LA NAVAL, QUE YO CONOCÍ.
Yo trabajé en la Sociedad Naval de Sestao, desde el año 1946 al 1957; siendo entonces un estudiante adolescente. Ingresé por examen como aprendiz, para ocupar y aprender los diferentes oficios, en los talleres de La Naval. La primera fase del aprendizaje antes de adquirir oficialidad, era imprescindible acudir en jornada matinal, a la Escuela de Formación Profesional, que tenía La Naval en su feudo, al igual que otras grandes empresas de Sestao; entre ellas A.H.V.
En aquellos tiempos La Naval gozaba de ser una Empresa Nacional, de elevado prestigio en la construcción y reparación de buques; como también algunos componentes ferroviarios. Su plantilla ascendía a más 6.000 personas, con un elevado conocimiento en técnica y profesionalidad, para desarrollar en oficinas técnicas los Proyectos Navales y en los talleres, gradas, dique y varaderos, los diversos trabajos de maquinaria, calderería y demás oficios. En aquellos momentos se comienza a implantar en Europa, luego en Cataluña y después en La Naval, los sistemas Gombert y Bedaux, referentes a mejorar la productividad y ordenamiento en el Trabajo; sistemas aceptados por muchos y rechazado por los holgazanes.
El que os informa de esta historia laboral, sustituyó el aprendizaje manual en talleres, por el empleo como “pinche de chavola” en el taller de calderería de cobre, del Astillero. Aquí me ocupé con las labores de listero de taller y control de horas, sobre los diversos trabajos de reparación, con sus presupuestos y facturas. Por este motivo pude enterarme como nadie, gracias a la amistad auténtica de jefes (Cecilio Ibarreche) y maestros de talleres; de la total Nomenclatura Naval de Barcos; desde quilla a perilla. Estos conocimientos tanto de nudos, velas, estructuras del casco, maquinaria y monturas a flote, me sirvieron para complementar mis estudios de Oficial Agregado de la Marina Mercante. Con este salvoconducto pude embarcarme temporalmente en el buque Galdames de la Naviera Auxiliar Marítima.
También en La Naval se podía ascender de aprendiz, a las Oficinas Técnicas de Delineación y Proyectos, por medio de otros exámenes, sobre todo para los aprendices punteros y adelantados en conocimientos. Por tal motivo, conseguimos pasar a la Oficina de Delineación de Maquinaria del Astillero, y más tarde a la de Obras Civiles, como técnico en Obras y Topografía. Aquí; por los conocimientos adquiridos como Facultativo de Minas y Fábricas Sidero-Metalúrgicas, me ocupé como ejecutivo directo sobre el terreno, de algunas labores de proyecto, replanteo y dirección de diversas obras, y sobre todo en la innovación sobre las alineaciones y niveles más exactos y directos en las pendientes de las gradas de botadura de barcos. Esta operación técnica se había llevado anteriormente, con solo nivel horizontal, de imada a imada, por el gran maestro de gálibos Sr. Bilbao. Ahora se sustituía, por iniciativa mía, por una uni-dirigida visual del taquímetro, sobre todas imadas de la grada, con el ángulo preestablecido. Eliminando con ello la superposición de errores.

También pude ejecutar la planimetría ortogonal y nivelación de bases, cimientos, y zampeados, para la instalación y modernización de nuevos talleres, sobre todo para el taller, de armar componentes y módulos estructurales de calderería de casco y otros elementos del buque. Estas obras, diseñadas y pergeñadas por el Director. Gregorio López Bravo, como jefe de la Oficina de Proyectos Navales, fueron el último designio de este inteligente Ingeniero Naval, antes de dedicarse a la Política, que no era lo suyo. Lo que si practicó, fue la Economía de Sener, y olvidándose del Escandallo y también del Humanismo.
Como entonces teníamos tentación por cambiar de aires laborales, comprobé el afecto que me profesaban algunos Ingenieros Navales, como Gabriel Tejada, Ramón Apraiz y Caso de los Cobos. También tuve ocasión, de sentarme frente a frente, con otro Ingeniero Naval. Enrique Sendagorta; este me hizo un examen práctico directo, en su oficina de Sener, para un puesto de responsabilidad; que consistió en dibujar primero las secciones trasversal y longitudinal del barco y documentar después, en inglés, todos los elementos estructurales del barco; los cuales yo conocía muy bien. El puesto no lo conseguí por causas malignas y celosas de un colega, que trabajaba en la oficina técnica de Sener y me conocía muy bien por mi personalidad y por los estudios anteriores de la Naval y Minas, que habíamos desarrollado juntos.





