¡ CASTILLA !
Un recuerdo a D. Claudio Sánchez Albornoz.
Oh! venerable anciano. Fue la verdad y solo la verdad, la que te impulsó a conocer y dar fe de los acontecimientos históricos de España, escudriñando en los anales de nuestro pasado glorioso, toda la epopeya y todas las efemérides, que de un modo trágico, apasionado o valeroso, surgieron durante tantos años de asedio, dominio y adversidad de nuestro solar de la Península Ibérica.
Ahora en estos tiempos de historia olvidada, quisiéramos nosotros los que vivimos muy cerca de donde se inició la gesta del nacimiento de Castilla, dedicarte con estas líneas el agradecimiento a tus esfuerzos, por los grandes y documentados ensayos, donde se desvela el Enigma Histórico de España.
Fue precisamente Castilla, el estandarte de los grandes ideales, el centro de unificación de las culturas heterogéneas heredadas de tiempos ancestrales y la sublimación del espíritu congénere de los pueblos ibéricos y tribus del Norte de España; tan sacrificados por sus sentimientos y sus voces de libertad y patriotismo. Castilla fue la savia fecunda que intentó regenerar la vida auténtica de nuestro país, maleada por tantas vicisitudes e intereses, y conducirla por caminos y horizontes de entendimiento, grandeza y justicia e igualdad social.
El ideal y el germen que hizo Castilla, no fue un azar. El nacimiento de Castilla obedeció a muchas y diversas causas, que a continuación trascribimos. La vieja Castilla nació en la zona botánica entre la Eurosiberiana- Cantábrica y la Mediterránea Hispana. Linea esta de transición de las verdes montañas y praderas cantábricas, con los dilatados campos y planicies de la meseta, a través del surco y de las valles del Alto Ebro. No muy lejos de las brumas y celajes que cubrían las montañas de Alto Campoo, El Escudo, Somo, Castrovalnera, Zalama y Ordunte; o las nieblas coronadas de la Tesla y los Obarenes, o bajo un cielo esplendoroso, que durante siglos cobijó a las tribus celtas de los Cántabros, a las eúskaras de los Autrigones, Bárdulos y Caristios y a las celtibéricas de los Turmódigos, Vaceos, Arévacos y Berones.
Nació tambien con el Sol, que calentó y vivificó las tierras comunales de “presura” bajo el Fuero del Escalio. Tierras de pan, de pastos y de frutos, que alimentaron a aquellos corazones esperanzados, curtidos por los vientos cierzo o solano de invierno o por las brisas ultramontanas y cismontanas que llegaban del mar Cantábrico. Nació además junto al sotobosque del “Área Patriniani” y sobre los fértiles valles, de Alto Campoo, Ebro, Nela, Cadagua y Gerea. Dentro del territorio que lindaba con la frontera oriental del primer reino de Asturias y con la occidental de los Bascones de Pamplona.
Nació con los contraluces penetrantes matutinos y vespertinos que llegaban por cañones y desfiladeros del Alto Ebro, Incinillas de Valdivieso y la Horadada de Trespaderne, y además con las estrellas que velaron las vigilias en las noches frías, y con los crepúsculos que despertaron nuevos y prometedores amaneceres. Todo ello bajo un cielo de combate, con el rumor del agua y del viento, o con los ecos del piafar de caballerías, que cabalgaron incesantemente por veredas y cañadas, para reencontrar los horizontes perdidos.
Nació del hacinamiento de muchos y diversos hombres en un pequeño rincón, con el nombre de Castella (pueblo de piedra), o con el nombre que dieron los vascos Gaztela (dominio o reino joven). Fue una minoría de hombres libres y solidarios, con espíritu de unidad superior y con el propósito de iniciar el proceso histórico de la recuperación de España. Fue tambien en concejo abierto participativo a todas las ideas renovadoras, a los criterios lógicos y razonables y además a la participación entusiasta del glorioso quehacer restaurador de la patria común. Estos ideales se juraban sobre la encrucijada de “Burceña de Taranco de Mena”; cabeza de puente entre las Vías Romanas de Amaya a Flavio Briga (Castro Urdiales), y entre las fronteras de las provincias jurisdiccionales de la Tarraconense y la Cartaginensis.
Nació con el heroísmo de los numantinos que demostraron a Roma que la sangre ibérica derramada durante 200 años no fue estéril, sino savia fecunda para las generaciones del cristianismo independiente y valeroso, que supo sacudirse del yugo del Islán. Nació con los jueces Nuño Rasura y Laín Calvo, precursores del “Juicio Libre” o fuero castellano, que defendía las libertades humanas, la justicia social y la vida del espíritu; rechazando el poder omnipotente de la Ley Gótica de León.
Nació Castilla para que años más tarde, el hijo del Conde Rodrigo, Diego Rodríguez Porcelos, fundara en el año 884 la ciudad de Burgos, Cabecera de Castilla (Buru-goi-era). Además triunfo luego Fernán González, porque se alió con la fortuna del poder heredado y supo aprovechar la fuerza vital y la moral auténtica de los castellanos. Ganó la guerra a los moros, porque Castilla estaba predestinada para ser libre. Su espíritu de rebeldía no fue sino, la energía ascendente y creadora de Castilla, islote de hombres libres en la Europa feudal. Pensamiento siempre defendido por el insigne Don. Claudio Sánchez Albornoz.
Artículo editado en el Diario de Burgos el 29 de junio de 1984.
Oh! venerable anciano. Fue la verdad y solo la verdad, la que te impulsó a conocer y dar fe de los acontecimientos históricos de España, escudriñando en los anales de nuestro pasado glorioso, toda la epopeya y todas las efemérides, que de un modo trágico, apasionado o valeroso, surgieron durante tantos años de asedio, dominio y adversidad de nuestro solar de la Península Ibérica.
Ahora en estos tiempos de historia olvidada, quisiéramos nosotros los que vivimos muy cerca de donde se inició la gesta del nacimiento de Castilla, dedicarte con estas líneas el agradecimiento a tus esfuerzos, por los grandes y documentados ensayos, donde se desvela el Enigma Histórico de España.
Fue precisamente Castilla, el estandarte de los grandes ideales, el centro de unificación de las culturas heterogéneas heredadas de tiempos ancestrales y la sublimación del espíritu congénere de los pueblos ibéricos y tribus del Norte de España; tan sacrificados por sus sentimientos y sus voces de libertad y patriotismo. Castilla fue la savia fecunda que intentó regenerar la vida auténtica de nuestro país, maleada por tantas vicisitudes e intereses, y conducirla por caminos y horizontes de entendimiento, grandeza y justicia e igualdad social.
El ideal y el germen que hizo Castilla, no fue un azar. El nacimiento de Castilla obedeció a muchas y diversas causas, que a continuación trascribimos. La vieja Castilla nació en la zona botánica entre la Eurosiberiana- Cantábrica y la Mediterránea Hispana. Linea esta de transición de las verdes montañas y praderas cantábricas, con los dilatados campos y planicies de la meseta, a través del surco y de las valles del Alto Ebro. No muy lejos de las brumas y celajes que cubrían las montañas de Alto Campoo, El Escudo, Somo, Castrovalnera, Zalama y Ordunte; o las nieblas coronadas de la Tesla y los Obarenes, o bajo un cielo esplendoroso, que durante siglos cobijó a las tribus celtas de los Cántabros, a las eúskaras de los Autrigones, Bárdulos y Caristios y a las celtibéricas de los Turmódigos, Vaceos, Arévacos y Berones.
Nació tambien con el Sol, que calentó y vivificó las tierras comunales de “presura” bajo el Fuero del Escalio. Tierras de pan, de pastos y de frutos, que alimentaron a aquellos corazones esperanzados, curtidos por los vientos cierzo o solano de invierno o por las brisas ultramontanas y cismontanas que llegaban del mar Cantábrico. Nació además junto al sotobosque del “Área Patriniani” y sobre los fértiles valles, de Alto Campoo, Ebro, Nela, Cadagua y Gerea. Dentro del territorio que lindaba con la frontera oriental del primer reino de Asturias y con la occidental de los Bascones de Pamplona.
Nació con los contraluces penetrantes matutinos y vespertinos que llegaban por cañones y desfiladeros del Alto Ebro, Incinillas de Valdivieso y la Horadada de Trespaderne, y además con las estrellas que velaron las vigilias en las noches frías, y con los crepúsculos que despertaron nuevos y prometedores amaneceres. Todo ello bajo un cielo de combate, con el rumor del agua y del viento, o con los ecos del piafar de caballerías, que cabalgaron incesantemente por veredas y cañadas, para reencontrar los horizontes perdidos.
Nació del hacinamiento de muchos y diversos hombres en un pequeño rincón, con el nombre de Castella (pueblo de piedra), o con el nombre que dieron los vascos Gaztela (dominio o reino joven). Fue una minoría de hombres libres y solidarios, con espíritu de unidad superior y con el propósito de iniciar el proceso histórico de la recuperación de España. Fue tambien en concejo abierto participativo a todas las ideas renovadoras, a los criterios lógicos y razonables y además a la participación entusiasta del glorioso quehacer restaurador de la patria común. Estos ideales se juraban sobre la encrucijada de “Burceña de Taranco de Mena”; cabeza de puente entre las Vías Romanas de Amaya a Flavio Briga (Castro Urdiales), y entre las fronteras de las provincias jurisdiccionales de la Tarraconense y la Cartaginensis.
Nació con el heroísmo de los numantinos que demostraron a Roma que la sangre ibérica derramada durante 200 años no fue estéril, sino savia fecunda para las generaciones del cristianismo independiente y valeroso, que supo sacudirse del yugo del Islán. Nació con los jueces Nuño Rasura y Laín Calvo, precursores del “Juicio Libre” o fuero castellano, que defendía las libertades humanas, la justicia social y la vida del espíritu; rechazando el poder omnipotente de la Ley Gótica de León.
Nació Castilla para que años más tarde, el hijo del Conde Rodrigo, Diego Rodríguez Porcelos, fundara en el año 884 la ciudad de Burgos, Cabecera de Castilla (Buru-goi-era). Además triunfo luego Fernán González, porque se alió con la fortuna del poder heredado y supo aprovechar la fuerza vital y la moral auténtica de los castellanos. Ganó la guerra a los moros, porque Castilla estaba predestinada para ser libre. Su espíritu de rebeldía no fue sino, la energía ascendente y creadora de Castilla, islote de hombres libres en la Europa feudal. Pensamiento siempre defendido por el insigne Don. Claudio Sánchez Albornoz.
Artículo editado en el Diario de Burgos el 29 de junio de 1984.





