sigues ahí
¡AH, ¿pero todavía sigues ahí?
Pero si ya todos te dieron por muerta.
Hace tiempo que dejaste de servir
ni siquiera para hacer cosquillas a la conciencia.
Pareces un coche abandonado en un desguace,
con las ruedas pinchadas y las lunas polvorientas.
Por haberte enterrado viva
disculpas a tus hijos, a tus nietos y a tus nueras.
¡Ah, de la vida!, gritas en la oscuridad,
ni tu propio eco te contesta.
Al arrullo de la tele, con el corazón resquebrajado,
conduces la papilla a la boca con mano trémula.
Es tan perra la vida, pobre vieja, tan falsa, tan mísera, tan indigna,
que menos mal que no es eterna.





