( CLXXVIII ) De genios sin lámpara.

Nunca quise hacerme mayor, recuerdo que mis amigos lo deseaban con todas sus fuerzas e incluso vestían para parecer mayor, yo nada, erre que erre.
No se si aquello fué premonitorio de lo que luego me encontraría, pero mi edad del pavo, por decirlo de alguna manera fué mi nivel de incompetencia.
Según las teorías de Peter, debía permanecer allí, pero cosas de la vida, ascendí en el nivel de incompetencia y he llegado hasta aquí, no sin cierto trabajo.
He pensado muchas veces, en los genios, pero cuando era pequeño, la lámpara la asociaba con la de la mesilla de noche, y no conseguía relacionar el genio con la energía eléctrica.
Ya, cuando la ví en un dibujo y me dijero que era una lámpara de aceite, pude respirar contento y darme cuenta que no me engañaban. Era mi imaginación dispersa la que confundía las cosas.
A partir de entoces, cualquier cachivache me parecía una lámpara y con disimulo la frotaba, ya imaginan el resultado, el pañuelo hecho un guiñapo.
Me consolaba pensando en que tres cosas le podía pedir al genio y que hicieran feliz, primero a mí y luego a la mayor cantidad de gente posible.
Imaginen lo que se les puede ocurrir. Desde el inagotable dinero a las mujeres mas bellas o los palacios más exquisitos.
Así que despues de miles de pañuelos desgastados y cientos de horas disfrutando de deseos imaginarios he llegado hasta aquí y los deseos se han ido suavizando.
Si hoy tuviera que hacer una redacción sobre los genios, aseguraría que el genio existe, que alguién le había robado la lámpara, que tenía una enfermedad infecciosa y esnifaba. Que probablemente tenía una hipoteca y que le iban a quitar puntos en el carnet de conducir alfombras, que había tenido una bronca en casa por olvidar el cumpleaños de su mujer unas horas, que estaba cerca de la jubiliación anticipada y que debdio a su color no le trataban como a los demás.
Quizá mi imagen de los genios se me ha deformado un poco pero de haberlos, seguro que son así.
Y lo peor es que el genio era bueno y quería hacer feliz a la gente que lo liberaba de su encierro.
Soy tan bruto que me he cargado a los buenos hasta en la imaginación.
Pertergrillo





