ausencia
AUSENCIA
Y con un nudo en el estómago vació su armario:
su ropa, su chándal del colegio, su mochila, sus zapatos…
Era navidad, y los supervivientes del dolor
cantaban y brindaban por el nuevo año.
Ya nunca más llegaría corriendo, a media tarde, en busca de su merienda,
ya nunca más se le quedarían pequeños los jerseis,
ya nunca más reverberaría su voz, ronca de pubertad,
como un calor de multitudes llenando la casa.
Miró por la ventana la calle cenicienta,
el eterno olor de la posguerra,
el viento helado que nacía en su corazón de madre,
y a lo lejos, como gritos sin voz, las cruces del cementerio.
El primer atardecer sin su pequeño.
Le parecía un milagro que todavía sus piernas la sostuvieran en pie.
¡Es tan difícil seguir entera,
conservar la voluntad en los tendones
y la tensión en los nervios!
¿Por qué es tan empecinada la vida?
Se preguntó de camino a la cocina,
cubiertos sus ojos por un negro velo.
Y con un nudo en el estómago vació su armario:
su ropa, su chándal del colegio, su mochila, sus zapatos…
Era navidad, y los supervivientes del dolor
cantaban y brindaban por el nuevo año.
Ya nunca más llegaría corriendo, a media tarde, en busca de su merienda,
ya nunca más se le quedarían pequeños los jerseis,
ya nunca más reverberaría su voz, ronca de pubertad,
como un calor de multitudes llenando la casa.
Miró por la ventana la calle cenicienta,
el eterno olor de la posguerra,
el viento helado que nacía en su corazón de madre,
y a lo lejos, como gritos sin voz, las cruces del cementerio.
El primer atardecer sin su pequeño.
Le parecía un milagro que todavía sus piernas la sostuvieran en pie.
¡Es tan difícil seguir entera,
conservar la voluntad en los tendones
y la tensión en los nervios!
¿Por qué es tan empecinada la vida?
Se preguntó de camino a la cocina,
cubiertos sus ojos por un negro velo.





