LOS AGUSTINOS DE PORTUGALETE.
Largo tiempo ha pasado desde aquel Portugalete de los 10.000 habitantes; de entonces acá, grandes cambios ha sufrido la fisonomía urbana de la Villa. Hoy día al caminar por calles y paseos, notamos ser extraños y sorprendidos, al ver los edificios y el cambio de urbanización; los cuales han borrado de nuestra retina, lugares muy queridos en mis años mozos. Entre ellos nos causa mucho recuerdo, la desaparición total de aquella finca frutícola, que era el parque contemplativo y la despensa hortícola de los Padres Agustinos.
Los Padres Agustinos por aquel entonces de los años 40, desenvolvían su vida sencilla, con fuero y juramento de auténtica austeridad obligada, en las tres facetas o medios de vida: Religiosa, contemplativa y enseñanza gratuita. En el aspecto religioso y litúrgico, los Padres cumplían el mandato apostólico en la capilla-iglesia de Santo Tomás de Villanueva, que vestía sus galas el 22 de Mayo, novenario de Santa Rita de Casia.
La capilla enlazaba con la huerta a través de un esbelto y sencillo puente de hierro de estilo romántico, reforzando su flexión y seguridad con geométricas cartelas de acero forjado, sobre los apoyos en el edificio de la capilla y en el muro natural de la calle Mª Díaz de Haro. Desde el puente se salía a la huerta por una corta escalinata; y en este punto existía una balconada que, con una sombreada pérgola de rosales sarmentosos y bilderdykias, ofrecía un discreto mirador sobre la citada calle, y donde los Padres, en sus ratos de contemplación y lectura, hacían tambien sus oraciones en recortados paseos. Esta terraza estaba edificada sobre el muro natural de la calle, donde los estratos calizos-margosos ofrecían una imagen geológica interesante. En la actualidad unas viviendas, con un zócalo-terraza corrido e inusitado por su mal uso, son hoy el panorama de aquel romántico lugar.
La gran huerta de los Agustinos, comprendía las posesiones territoriales de su feudo de Portugalete. Ella estaba subdividida en dos parcelas contiguas y separadas por una pared medianera. Los límites locales de esta finca rectangular eran los siguientes; al Oeste, lindaba con el Callejón del Muerto con cerramiento tapial de gran altura. Al Sur la calle Casilda Iturrizar y el Colegio de Santo Tomás. Al Este la calle Mª Díaz de Haro, desde Naya hasta el Teatrillo, y siguiendo por detrás de la fábrica de hielo hasta la calle Casilda Iturrizar; Al Norte finca particular tapiada con gran arbolado.
La primera de las dos parcelas, la del Norte, estaba destinada para jardín y huerta de hortalizas, con un paseo central sombreado de grandes tilos, castaños de Indias y plátanos; los cuales fueron arrancados y desgajados por la galerna huracán del año 1941. Este paseo unía el mencionado puente con el Callejón del Muerto, donde existía una gran puerta de acceso principal. Aquí la casa de los Leza, dentro de la finca, velaba los intereses de los Agustinos. Fuera de la finca vivían más próximos los Canavales y la carpintería de Sabino Torre. Hoy en día, en este lugar esta ubicada la calle Danok Bat; con ella nos viene el recuerdo de hombres cantores como: Astondoa, Rodri, Jero Bilbao, Eguía, Alegría, Carrasco, Cobos, Berriatua y otros; los cuales, bajo la tutela músico-espiritual del Padre Cortazar Agustino, caminaban seguros y con buena voz por los escenarios de la nacionalidad vasca.
La segunda parcela, dedicada a extenso pomar y gallinero, estaba atravesada de Norte a Sur por un paseo real o alamedilla, jalonado por variados árboles frutales; este camino servia para enlazar la capilla con el colegio directamente. Tambien fue usado por los alumnos, cuando los domingos después de misa y en perfecta formación venían al colegio, a alguna función en el teatro bajo la escuela. El camino era tambien la pista de andadura de media distancia, para aligerar los músculos a los Padres Agustinos.
Si analizamos la huerta de frutales desde el punto de vista botánico-frutícola, tendríamos que agrupar muchas variedades de peras de toda estación; desde las tempranas de San Juan, San Pedro y de La Reina, hasta las finas de mes de Don Guindo, Anita, Desidérea, Roma, Matute, de Cura y las Duquesas de verano y otoño. Algunas de estas y otras peras selectas se cultivaban en espaldera, en formas enanas enramadas sobre la pared medianera, al socaire y a pleno Sol. Aunque los perales eran los árboles predominantes, otras especies de frutales de avellanos, higueras, nogales, ciruelos, melocotones etc, completaban la abigarrada flora frutícola que allí vegetaba, que era una de las mejores que había en Portugalete.
Como contraste a la verde estampa de la huerta, se incrustaba en la zona de campiña una sólida casamata o potente cimiento, que alberga hoy día los tambores tensores que atirantan los cables catenarios del Puente Colgante. Este pacífico fortín de coloreada piedra arenisca, no estorbaba en la amplia finca y no le molestaban los árboles a su derredor, pero hoy en la actualidad, la urbanización ha tenido que ceder sus luces y distancia, en defensa y seguridad de la inamovible fundación.
En el marco de la enseñanza, los Padres Agustinos, hombres de esclavina y cordón negro, ejercían su acertada labor pedagógica, humanitaria y gratuita a sus alumnos: Esta enseñanza se practicaba en el Colegio de Santo Tomás (calle Nueva o de Casida Iturrizar) en un aula dimensional, que acogía sin tabiques divisorios los cuatro cursos de aquel tiempo con holgura y comodidad y sin ruidos. Entre los padres de aquella época recordamos en primer lugar al Padre Basterrica (director) y entregado a las labores de la huerta y gran entusiasta del deporte, que hizo un campito de fútbol anexo al colegio. Otros padres se dedicaban a la enseñanza como: Padre Julio, confesor indulgente, que vivía al relentí por su avanzada edad; Padre Inocencio, buen profesor y excelente musicólogo, que acabó sus días en el Escorial; allí viejecito fue visitado en viaje de bodas, por el llorado Indalecio R. Madariaga y su esposa Larrauri; Padre Santiago, simpático y agradable, hombre rústico dejó su buen recuerdo, y otros Padres. Todos formaban el claustro de profesores, que sin leyes de educación, supieron ser verdaderos catedráticos en sus disciplinas, que aunque elementales fueron muy importantes para sus alumnos.
Este artículo editado en la Revista El Abra, Octubre del año 1970, se lo dedicamos al difunto Padre Agustino Félix García, oriundo de Aguilar de Campoo, buen amigo mío, él cual me confesó; que cuando el Padre Basterrica iba a Leganés (Madrid) era recibido con buenos abrazos. Hemos de recordar que el Padre Félix García, ejerció de confesor en el Escorial para los grandes próceres y magnates de alto copete, masculino y femenino, asentados en Madrid.





