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CUADERNO DE BITÁCORA TERRESTRE
Ensayos Biogeográficos, Aconteceres Históricos y Observaciones Sociológicas
Acerca de
Félix Fernández Rodríguez BURGOS Facultativo de Minas Oficial de la Marina Mercante
Sindicación
 
UN BALUARTE EN LA RECONQUISTA.

EL ALTICASTRO DE SIERO.

Quiso la Historia (nuestra historia), con la ayuda de la privilegiada Naturaleza y de otras circunstancias especiales; que la querida bucólica aldea de Valdelateja del Valle de Sedano (Burgos), fuese en tiempos lejanos, un lugar de relevantes acontecimientos históricos. Principalmente el Alticastro de Siero, que fue el bastión rocoso de estrategia y defensa en este enclave del Alto Ebro, junto al río Rudrón, frente a los ataques y emboscadas del Islán, al comienzo de la Reconquista. Tambien al mismo tiempo, bajo los techos y bóvedas del ancestral monasterio de San Martín de Escalada (fundado en el año 870 a orillas del Ebro), se contrastaron pareceres que coincidieron en ideas de criterios lógicos y razonables de independencia y libertad, para el nacimiento de Castilla, y cono no, para la unidad patria.

En aquellas fechas, por las riberas del Ebro y Rudrón y por las escarpes de la alta meseta burgalesa, se comenzaron a respirar vientos de libertad, cuando el Rey de Asturias, Alfonso I “El Católico”, hijo del Duque de Cantabria, acompañado de hombres foramontanos y cismontanos, soldados valerosos y patriotas, acaudilló la ofensiva contra los moros. Poco a poco fueron reconquistando los terrenos invadidos y al mismo tiempo repoblando valles, altozanos y oteros, por estas tierras fabulosas de las viejas montañas de Burgos.

Fundaron monasterios y santuarios, desde y donde se habría de gestar la esperanza y el motivo de Castilla, y obtener de sus tierras de presura, los diezmados recursos naturales, para la supervivencia de aquellos hombres aguerridos, cántabros, eúskaros (autrigones, bárdulos y caristios) y celtibéricos de origen (turmódigos, vaceos, arévacos y berones), unidos todos para la causa común.

Aquellos primeros monasterios fueron: San Miguel del Pedroso, San Emeterio de Taranco, Santa Maria de Valpuesta, San Martín de Noceco, San Martín de Escalada, San Cosme de Valderrama y San Juan de Orbañanos; todos ubicados en interesantes puntos geográficos, entre valles y montañas de: La Demanda, Mena, Ordunte, macizo de Losa, Espinosa de los Monteros, Valle del Ebro y Montes Obarenes; conformando los límites y mojones del perímetro del solar de la primitiva Castilla.

El monasterio de San Martín de Escalada que lo regentaba el abad Rodanio (año 855), fue el refugio espiritual del fuerte defensivo de Castro Siero, avanzadilla entre los montes cantábricos y los valles y desfiladeros de la antigua Castilla. Por este tiempo fue fundado en Castro Siero su ermita visigótica, por el magnate Fernando Núñez, hijo de Munio Núñez Rasura y su mujer Argilo, este fue el conde firmante de la Carta Puebla de Brañosera, primer Fuero de España en el año 824. Este fue abuelo del Conde Fernán González y sería uno de los primeros foramontanos, descendientes en estirpe y sangre de aquellos hombres, sacrificados cruelmente por los romanos en el Monte Cilda de Brañosera.

Fernando Núñez había venido cabalgando con su esposa Gutina, desde las Sierras del Hijar del Alto Campoo, atravesando las espesas frondas de aquel antiguo y presente bosque del monte Hijedo, que cubría muchas leguas de robles y hayas, desde las faldas nevadas y jugosas del Valdecebollas, Cuesta Labra, Brañosera; y siguiendo hasta los Castros de Bricia, por las rutas y caminos entre los montes, que forman la virgación de la Cordillera Cantábrica con el Sistema o Cordillera Ibérica; para instalarse en el poblado de Siero

Este pregón periodístico que lo edite en el mes de Agosto de 1981, en el Diario de Burgos, fue un homenaje a dos hombres religiosos amigos entrañables: Fray Justo Pérez de Urbel y Justino el Cura de Escalada, los dos, muy entusiastas de Castro Siero, y venerantes de las Vírgenes Santa Centola y Elena; como son tambien todos los paisanos que seguimos pisando las huellas de esta tierra del Ebro, Rudrón y Sedanillo, mirando hacia el Cielo entre garmas y peñascos, para encontrar la paz y el verdadero camino que nos aguarda.
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