flores de pecado
Y DE repente vuelve la vida,
como la lluvia a un árbol a punto de secarse.
Se llenan de oxígeno las venas,
reverdecen las cenizas,
saltan los ríos sobre las piedras,
y con apósitos de besos
se van curando las heridas.
Ya sé que estos milagros son breves,
pero cuando te alejas por ese bulevar de panteones,
un trozo de ti, de tu carne viva
se queda conmigo para siempre.
Y DE repente ardes, con llamas de luz,
con ardor de savia.
Mientras todo a tu alrededor son cenizas,
tú creces con voluptuosidad de selva,
hierves, lates, enrojeces, te dilatas,
y aunque esté lejos de ti
me alumbras, me nublas, me enciendes, me incendias,
me quemas, me avivas, me abrasas, me prendes
de lujuria, de locura, de demencia, de hambre, de ansia.
Tu belleza hinchada de oscura claridad,
de misterio, de peligros, de milagros.
Ardes como la lava sobre el agua.
Bajo la tierra germina la semilla
y en tu carne el amor abre flores de pecado.





