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CORAZÓN ROTO
El viento del sur agostaba las hojas de los árboles con su aliento de fuego. Eran casi las nueve de la tarde y el aire ardía. Ardía el cemento de las aceras y los bancos de la plaza que habían sido lamidos por la lengua abrasadora del sol.
Estaban en la plaza sentados en un banco, a la sombra, junto a la oficina de la Caixa.
Los niños jugaban alrededor de la fuente y el chino del todo a cien permanecía parado en la puerta mirando los coches que pasaban por la calle Mayor.
- ¿Qué te pasa, Rubén?- le preguntó ella apremiante- ¿porqué no hablas?, estás raro últimamente, ¿te pasa algo conmigo?-
Él se quedó pensativo un momento. De repente contestó:
- Pues sí, Laura, ya no me hace ilusión como antes quedar contigo, tengo que pensarlo-
Ella se quedó paralizada como una liebre delante de los faros de un coche. Por lo general Rubén era amable y correcto, y nunca se hubiera esperado de él una respuesta así. El día anterior habían ido juntos al Retiro, a pasear y a comer un bocadillo y un refresco tumbados en el césped. A ella le gustaban esas cosas, cosas sencillas, sin aventuras arriesgadas, sin malicia ni intenciones ocultas. Jamás hubiera esperado de él una traición. Lo miró con la esperanza de que bromeara, pero al ver la expresión de su cara, una expresión de extraño que nunca antes le había visto, tuvo la certeza de que hablaba en serio.
- Me tengo que ir - Añadió él levantándose de repente del banco- mañana te llamaré-
Ella sintió que algo se desmoronaba dentro de su cuerpo. Le faltaba el aire, como a un boxeador que ya no puede más y por vergüenza no se tira al suelo. Intuía que aquel momento de pesadilla condicionaría el resto de su vida. Tal vez no se equivocara, aunque con sólo quince años la vida le guardaba aún muchos y muy dolorosos golpes. Algunas vidas, incluso, se forjan a golpes.
- ¿Entonces ya no me quieres...?- Preguntó ella en un tono fatalista.
Mientras con angustia esperaba la respuesta, el viento del sur golpeó su cara con su tralla de arena ardiente.





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