logotipo

img_google
CUADERNO DE BITÁCORA TERRESTRE
Ensayos Biogeográficos, Aconteceres Históricos y Observaciones Sociológicas
Acerca de
Félix Fernández Rodríguez BURGOS Facultativo de Minas Oficial de la Marina Mercante
Sindicación
 
PORTUGALETE Y SU ARQUITECTURA

Desde la fundación de Portugalete (1322) hasta nuestros días, muchos avatares de todo tipo se han ido sucediendo día tras día en la activa Villa del Abra. Si la Historia nos descubre en forma impresa las vicisitudes de los pueblos; la Geología y Arquitectura y sus afines, nos dan un testimonio gráfico real o aparente (a los sensibles y exigentes observadores) de los cambios y mutaciones que ha experimentado la Naturaleza y el artificio humano.

Empleando una imaginación razonable y algunos instintos lógicos de ciencia oculta, vamos a componer toda la evolución arquitectónica y urbana de 700 años trascurridos. El subsuelo de la Villa de Portugalete pertenece al periodo geológico Terciario piso Paleógeno, donde los estratos de calizas numolíticas, soportando un manto superior de margas y arcillas, sirvieron de base para trazar y construir sobre este terreno virgen y resistente, las más variadas formas de una arquitectura local, donde predominaron los edificios sencillos de hechura funcional para aquellos tiempos. Luego con el paso del tiempo, a principios del siglo XX, sobresalió la clásica arquitectura noble y elegante, con algunos retazos y vestigios, ejecutados con cantería y maestría sobresaliente. Después vino la desbordante evolución contemporánea, de edificios de ladrihierro en colmena, acompañados de cierto desasosiego vecindario.

Topográficamente el solar de Portugalete en sus comienzos como tal, era una lengua de terreno (con notable pendiente) normal al Nervión; unida en forma de charnela en falsos estribos laterales, a los dos acantilados primitivos de la Canilla y Peñota. Difícil plano de nivelación debió presentar este suelo para la edificación y los servicios a la Ría, exento por aquel tiempo de servidumbres, segregaciones, expropiaciones etc., donde creemos que solo imperaba entonces la acción del bien común.

La primera piedra colocada con acto ceremonial, sería sin duda, alguna de los pétreos cimientos de la iglesia de Santa María de Portugalete, primer bastión sobre el Abra. Su esbelta y panorámica torre, debió de servir de punto de mira y faro de situación, a los capitanes de naos y bajeles que arribaban a puerto. Los motivos y necesidad de esta formidable obra (1492-1580) habrá que buscarla en las influencias mercantiles, religiosas y profesionales de mercaderes y canteros burgaleses, hombres tan vinculados a las piedras y monumentos que se erigieron por toda Castilla en la Edad Media, desde el Románico hasta el Gótico (citando como piedras ejemplares el claustro y chapiteles románicos de Silos, las torres y ábsides del Valle de Valdivieso, el pórtico, columnas y ventanales de la iglesia de Moradillo de Sedano y el gótico de la Catedral de Burgos) prosiguiendo más tarde el Renacimiento con su final esplendoroso del Neoclásico, más sobresaliente en las artes civiles que en las religiosas, dando fe de esta última muestra, el Consulado del Mar de Burgos, con su extraordinario tímpano, donde aún brilla el ancla, que como escudo medieval del Almirantazgo; simboliza los fletes, embarques y calado de los galeones del Nervión.

Por estos años se iniciaba una colonización por las orillas izquierdas del Nervión. Labriegos, marinos, pescadores, mercaderes y gente de todo tipo, trashumantes pernoctas y de posada estable; asentaron “sus reales” al amparo del reciente puerto, bajo la iglesia de Santa María, y al socaire del viento dominante N.W. El primer núcleo urbano, se hacinó en la llamada calle de la Ribera (hoy Muelle Viejo) en el rincón ocupado desde el bar Siglo XX hasta la Canilla. Desde este lugar se inició la expansión de la Villa, cuyos primeros caminos fueron la bajada del cenobio portugalujo a la Canilla y desde aquí al cargadero de embarque de las naos (lugares próximos a la estación del ferrocarril); tambien la bajada desde la iglesia y explanada de Salazar al “puerto”. Estos caminos eran auténticas veredas de traza medieval con calzada de morrillos y parapetos de mampostería.

Siguiendo en importancia y fecha (1536) se construyó en la plaza llamada entonces de la Regencia, el Ayuntamiento de la villa. Su recia arquitectura con bases maestras con sólidos pilastras y arcadas herrerianas, configuraron un edificio “neoclásico” que cumple la función municipal. En el primer piso con balcón corrido de estilo vasco y antepecho forjado, se dispuso como tribuna para oír la voz autorizada en los concejos portugalujos. La parte alta del Ayuntamiento a quedado trasformada con el paso de los años.

A partir de este año se va haciendo y ensanchando el urbanismo del Concejo y sus calles de Santa María, Del Medio, de la Fuente (Coscojales) y de la Barrera (Calle Nueva), que con sus pendientes naturales a la ribera y dirección al puerto, conformaron conjuntamente, con la Ribera (Muelle Viejo), Salcedo, El Cristo, Santa clara y alguna más, el plano del viejo Portugalete. Posteriormente las guerras carlistas (1873) destruyeron parte de las edificaciones, así como el campanario de la iglesia. Marcando en la Historia de la Villa una nueva etapa de restauración y de nuevos proyectos. En esta iniciativa se construyó el Muelle de Hierro (1881.1891), el ferrocarril a Bilbao (1888), Puente Colgante (1893) y el Hotel de Portugalete, cedido para beneficencia por Manuel Calvo.

A principios del Siglo XX, las clases adineradas que por aquel entonces veraneaban en la Villa o venían a curar su reuma al Balneario del Parque, (una vez consolidada la obra civil y marítima, la seguridad de la navegación de la Ría del Nervión y la estabilidad en el vivir); hicieron surgir a lo largo del Muelle y en sus aledaños, las elegantes edificaciones. Estos palacios de verano con la playa de Portugalete limpia y ahora encalmada frente a la mar gruesa, por el malecón del rompeolas de Santurce, dieron al traste con el Balneario. La arquitectura de estas nuevas casas del Muelle, y del relleno de Peñota a Santurce, como tambien la de las grandes fincas particulares de Peñota; fue variada de estilos y formas, donde imperaba la caliza gris nativa con lumaquelas y trazos blancos, muy elegante en zócalos y balaustradas de terrazas. Tambien se dejaban ver las atrevidas y funcionales cornisas y aleros artesonados, algunos de madera como la casa de Vicuña frente al Parque. Un detalle muy atractivo eran los áticos cenitales con vertientes de ligera pizarra negra, los cuales servían de puente de mando y vigía para otear y divisar el cercano litoral del Abra. Como muestra colosal en obra de piedra en sillería averrugada y filigrana de mampostería; el Castillo de Chavarri, que era un alarde de formas góticas emuladas y creativas funcionales, con múltiples detalles bien ejecutados de almenas, matacanes, troneras etc, y como atalaya, la bien lograda torre del homenaje de los castillos góticos.

Los años han pasado, y la vorágine de la vida y la falta de espacio en la Villa, han borrado del mapa local, este patrimonio artístico y su patrimonio territorial, no era mucho pero ahora es menos. La nueva arquitectura del ladrihierro, aluminio y elementos artificiosos han copado todas las formas; donde la ausencia de la arquitectura de piedra y madera nobles en escultura y talla; han insensibilizado y desviado nuestros sentidos.

Artículo editado en el Diario de Burgos, el día 13 de enero de 1974.
No