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CUADERNO DE BITÁCORA TERRESTRE
Ensayos Biogeográficos, Aconteceres Históricos y Observaciones Sociológicas
Acerca de
Félix Fernández Rodríguez BURGOS Facultativo de Minas Oficial de la Marina Mercante
Sindicación
 
PORTUGALETE
PUERTO DE CASTILLA, EN ÉPOCA MEDIEVAL.

No sabemos ciertamente si 500 años, despues del 21 de julio de 1494, son demasiados años para describir con la imaginación, basada en hechos de la Historia medieval, algunos acaecimientos relevantes sobre el Consulado del Mar de Burgos. Tambien los datos sobre el comercio de las lanas castellanas y los anales de la Marina española (cántabro, vasco y castellana); además de las vicisitudes, en lo que respecta al pastoreo, acarreo, comercio, exportación y navegación de las lanas, más otros productos de España, desde el litoral cantábrico (Portugalete) hacia los puertos europeos del Mar del Norte.

No es de extrañar, que tanto el acontecimiento mundial del Descubrimiento de América en el año 1492 y el Tratado de Tordesillas en el 1494, fueron los dos episodios interrelacionados, que influyeron notablemente en la capitulación por los Reyes Católicos, en la Pragmática sobre el Consulado del Mar en Burgos. Con ello Burgos y Castilla recibían en su Fuero y Espíritu el respaldo de legitimidad y expansión de su comercio internacional marítimo hacia Europa.

En aquellos tiempos, Burgos, “cabecera de Iberia”, era una capital de gran importancia y resonancia europea. Desde la toma de Sevilla por el Almirante Ramón de Bonifaz, se convirtió en el eje continental –marítimo de España, por su destacada y estrecha vinculación con las naos y los marinos vasco-cantábricos. Por estos y otros muchos valores, Burgos era la base naval-comercial indiscutible para representar a partir de 1494, la hegemonía española en las rutas marítimo- comercial a través del Golfo de Vizcaya, Océano Atlántico y Mar del Norte.

Primero todo comenzó por los campos de Castilla hace más de 500 años. Campos que habían comenzado a reverdecer después de vorágine y exterminio de La Reconquista. Fueron las hierbas festucas con otras gramíneas, los junquillos peculinos y las leguminosas; las energías para renacer el campo y con ello las cabañas ovinas. Entonces el ganado lanar y su desarrollo, estaban regulados por el Honrado Concejo de la Mesta, organismo que garantizaba las servidumbres de la trashumancia de las cabañas de ovejas por las cañadas reales y vías pecuarias; además de las normas de pastoreo por las dehesas y las estancias del rebaño en los rediles de las dormidas.

La Mesta, como la relataba mi llorado amigo Luis San Valentín, en su libro de la Trashumancia ovina, fue el órgano decisorio y autoritario, eso sí, defensor de la ganadería extensiva, que incidía negativamente sobre las reservas forestales, pero positivamente en contra de los usurpadores agrícolas de montes comunales. Fue la Mesta el administrador del tránsito de las lanas en los mercados de compra y almacenamiento de Medina del Campo, para su envase y envío a los puertos de embarque del cantábrico a través de Burgos.




Ancla, lanas y Consulado
al borde del Arlanzón
dieron fletes y calado
a las naos del Nervión

Burgos había sido Universidad de Mercaderes durante largo tiempo y ahora Consulado del Mar, con todos los atributos comerciales y jurisdiccionales. Era la Casa de Contratación y plaza mayor de ferias, mercados, transacciones y envíos de todas las lanas de Castilla; las merinas de de lana fina rizada, las churras de fibra y pelo resistente y las lachas de lana áspera. Todas estas lanas se exportaban, sobre todo al Reino Unido, como materia de primera calidad, para suplir y rivalizar como manufactura, con las lanas extraordinarias de los carneros escoceses Cheviot

Todo este trajín de ventas, contratos y a veces trapicheos, se desarrollaban en los reducidos pero aprovechados espacios de las viejas ruas y plazas, dentro de la ciudad amurallada de Burgos. Aquí residían los grandes mercaderes provinciales, castellanos y tambien vascos; todos afincados puerta a puerta con los burgaleses, que velaban los rebaños y las mulas, junto a las gleras y glebas del río Arlanzón.

Este artículo fue editado en el Diario de Burgos el 29 de Septiembre de 1994.

POR TIERRA HACIA EL MAR. Como hemos visto, estaba claro que los mercaderes con el tiempo, cruzarían sus estirpes y sangre en Burgos con otros mercaderes vascos o castellanos, formando nuevas alianzas, cuyas señas de identidad aparecen impresas en la Historia de Consulado del Mar. Los nuevos linajes irrumpieron con más poder y vitalidad en la organización mercantil de Europa.

Una vez que las lanas y otros productos de exportación, eran clasificados en las lonjas y depósitos burgaleses; se procedía a la carga y estiba en las carretas de acarreo, para iniciar la ruta hacia el Cantábrico; sobre todo hacia Portugalete (160 km), por tener el puerto del Nervión una relación especial con Burgos, como lo prueba la alianza mercantil del año 1547. Se iniciaba la reata de carretas a las órdenes de un mulatero mayor, apoyado con sus ayudantes arrieros, que velaban con responsabilidad, del equilibrio estabilidad y seguridad de la carga, por medio de la perfecta trabazón y amarre de varas, gualderas y teleras.

Todos los trámites del transporte eran extendidos por el prior y cónsul, de acuerdo a las ordenanzas del Consulado del Mar, que mejoraban y ampliaban los usos y costumbres del Libro del Consulado del Mar de Barcelona. Este Consulado más antiguo que el de Burgos, adscrito al Mediterráneo fue mejorado entonces sobre Derecho Marítimo Mercantil. Se amplió la hoja de ruta, póliza de seguros, conocimiento o lista de embarque, contrato de fletamento, aranceles de puerto, aduana y prebostazgo y demás estipulaciones sobre abordajes, echazón y arribadas forzosas.

El camino que tomaba la caravana de carretas pera ir a Portugalete, lo hacia por dos caminos reales; el de Briviesca-Merindades-Valmaseda y el de Briviesca-Orduña-Amurrio para alcanzar el Nervión. Quizá las vicisitudes de estos esforzados carreteros serían incomparables a las odiseas de los aventureros colonizadores de Norteamérica, al atravesar Arizona o las Montañas Rocosas, 300 años después.

Al llegar la caravana a la villa de Portugalete (casa concejo al lado del mar) todo estaba preparado para recibir allí a las carretas con las lanas y otras mercaderías, para su embarque en las naos o galeones cantábricos. Portu era entonces posada, refugio y hospitalidad para los muleros y yegüerizos y tambien establo - abrevadero múltiple para las mulas de carga. Además existió allí un cementerio de mulas (zama-il-toki ) ,llamado hoy, lugar de Zomillo. Todas las molestias y servidumbres ocasionadas, fueron bien pagadas por el Consulado de Burgos. Sus primicias contribuyeron a la edificación de la gran basílica de Santa Maria de Portugalete y tambien para sufragar las continuas obras de escolleras y muelles. Estas construcciones se hicieron bajo la dirección del maese-arquitecto Garita, padre e hijo burgaleses.

Burgos exigía para el transporte marítimo de sus lanas, que las naos fueran pilotadas por expertos maestros náuticos y tuvieran un alto bordo, con un arqueo o desplazamiento superior a 200 toneladas de registro, de este modo en el Atlántico, las naos se transformaron en galeones con eslora más afilada y con arboladura de tres mástiles: Trinquete, Mayor y Mesana.

El velamen se componía de cuatro velas redondas y principales: Cebadera en el bauprés o botalón de foques; Mayor y Gavia encima en el trinquete y vela triangular o latina en el palo Mesana de popa. Todo el aparejo constituía una eficaz, funcional y manejable jarcia, que afianzaba el gratil o dobladillo de las velas a las vergas cruzadas, masteleros y mastelerillos.

Una vez embarcadas las mercaderías y estibadas, el galeón se hacia a la mar, al proceloso mar Cantábrico, rumbo a Brujas u otros puertos europeos. No era fácil cruzar la peligrosa barra o malecón de Portugalete, ni ceñirse al viento frente a la mar gruesa y temporal del Norte. Muchos de aquellos marinos quedaron para siempre en las rocas del litoral del Abra del Nervión. De otros jamás se supo su destino, los que tuvieron la suerte de sobrevivir a los naufragios, encontraron ayuda y salvamento en la Cofradía de Mareantes de San Nicolás de Bari y San Telmo; que para tal fin existía en Portugalete. A ella rendimos un merecido homenaje en la persona de su Secretario-abogado Cesar Saavedra, con quien tuve el honor de participar como socio de la Cofradía.

Este artículo fue editado en el Diario de Burgos el día 2 de Octubre de 1994.

EN PORTUGALETE. Con el motivo de estas efemérides se celebró en la Villa de Portu, el 6 de Enero de 1995, una jornada académico-cultural, sobre el Consulado del Mar de Burgos, en su 500 aniversario de su proclamación. Esta exaltación sobre las trascendentales acontecimientos, se desarrollaron bajo el patrocinio desinteresado del Ayuntamiento de Portugalete y a favor de la Cofradía de Mareantes y Marinos de San Nicolás de Bari y San Telmo.

Con la descripción histórica-marítima, cuyo título fue “Portugalete puerto de Castilla por los años de 1494” se consiguió dar a conocer a todo el colectivo de la Villa del Nervión, asomada al mar Cantábrico, de los aconteceres verídicos que surgieron con el comercio de las lanas de Castilla y los minerales de hierro de Bizkaia. La historia de la navegación marítima de Burgos y Portugalete con los puertos del Mar del Norte y Europa, fue entonces el periplo más apasionado de España.

Tambien se completó la conferencia con algunas de las páginas referentes al origen y evolución del Mar Mediterráneo y la transferencia de su dominio al Océano Atlántico. Todo esto fue causa por los acontecimientos mundiales del Descubrimiento de América, Tratado de Tordesillas y los periplos náuticos por el Atlántico Norte y tambien Africano- Canario de los galeones vasco-cantábricos del Consulado del Mar.

No recordamos si la voz de Burgos en aquella ocasión se oyó en silencio o fue necesario elevar el tono de los altavoces, lo que sí creemos saber, es que no fue necesario esto último, porque el orador tuvo el suficiente timbre de voz para hacerse oír con la verdad, de un acontecimiento, que por su importancia, no radicó en las voces y conocimiento del orador, sino en la verdad que oyeron los portugalujos.

No