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CUADERNO DE BITÁCORA TERRESTRE
Ensayos Biogeográficos, Aconteceres Históricos y Observaciones Sociológicas
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Félix Fernández Rodríguez BURGOS Facultativo de Minas Oficial de la Marina Mercante
Sindicación
 
MI RECUERDO PARA ELLACURÍA

UN JESUITA COMPROMETIDO CON LA VERDAD.

Ocurrió en Portugalete (Bizkaia). Yo nacía en la calle del Ojillo (Tokillu) y dos meses mas tarde lo hacia él, en General Castaños (Las Vías). Nuestras vidas tomaron rumbos diferentes. Él desde pequeño tenia su sede diaria en la Basílica de Santa Maria de Portugalete, yo frecuentaba la huerta frutícola y la capilla de Santo Tomás de los Agustinos; regentados por el Padre Basterrica, un vasco que cuando iba a Madrid, era muy alabado por otro agustino, amigo mío, el Padre Félix García.

Algunas veces, yo acudía de pequeño a la consulta de su padre, el Oculista Ellacuría, que era un hombre de gran personalidad y prestancia. Siempre, antes de la consulta que me hacia de los párpados y flemones; y con la confianza que le daba su prestigio, nos examinaba y nos decía cómo iba nuestra vida con Dios. Este Doctor junto con su esposa, formaban un matrimonio muy conocido y respetado en la Villa de Portugalete. Llevaban una vida muy ejemplar y religiosa, quizá demasiado virtuosa y un poco distanciada de la realidad humana, obligada y recatada por las circunstancias de aquellos momentos difíciles de los años de 1936 al 1940.

Yo no fui amigo directo de Ignacio Ellacuría, ni de sus hermanos, (solo de sus primos los de Sestao), pero si nos conocíamos en el frontón del Campo de la Iglesia. Recuerdo la fecha del 8 de Diciembre, La Inmaculada, cuando salían él y sus hermanos, acompañados por Perico Solabarría, por las calles de Portugalete, vestidos con sus amitos rojos de seminaristas, a recaudar fondos para las necesidades de la Iglesia.

En Sestao, sus tíos los industriales de la fábrica de cementos, ejercían su imperio e influencia económica, a la vez que practicaban una muy buena convivencia popular y una ayuda al necesitado, del mayor encomio.

Ignacio Ellacuría se hizo un gran jesuita en España. Impregnado y henchido de Filosofía y Humanismo, se marcho camino de las Américas, con la idea de servir al Evangelio de Dios en las misiones. Allí comprometido con las enseñanzas y bienaventuranzas de Dios, vio de cerca la pobreza y las necesidades humanas de Centroamérica, y por ellas se ha ido acercando día a día al Cielo, donde ya ha entrado por la puerta grande, como lo han hecho siempre los defensores de la Verdad del Evangelio y con ello la causa de la justicia humada.

Artículo editado en el Diario de Burgos, el 20 de Noviembre de 1989.

Autor Félix Fernández Rodríguez de Portugalete.
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