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CUADERNO DE BITÁCORA TERRESTRE
Ensayos Biogeográficos, Aconteceres Históricos y Observaciones Sociológicas
Acerca de
Félix Fernández Rodríguez BURGOS Facultativo de Minas Oficial de la Marina Mercante
Sindicación
 
EL EBRO POR ORBANEJA DEL CASTILLO
Allí está, este singular y encantado pueblo, sobre el meandro-hoz del río Ebro, formado entre el murallar pétreo de Horca Menor por el Norte y el crestón ruiniforme de Peña Mazmorra por el Sur. El viejo pueblo de estrechos patios medianeros, de callejuelas empedradas con balconadas atractivas, de cobertizos de vigas carcomidas y paredes de toba y adobes desvencijadas. Es un atrayente rincón para nativos y forasteros, donde las rocas son como esculturas de monumentos megalíticos, el agua espectáculo inigualable en movimiento y los árboles, seres biológicos ya centenarios que han resistido a todas las podas, “suertes” y sacrificios a que han sido sometidos.

Orbaneja del Castillo solo ha tenido en su vida dos caminos; una hacia el Páramo de las altiplanicies destempladas de Bricia y La Escampada; y otro camino hacia el Ebro, buscando la frescura exuberante de su vega y desde esta, a la Lora de Sargentes. En ambos, el Reino Vegetal con sus limitaciones de espesor de suelo y superficie, se manifiesta con toda su magnificencia y esplendor.



Para observar toda la belleza de Orbaneja del Castillo, partimos al orto del sol desde Sedano, para situarnos en el centro local de Orbaneja. Ascendimos hacia el Páramo de La Escampada de Bricia desde la Cueva del Agua, por el camino de los Nogales. Este es un suave y cómodo trayecto, bajo las enormes cornisas de Sobriod; por allí tropezamos con lugares muy entrañables para los nativos. Son lugares olvidados como: Peña de las Ánimas, ermita de San Vicente, Cueva del Andaluz y las Goteras. Por las cunetas afloraban varias fuentes agotadas, como: Fuente Salada, San Francisco y fuente del Bebedero. A mitad de la cuesta y en la bifurcación con el camino de El Val, nos situamos encima de La Hoz o contra meandro de Villaluenga, que semeja un entrante o recodo que en tiempos prehistóricos pudo ser dique de las aguas del Ebro. Todo el camino se encuentra jalonado por árboles y arbustos como; eupatorio, mil amores, papuja o vulneraria, manzanilla loca y pan- pajarito.

Al botar al páramo, en el lugar de La Estilla nos encontramos con las eras, los pajares y las chozas de piedra, donde en otros tiempos se guardaban las alforjas, el botijo de agua y el zurrón, durante los días de faena y trilla. Aquí se encuentra el Casar de Raicilla, que es un pequeño encinar, a modo de dehesa tapiada, donde antaño sesteaba el ganado vacuno (150 reses) de la Junta Ganadera de Orbaneja.

Esta dehesa es hoy un símbolo de espacio natural protegido, por el uso y disfrute del ayer; una muestra de amor a la Naturaleza y un recuerdo del conocimiento en la cultura naturalista que practicaban los campesinos auténticos. Sus encinas centenarias (Quercus ilex y Quercus rotundifolia) destacaban por su frondosidad del resto del arbolado del Páramo de Bricia, donde el bosque ha quedado reducido, por el fuego y la destrucción, a cuatro matas degradadas.

Este terreno del páramo se corresponde con el periodo geológico Cretácico, piso Turoniense-Coniaciense, con suelo escaso y el subsuelo muy karstificado; pero en la zona cercana de San Tirso y La Serna, el suelo es del piso Santoniense, y aquí precisamente con un terreno mas abundante y deleznable, ha sido de siempre tierra de cultivo del cereal, patatas y legumbre de secano.

Desde el páramo bajamos a la vega y tomamos el camino a contra corriente del Ebro, (Oeste) que va hacia los Calzadas de Lora y Resaco. Todo el es hoy una vereda forestal, bajo la frondosidad de alisos, salcinas, acebos, hayas, chopos, robles y fresnos; en un abigarramiento y comunidad muy singular. En el primer tramo de este camino y bajo el crestón del Castillo de Orbaneja y por su ladera Norte, formada por los derrubios y canchales de rocas, los árboles prosperan con mayor dificultad, y además, al estar más cerca del núcleo rural, el árbol ha sido esquilmado año tras año. Hoy en este suelo, parece retoñar el roble quejigo y el mostajo (sorbus aria). Este último es un árbol muy apto para terrenos pedregosos y bravíos. Siguiendo el camino del Ebro a contra corriente, es nuestro acompañante, el difunto Daniel López, el gran Hombre, conocedor de estos lugares. En nuestra andadura tropezamos con espacios maravillosos y fincas hoy en reposo; como el Majuelo y Las Vegas. En ellas, las hayas compiten de poder a poder con chopos, robles y cerezos. Un ejemplo es el Haya de la Cila (la mesonera de Orbaneja), que tiene un perímetro de tronco de tres brazas.

Luego, atravesando el cruce bajo Peña Plana, nos acercamos al Casar del Amargoso, donde la frondosidad de los árboles es imponente. Este fue otro lugar de guarda y asentadero de reses vacunas bajo el sombrío de la floresta. Junto al Amargoso está Santo Albín, un terreno arcilloso y margoso deslizable, que se corresponde con las arcillas del piso Cenomanense, donde los acuíferos al aflorar entre los estratos de contacto Turoniense-Cenomanense, han formado el núcleo tobácico de Las Carboneras bajo el Páramo de Lora, a través de las oquedades y fuentes de los taludes.

Volvimos de nuevo a re -andar el camino, cuando advertimos cómo el campo atraviesa una regresión por el efecto de la sequía de estos años. Se ve como el roble va cediendo su espacio a favor de la encina. Prueba de ello es la ocupación territorial de las encinas, que de las cotas altas van ocupando las bajas, para poder supervivir con el ambiente menos xerófilo en los niveles del cauce del Ebro. Tambien nos extrañaba cómo las hayas supervivieran junto al Ebro. El motivo solo ha sido la disciplina que se marco la Junta Vecinal, al distribuir las suertes de leña, y no autorizar la tala de ningún árbol adulto, solamente la poda y limpieza de los adventicios, secos y peligrosos.

Artículo publicado el día 13 de Agosto de 1986, en el Diario de Burgos.


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