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calipso


A ELLAS

Si te hieren ¿es que no sangro?
Si te pellizcan ¿a mí no me duele?
Si te empujan ¿es que no caigo?
Si te besan ¿crees que no me alegro?
Y si te ofenden ¿acaso no me vengaré?





CALIPSO

Calipso fue una ninfa preciosa, blanca, tierna, absolutamente hermosa.
El amor la hacía resplandecer, su carne se nutría de brotes de savia,
de arroyos, de amaneceres, de besos, de pétalos de rosa.
Jamás tocó su juventud la suciedad de la muerte
ni las ruindades y los resentimientos del mundo.
Cuando amaba daba la vida.
En sus ojos, en sus labios, en sus pechos, en su sexo,
en todo su bello cuerpo que estaba hecho de pura alma,
fluía un néctar ardiente de fertilidad…¿cómo decirlo?,
un asombro religioso, un reflejo divino, un pálpito milagroso
que las palabras no pueden expresar.
Incluso la lascivia en ella era belleza,
y las palabras más obscenas, en sus labios se convertían en voluptuosos versos.
¡Fueron tantas noches de amor, de lujuria, de arrobamiento,
en aquella cueva junto al mar!
Pero Ulises tenía el corazón herido.
Y el mal de la añoranza ni el amor de una diosa lo puede curar.
Ya nunca habrá otra Calipso, porque no hay vida después de la vida.
Pero la hubo. Y uno solo de aquellos besos, justifica todo el dolor
de que suele estar hecho el corazón humano.






LA BUENA MUERTE

Estoy muy cansado.
Miro hacia delante y sólo veo cuestas empinadas.
Quiero detenerme y sentarme en una piedra
al borde del camino.
Ya no quiero seguir dando tumbos.
Son demasiadas caídas, demasiadas bifurcaciones equivocadas.
¡Este paisaje calcinado lo he visto ya tantas veces!
La hoja que al caer del árbol se mece,
el agua que se evapora,
la niebla que se desvanece,
son señales que evocan la esencia de todas las cosas,
son señales de LA BUENA MUERTE


No