RESIDUOS RADIACTIVOS
Hemos leído un informe sobre el almacenamiento de los residuos radiactivos, que nadie sabe donde están, ni donde van a ir a parar. Nos ha llamado mucho la atención la atractiva oferta “OPA-REN” dirigida a los pueblos candidatos para destinar una parcela de su terreno de 2 Ha, para albergar y vigilar el mayor y más importante almacén de desechos peligrosos.
Enresa y el Consejo de Seguridad Nuclear, ofrecen 12 millones de euros anuales para los 10.000 años de guardería, lo cual representaría la tentadora y mayor fortuna inimaginable para cualquier municipio español. Sobre este Proyecto, un servidor ha analizado esta oferta y sus efectos con una lógica razonable, por lo que considera necesario dar solución a un problema, que es factible físicamente (desintegración e integración de la materia) por haber sido generado, heredado y soportado con resignación, y sigue siendo por toda la “Sociedad Española”.
No es la primera vez que opinamos sobre Energía Nuclear. Garoña en abril de 1978, Harrisburg en mayo de 1979 y El Uranio Ibérico en febrero del 1986, fueron los artículos editados en el Diario de Burgos. En el artículo de Harrisburg, aplaudimos la rápida decisión del Gobernador de Pensilvania, evitando con su severa autoridad, sobre el mal, un desastre imprevisible. En este apunte tambien escribimos sobre las causas de las averías del reactor y los remedios, mejoras y ampliación de los circuitos hidráulicos y la capacidad de los depósitos de agua contaminada en la Central de Tres Millas.
Ahora en España nos encontramos preocupados en aplicar la prevención y custodia sobre los residuos nucleares ya generados, que se encuentran en Francia, en España y los que vayamos generando en el futuro. En estos momentos tenemos varias centrales atómicas en funcionamiento, enfermas crónicas por su edad y próximas a su defunción, con unas altas dosis de radiactividad concentrada en sus reactores, en sus turbinas, en sus salas de transferencia y en sus mausoleos subterráneos, etc. Sería muy peligroso sacar de estos espacios controlados, los elementos y residuos radiactivos, para trasladarlos a un almacén-depósito común; operación que consistiría en transferir la radiactividad concentrada en las centrales, en una radiactividad extensiva con un nuevo foco de contaminación exterior; con todo el riesgo que ello acarrea.
Además, las centrales de Garoña, Zorita, Cofrentes, etc., se tendrán que cerrar irremisiblemente. Por tales motivos, en cada una de estas centrales es donde irían mejor tales almacenes de residuos, o en una de ellas colectivamente. Es sabido por prescripción obligatoria del Proyecto, que en estas centrales, a su cierre, se tendrán que construir las gigantescas estructuras ciclópeas y abovedadas con hormigón armado sobredimensionado, para aislar y soterrar bajo control, toda la central, in perpétuum. En esta seguridad se extremarán los estrictos controles sobre el aire y agua generados en su interior y exterior, defectos que se vienen silenciando sobre su radiactividad.
Consideramos que los pueblos donde se sitúan esas centrales atómicas, debieran ser los beneficiarios de esa oferta tentadora, que sería el plus dinerario que resarciera a esos pueblos de los inconvenientes soportados y sufridos directamente por las emisiones de partículas electromagnéticas negativas, e indirectamente, por los miedos permanentes a una enfermedad incurable.





