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CUADERNO DE BITÁCORA TERRESTRE
Ensayos Biogeográficos, Aconteceres Históricos y Observaciones Sociológicas
Acerca de
Félix Fernández Rodríguez BURGOS Facultativo de Minas Oficial de la Marina Mercante
Sindicación
 
POR EL JERTE Y EL PIORNAL

Al orto del Sol nos despedíamos de Ávila. La ciudad amurallada y pavimentada como ninguna, era despertada por una festiva diana, en honor a Santa Teresa, con los sones y ecos de un alegre pasacalles. Con este humor pusimos rumbo SW a circunvalar tierras de Cáceres. Atravesar una de las puertas de Gredos es siempre interesante para un naturalista-observador de la variada flora y geología española; y si este paso se hace a través del Puerto de Tornavacas, la impresión se acentúa de modo extraordinario.

Al dejar Castilla la Vieja, el viajero de tierra norteña que gusta tambien navegar por el litoral, al hollar tierra adentro, es atraído primero por el Barco de Ávila y efectúa su recalada para hacer provisiones frutícolas en este lugar. Pueblo con estímulo de trabajo y servicio, el más sureño de la Alta Meseta; cuyos feraces huertos de frutales, prados y pastizales, se ven refrescados por las aguas del río Tormes y por los niveles hidrológicos de la vertiente Norte de Gredos. Famosas son, la manzana reineta y la pera mantecosa Hardy de este pomar abulense, que rivaliza en cantidad y calidad con las buenas de mesa de Sedano (Burgos).

Pasando el Puerto de Castilla y en seguro desnivel, cuatro pueblos se suceden en enfilación y equidistancia: Tornavacas, Jerte, Cabezuela del Valle y Navalconcejo; estos son precisamente los que forman la flor y nata del cerezo español. En Jerte. Incrustada en el vértice y cabecera del valle, está la piscifactoría de truchas, poniendo un matiz blanco sobre el verde de su parcela, en compatible desafío a la pujanza vegetal del bosque de cerezos. Este vivero de truchas con aguas cristalinas del río Tornavacas, representa una empresa, cuyo servicio, superando al mercantilismo, merece los elogios y prestigio en esta comarca extremeña.

Discurre el Valle y río Jerte hacia Plasencia, y en este estío del otoño de 1972, al cruzar el puente de Cabezuela del Valle, observamos la imagen del álveo o lecho del río, que presenta un gran aluvión de canchales esféricos de granito, erosionados y repulidos por el continuo y alocado flujo fluvial invernizo. Continuamos la excursión y no pudimos llegar a Plasencia, por desviar nuestra ruta en Valdeastillas, en dirección a Jaraiz de la Vera, para no perdernos las bellezas de El Piornal, el pueblo más alto de Cáceres.

En la ascensión a la atalaya orográfica de este macizo silicio, prolongación de Gredos, está el monte Piornal, divisoria-interfluvio de las cuencas Jerte y Tietar. Este lugar nos sorprendió por sus cerezos poblando su gran masa forestal, con la convivencia en comunidad con castaños común, y roble alvar en la cima superior. Bajando a la otra vertiente del Tietar, al pie de la Vera, encontramos Garganta la Olla, pintoresco rincón de la Sierra de Tormantos. Poco después nuestra parada obligada sería Jaraiz, soleado lugar donde la hospitalidad lugareña en la nobleza y gentileza del herrero, del cual recibimos como obsequio una bonita hoz de filo ancho, ejemplo típico de la artesanía cacereña.

Renovamos nuestro periplo, contra corriente del Tietar y llegamos a Yuste, precisamente a tiempo de retiro del Ángelus, en un mediodía otoñal muy caluroso. No se presenta el monasterio como una gran fortaleza, más bien escondido entre la ubérrima vegetación forestal, haciendo gala de su sencillez y austeridad. Atravesamos el umbral y por un plano inclinado de calzada romana, llegamos al porche, donde Carlos V hacía uso de él como patio de caballerizas. Desde una terraza, el Emperador ya cansado de batallar y de vivir, pudo en el corto espacio de su jubilación forzada, dedicarse al deporte de la pesca en el estanque y a la contemplación en el abrigado lugar con la flora, casi tropical, de naranjos y olivos.

Anexo al Palacio del Emperador, está el Monasterio de los Jerónimos, con servidumbre muy particular. En aquellos tiempos el egregio jubilado, desde su alcoba podía ver a través de cristales, las prácticas religiosas de los monjes. Un curioso encuadre se nos presentó en el atrio de la iglesia, frente al pórtico ojival. Era una corta alamedilla a modo de palio gigante, que la formaban ocho geométricos eucaliptos, paralelos dos a dos que sombrean la plazoleta y hacían guardia sobre el santo lugar.

Dejamos el Monasterio con sus monjes y marchamos con el agradable recuerdo de estos parajes, que guardan tanta Historia de España. Atravesamos luego el embalse de Rosarito y fuimos a la deriva en busca de la corriente del río Tajo, a situarnos sobre el “Faro de Oropesa”, que dirigió nuestra ruta hacia Talavera, y allí en tierras de Toledo con su caolín y cerámica, repusimos fuerzas para una nueva etapa.

POESIA

Tornavacas umbral y celosía,
manantial de las aguas cacereñas;
Jerte, torrente, río y fantasía
de su Valle por tierras extremeñas.

Es Cabezuela puente a la hermosura,
entre cerezos flor de Primavera;
y Peñasalva en la Alta Extremadura
refugio de su Virgen Caminera.

Navalconcejo, vega, río y sierra,
un prodigio de la Naturaleza.
El encanto físico de su tierra
es causa del sabor de su cereza.

Se aparta del camino Valdestillas,
amparado por su palio forestal;
rival en la belleza y maravillas
de la atalaya y alcor de, El Piornal.
No