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CUADERNO DE BITÁCORA TERRESTRE
Ensayos Biogeográficos, Aconteceres Históricos y Observaciones Sociológicas
Acerca de
Félix Fernández Rodríguez BURGOS Facultativo de Minas Oficial de la Marina Mercante
Sindicación
 
LA VOZ DEL MAR
Como una incesante y eterna voluntad, nuestra madre y amada Patria recibe el influjo del ancho mar. Son precisamente los tres mares limítrofes y encadenados, los que heredando, como buenos hijos, los nombres o apellidos de la madre Tierra, bañan, azotan y acarician el vasto y sinuoso litoral ibérico, con sus cálidos y atractivos perímetros insulares del Atlántico y Mediterráneo. No obstante, donde se manifiesta de verdad la donación y gratitud del “Espíritu del Mar”, es cuando las plateadas y ondulantes olas, vaporizadas como nubes etéreas, rinden un sublime final sobre las arenas tendidas de las playas, o sobre los abruptos e hirientes acantilados.

Esta avanzada y privilegiada situación geográfica, ha hecho que España (faro y atalaya vigilante) no olvide el recto horizonte y limpio de la mar, con una vocación marinera, pescadora y naval, siempre dispuesta y comprometida al servicio supremo de la Patria.

Pero la mar, que encierra en su médula el dinamismo latente de una materia energética y animada, por las fuerzas omnipotentes del Universo, tambien oculta misteriosamente la fatalidad y la sorpresa. Sin embargo el hombre del litoral, conocedor en primera línea de borda de los acaecimientos y tragedias del mar, aun no se rinde. Sabe que la cobardía y el miedo, no sirven como escudo ni casco para luchar contra los poderes de Dios. La mar seguirá necesitando de los hombres valerosos e intrépidos, para que en sus espíritus se reciba el bautismo y el salitre del inmenso océano.

La llamada del mar siempre llego a tiempo, y arraigó fundamentalmente sobre las vocaciones tempranas. Cuando los jóvenes, a veces adolescentes, sienten el interés por la aventura y la navegación; entonces no titubean y de la noche a la mañana, rompiendo con los compromisos terrenos, emprenderán una nueva e insospechada ruta. Dejarán todo su bagaje en el puerto y llevarán consigo toda su ilusión, con el pensamiento puesto mucho más allá del horizonte visible de la mar. En estos momentos decisivos del embarque la despedida del arriesgado marino, será mitad nostalgia de una tierra que fue cuna de su existencia y solar de supervivencia. Ahora su pensamiento será mitad aventura y esperanza por descubrir el amanecer de un nuevo mundo inconmensurable, entre mar y cielo.



Se oye la voz de maniobra sobre cubierta, preparados para largar amarras, y seguidamente la orden de mando a máquinas, avante lentamente. Todo el barco se pone en movimiento y el adiós, con la frase de feliz viaje, se va intercambiando desde los muelles del puerto a cubierta y entrepuentes del navío. Este con marcha moderada, y desembarcado el Práctico de Puerto, se va alejando de la costa, perdiéndose poco a poco las siluetas y perfiles de la tierra firme. Hay un momento de silencio y expectación sobre cubierta, esperando que el capitán arríe la bandera o gallardete, una arriada significativa y simbólica, que marca el momento preciso en que el barco taja y aborda las aguas del espacio internacional. Se comienza a navegar por los dominios del mar de todos y de nadie. Desde ahora, en el mar, no habrá navíos con diferencia de eslora, alarde arboladura, ni manga ancha; solamente deberá imperar en las tripulaciones, el espíritu por salvaguardar el cumplimiento de las Leyes del Derecho Marítimo Internacional y el Código de Señales Marítimas y sobre todo el respeto y comportamiento mutuo y la lealtad bien entendida hacia el Capitán, al que solo guiará el propósito y la virtud de llevar el buque con buen rumbo y gobierno al puerto de destino.

El joven navegante esta ya en mar adentro, flotando como insignificante e indefensa criatura, en medio del piélago de sus sueños, moviéndose a merced de los vientos, de las olas y demás elementos atmosféricos. En estos instantes las añoranzas y vivencias de todo lo dejó y quedó atrás, servirán como preámbulo para organizar y componer las páginas del diario y de una nueva vida a bordo. Esta será desde ahora, compartida entre los deberes de trabajo comunitario, con estricta disciplina y suma laboriosidad, además del tiempo de contemplación y experimentación del asombroso espectáculo de alta mar.

Las singladuras se irán sucediendo día y noche. El unísono y acompasado eco de las olas al chocar contra las amuradas y demás planchas del casco del barco, serán en medio del mar sin sombras, como notas musicales que confortarán el espíritu del nuevo marino, para dirigir su pensamiento a los únicos y elevados espacios celestiales que le acompañan y protegen.

Al establecerse este enlace con la Divina Providencia, no existirá para el hombre de mar, ni tempestad ni naufragio que no pueda soportar. La fortaleza y valentía humana conseguirán al fin, que el protagonismo del hombre de mar o del océano no pase inédito y desapercibido, y se realice para gloria del mar y de los hombres, uno de tantos episodios maravillosos que el Mundo necesita por el bien de la Humanidad.

Artículo editado en el Diario de Burgos el día 6 de Abril de 1977.

EPITAFIO. Para los que entregaron al tenebroso mar, el final de su arriesgada existencia
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