ANATOMÍA URBANA DE BURGOS.
Un antes y un después.
Descubrir todo el proceso evolutivo de la ciudad de Burgos, desde sus orígenes hasta nuestros días, sería el ensayo más apasionante para cualquier investigador. Nosotros vamos a intentar resumir razonablemente, lo que se siente al observar hoy, los horizontes de esta urbe saludable y hospitalaria, que no es lo que pudo haber sido, sino una ciudad sencilla, fiel y leal con el destino y las obligaciones que le impusieron los tiempos. La ciudad, que en los albores de su civilización celtibérica fuera bautizada con el nombre geográfico de cabeza preeminente o cabecera (Buro-goi-era), por ser la cúspide ibérica, desde donde se riegan generosamente, a través de sus ríos Ebro, Duero y Cadagua, las tierras de media España, y luego humildemente donar sus aguas a los tres mares peninsulares.
Burgos ha sufrido en los últimos años una de sus mayores y espectaculares transformaciones urbanas. Hoy la ciudad es un complejo abigarrado de formas, estilos y colores, donde se mezclan todas las muestras de la Arquitectura y Urbanismo, dominadas más por el materialismo y la sin razón, que por la estética y sensibilidad.
Aunque Burgos ha progresado muchísimo y ha cambiado de una vida rural provinciana a una vida cosmopolita, se nota que día a día va ordenando su fisonomía decrépita. No obstante, el panorama que se ve desde el Castillo, al observar su planimetría o superficie urbana, no es atractivo, es disforme y desdibujado, no se corresponde en equilibrio ni en armonía con el escenario y el entorno del Burgos de las Artes y del Neoclasicismo. Sin embargo, sobre la techumbre local, se eleva mayestática mente la singularidad de la Catedral, con sus agujas y chapiteles rasgando la biosfera castellana. Tambien sus artísticas iglesias góticas de piedra plateada de Hontoria, sus conventos renacentistas, sus edificios civiles neoclásicos, con sus impostas, cornisas-aleros dobles y tímpanos; además de los inigualables y románticos paseos que bordean el bucólico, majestuoso y pedregoso río Arlanzón; configuran un cuadro urbano agradable e interesante.

La urbe de Burgos, después de haber experimentado en sus albores las tres etapas de: Tribu, Cívitas y Corte, comenzó su existencia civilizada siendo una ciudad amurallada. Luego a través de los tiempos y de las vicisitudes inexorables de la vida, fue mudándose sucesivamente, trazando y cimentando en su suelo otras formas de ciudad, como: Ciudad Medieval-Amurallada, Ciudad Religiosa, Ciudad Jardín, Ciudad Militar y de su Gobierno de Estado y por último Ciudad Fabril y de Servicios, actual. Hoy día al deambular por sus calles y plazas y al hacer un análisis de su ilustración urbana, vemos muchas imágenes medievales y al mismo tiempo notamos el vacío y la ausencia de muchas piedras milenarias, que fueron base y zócalo del estilo local, en la entonces floreciente e importante Ciudad de Burgos
La causa de este expolio, fue debida a intereses de negocio o poderes económicos, que no supieron o no quisieron trasformar lógicamente su querido Burgos y conservar el acervo histórico de sus antepasados. La fisonomía urbana total, no es solo una mera observación aérea y distante, sino una composición de relieves, perspectivas y paisajes por todos los planos de la urbe. Por este motivo vamos a ir viendo de cerca y descubriendo algunos aspectos de nuestra ciudad, que día a día y año tras año, han ido quedando impresionadas en nuestra memoria.
Nos situamos sobre lo que queda de la muralla del viejo y ancestral Burgos. Nos entusiasma su espectacular traza y color de sus piedras blancas de Hontoria y las berroqueñas sedimentarias de Carcedo, que dan un empaque y vitola sin igual. Es una pena que no hayamos podido conservar el perímetro completo de la muralla, con sus baluartes, troneras, fosos y antefosos, que algunos yacen bajo los cedros del Castillo. La restauración del Arco de San Esteban y los accesos al Arco de San Martín, han demostrado cómo la sensibilidad y la estética del buen hacer, es lo que debe privar en toda obra. Este impulso renovador seguro que proseguirá por los torreones, patios y almenas del Castillo que se pretende ejecutar en el futuro.
Dentro de la muralla y al socaire de sus muros, bajo los aleros, miradores, galerías y soportales de sus viejas rúas, donde moraban los Mazuela, Covarrubias, Elrico y otros chamarileros y buhoneros, se iniciaron las relaciones con Europa. Burgos fue entonces Plaza Mayor, Feria Grande y Consulado del Mar (1494), en tiempos de La Mesta. En aquel tiempo los puertos del Cantábrico con sus naos Vasco-Cántabras, fueron los enclaves para que los priores y cónsules de Burgos y Bilbao, comerciaran en Flandes las lanas de Castilla y otras mercaderías de España. Hemos de recordar en este apunte; cómo los carreteros y muleros burgaleses, atravesaron con valentía y coraje, los puertos de montaña de Burgos, 300 años antes que los americanos las Montañas Rocosas.
Después de este emporio de vida y laboriosidad, cuyos artífices fueron los artesanos burgaleses, que habitaban por gremios por las antiguas rúas, contiguas a la iglesia de San Esteban, San Nicolás, San Román y Santa Gadea; vino la religiosidad; que ya había empezado a sentirse en tiempos de Los Godos. Fue aquella predestinación la que avivó las conciencias, ejerciendo su influencia como contrapunto a la actividad material y al mercantilismo Comenzaron entonces a edificarse conventos y cenobios. Estos rompiendo con los moldes de estrechez y el mínimo espacio vital, avanzaron a través de la muralla para ubicarse en los extramuros de la ciudad; permitiéndoles una avanzadilla más aislada hacia una nueva contemplación espiritual y naturalista.
De esta forma surgieron las joyas del Arte Local; como La Cartuja, Las Huelgas y Cardeña. Otras edificaciones como Fredesval, Hospital del Rey, La Concepción, Monasterio de San Juan, La Tienda Asilo y el museo Miranda etc, sufrieron las mutilaciones, el abandono y envejecimiento, y hoy solo son reliquias importantes a recuperar.
La Ciudad Jardín merece el más ferviente elogio, pero día a día, si no lo remediamos, nos iremos quedando con menos superficie arbolada y menos zonas biológicas de bienestar natural. Aun tenemos varias zonas de suma belleza y atractivo: El Espolón, con sus tejos, superiores a los de Versalles y los mutilados y bien podados plátanos hispánicos. Estos especimenes dejaron boquiabiertos a los americanos, como a mi compañero Hallister, del Consejo de Firestone. Tambien el Parque de La Isla; el Castillo; La Quinta y Fuentes Blancas con su delicioso Arlanzón, son lugares excepcionales para el bienestar de la ciudadanía.
La Ciudad Militar representó para Burgos, otro hito de su historia. El edificio de La Isla como Jefatura de Estado, el Teatro Principal como Ministerio de la Guerra, la Capitanía de todos los Ejércitos, la Academia de Ingenieros y los cuarteles de Infantería, Intendencia, Automóviles y Caballería, fueron los asentamientos que cumplieron el doble objetivo del buen uso y una arquitectura adaptada al medio urbano.
Llegamos a nuestros días y nos encontramos con la ciudad actual, acosada por muchos problemas. La ilusión puesta en la Ciudad Residencial o Ciudad Radiante, fue relegada y sustituida por la colmena abigarrada de ladri-hierro sin aleros ni encuadre de ventanas; por la lonja de doble altura; por el tugurio insalubre de puertas cerradas por el frío; por el ruido; por el polvo; por el miedo al atravesar un paso cebra y por los mil problemas de convivencia e intimidad vecinal; como lo demuestran las relaciones de las comunidades de vecinos, donde prevalece el egoísmo y el sálvese quien pueda.
Pero la vida no se detiene, los tiempos exigen nuevas y más perfectas realizaciones, para que las próximas generaciones tengan derecho y obligación a recibir una ciudad más habitable. Nos consta que hay un interés en seguir restaurando la obra envejecida de la ciudad. Los planes de Urbanismo, así como las Ordenanzas Municipales de Edificación, deberán ser más severos en lo que respecta al Medio Artístico, al Medio Ambiente, a la Seguridad e Higiene y a las dimensiones mínimas de los establecimientos públicos y sus equipamientos, así como a las normas que redunden en el bienestar de los ciudadanos.
Artículo editado en el Diario de Burgoa el 30 de Marzo de 1986.
Descubrir todo el proceso evolutivo de la ciudad de Burgos, desde sus orígenes hasta nuestros días, sería el ensayo más apasionante para cualquier investigador. Nosotros vamos a intentar resumir razonablemente, lo que se siente al observar hoy, los horizontes de esta urbe saludable y hospitalaria, que no es lo que pudo haber sido, sino una ciudad sencilla, fiel y leal con el destino y las obligaciones que le impusieron los tiempos. La ciudad, que en los albores de su civilización celtibérica fuera bautizada con el nombre geográfico de cabeza preeminente o cabecera (Buro-goi-era), por ser la cúspide ibérica, desde donde se riegan generosamente, a través de sus ríos Ebro, Duero y Cadagua, las tierras de media España, y luego humildemente donar sus aguas a los tres mares peninsulares.
Burgos ha sufrido en los últimos años una de sus mayores y espectaculares transformaciones urbanas. Hoy la ciudad es un complejo abigarrado de formas, estilos y colores, donde se mezclan todas las muestras de la Arquitectura y Urbanismo, dominadas más por el materialismo y la sin razón, que por la estética y sensibilidad.
Aunque Burgos ha progresado muchísimo y ha cambiado de una vida rural provinciana a una vida cosmopolita, se nota que día a día va ordenando su fisonomía decrépita. No obstante, el panorama que se ve desde el Castillo, al observar su planimetría o superficie urbana, no es atractivo, es disforme y desdibujado, no se corresponde en equilibrio ni en armonía con el escenario y el entorno del Burgos de las Artes y del Neoclasicismo. Sin embargo, sobre la techumbre local, se eleva mayestática mente la singularidad de la Catedral, con sus agujas y chapiteles rasgando la biosfera castellana. Tambien sus artísticas iglesias góticas de piedra plateada de Hontoria, sus conventos renacentistas, sus edificios civiles neoclásicos, con sus impostas, cornisas-aleros dobles y tímpanos; además de los inigualables y románticos paseos que bordean el bucólico, majestuoso y pedregoso río Arlanzón; configuran un cuadro urbano agradable e interesante.

La urbe de Burgos, después de haber experimentado en sus albores las tres etapas de: Tribu, Cívitas y Corte, comenzó su existencia civilizada siendo una ciudad amurallada. Luego a través de los tiempos y de las vicisitudes inexorables de la vida, fue mudándose sucesivamente, trazando y cimentando en su suelo otras formas de ciudad, como: Ciudad Medieval-Amurallada, Ciudad Religiosa, Ciudad Jardín, Ciudad Militar y de su Gobierno de Estado y por último Ciudad Fabril y de Servicios, actual. Hoy día al deambular por sus calles y plazas y al hacer un análisis de su ilustración urbana, vemos muchas imágenes medievales y al mismo tiempo notamos el vacío y la ausencia de muchas piedras milenarias, que fueron base y zócalo del estilo local, en la entonces floreciente e importante Ciudad de Burgos
La causa de este expolio, fue debida a intereses de negocio o poderes económicos, que no supieron o no quisieron trasformar lógicamente su querido Burgos y conservar el acervo histórico de sus antepasados. La fisonomía urbana total, no es solo una mera observación aérea y distante, sino una composición de relieves, perspectivas y paisajes por todos los planos de la urbe. Por este motivo vamos a ir viendo de cerca y descubriendo algunos aspectos de nuestra ciudad, que día a día y año tras año, han ido quedando impresionadas en nuestra memoria.
Nos situamos sobre lo que queda de la muralla del viejo y ancestral Burgos. Nos entusiasma su espectacular traza y color de sus piedras blancas de Hontoria y las berroqueñas sedimentarias de Carcedo, que dan un empaque y vitola sin igual. Es una pena que no hayamos podido conservar el perímetro completo de la muralla, con sus baluartes, troneras, fosos y antefosos, que algunos yacen bajo los cedros del Castillo. La restauración del Arco de San Esteban y los accesos al Arco de San Martín, han demostrado cómo la sensibilidad y la estética del buen hacer, es lo que debe privar en toda obra. Este impulso renovador seguro que proseguirá por los torreones, patios y almenas del Castillo que se pretende ejecutar en el futuro.
Dentro de la muralla y al socaire de sus muros, bajo los aleros, miradores, galerías y soportales de sus viejas rúas, donde moraban los Mazuela, Covarrubias, Elrico y otros chamarileros y buhoneros, se iniciaron las relaciones con Europa. Burgos fue entonces Plaza Mayor, Feria Grande y Consulado del Mar (1494), en tiempos de La Mesta. En aquel tiempo los puertos del Cantábrico con sus naos Vasco-Cántabras, fueron los enclaves para que los priores y cónsules de Burgos y Bilbao, comerciaran en Flandes las lanas de Castilla y otras mercaderías de España. Hemos de recordar en este apunte; cómo los carreteros y muleros burgaleses, atravesaron con valentía y coraje, los puertos de montaña de Burgos, 300 años antes que los americanos las Montañas Rocosas.
Después de este emporio de vida y laboriosidad, cuyos artífices fueron los artesanos burgaleses, que habitaban por gremios por las antiguas rúas, contiguas a la iglesia de San Esteban, San Nicolás, San Román y Santa Gadea; vino la religiosidad; que ya había empezado a sentirse en tiempos de Los Godos. Fue aquella predestinación la que avivó las conciencias, ejerciendo su influencia como contrapunto a la actividad material y al mercantilismo Comenzaron entonces a edificarse conventos y cenobios. Estos rompiendo con los moldes de estrechez y el mínimo espacio vital, avanzaron a través de la muralla para ubicarse en los extramuros de la ciudad; permitiéndoles una avanzadilla más aislada hacia una nueva contemplación espiritual y naturalista.
De esta forma surgieron las joyas del Arte Local; como La Cartuja, Las Huelgas y Cardeña. Otras edificaciones como Fredesval, Hospital del Rey, La Concepción, Monasterio de San Juan, La Tienda Asilo y el museo Miranda etc, sufrieron las mutilaciones, el abandono y envejecimiento, y hoy solo son reliquias importantes a recuperar.
La Ciudad Jardín merece el más ferviente elogio, pero día a día, si no lo remediamos, nos iremos quedando con menos superficie arbolada y menos zonas biológicas de bienestar natural. Aun tenemos varias zonas de suma belleza y atractivo: El Espolón, con sus tejos, superiores a los de Versalles y los mutilados y bien podados plátanos hispánicos. Estos especimenes dejaron boquiabiertos a los americanos, como a mi compañero Hallister, del Consejo de Firestone. Tambien el Parque de La Isla; el Castillo; La Quinta y Fuentes Blancas con su delicioso Arlanzón, son lugares excepcionales para el bienestar de la ciudadanía.
La Ciudad Militar representó para Burgos, otro hito de su historia. El edificio de La Isla como Jefatura de Estado, el Teatro Principal como Ministerio de la Guerra, la Capitanía de todos los Ejércitos, la Academia de Ingenieros y los cuarteles de Infantería, Intendencia, Automóviles y Caballería, fueron los asentamientos que cumplieron el doble objetivo del buen uso y una arquitectura adaptada al medio urbano.
Llegamos a nuestros días y nos encontramos con la ciudad actual, acosada por muchos problemas. La ilusión puesta en la Ciudad Residencial o Ciudad Radiante, fue relegada y sustituida por la colmena abigarrada de ladri-hierro sin aleros ni encuadre de ventanas; por la lonja de doble altura; por el tugurio insalubre de puertas cerradas por el frío; por el ruido; por el polvo; por el miedo al atravesar un paso cebra y por los mil problemas de convivencia e intimidad vecinal; como lo demuestran las relaciones de las comunidades de vecinos, donde prevalece el egoísmo y el sálvese quien pueda.
Pero la vida no se detiene, los tiempos exigen nuevas y más perfectas realizaciones, para que las próximas generaciones tengan derecho y obligación a recibir una ciudad más habitable. Nos consta que hay un interés en seguir restaurando la obra envejecida de la ciudad. Los planes de Urbanismo, así como las Ordenanzas Municipales de Edificación, deberán ser más severos en lo que respecta al Medio Artístico, al Medio Ambiente, a la Seguridad e Higiene y a las dimensiones mínimas de los establecimientos públicos y sus equipamientos, así como a las normas que redunden en el bienestar de los ciudadanos.
Artículo editado en el Diario de Burgoa el 30 de Marzo de 1986.





