<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1" ?><rss version="2.0"><channel><title><![CDATA[la distancia más larga]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/fotogramas/rss20.xml]]></link><description><![CDATA[relatos]]></description><language><![CDATA[ES]]></language><generator><![CDATA[http://www.ya.com]]></generator><item><title><![CDATA[al borde del acantilado]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/fotogramas/c_223.htm]]></link><description><![CDATA[<br/><br/>LA copa de vino, en tu mano delicada,<br/>irradiaba destellos bajo la tenue luz,<br/>como tu cara, mientras me hablabas de no sé qué cosas.<br/>Yo te miraba con una oscura inquietud metafísica,<br/>sintiendo que todas las cosas de la vida son efímeras,<br/>como un desmontable escenario de cartón piedra.<br/>Llegará un día, nadie podrá evitarlo,<br/>en que entre nosotros se interpondrá  <br/>un cementerio de silencio y distancia.<br/>¿Qué significado tienen estos momentos cómplices,<br/>esta avaricia de amor,<br/>esta profusa lujuria que me ata a ti<br/>como si fueras el aire que necesito respirar?<br/>El camarero trajo la cuenta,<br/>y volvimos al irracional mundo de las sombras,<br/>yo de tu mano, intentando como siempre,<br/>orientarme con el fanal de tus ojos sensuales.<br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/>AL BORDE DEL ACANTILADO<br/><br/>- Dicen que es bueno llegar a viejo- dijo una vieja con una nube en un ojo y la boca medio desdentada- pero yo creo que no, hermosa, los viejos no tenemos más que achaques y dolores, y recuerdos que no te dejan vivir, yo ya he enterrao a un hijo con cuarenta y cuatro años, murió de cáncer de pulmón, el pobre mío, tenía ya la metástasis en la cabeza, era ingeniero aeronáutico, el más impotente de Construcciones Aeronáuticas, ¿sabes hermosa?, entró en la empresa con dieciocho años hasta que se murió, los jefes lo querían mucho, uuuuy, a su entierro vinieron todos, era mu listo y mu bueno mi Venancio, ojalá hubiera muerto yo en vez de él, desde que se conciben, los hijos son lo más importante, el amor a los hijos es la mayor verdá, encima la puta de su mujer, porque no tiene otro nombre, que Dios me perdone, se volvió a casar enseguida, con lo que lloraba en el entierro y los besos que le daba a la caja...-<br/>- ¡Cierra la puerta, hostias, que hay corriente!- Gruñó un viejo, con raídas zapatillas de paño, desde su silla de ruedas.<br/>Los viejos estaban expuestos en el porche, a la sombra, en grupo. Todos trémulos y tristes, sin nada que hacer salvo esperar morirse, débiles, frágiles, vulnerables, como figuras de cristal en el borde de una mesa. <br/>- Ahora te encuentro mucho mejor, doña Sarita, je, je, je, porque estos días de atrás estabas ahí que te ibas que no te ibas-<br/>- Yo me voy a ir con mi hijo unos días a Cáceres, yo todavía puedo apañarme, puedo barrer, si tengo que guisar guiso, voy a comprar, me apaño sola, pero usted doña Piedad, tiene que tener siempre una persona encima-<br/>Doña Piedad estaba deprimida porque le habían cortado el pelo como a una presa y porque nadie de su familia venía nunca a verla. Siempre le prometían por teléfono que vendrían para llevársela y siempre la engañaban. Y así pasaba los días, entre la esperanza y la desilusión. <br/>A un viejo con dodotis se le empezó a caer la baba, a su lado pasó una rolliza auxiliar, joven y hermosa, como una corriente de aire fresco atravesando aquella atmósfera enfermiza y decadente. <br/>- Tómese el zumo, don Manuel, que se le va a calentar de tanto menearlo en la mano-<br/>Don Manuel permanecía apartado del grupo, sentado en una silla, apoyado en su andador. Nunca hablaba con nadie. La gente, por lo general, le parecía estúpida y malvada, una especie inferior.<br/>- En eso somos iguales, don Manuel, todos tenemos que morirnos algún día, je, je, je, es la única verdá en esta vida, todo lo demás es mentira, hasta que todo es mentira es mentira, je, je, je - Le dijo una vez riendo un imbécil leporino al que le faltaba un diente. Don Manuel sintió un escalofrío, le repugnaba ser como los demás. Aunque por un lado deseaba morirse, por otro tenía un miedo insuperable a la muerte, a dejar de existir, a dejar de ser Don Manuel López, con toda su vida a cuestas, con todas sus aventuras pasadas, con su yo superlativo, un superyo con incontinencia urinaria y párkinson. Así que permanecía sentado al borde del acantilado, esperando acontecimientos. Mientras tanto malcomía, maldormía, se cagaba, y rechinaba los dientes sin comprender para qué había nacido y porqué tenía que morirse y perderlo todo. <br/>- Este tiempo es bueno para segar garbanzos, como el aire está húmedo los garbanzos no se desgranan- Dijo un viejo renegrido y cejijunto. <br/>- Mira, esa que viene por allí es la Aguedita, su madre, doña Esperanza, siempre la está llamando, se despierta a las cuatro de la mañana y se pone a llamarla a gritos ¡Aguedita! ¡Aguedita!, no hay quien duerma con ella, josus, pues ala, ahí la tienes, a ver si te saca de aquí y nos dejas en paz a todos de una vez.-   <br/>La auxiliar rolliza pasó entre los viejos meneando su voluptuoso culo. También ella, probablemente, algún día se haría vieja, aunque ahora todavía no tuviera conciencia de ello, los hijos se le harían mayores, de manera imperceptible empezaría a abandonarla la belleza, la salud, y cuando quisiera darse cuenta el tiempo la habría secado como a una rosa en un jarrón sobre el alfeizar de una ventana. Después, un buen día, de madrugada seguramente, moriría, porque a todo el mundo le toca morir, es un proceso natural, cuando a los chicos les empieza a salir el bigote y a las chicas a crecer las tetas, la muerte ya va implícita. Ningún sabio ha sabido jamás explicar convincentemente porqué las cosas son así. <br/>- ¿Ya ha acabado la misa?- Preguntó la vieja a la que se le había muerto el hijo aeronáutico. <br/>- Si, si, si- contestó doña Sarita maquinalmente, mirándose las uñas pintadas de los pies- ahora hay anuncios otra vez.<br/><br/><br/><br/><br/>ESTARÍA siempre así, dentro de ti,<br/>en comunión perfecta con tu divino cuerpo.<br/>Generando vida, jugando con la muerte,<br/>fundidos en un mismo fuego.<br/>Sin más conciencia que la de tu honda belleza,<br/>que la de tu frágil abandono,<br/>que la de los húmedos gemidos de tu corazón abierto.<br/><br/><br/>]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(eugenio lópez garcía)]]></author><pubDate><![CDATA[Tue, 30 Jun 2009 08:37:39 GMT]]></pubDate></item><item><title><![CDATA[inframundo]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/fotogramas/c_222.htm]]></link><description><![CDATA[<br/>INFRAMUNDO<br/><br/>No había árboles, ni plantas, ni pájaros, sólo tierra seca que ardía bajo el sol. Tierra estéril, dura, áspera, sobre la que se alzaba una paupérrima choza de adobe, como un forúnculo de miseria en la costra agrietada de un estercolero. <br/>Un hombre escuálido, sucio, desarrapado, con unos ojos de animal asustado en un rostro que parecía también de tierra seca y yerma, se asomó entre unas desgarradas cortinas de esparto a contemplar las polvaredas que el viento ululante levantaba en el desierto.<br/>En lo alto el sol, inmutable, implacable como una sentencia de muerte, rabiosamente abrasador, deteniendo el tiempo, estrangulando el espacio, desecando el aire. <br/>Se oyó el deprimido ladrido de un perro famélico que roía un hueso fosilizado, junto a la cruz vencida de una tumba.<br/>Tras un tiempo que contenía varias eternidades, el hombre, el infrahombre, volvió a replegarse al fondo de la oscuridad, como un insecto que se esconde del mundo en un angosto agujero excavado en un montón de estiércol. <br/>Había perdido la esperanza. Seguía asomándose todos los días por absurda inercia, pero en el fondo de su corazón disecado sabía que aquella brisa que un día sintió, como un milagro, como un aroma vivificante, como una presencia de mujer, jamás volvería a pasar por su puerta. <br/>A veces la vida es sólo una muerte disfrazada de subsistencia.<br/><br/><br/><br/>]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(eugenio lópez garcía)]]></author><pubDate><![CDATA[Thu, 25 Jun 2009 10:00:50 GMT]]></pubDate></item><item><title><![CDATA[matices]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/fotogramas/c_221.htm]]></link><description><![CDATA[<br/><br/>VÁMONOS, le dije al taxista con la voz rota,<br/>como si gritara fuego frente a un pelotón de fusilamiento.<br/>Ardiendo de dolor, <br/>callando por orgullo,<br/>me alejé de ti en aquel coche fúnebre<br/>que me alejaba de todo lo vivo.<br/>En el retrovisor estallaban rosetones pirotécnicos,<br/>música y voces de juventud, de vigor, de fiesta.<br/>En contraste mi cara, cetrina, aviejada,<br/>ridículamente inexpresiva como la de un muerto,<br/>como la de un muerto enterrado vivo<br/>que arañaba por dentro mi piel<br/>luchando en vano por salir de nuevo a tu luz.<br/>He conocido a lo largo de mis viajes tantos matices del dolor...<br/><br/><br/>]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(eugenio lópez garcía)]]></author><pubDate><![CDATA[Tue, 23 Jun 2009 08:22:10 GMT]]></pubDate></item><item><title><![CDATA[cuentas pendientes]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/fotogramas/c_220.htm]]></link><description><![CDATA[<br/><br/>CUENTAS PENDIENTES<br/><br/>“¡Son las nueve cuarenta y cinco de la mañana, las ocho cuarenta y cinco en Canarias. Hablemos ahora de las vacas locas...”<br/>Se situó en el carril derecho, detrás de una furgoneta del Mercadona. Iba demasiado cargado para adelantar, así que, con paciencia, siguió la estela de la furgoneta. Abandonó la M 40 y tomó el desvió a la carretera de Burgos, tenía que estar en el Carrefourd del centro comercial Plaza Norte antes de las diez, por suerte no había demasiado tráfico. <br/>El negocio del papel le iba bien. Le gustaba el olor del papel, el tacto de las resmas retractiladas, el sonido de las cajas apilándose en cúbica arquitectura.<br/>Se miró en el espejo retrovisor. Aniceto Caldetas, cuarenta y nueve años. Casado. Dos hijos, chico y chica. Autónomo. Pequeño empresario del gremio del papel. Dos hipotecas, sobre su piso en Valdemoro y sobre el apartamento de la playa de la Mata en Torrevieja. Abriéndose camino en la vida, tras duros años de trabajos precarios, desde camarero hasta guarda de obra. Sonrió. Parecía que por fin las cosas le empezaban a ir bien. Al sonreír se le veía el hueco de un diente que le faltaba. El sol le daba en la cara. No era guapo, que digamos, pero era fuerte, se parecía vagamente al Algarrobo. <br/>La furgoneta del Mercadona aminoró la marcha. Se disponía  a adelantarla, cuando de repente le dio el primer mareo. La vista se le nubló, sintió destellos en la cabeza, hilos que parecían espermatozoides bailando delante de los ojos. Como pudo se echó al arcén. Los coches que venían detrás comenzaron a pitar. Detuvo el camión y se bajó dando tumbos. Estaba perdiendo la noción del tiempo y del espacio. Los músculos no obedecían sus órdenes. Se apoyó en el quitamiedos e intentó pedir socorro. No podía mover los brazos, no podía gritar. Perdió el conocimiento desplomándose sobre el quitamiedos, medio cuerpo en la cuneta, las piernas y los brazos colgando, parecía un trapo viejo puesto a secar al sol. <br/>Los coches aminoraban la marcha para mirar, aunque nadie se detenía. Al cabo de un tiempo recuperó otra vez la conciencia, pero seguía sin poder moverse. Entonces tuvo la certeza de que se estaba muriendo, una nube negra de muerte invadía su cerebro. Dios mío, pensó lleno de pánico, no puede ser, a mí no, no es justo, no es justo, ahora no, Dios mío, ahora no, no puedo dejar aquí el camión con tanto papel, y qué va a pasar con el negocio, encontrarán las revistas pornográficas que tengo escondidas en la guantera, pensarán que soy un viejo verde, mi mujer y los niños se avergonzarán de mí, además tengo sin pagar el número del camión y mañana se acaba el plazo, joder, le he prometido a mi hermano que comería hoy con él para celebrar lo del embarazo de su mujer, Dios mío, tengo todas las tarjetas de crédito en el bolsillo de atrás, en la cartera, me quedan tantas cosas por hacer, ahora que me empezaba a ir bien el trabajo, y qué va a pasar con las hipotecas, con el viaje de Sonia a Irlanda este verano, no puedo dejar tantas cosas a medias, tantas cuentas pendientes, un año, Dios mío, dame aunque sea un mes para poner mis asuntos en orden, una semana, un día,....la vida... es una estafa.   <br/>Volvió a perder el conocimiento, esta vez definitivamente. La ambulancia, como siempre, no llegaría a tiempo. <br/>Un camión cargado de chatarra pasó rugiendo en dirección a San Chinarro. El conductor parecía un simio. En la cabina, por encima del parabrisas,  llevaba pegado el poster de una rubia con unas tetas increíbles. Eran las diez y cuarto de la mañana. <br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/>MIENTRAS todo se apaga, tu cuerpo se enciende.<br/>Mientras todo se hiela, tu cuerpo arde.<br/>Mientras todo se marchita, tu cuerpo florece.<br/>Mientras todo recela, tu cuerpo ama.<br/>Mientras todo se hunde, tu cuerpo crece.<br/>Mientras todo se acaba, tu belleza vive.<br/><br/><br/><br/>]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(eugenio lópez garcía)]]></author><pubDate><![CDATA[Wed, 10 Jun 2009 17:16:34 GMT]]></pubDate></item><item><title><![CDATA[cabos sueltos]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/fotogramas/c_219.htm]]></link><description><![CDATA[<br/><br/>CABOS SUELTOS<br/><br/>¿Qué fue de ti? ¿Dónde vives ahora?<br/>De repente lo dejaste todo y te marchaste <br/>por esos mares siguiendo un sueño.<br/>¡Tú siempre con tus locuras!<br/>Dicen que por fin encontraste <br/>el fuego sagrado del amor.<br/>Otros, por el contrario, dicen<br/>que al atardecer te invade la melancolía<br/>y te sientas en el acantilado<br/>añorando tu patria.<br/>¿Recuerdas nuestros paseos entre los olivos?<br/>¿Recuerdas el color de aquellas tardes<br/>cuando soñábamos juntos?<br/>Todavía sigue verde aquel árbol<br/>que planté para que te guiara <br/>en tu camino de regreso.<br/>Aunque, no sé porqué, me dice el corazón<br/>que día tras día te irás alejando más<br/>en tu vieja barca llena de soledad<br/>y de cabos sueltos.<br/><br/><br/>]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(eugenio lópez garcía)]]></author><pubDate><![CDATA[Tue, 02 Jun 2009 08:08:50 GMT]]></pubDate></item><item><title><![CDATA[las gafas de rayos x]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/fotogramas/c_218.htm]]></link><description><![CDATA[<br/>LAS GAFAS DE RAYOS X<br/>Salvador Ronquillo fue siempre un muchacho raro. Mientras los demás muchachos pensaban en el fútbol o en ligar con las chicas en la discoteca, él permanecía encerrado en su cuarto, en otra dimensión, a salvo en su mundo, perfeccionando sus inventos. Un día se presentó en el  colegio con un extraño artilugio cubriéndole la mano derecha, una especie de garra de metal que se activaba mediante un interruptor conectado a una batería que llevaba atada al pecho, imitando la garra de algún superhéroe de los cómics que leía. Todos se rieron de él, pero no le importó mucho, estaba acostumbrado. Inventó también unos zancos psicodélicos con unos botes de tomate, una máquina de pinball con gomas y pinzas de la ropa, una bicicleta autopropulsada con el motor de una lavadora, extraños instrumentos musicales, una línea telefónica con unos envases de yogures, etc, etc. Para algunos era un genio, para la mayoría, por el contrario, se trataba simplemente de un imbécil.<br/>Pero nadie podía sospechar la trascendencia del último invento que se traía entre manos. Un invento a la altura de la bicicleta, del internet o de la viagra.<br/>Dominado por su obsesión, trabajaba día y noche sin descanso. Su madre llegó a sospechar que se había vuelto loco. Pasaba todo el tiempo encerrado, sin comer, sin dormir, pálido, febril, desencajado. ¡Hasta que por fin lo consiguió!: Había inventado unas gafas de rayos x para ver a las chicas desnudas a través de la ropa. <br/>Temblando de emoción y de ansiedad, salió a la terraza para probar su invento. Se fijó en la dependienta de la tienda de ropa de niños que había en la esquina, una muchacha morena y voluptuosa, de rasgos infantiles, ojos grandes, nariz pequeña y labios carnosos, de piel blanca y pelo largo, que le gustaba desde hacía tiempo. Estaba cambiando el escaparate, a gatas, intentando alcanzar un vestido rojo para sustituirlo por otro de color verde. Salvador se puso sus gafas de ver desnuda y la cazó de lleno en aquella postura felina y seductora, con la grupa ondulada, aquellas formas rotundas, henchidas, tremendas, la sombreada herida del sexo adivinándose entre las nalgas ofrecidas, los pechos duros y grandes cuyos pezones rosas y erectos rozaban una cabeza de maniquí, el pelo derramándose por la espalda. Tuvo que masturbarse cinco veces seguidas para poder soportar aquella visión lujuriosa, imposible, espasmódica, divina.  <br/>A partir de entonces, todos los días se echaba a la calle con su bicicleta y sus gafas indiscretas en busca de mujeres guapas a las que desnudar con la mirada. Con aquellas gafas estrafalarias de grandes cristales ahumados y redondos, parecía una especie de mosca humana sobre ruedas. Todo el mundo se reía de él, aunque era él quien en realidad tenía motivos para reírse de todo el mundo. <br/>- ¡Qué miras, payaso!,- lo increpaba un grupo de chicas que hacían el botellón en el parque- ¡de qué coño te ríes, subnormal!-  <br/>Pero en esta vida todo acaba por saberse. Primero fueron sospechas, rumores, hasta que por fin alguien, no se sabe cómo ni como no, adivinó lo que se traía entre manos el loco de Salva. <br/>Los demás chicos empezaron a pedirle prestadas las gafas, incluso le ofrecían dinero, los que siempre lo habían tratado con crueldad o con desprecio empezaron a hacerse amigos de él, todo en vano, Salva no se desprendía de sus gafas ni para dormir. <br/>Sólo miraba a las guapas, cuando se topaba con alguna fea, desviaba la mirada hacia otro lado. <br/>- ¡Me ha mirado, ay mi madre, me ha visto desnuda!-<br/>- No, no te preocupes, Rocío, yo creo que me ha mirado a mí-<br/>Cuando, al caer la tarde, los grupos de adolescentes tomaban el bulevar, en medio del bienestar vivificante que traía la brisa de la primavera, de repente alguien daba la voz de alarma:<br/>-¡Que viene, que viene el mirón!-<br/>Las chicas empezaban a gritar y, tapándose con las manos sus partes erógenas, corrían despavoridas hacia los portales, como si huyeran de la vaquilla en los encierros de las fiestas. Entonces aparecía Salvador como una centella, bajando la calle con su bicicleta a toda velocidad, para aprovechar el factor sorpresa, girando la cabeza a un lado y a otro en busca de alguna víctima rezagada.  <br/>Una vieja que no podía correr se puso a insultarle:<br/>- ¡Sinvergüenza, asqueroso, zángano!-<br/>Tal vez indignada porque había pasado a su lado sin fijarse en ella. <br/>Mientras en el parque las parejas se besaban junto al estanque, bajo los sauces, besos húmedos, concretos, reales, Salva regresaba a su casa con la retina llena de tetas, culos, coños, muslos, cuerpos esculturales y maravillosos, carne joven y fresca, excitante, subyugante, platónica. El sol se ponía tras las tapias del cementerio, y Salvador pedaleaba subiendo las cuestas, sintiéndose, sin saber porqué, un poco triste, un poco solo, un poco irreal con toda aquella aventura. Tal vez la mayoría de la gente tuviera en el fondo razón con respecto a él.<br/><br/><br/> <br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/>EL MATÓN<br/><br/><br/><br/>]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(eugenio lópez garcía)]]></author><pubDate><![CDATA[Thu, 28 May 2009 10:12:34 GMT]]></pubDate></item><item><title><![CDATA[la otra orilla]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/fotogramas/c_217.htm]]></link><description><![CDATA[<br/><br/>LA OTRA ORILLA<br/>El viento empujó las velas<br/>y la tierra se fue quedando atrás:<br/>los caminos, los tejados,<br/>las calles por las que había andado,<br/>los labios que había besado,<br/>el barro al que había dado forma con sus manos.<br/>Los brotes rompían la piel de la tierra<br/>y en el cielo las estrellas<br/>seguían su curso inescrutable. <br/>Lo fue envolviendo un atronador silencio<br/>y el vértigo de la inmensidad.<br/>Quedaron tantas cosas por hacer,<br/>tantas cosas por olvidar...<br/>En la playa desierta, impasibles, obsesivas,<br/>iban y venían las olas del mar. <br/><br/>]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(eugenio lópez garcía)]]></author><pubDate><![CDATA[Sat, 23 May 2009 10:35:45 GMT]]></pubDate></item><item><title><![CDATA[no te vayas]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/fotogramas/c_216.htm]]></link><description><![CDATA[<br/><br/><br/>¡NO te vayas!, <br/>me pides tendiendo hacia mí tus manos infantiles.<br/>Siento que bajo mis pies la tierra me falta,<br/>que pierdo ese rincón de sol<br/>que hasta los perros tienen,<br/>que el viento arranca de cuajo<br/>las velas de mi barca,<br/>que no soy yo sino el devenir<br/>quien mis pasos arrastra,<br/>que viéndote llorar <br/>mi corazón se muere.<br/><br/><br/>]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(eugenio lópez garcía)]]></author><pubDate><![CDATA[Tue, 12 May 2009 14:52:38 GMT]]></pubDate></item><item><title><![CDATA[el beso]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/fotogramas/c_215.htm]]></link><description><![CDATA[<br/>EL BESO<br/><br/>Se había levantado para ir al servicio. Ella se quedó mirándolo, con esa nuca ancha y peluda, los andares de hipopótamo, la calva brillante, la barriga prominente, el olor a sudor rancio y el aliento a alioli. ¡Qué asco!, pensó componiendo un rictus agrio con sus labios dulces y carnosos. Y además de un guarro era un tacaño, dijo que la invitaba a cenar y la había traído a un macdonal, ¿Para eso la pobre había recorrido miles de kilómetros desde Ecuador hasta España, para acabar cenando en un macdonal? Representante artístico, representante artístico de su padre, que hombre tan raro. Ella era una joven muy guapa, muy atractiva, en su país la pretendió hasta un licenciado, se merecía algo mejor que aquella especie de orangután cursi, pero en fin, tampoco estaba la vida como para andar eligiendo, y a puta, por un prejuicio absurdo, no quería meterse, al menos mientras pudiese evitarlo, todo fuera por su niña, la miseria tiene garras que te destrozan de un zarpazo. Cómo son estos españoles, pensó con una sonrisa maternal y un poquito irónica en sus ojos francos, torpes, feos, cerriles, pero tienen dinero, mijita, y sin dinero nadie puede vivir.<br/>En la mesa de la izquierda una vieja muy gorda con los ojos desorbitados, estaba diciéndole a otra vieja arrugada de pelo plateado que chupaba un helado de leche merengada:<br/>-Me levanté de la siesta a las cuatro, como todas las tardes, y cuando salí al porche para ponerla a andar un poco, porque la doctora le dijo que tenía que hacer ejercicio por el corazón, vi que no estaba, me dijo Pilar se la han llevado en una ambulancia, digo ¿en una ambulancia?, dice sí, luego ya me enteré de que se había muerto y la habían enterrado, pero a ver, hija, así es la vida, todos nos tenemos que morir algún día queramos o no, unos antes, otros después, pero todos, los gatos, los perros, los lagartos, las culebras, las mulas, el papa, todos, y también otros nacen, por eso la vida nunca se puede acabar por muchas epidemias que haya-<br/>El orangután volvió del servicio con una sonrisa estúpida en su rostro abotargado. De repente, cuando estaba junto a la mesa, cayó de rodillas al suelo. Ella pensó que se había tropezado.<br/>- ¡Uy, papito, cuidado, ¿te has hecho daño?!-<br/>Pero no, en realidad se había arrodillado en un arrebato novelesco, como un caballero andante ante su dama. Ay estos españoles, pensó la instintiva muchacha, cuando están con una sudamericana, a poco linda que sea, ya están recurriendo al tópico del noble caballero, como si nosotras no supiéramos de qué va la vaina,  porque  de nobles, por lo general, con esos rostros plebeyos, esa mirada pícara y oblicua,  y esa educación de establo, estos sólo tienen la soberbia.<br/>- ¡Soledad!,- le pidió con voz tierna y emocionada, un poco chillona y de falsete, por cierto (“este ya ha caído”, pensó entonces la chica con premonitoria intuición femenina)- ¿quieres casarte conmigo y estar juntos el resto de nuestras vidas, juntos en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, hasta que la muerte nos separe?-   <br/>Soledad se quedó paralizada, hechizada como una liebre delante de los faros de un coche, cohibida, no sabía a ciencia cierta si aquel chalado huevón le hablaba en serio o estaba representando una comedia. De repente, el caballero, no se sabe de donde, sacó una biblia de Jerusalen en una mano y una cajita aterciopelada en la otra. Abrió la cajita y extrajo una alianza, que parecía usada porque brillaba poco y hasta tenía pegotes de mugre. En la mesa de al lado, un individuo con gafas remendadas con papel celofán y los cristales turbios a través de los cuales parecía imposible ver nada, se quedó mirando la escena boquiabierto. <br/>- Soledad, mi vida, yo cuidaré de ti y de tu hija que ya es como si fuera mía, aunque quiero tener mis propios hijos contigo, pon la mano sobre esta biblia y júrame amor y fidelidad y acepta a cambio esta alianza que nos unirá para siempre- <br/>El rostro sensual de la muchacha estaba embellecido por un rubor voluptuoso, cuyo calor podía sentir su amante arrodillado. <br/>- Ay, papito, júreme que habla en serio- <br/>Entonces el papito se incorporó como una mole animada, (“qué va hacer ahora”, se preguntó la muchacha con sus grandes ojos asustados y una risa nerviosa iluminando su cara) y abrazando a su amada con fuerza, pegó sus labios con los de ella, en un beso de pasión que sellaba aquel trascendental compromiso de amor eterno. <br/>Ella volvió a poner aquel rictus de desagrado, como si estuviera chupando un limón, como si estuviera tomando una medicina amarga pero necesaria. Sentía asco, repugnancia ante aquellos obscenos lamidos, hubiera preferido que la besara un puercoespín, pero pensando en su hija, en la comida, en los vestidos, en esos caprichos de los que habitualmente tenía que privarse al pasar frente a un escaparate, adquirió el valor necesario y cerrando los ojos abrió sus carnosos labios en un abandono de mártir, para zambullirse en aquella boca sucia, como quien se zambulle en una ciénaga. Para completar el gesto heroico, hasta le dio un poco de lengua. Él entonces la apretó más contra su cuerpo de primate y, reprimiendo un eructo, mordió aquellos labios jóvenes, húmedos, frescos, densos, fértiles, aquella boca cálida y excitante.<br/><br/><br/>  <br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/>CIERRAS los abismos, desatas los nudos,<br/>descargas las pistolas, coses las heridas.<br/>Eres aire y espacio en mi cerebro<br/>y en mis venas transfusiones de vida.<br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/>]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(eugenio lópez garcía)]]></author><pubDate><![CDATA[Sun, 10 May 2009 11:08:35 GMT]]></pubDate></item><item><title><![CDATA[viejo]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/fotogramas/c_214.htm]]></link><description><![CDATA[<br/><br/> <br/>VIEJO<br/>Estaba sentado al sol, pálido, mirando al vacío, tal vez hurgando en el caos de su memoria en busca de trocitos de recuerdos, como si tratara de recomponer papeles rotos e ilegibles que ha dispersado el viento del olvido.<br/>Era una tarde de un día cualquiera, quizás martes, o jueves, de otro día sin sentido, sin amor, sin humor, en un lugar extraño que olía a saumerio, frío, sin intimidad, en una cárcel de la que ya nunca saldría.<br/>El vividor, el rey de la noche, el animador de todas las fiestas, el gran seductor. En otro tiempo hubo mujeres que habrían dado la vida por él. <br/>“Que los hombres me teman y que las mujeres me amen” Había sido su lema de juventud.<br/>Había visto tanto, vivido tanto... Pero ¿para qué?, se preguntaba ahora con la quijada trémula y las manos vacías. <br/>La vejez llegó de forma subrepticia y traicionera, por las noches, mientras dormía, le fue robando el vigor, el encanto, el respeto, hasta que un buen día se miró al espejo y no se reconoció, la soledad rodeándole como un desierto de hielo y oscuridad donde no podía orientarse. Todo había ocurrido tan deprisa, quedaban aún tantos sueños irrealizados....Necesitaba más tiempo, tiempo que ya jamás tendría. <br/>En los últimos días, antes de que sus parientes lo ingresaran para quitárselo de encima, se le había visto deambulando sin rumbo por las calles, encorvado, ridículo, apoyado en dos palos rugosos y deformes que usaba de muletas. Su casa llena de basura, su mente extraviada, rota, siniestrada, como un coche que se ha despeñado por un precipicio. Y en el horizonte sólo quedaba la muerte, como un pelotón de fusilamiento frente a él esperando la voz de fuego. <br/>¡Qué pobre es la vida, paupérrima!, cualquier vida...<br/>- ¡ Benavides, vamos, cariño, pasa a merendar!- Lo llamó desde la puerta una auxiliar, joven , voluptuosa y llena de vida, que olía a polen. <br/>Benavides Trinitario Rufilanchas, setenta y cuatro años, domicilio Residencia Las Mimosas, tapicero jubilado, torero frustrado, una vida a medias como un círculo imperfecto, un infarto, dos ictus, desorientado, demente, dependiente, inútil total,...viejo.<br/>Se incorporó con dificultad de la silla, y arrastrando los pies como un pato cojo, se dirigió al comedor. <br/><br/><br/>]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(eugenio lópez garcía)]]></author><pubDate><![CDATA[Fri, 08 May 2009 16:15:01 GMT]]></pubDate></item></channel></rss>
