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Azaña y la historiografía
No lo sé, caro Amfortas, a mí Azaña, en principio, me parece tan respetable como Besteiro o Franco o Cabanellas o Calvo Sotelo o tantos otros. En general la II República siempre me ha parecido un fracaso sin remisión, pero tal vez es por el peso que yo le doy a lo efectual de la historia. Sin embargo creo que aquí tenemos planteado un problema dirigido directamente contra la inteligencia humana. Las versiones sobre el acontecer mismo de los hechos relatados por unos y otros historiadores son irreconciliables. Así pues hay que elegir. El problema intelectivo a mi entender radica en decidir ¿CÓMO?.¿ En qué vamos a reposar nuestro juício?. Esta respuesta creo yo debe ser anterior a todo posicionamiento, a la intelección de nosotros mismos como tipos de derecha o de izquierda, de centro o radicales, modernos o postmodernos. Puede y debe serlo incluso sin abandonar nuestros prejuícios políticos, morales, etc.
Caben poco más de dos respuestas. La primera consiste en resolver dicha pregunta atendiendo a nuestro estado de ánimo, o al animo mayoritario en ciertos, todos, algunos ambientes. Incluso en relación al ambiente mayoritario. Heidegger inicia así el analisis del Da-Sein, son las figuras del "encontrarse" y del "Man", el impersonalismo del SE. Se pueden entrever hoy en las apelaciones al consenso -acompañadas sin rubor hoy por la voluntad de censura del discrepante, Peces Barba et Gabilondo -, en el rechazo a toda literatura que se conozca atentatoria de dicho estado de ánimo previamete a su lectura, lo que lleva a nunca realizar ésta, o en la increible capacidad para negar la evidencia de una prueba sin más ejercicio anímico que la propia fuerza de voluntad. Que el Da-Sein es capaz de vivir intelectivamente de tal forma no es real porque lo afirmase Heidegger en 1928, es que es un hecho facilmente constatable.
La segunda posibilidad estriba en apelar a los hechos. Los hechos en cuestión son históricos, y esto entraña no pocas prevenciones de orden metodológico. Su forma propia será la de "documento" -un grabado, una estatua, una pirámide, trazos sobre un muro en una gruta, una novela, un discurso radiofónico, una crónica, el relato de una manifestación, de una rebelión, una autobiografía, una tumba individual o colectiva, el texto de una ley, un sumario judicial...la lista No es infinita, pero si larga-.
En mi opinión, repito es una opinión, la Historia es interminable, o casi. No se trata de que cada generación deba realizar su interpretación del pasado. Al menos, no sólo; se trata de que en general, es muy poco lo que sabemos de dicho pasado. Tener un conocimiento concreto de él, supondría como fantaseaba Borges en Pierre Menard autor del Quijote, ser capaz de "reactualizarlo", revivirlo. O como le gustaba afirmar en otras ocasiones, hacer un mapa escala 1:1, o mejor aún, 10:1, como una ampliación óptica del mismo, más extenso que el territorio mismo. Aceptar que son los hechos quienes deben sostener nuestro juício, y no nuestro estado de ánimo, no es pues más que una resolución propedéutica. No nos dice nada sobre la historia de España entre 1930 y 1940.
Es más, buena parte de dichos hechos requieren un juício moral. El otro día hablabamos del artículo de la Const 1931 en el que se establecen las bases para una ley que regulará las asociaciones religiosas. Convenimos que era atentatoria contra los católicos y la libertad. Pero aquello era un juício de valor. Cierto es que podíamos explicitar el axioma moral en que se basaba tal juício. Más aún, remitir dicho axioma al mismo texto constitucional de 1931 -libertad de asociación e igualdad ante la ley, principios rotos en dichas bases-. Pero era un juício moral, o político, al cabo, sobre un hecho. Lo que los hechos, creo yo, si pueden negar, son proposiciones del tipo "La Const 1931 era neutral en materia de religión", "defendía el principio de igualdad ante la ley sin excepciones", "o protegía el derecho a la libre empresa docente de modo igual para todos".
En mi opinión aquí sí estamos ante una cuestión de hecho. O, dicho de otro modo, algo que sí nos permite el análisis de los hechos en este tráfago de versiones historiográficas contradictorias es descartar proposiciones. Descartar versiones e interpretaciones por su oposición manifiesta contra la documentación histórica.. Este y no otro es, a mí entender, el gran logro de Moa. El segundo es que precisamente al llevar a cabo esta labor de "purga" proposicional, pone de manifiesto hasta qué punto hay mucha gente en España haciendo Historia con el "encontrarse" (el ánimo patético) y el ambiente (el Man impersonal)...Acaso también haya alguno haciendo historiografía teniendo como brújula su cuenta corriente....Pero esto es algo totalmente anodino.

El artículo que ha incitado esta reflexión es:
http://www.libertaddigital.com/opiniones/opi_desa_26609.html
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