Se lo quieran ustedes creer o no las palabras en cursiva no son mías, fueron pronunciadas por nuestro presidente por accidente en su discurso de investidura, el 15 de Abril de 2004, en el Congreso de los Diputados:
Todo cuanto hagamos por ellos [las victimas del terrorismo] constituye una deuda democrática. No hay razón en el terrorismo; no hay sentido en el terrorismo; no hay política en el terrorismo. Sólo hay terror, muerte, chantaje. Sólo hay voluntad de someter, de sojuzgar, de destruir la moral de los hombres, de eliminar sus convicciones. (Glosa: aunque no se lo crean les juro que fueron sus ipsisima verba. Por si acaso es mejor que ZP no contraiga ninguna deuda con ustedes porque ya ve cómo se las gasta el sonrisas y sus secuaces con sus acreedores)
Porque el elemento esencial de la lucha contra el terrorismo es la unidad de los demócratas. Una unidad que se rompe cuando se trata de sacar rentabilidad política del terrorismo; que se rompe también cuando falta una solidaridad incondicional con las víctimas o cuando se contemporiza con los violentos; cuando se olvida que nadie es libre si no somos todos libres. (Glosa: En esa incondicional solidaridad con las víctimas está pensando precisamente el desalmado de Peces-Barba; “Sacrificos”, eso es lo que le piden a las víctimas, ¿y a los asesinos?¿Qué le reclamarán a los asesinos?)
Hay, ante todo, una exigencia de respeto a las promesas. Los ciudadanos nos exigen a los políticos que seamos fieles a nuestras promesas. Esta exigencia es, para mí, la más apremiante, la más obligada. Haré honor a la palabra dada. (Glosa: Se referiría a la promesa de no tocar el Estatuto que llegase de Cataluña, o esa, como todas las demás ¿también la va a incumplir? Suponemos que al rey le prometió “Guardar y hacer guardar la Constitución y las leyes”, pero ya saben la sentencia del antenicidio “hay que solventarla”)
Esto exige una acción de gobierno en la que nadie se sienta excluido; que escuche y atienda a razones; que explique siempre el por qué de cada decisión adoptada. Será un Gobierno que respete a los ciudadanos, que escuche las voces y las críticas por fuertes que éstas sean. (Glosa: suponemos que no se refería al Consejo de Estado, el Consejo General del Poder Judicial, ni siquiera al Consejo Consultivo catalán, cuando le han dicho que dudaban de la constitucionalidad de la Ley Orgánica contra la violencia de género, Reforma Código Civil en Materia matrimonio y adopción, del Proyecto LO Reforma Estatut, del Estatuto del Periodista sovietizado, Proyecto Reforma LO Poder Judicial con sus comisarios políticos llamados “jueces de proximidad”, del proyecto de reforma de la LO del Tribunal constitucional, de la ley de Televisión Digital Terrestre, del informe de la Abogacía del Estado sobre el Canal Quatro de Polanco, y suma y sigue…Por lo que se refiere a las explicaciones por sus actos pues ya saben, hasta es posible que nos las haya dado todas: que hacen lo que les sale por los cojones que para eso están en la poltrona y los demás que guarden silencio y dejen de dar la murga, como han reiterado respecto a la negociación con ETA, el incendio de Guadalajara, la invasión marroquí en Ceuta y Melilla…Todo un talante!)
No soy de los que creen que todo vuelve a comenzar con nuestra llegada al poder. Respeto lo hecho por el último Gobierno aunque haya discrepado sobre su interpretación de los intereses generales de España.(Glosa: será por eso que nada más llegar al gobierno retiró las tropas de Iraq, paralizó la ley de calidad de la enseñanza, el trasvase del Ebro, cambió la política exterior hacia Cuba, Venezuela, el pueblo Saharaui...)
Con este talante, quiero centrar la actividad del Gobierno en torno a los cinco ejes que he definido durante la campaña electoral: la renovación de la vida pública; una política exterior marcada por una visión europea y europeísta; un desarrollo económico sustentado en la educación, la investigación y la innovación que permita la creación de empleo estable; la puesta en marcha de nuevas políticas sociales para las nuevas necesidades de personas y familias;desarrollo y extensión de los derechos civiles y políticos, y del valor de la igualdad, para lograr una convivencia avanzada. (Glosa: ven ustedes por aquí alguna referencia a desmembrar España, romper con el principio de solidaridad –“ya nos hemos cansado de ser solidarios con España” o “se acabó la gallina de los huevos de oro” son aires que nos han venido estos días del Parlament-, ceder Ceuta y Melilla a Marruecos, no proteger nuestras fronteras, cambiar las principales Leyes Orgánicas del Estado sin el acuerdo con el PP, montar un espectáculo circense lacrimógeno tras el incendio de Guadalajara para acabarle dando un puestazo a la dimitida Consejera de MA –“yo no me aferro al cargo”, porque nos sobran los Altos Cargos, debió añadir-…Continuará, para desgracia de todos)
La Constitución fue obra de todos y es propiedad de todos. De todos. La Constitución ha cumplido, hasta ahora, su objetivo de convivencia en paz y libertad pues ha resuelto, en buena medida, los grandes problemas de la convivencia española. No hay razón alguna para poner en cuestión sus grandes opciones. Como ha servido, como nos ha servido a todos, la Constitución debe mantenerse y todos podemos y debemos defenderla. (Glosa: me remito a la primera glosa. Yo tampoco me lo puedo creer, pero así es este tipejo, un saco de mentiras incontrolable)
La legitimidad de las reformas estatutarias solo tiene, para nosotros, dos condiciones: el respeto a la Constitución y su aprobación mediante mayorías que supongan, al menos, un amplio consenso político y social. Porque la reforma estatutaria sólo tiene sentido si incrementa la cohesión social; nunca, si es un elemento de fractura, de confrontación, de división o enfrentamiento en el seno de una Comunidad. (Glosa: Si fuéramos un país civilizado habríamos tipificado esta forma de perjurio chabacano y podríamos reclamar la silla eléctrica para el PZ. Alguien debería ir pensando en lo que dice el art. 102 de la Constitución de España sobre la traición a la Patria cometida por el jefe de gobierno)