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la distancia más larga
relatos
Sindicación
 
rosa

Cuando hago el recuento de mis amantes, nunca me acuerdo de Rosa.
No sé qué tenía, o qué no tenía, que me moría a su lado.
Era maestra, y hablaba y hablaba para llenar los silencios
hasta que mi cabeza no podía más.
No carecía de belleza, ni de bondad, ni de ternura,
pero nunca tuvo suerte en el amor.
Acabé jugándomela a los chinos con unos amigos borrachos,
como si ella no valiera más que entre todos nosotros juntos.
Se alejó entre el neón de los bares de la calle Huertas
y ya no volví a verla.
Supe por su hermana, psicóloga a la que también intenté seducir,
que seguía buscando el amor a través del Segunda Mano:
inmigrantes que pretendían prosperar, vividores, mal casados…
Era una buena chica y una buena persona, ese era su defecto,
con un culo como pocos. esa era su mejor virtud.
Vivía con sus padres.
Tal vez era demasiado ingenua, no sabía seducir porque carecía de maldad,
y tengo entendido que el de la seducción es el arte más maléfico.
Su reino no era de este sucio mundo.
Pertenecía a un cuento de colores puros, palabras sinceras y manos abiertas.
Por ahí seguirá todavía, con sus gafas sobre sus ojos claros,
de anuncio en anuncio, de fracaso en fracaso,
rodeada de niños en el aula,
rodeada de soledad en el mundo,
entregando su corazón virgen, a pesar de los desengaños.



No