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¡DEJADME EN PAZ!

- ¡Serafín! ¡Serafín!- gritó a través del cristal roto de la ventana una mujeruca con la cabeza coronada por una especie de peluca barroca y casposa de color calabaza- ¡Serafín, abre, hermoso, somos la Madre Coraje!-
En el interior de la casa, entre escombros, trastos viejos y basura amontonada, un hombrecillo con una gorra visera de una marca de fertilizantes, dormía tirado en el suelo.
-¡Serafín! ¡Serafín!-
En la plaza, dos viejos con boinas raídas jugaban a meter la moneda en la rana. Un niño que parecía moro, rapado casi al cero y con un flequillo de visera, observaba el juego como si no existiera otra cosa en el mundo, y contorsionando el cuerpo para ayudar a la moneda a entrar, exclamaba ¡uyyyy! cuando la moneda pasaba rozando la boca de la rana.
- ¡Serafín! ¡Serafín!-
Dos muchachos con aspecto de macarrillas, que llegaron haciendo ruido en una moto, se acercaron a un banco de madera envejecida tatuada con multitud de iniciales, donde una chica con gafas, dientes prominentes y expresión bobalicona de novicia, leía un libro sentada al sol.
- ¡Hola, Ana!- la saludaron cariñosamente.
- ¿Qué has comido?- Le preguntó uno de ellos con un lejano matiz de ironía.
- Nada, ¿por qué?- Dijo la chica mirándolos con timidez a través de sus gafas de aumento.
- Porque tienes azúcar en la boca-
La muchacha se puso colorada y, angustiada, se limpió con la manga la comisura de los labios.
-¡Serafín! ¡Serafín!-
-¡Dejadme en paz!- Gruñó por fin el durmiente, removiéndose entre la basura y las botellas vacías de wisky Dick.
- ¡Te vamos a llevar a un sitio donde vas a estar mejor, Serafín!-
- ¡Yo no me voy a ningún sitio, cojones, yo sólo quiero que me dejen en paz!-
- Es que es un etílico crónico ¿sabes?,- comentó a quien quisiera oírla una vecina que se parecía a Olivia, la novia de Popeye- nada, hija, to to todos los días la misma historia, tengo que fregar la puerta con zotal del mal olor que sale de ahí dentro, ¿eh?, ¡qué dices!, peor huele la mierda, leñe, lo sa jodío, mira, un día salieron hasta cinco ratas, ¡cinco! (mostró los dedos de una mano), fueron juntas hasta los contenedores de basura y después volvieron a entrar por la ventana, esta situación no se se puede soportar ya más, leñe, uhhhh, y el caso es que antes era un buen hombre, el Serafín este de los cojones, pero cuando perdió el trabajo, creo que era representante de colchones Lo Mónaco o comercial de cafés o algo así, y la mujer lo abandonó llevándose a la niña, se hundió por completo en la ciénaga de la bebida y las mujeres malas, y en en encima a su madre se la encontró muerta una noche que volvía borracho del puticlub, tirada en el suelo por un ictus que le dio a la pobre y con el gato allí lamiendo el cadáver, se debió de sentir culpable, desde entonces ya ni siquiera es un hombre, leñe, es una piltrafa, un arangután, algunas veces hasta se le oye rugir como un animal-
- ¡Serafín! ¡Serafín!-
Una muchacha de cara aniñada y cuerpo voluptuoso, que pasaba por la calle empujando una carretilla, se quedó mirando la escena con sus ojos grandes y hermosos.
-¡Vamos, Serafín, hijo, ábrenos la puerta!-
Serafín se tapó con una manta mugrienta y dándose la vuelta intentó seguir durmiendo entre la basura de la que ya formaba parte. Eran sólo las doce del medio día. ¿Qué hacía toda aquella gente levantada tan temprano? Madrugan na más que pa tocame los cojones a mí, pa vivir así es mejor estar muerto ¡joder!, grrrrr....pffff....grrrrrr....pffffff.....
- ¡Serafín! ¡Serafín!....¡¡Serafíííín!!!-
Un avión surcó el cielo sobre la plaza, dejando una estela de humo que se fue desvaneciendo como la ilusión en el corazón humano.









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