viejo
VIEJO
Estaba sentado al sol, pálido, mirando al vacío, tal vez hurgando en el caos de su memoria en busca de trocitos de recuerdos, como si tratara de recomponer papeles rotos e ilegibles que ha dispersado el viento del olvido.
Era una tarde de un día cualquiera, quizás martes, o jueves, de otro día sin sentido, sin amor, sin humor, en un lugar extraño que olía a saumerio, frío, sin intimidad, en una cárcel de la que ya nunca saldría.
El vividor, el rey de la noche, el animador de todas las fiestas, el gran seductor. En otro tiempo hubo mujeres que habrían dado la vida por él.
“Que los hombres me teman y que las mujeres me amen” Había sido su lema de juventud.
Había visto tanto, vivido tanto... Pero ¿para qué?, se preguntaba ahora con la quijada trémula y las manos vacías.
La vejez llegó de forma subrepticia y traicionera, por las noches, mientras dormía, le fue robando el vigor, el encanto, el respeto, hasta que un buen día se miró al espejo y no se reconoció, la soledad rodeándole como un desierto de hielo y oscuridad donde no podía orientarse. Todo había ocurrido tan deprisa, quedaban aún tantos sueños irrealizados....Necesitaba más tiempo, tiempo que ya jamás tendría.
En los últimos días, antes de que sus parientes lo ingresaran para quitárselo de encima, se le había visto deambulando sin rumbo por las calles, encorvado, ridículo, apoyado en dos palos rugosos y deformes que usaba de muletas. Su casa llena de basura, su mente extraviada, rota, siniestrada, como un coche que se ha despeñado por un precipicio. Y en el horizonte sólo quedaba la muerte, como un pelotón de fusilamiento frente a él esperando la voz de fuego.
¡Qué pobre es la vida, paupérrima!, cualquier vida...
- ¡ Benavides, vamos, cariño, pasa a merendar!- Lo llamó desde la puerta una auxiliar, joven , voluptuosa y llena de vida, que olía a polen.
Benavides Trinitario Rufilanchas, setenta y cuatro años, domicilio Residencia Las Mimosas, tapicero jubilado, torero frustrado, una vida a medias como un círculo imperfecto, un infarto, dos ictus, desorientado, demente, dependiente, inútil total,...viejo.
Se incorporó con dificultad de la silla, y arrastrando los pies como un pato cojo, se dirigió al comedor.





