. Estas aglomeraciones urbanas, están desbordadas por los múltiples servicios, con graves problemas que atosigan el normal funcionamiento y la eficacia hacia la Sociedad. Los Ayuntamientos o unidades básicas de la Administración Local, son incapaces de soportar por si solos, los abultados costes y gastos de sus obligaciones económicas, algunas veces superfluas y no racionalizadas. Por estos motivos, tienen que compartir con los estamentos y organismos dependientes del Estado, las ayudas y con ellas su intervención.
Las actuaciones urbanísticas de estas ciudades (Viaductos, túneles, aparcamientos subterráneos, redes e instalaciones etc., con sus restricciones peatonales de obra) son una permanente batalla contra la ciudadanía. No hay forma humana de acabar con tanta obra y tanto trajín. Parece como si con este hacer y deshacer, hay algún oculto interés económico, o es simplemente obligado por el desbarajuste urbanístico no planificado, conforme a normas y estudios concretos, realizados por una única, indiscutible y responsable gerencia.
En estas ciudades la deshumanización va en aumento día a día, por efecto del mutuo rechazo y por el materialismo de la vida y la falta de auténtica espiritualidad. También impera una disimulada manipulación de la Sociedad, que va alcanzando caracteres insospechados. Este fenómeno del dirigismo no es otro, que la falta de libertades individuales de las personas, para decidir o escoger por su conciencia, predilección y razonamiento, aquellos caminos hacia la llanura. Las raíces de esta lacra habrá que buscarlas en los grupos organizados u oligarquías, que practican la violencia ante la necesidad de los humildes, junto al caciquismo, las actividades políticas, económicas y públicas, es decir todo el mangoneo exclusivo de la comunidad; coordinado, controlado y manipulado por los Homo-Novus-Imperiosus.





