EL ESPLENDOR DE SEGOVIA
SU ACUEDUCTO, SUS IGLESIAS ROMÁNICAS Y SU CAMPIÑA.
Para un viajero del Norte Cantábrico, entusiasta y enamorado de Castilla; Segovia no podía faltar en su itinerario turístico y cultural. Lo primero, al atravesar los arcos del Acueducto de esta monumental ciudad, el viajero se tropieza con el primer escenario, que a simple vista se ofrece sencillo y austero, pero que alberga la joya más representativa de la arquitectura romana, añadida tambien al arte románico y gótico de sus iglesias y a las bellezas provinciales de su naturaleza ibérica y mediterránea. El nombre de Segovia creemos, que etimológicamente procede de la toponimia ibero-euskara, que significa, lugar en el Sur, considerado por la referencia de los Pirineos al Norte y Somosierra, Guadarrama y Navacerrada al Sur.
Desde la Plaza del Azoguejo, cuyos mesones siguen humeando y exhalando aromas de buen asado y gustos al del mejor paladar; se observan las recias piedras del Acueducto, como la obra maestra y colosal, que la Ingeniería Romana dejó en nuestra península. No creemos que solo el abastecimiento de agua a la “Cívitas de Segovia”, amurallada entre sus dos ríos Eresma y Clamores, fuera la causa que motivó a Ulpio Marco Trajano, a hacer esta maravilla hace 2.000 años y pico. Quizá el Proyecto se concibió por la iniciativa y conocimiento en obras hidráulicas de Trajano, nacido en España, pero no se sabe ciertamente si en Sevilla o Pedraza de Segovia. Lo que si es verdad es que Trajano fue hombre de ética, administración y disciplina; que se hizo buen emperador con la ayuda y enseñanza de otro gran hombre Marco Nerva, a quien por agradecimiento le fue dedicada por Trajano esta fabulosa obra.

El Acueducto de 730 metros de longitud, salva la vaguada del Azoguejo con una altura máxima de 30 metros, con niveles de arquerías con 153 arcos. Fue construido piedra sobre piedra con bloques tallados de granito pórfido, entre 200 y 400 kg por pieza. Para arriostrar y consolidar los arcos superiores y a la vez definir la pendiente, se hizo una coronación longitudinal de mampostería ordinaria de granito de 1,50 metros de alto por 1,50 metros de ancho, cimentada con argamasa de cal y arena. Sobre este tramo superior, se apoyan dos hiladas horizontales de losas de granito, juntas y corridas, que configuran el perfil del canal por donde circulaba el agua, con una pendiente a veces variable, según la dirección del Acueducto En los quiebros la pendiente se reducía para evitar el rebose y salto de cascada sobre los antepechos.
La captación del agua la hicieron los romanos de un caudal abundante y permanente, que procedía de la vertiente Norte de la Sierra de Guadarrama. El origen del agua fue del río Acebeda, que capta los manantiales de las Conchas de Cerceda (2.100 m), del Tirobarra (2.045 m), del Montón de Trigo (2.155m) y del Cerro de la Camorea (1.812 m); a través de varios arroyos: Retamar, Cerceda, Riconcillo, Horcajos, Mañunero, Palomino y Aguas Buenas.
Este río de la Acebeda recibe el nombre de Río Frío al atravesar la zona de la Camorquilla (1.700 m). Aguas abajo en la vaguada formada por el Berrueco y Navatejera, cambia de dirección Norte a Oeste-Noroeste y es en este punto, a una cota de 1.330 metros, donde los romanos iniciaron el canal de desvío para conducir las aguas por líneas de pendiente gradual en 14 km, hasta la cabecera del Acueducto. Aquí se hizo un depósito regulador o sifón a 1.050 mts de cota. Hoy día el Río Frío abastece el embalse de Puente Alta o Revenga, cuyo desagüe de presa discurre por La Dehesa o Reserva Natural de Río Frío, en donde se le une el bucólico y saltarín río Peces.
De las Bellas Artes; el Románico de Segovia, es la muestra más notoria y colosal, que se puede palpar y gozar por cualquier plaza o rincón, no solo en los monumentos religiosos, sino tambien por pórticos, chapiteles y arcos de casas y residencias civiles, que jalonan las viejas y pintorescas rúas, hoy denominadas Daoiz y Velarde. El Arte Gótico, adquiere su máxima representación en la Catedral, donde la grandiosidad de sus columnas, la geometría y arquitectura de las bóvedas estrelladas de sus naves y la filigrana y forja de las rejas metálicas de las capillas; la sitúan en lugar preeminente respecto a otras catedrales españolas.
Si el arte y la monumentalidad de esta ciudad castellana son su privilegio y categoría, no menos importantes son sus parques o espacios naturales de Río Frío, La Granja, Valsain y Guadarrama. Río Frío representa la realidad de lo que debe ser una reserva biológica de la Naturaleza. La disciplina y protección de la dehesa de encinas, su red hidrográfica, sus bucólicos paisajes de praderas alomadas con rocas redondeadas de granito a cielo abierto y las especies de animales de gamos y ciervos, es todo un ejemplo nacional a imitar.
El Real Sitio de la Granja de San Idelfonso, no solo es un conjunto de Arte e Historia. Para un viajero nemoroso, amigo de los árboles, el atravesar la verja del ante-palacio es todo un embeleso. Uno queda extasiado ante el espectáculo que tiene delante de si. Sin duda alguna, se encuentra delante del museo forestal más selectivo y grandioso de nuestra península, donde se puede observar, cómo las especies ornamentales de Secuoyas gigantes, Piceas abies excelsa, Abetos pinsapo y Cedros, rivalizan de poder a poder, con los árboles ibéricos de Hayas, Acebos y Abedules. Dentro del recinto de Palacio, el ambiente botánico se equilibra con las esculturas, fuentes y paseos, jalonados y decorados con una refinada y cuidada jardinería por donde campean con cierta confianza las ardillas rojas y toda clase de pájaros. Aquí uno se olvida del mundo agresivo que le acosa por las grandes urbes.
Valsain y la Sierra de Guadarrama, acariciados por los vientos frescos y húmedos del Norte, forman juntos un biosistema ideal, donde la altitud y la fuerza biológica de la Naturaleza, con la ayuda científica del hombre, han creado un bosque productor y protector de pinos silvestres, que es uno de los más importantes de España. Sus bellos paisajes hacen que estos lugares sean visitados masivamente; pero a pesar del abuso mundano y el desprecio de algunos por el medio ambiente, su ceno-biología sigue manteniéndose en condiciones aceptables. Si algún día se perturba este oasis; Madrid perdería el pulso de su vida.
Este reportaje fue dedicado a mi entrañable amigo Felipe de Peñalosa, como recuerdo a su primo, el admirado y siempre querido Marques de Lozoya.
Artículo publicado en el Diario de Burgos el 28 de Mayo de 1989.
Para un viajero del Norte Cantábrico, entusiasta y enamorado de Castilla; Segovia no podía faltar en su itinerario turístico y cultural. Lo primero, al atravesar los arcos del Acueducto de esta monumental ciudad, el viajero se tropieza con el primer escenario, que a simple vista se ofrece sencillo y austero, pero que alberga la joya más representativa de la arquitectura romana, añadida tambien al arte románico y gótico de sus iglesias y a las bellezas provinciales de su naturaleza ibérica y mediterránea. El nombre de Segovia creemos, que etimológicamente procede de la toponimia ibero-euskara, que significa, lugar en el Sur, considerado por la referencia de los Pirineos al Norte y Somosierra, Guadarrama y Navacerrada al Sur.
Desde la Plaza del Azoguejo, cuyos mesones siguen humeando y exhalando aromas de buen asado y gustos al del mejor paladar; se observan las recias piedras del Acueducto, como la obra maestra y colosal, que la Ingeniería Romana dejó en nuestra península. No creemos que solo el abastecimiento de agua a la “Cívitas de Segovia”, amurallada entre sus dos ríos Eresma y Clamores, fuera la causa que motivó a Ulpio Marco Trajano, a hacer esta maravilla hace 2.000 años y pico. Quizá el Proyecto se concibió por la iniciativa y conocimiento en obras hidráulicas de Trajano, nacido en España, pero no se sabe ciertamente si en Sevilla o Pedraza de Segovia. Lo que si es verdad es que Trajano fue hombre de ética, administración y disciplina; que se hizo buen emperador con la ayuda y enseñanza de otro gran hombre Marco Nerva, a quien por agradecimiento le fue dedicada por Trajano esta fabulosa obra.

El Acueducto de 730 metros de longitud, salva la vaguada del Azoguejo con una altura máxima de 30 metros, con niveles de arquerías con 153 arcos. Fue construido piedra sobre piedra con bloques tallados de granito pórfido, entre 200 y 400 kg por pieza. Para arriostrar y consolidar los arcos superiores y a la vez definir la pendiente, se hizo una coronación longitudinal de mampostería ordinaria de granito de 1,50 metros de alto por 1,50 metros de ancho, cimentada con argamasa de cal y arena. Sobre este tramo superior, se apoyan dos hiladas horizontales de losas de granito, juntas y corridas, que configuran el perfil del canal por donde circulaba el agua, con una pendiente a veces variable, según la dirección del Acueducto En los quiebros la pendiente se reducía para evitar el rebose y salto de cascada sobre los antepechos.
La captación del agua la hicieron los romanos de un caudal abundante y permanente, que procedía de la vertiente Norte de la Sierra de Guadarrama. El origen del agua fue del río Acebeda, que capta los manantiales de las Conchas de Cerceda (2.100 m), del Tirobarra (2.045 m), del Montón de Trigo (2.155m) y del Cerro de la Camorea (1.812 m); a través de varios arroyos: Retamar, Cerceda, Riconcillo, Horcajos, Mañunero, Palomino y Aguas Buenas.
Este río de la Acebeda recibe el nombre de Río Frío al atravesar la zona de la Camorquilla (1.700 m). Aguas abajo en la vaguada formada por el Berrueco y Navatejera, cambia de dirección Norte a Oeste-Noroeste y es en este punto, a una cota de 1.330 metros, donde los romanos iniciaron el canal de desvío para conducir las aguas por líneas de pendiente gradual en 14 km, hasta la cabecera del Acueducto. Aquí se hizo un depósito regulador o sifón a 1.050 mts de cota. Hoy día el Río Frío abastece el embalse de Puente Alta o Revenga, cuyo desagüe de presa discurre por La Dehesa o Reserva Natural de Río Frío, en donde se le une el bucólico y saltarín río Peces.
De las Bellas Artes; el Románico de Segovia, es la muestra más notoria y colosal, que se puede palpar y gozar por cualquier plaza o rincón, no solo en los monumentos religiosos, sino tambien por pórticos, chapiteles y arcos de casas y residencias civiles, que jalonan las viejas y pintorescas rúas, hoy denominadas Daoiz y Velarde. El Arte Gótico, adquiere su máxima representación en la Catedral, donde la grandiosidad de sus columnas, la geometría y arquitectura de las bóvedas estrelladas de sus naves y la filigrana y forja de las rejas metálicas de las capillas; la sitúan en lugar preeminente respecto a otras catedrales españolas.
Si el arte y la monumentalidad de esta ciudad castellana son su privilegio y categoría, no menos importantes son sus parques o espacios naturales de Río Frío, La Granja, Valsain y Guadarrama. Río Frío representa la realidad de lo que debe ser una reserva biológica de la Naturaleza. La disciplina y protección de la dehesa de encinas, su red hidrográfica, sus bucólicos paisajes de praderas alomadas con rocas redondeadas de granito a cielo abierto y las especies de animales de gamos y ciervos, es todo un ejemplo nacional a imitar.
El Real Sitio de la Granja de San Idelfonso, no solo es un conjunto de Arte e Historia. Para un viajero nemoroso, amigo de los árboles, el atravesar la verja del ante-palacio es todo un embeleso. Uno queda extasiado ante el espectáculo que tiene delante de si. Sin duda alguna, se encuentra delante del museo forestal más selectivo y grandioso de nuestra península, donde se puede observar, cómo las especies ornamentales de Secuoyas gigantes, Piceas abies excelsa, Abetos pinsapo y Cedros, rivalizan de poder a poder, con los árboles ibéricos de Hayas, Acebos y Abedules. Dentro del recinto de Palacio, el ambiente botánico se equilibra con las esculturas, fuentes y paseos, jalonados y decorados con una refinada y cuidada jardinería por donde campean con cierta confianza las ardillas rojas y toda clase de pájaros. Aquí uno se olvida del mundo agresivo que le acosa por las grandes urbes.
Valsain y la Sierra de Guadarrama, acariciados por los vientos frescos y húmedos del Norte, forman juntos un biosistema ideal, donde la altitud y la fuerza biológica de la Naturaleza, con la ayuda científica del hombre, han creado un bosque productor y protector de pinos silvestres, que es uno de los más importantes de España. Sus bellos paisajes hacen que estos lugares sean visitados masivamente; pero a pesar del abuso mundano y el desprecio de algunos por el medio ambiente, su ceno-biología sigue manteniéndose en condiciones aceptables. Si algún día se perturba este oasis; Madrid perdería el pulso de su vida.
Este reportaje fue dedicado a mi entrañable amigo Felipe de Peñalosa, como recuerdo a su primo, el admirado y siempre querido Marques de Lozoya.
Artículo publicado en el Diario de Burgos el 28 de Mayo de 1989.





