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CUADERNO DE BITÁCORA TERRESTRE
Ensayos Biogeográficos, Aconteceres Históricos y Observaciones Sociológicas
Acerca de
Félix Fernández Rodríguez BURGOS Facultativo de Minas Oficial de la Marina Mercante
Sindicación
 
CLIMA Y NATURALEZA
Nacía el año 1982, con las esperanzas puestas en el cambio climático, y con ello, las rogativas para que las lluvias milagrosas nos pudieran empapar el suelo español y revivir su manto vegetal. Nuestros campos habían soportado el año anterior, una devastadora sequía que había influido trágicamente en las cabañas agropecuarias, en la merma biológica de las especies vegetales de nuestros bosques y en un retroceso de las reservas hidráulicas subterráneas; disminuyendo sus niveles de depósito, y con ello la potencia de los acuíferos y el caudal de los ríos.

Las causas fundamentales de este fenómeno meteorológico, tuvieron su origen en el Mar de los Sargazos (Atlántico), que provocó anormalmente, la estabilidad y reforzamiento del Anticiclón de las Azores; actuando de este modo, como bloqueo y desvío de los frentes húmedos atlánticos de otoño y principio de año; frentes generados casi siempre en los vórtices calientes del Mar Caribe. Por lo cual las masas nubosas subtropicales y los frentes polares de torbellino; se orientaron por paralelos más septentrionales, descargando toda su energía por el Canal de la Mancha, Islas Británicas y costas del Mar del Norte; quedando la Península Ibérica en una zona seca de escasa precipitación, dominada y resecada por un régimen de heladas y vientos desfavorables.



Los primeros efectos de este fenómeno se hicieron notar sobre las manchas o rodales de pinos Insignes de los Montes Vascos; en donde las plagas de procesionaria invadió las masas arbóreas, devorando materialmente y secando aparentemente muchas de las plantaciones del Alto de Altube y otras zonas de Urquiola y Gorbea. La densidad de la plaga fue enorme, se observaron hasta 20 bolsas por árbol adulto. Los pinos silvestres y laricios de las zonas pinariegas de Castilla y sus reservas madereras, tambien sufrieron el azote de la procesionaria, pero menos, con invasión de 5 bolsas por árbol.

Ante esta situación se alzaron voces naturalistas, dando algunas ideas sobre el tratamiento al problema. Según la experiencia de plagas semejantes y riesgo de las labores, nosotros opinamos entonces, que había que tener calma, no molestar al bosque, perturbando el medio ambiente con insecticidas negativos para el ser humano; lo mas acertado era esperar a que la sabia naturaleza hiciese el milagro. Así fue, llegó la primavera escasa en lluvias; pero la eclosión vegetal fue enorme. Entonces vimos como en los pinares de Altube, las larvas u orugas abandonaron las bolsas y las ramas de los pinos comenzaron a revegetar nuevos brotes y reverdear sus acículas, El árbol a pesar de su apariencia seca no había muerto, la Naturaleza providencialmente, devolvía a los fustes inertes la savia regeneradora y con ella el nuevo ciclo vegetativo.

Los pinos silvestres y laricios se recuperaron más rápidamente; sus bolsas se vaciaron y las colonias de larvas desaparecieron; unas eliminados por los insectívoros y otras sufriendo la metamorfosis a mariposas. Los chopos y olmos que otros años habían padecido plagas de primavera, este nuevo año brotaron con normalidad. Los robles ibéricos, quejigos (Quercus faginea) y los rebollos (Quercus pyrenaica), tardíos en foliación, los del Alto Ebro, brotaron con plena fuerza y esplendor foliar. Esta singular manifestación de los robles xerófilos (capaces para vegetar en suelos secos), nos hizo pensar que ellos se estaban preparando para soportar su climax en un largo y cálido estío próximo, donde sus frondas tendrán que participar no solo en el proceso de fotosíntesis, sino en la asimilación de la humedad ambiental nocturna, para un normal metabolismo y fisiología vegetal.

Al final de primavera, llegaron los primeros calores. De nuevo un nuevo cambio atmosférico con tormentas y nublados producía otro prodigio. Se avivaron nuestros campos y bosques y se mantenían discretos los reducidos caudales de nuestros ríos; sobre todo los de la cuenca cantábrica, pyrenaica y algunos mesetarios del Norte de Burgos, que tambien se habían resentido en la época invernal del año anterior.

Recordábamos, cómo y durante otras primaveras precedentes, veíamos desde el altiplano del Páramo de Masa, un hermoso paisaje blanco; al Norte las montañas del Alto Campoo, las de Palencia y Castro Valnera. Al Sur el Macizo Ibérico, con el San Millán y San Lorenzo de Ezcaray. Pero para este año las nieves y sus matices blancos faltaron; lo cual nos obligó a ver de cerca la fisonomía de los montes y ríos de cerca,y para ello nos pusimos en marcha.

Cruzamos varios puntos, pasos culminares de la Cordillera Cantábrica; el maravilloso contrafuerte que sirve de enlace geológico, entre los materiales del núcleo pirenaico (gneis alpino europeo) con los del basamento Astur-Galaico (gneis andino armoricano). La fabulosa cordillera que perfila el sistema biogeográfico Cántabro, que genera la gran reserva hidrográfica y potencial del Norte de España. Por estos portillos quisimos observar no solo a la Naturaleza en sus alianzas y asociaciones propias de La Creación: sino tambien, los rasgos y comportamiento de las gentes que pueblan estos territorios; que como seres de La Creación, los cuales se diferencian de los vegetales solamente por la calidad de animales, pero eso sí, seres conscientes con un alma que es la esencia y emblema asignado por La Creación, para corresponder y colaborar en las alianzas y sobre todo con humanismo hacia sus congéneres.

La primera travesía la hicimos por el puerto de Palombera o Tajahierro, entre Reinosa y Cabuérniga. El paisaje vegetal de la cara Sur, vertiente del río Hijar del Alto Campoo, era de pastizales de montaña, sobre suelos triásicos con argomas y brezos escarlata (degradados por la erosión) y utilizados para el pastoreo en libertad de vacuno y caballar. Esta cuenca, del Ebro, presentaba reducidos acuíferos en superficie, posiblemente, por la infiltración de sus aguas por las Peñas del Abrejón, asifonando y abasteciendo el manantial de Fontibre. Sin embargo la cara Norte, con un manto vegetal de hayas y acebos por la zona occidental de la Reserva del Saja, las aguas eran más abundantes. El río Saja se beneficia de las aguas de cabecera de la Sierra del Cordel y Cueto de la Concilla, por sus arroyos Diablo e Infierno; quedando la zona oriental de la Reserva para el buen afluente Argonza, el cual atrapa el gran caudal de Campo Abedules y Braña Lodar. La corriente y cauce del rio Argonza, al circular entre el bosque de castaños de Bárcena la Mayor, ofrecía una belleza impresionante de aguas claras primigenias, salteando los grandes canchales redondeados de cuarcitas y pizarras.

La segunda travesía la hicimos por el portillo de La Sía, entre Espinosa de los Monteros y desfiladero del río Asón. Por estas tierras, linderos entre Burgos y Cantabria el panorama vegetal era diferente. La orografía circundante era más apretada y menor altitud; los suelos de la cara Sur eran del Cretácico inferior más jugosos, constituidos por arcillas, arenas y pizarritas negras, configurando un paisaje geobotánico Subalpino en sus dos niveles. El inferior lo cubría un espléndido bosque de pinos silvestres y otras especies; y en el nivel superior de nieblas permanentes, predominaban los nítidos graderíos de verdor intenso, jalonados de manchas forestales de roble albar, hayas y serbales, donde destacaban los corimbos rojos de los serbales.
Al cruzar el portillo de La Sía, el paisaje de los valles cantábricos se agiganta por los perfiles rocosos de los pliegues y fallas de las rocas arrecifales del Aptiense. Por esta vertiente se nos apareció el fresco hayedo del monte Lusa, donde nace el río Argumal, subsidiario del Gándara que va al Valle de Soba. Avanzando hacia el Norte, se alcanza la cañada del río Asón y su nacimiento en cascada multicolor que se desploma por el corte de las calizas de Campanarios. Pronto el Asón, con la aportación de los manantiales de Colina, Rolacia, Cubera y Bustablado de Arredondo, se hace un potente río de aguas claras y biológicas. Por aquí el bosque de hayas da vecindad al bosque de castaños de Las Alisas.
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