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la distancia más larga
relatos
Sindicación
 
a las puertas de la locura


DEJAN un regusto de distancia tus besos,
como si tus labios fueran de cartón piedra,
de corteza muerta, de adiós, de silencio, de acero.
Navegamos en un barco de papel a la deriva,
a merced de una lucha de corrientes
que nos traen, nos llevan, nos aplastan, nos alejan, nos zarandean.
Y tú cada día más lejos,
como un árbol que tras la ventanilla del tren
se va volviendo más y más pequeño.
Ya no nos queda tiempo para nosotros,
nos da vergüenza hablar de aquellos sueños
que nos unían y nos redimían de la miseria.
Corremos a nuestras obligaciones,
giramos en la noria hueca de la rutina,
y nos negamos tres veces
antes de que cante el gallo del amanecer.
Éramos un par de tontos
paseando de la mano por las vías del tren,
pero me hacías sentir tan vivo...
Nunca me reconocí
en el bruñido espejo de la sensatez.









¿EXISTIÓ alguna vez aquella Itaca que tanto añoras?
Eres rey de un sueño, de un pueblo de sombras,
de volutas de humo, de corrientes de aire,
de castillos de arena que se tragan las olas.
Te sientas al atardecer en las rocas del acantilado
vencido por el peso de tu soledad.
Nunca volverás a Itaca ni por tierra ni por mar.
Jamás construiste aquel caballo de Troya
capaz de atravesar los corazones acorazados.
Héroe de un cuento de páginas amarillentas,
en un rincón de un polvoriento anaquel olvidado.
Es de tu talla ese disfraz de mendigo
bajo el que deambulas perdido
a las puertas de la locura.


No