Hadas
Para mi recién descubierta amiga, a la que le gustan las hadas tanto como a mi ;)
"El país de las hadas es un mundo de misterioso encanto, de cautivadora belleza, de enorme fealdad, de insensible superficialidad, de humor, malicia, júbilo e inspiración, de terror, risa, amor y tragedia. Es mucho más rico de lo que, por lo general, nos induce a creer la literatura y es, además, un mundo en el que hay que penetrar con suma cautela, pues no hay nada que más enoje a las hadas que unos seres humanos que se mueven curiosamente por sus particulares dominios, como turistas malcriados. Por eso, marchad con suavidad: cuando la recompensa es fascinante, los peligros son verdaderos."
Hadas, de Brian Froud y Alan Lee

Siempre me han gustado las hadas. No me refiero sólo a los dibujos, que suelen ser preciosos, si no a la mitología en sí. Desde la primera vez que me leyeron el cuento de Peter Pan, yo me enamoré perdidamente de Campanilla, esa miniatura traviesa, insolente y despreocupada. Mis padres, un poco por hacerme callar y un poco porque también a ellos les gustó, me compraron la primera edición publicada en España del libro “Hadas” Hoy, después de muchos años sin tocarlo me he decidido a desempolvarlo. Y digo desempolvarlo en sentido literal, que tiene más de vente años. Al abrirlo se percibe el olor a libro viejo, similar al de los tomos amarillentos de las bibliotecas. Está perfectamente encuadernado, no como estos de ahora, que a parte de costarte un ojo de la cara y los dos riñones, se te desparraman enteros en las manos en cuanto les echas un vistazo. Al abrirlo cruje. Cruje de gusto, como desperezándose tras una larga siesta. Él también está algo amarillento. En su interior habitan montones de leyendas populares, las mismas que me atrapaban y fascinaban hace ya tanto tiempo. Me gustaría, poco a poco, ir añadiendo algunas de ellas aquí.
Al ir pasando las hojas, descubro los pétalos de lirio que guardé entre sus páginas el día que enterramos a mi padre, hace ya tanto tiempo. Las ilustraciones siguen siendo una auténtica maravilla. Acompañan a las descripciones de cada uno de los tipos de hadas, trasgos, duendes y demás criaturas fantásticas.
Desde siempre forman parte de la cultura popular. Cada país o región tiene las suyas. O las mismas con diferentes nombres, como suele suceder. Están compuestas por parte de esa energía que habita el cosmos y que rara vez se manifiesta haciéndose corpórea. Su papel consiste en canalizar esta energía y proyectarla a través de las distintas formas en las que se manifiesta la naturaleza (como montañas, ríos, etc...)
Cada una de ellas, está asociada a:
Un elemental: Tierra, agua, fuego y aire.
Un tipo de energía: Proyectiva o receptiva
Un metal.
Una estación: primavera, verano, otoño, invierno
Una dirección: norte, sur, este, oeste
El tiempo: alba, mediodía, crepúsculo, noche
Un color.
Cada cultura tiene su propia historia de cómo fueron creadas.
-La escandinava cuenta cómo los gusanos que salían del cadáver del gigante Ymir se transformaban en elfos claros (las elfinas) y elfos oscuros. Las elfinas, que viven en el aire, son criaturas bondadosas y felices, pero los elfos oscuros, que tienen en sus dominios las regiones subterráneas, son morenos, malignos y atizonados.
-La versión islandesa cuenta, por otra parte, que hallábase Eva lavando a sus hijosa orillas del río, cuando Dios le habló. Asustada y temerosa, escondió a los hijos que no había lavado todavía. Le preguntó Dios si estaban allí todos sus hijos y ella le contestó que sí. Le advirtió El entonces que aquellos que le había ocultado quedarían ocultos al hombre también. Estos niños ocultos se convirtieron en elfos o hadas, y en los países escandinavos se les denominó raza huldre. Las jóvenes huldre son de una belleza excepcional, pero con largas colas de vaca; o bien aparecen hundidas por detrás y sólo son hermosas de frente. Así responden al engaño de su origen.
-En otros lugares se cree que son ángeles caídos; o paganos muertos que no son lo suficientemente buenos para ir al cielo, ni lo bastante malos para tener sitio en el infierno, obligados a vivir eternamente “en medio”, en las oscuras regiones del reino intermedio. En Devon, se considera que los “pixies”, los espíritus traviesos, son almas de niños sin bautizar. Aunque estas creencias provienen solamente de la llegada del cristianismo, antes de cuya fecha no se conocía el bautismo, por lo que no pueden considerarse fidedignas.
Os dejo con una página interesante. La de Stephanie Pui-Mun Law. Visitad su galería, tiene unas ilustraciones preciosas, como la que he puesto más arriba ;)
“¿Creéis en las hadas? Si creéis en las hadas, dad una palmada. No dejéis que Campanilla se muera.”
Porque es mejor creer en una ilusión, que no creer en nada...
Ilustraciones de Brian Froud y Alan Lee
"El país de las hadas es un mundo de misterioso encanto, de cautivadora belleza, de enorme fealdad, de insensible superficialidad, de humor, malicia, júbilo e inspiración, de terror, risa, amor y tragedia. Es mucho más rico de lo que, por lo general, nos induce a creer la literatura y es, además, un mundo en el que hay que penetrar con suma cautela, pues no hay nada que más enoje a las hadas que unos seres humanos que se mueven curiosamente por sus particulares dominios, como turistas malcriados. Por eso, marchad con suavidad: cuando la recompensa es fascinante, los peligros son verdaderos."
Hadas, de Brian Froud y Alan Lee

Siempre me han gustado las hadas. No me refiero sólo a los dibujos, que suelen ser preciosos, si no a la mitología en sí. Desde la primera vez que me leyeron el cuento de Peter Pan, yo me enamoré perdidamente de Campanilla, esa miniatura traviesa, insolente y despreocupada. Mis padres, un poco por hacerme callar y un poco porque también a ellos les gustó, me compraron la primera edición publicada en España del libro “Hadas” Hoy, después de muchos años sin tocarlo me he decidido a desempolvarlo. Y digo desempolvarlo en sentido literal, que tiene más de vente años. Al abrirlo se percibe el olor a libro viejo, similar al de los tomos amarillentos de las bibliotecas. Está perfectamente encuadernado, no como estos de ahora, que a parte de costarte un ojo de la cara y los dos riñones, se te desparraman enteros en las manos en cuanto les echas un vistazo. Al abrirlo cruje. Cruje de gusto, como desperezándose tras una larga siesta. Él también está algo amarillento. En su interior habitan montones de leyendas populares, las mismas que me atrapaban y fascinaban hace ya tanto tiempo. Me gustaría, poco a poco, ir añadiendo algunas de ellas aquí.
Al ir pasando las hojas, descubro los pétalos de lirio que guardé entre sus páginas el día que enterramos a mi padre, hace ya tanto tiempo. Las ilustraciones siguen siendo una auténtica maravilla. Acompañan a las descripciones de cada uno de los tipos de hadas, trasgos, duendes y demás criaturas fantásticas.
Desde siempre forman parte de la cultura popular. Cada país o región tiene las suyas. O las mismas con diferentes nombres, como suele suceder. Están compuestas por parte de esa energía que habita el cosmos y que rara vez se manifiesta haciéndose corpórea. Su papel consiste en canalizar esta energía y proyectarla a través de las distintas formas en las que se manifiesta la naturaleza (como montañas, ríos, etc...)
Cada una de ellas, está asociada a:
Un elemental: Tierra, agua, fuego y aire.
Un tipo de energía: Proyectiva o receptiva
Un metal.
Una estación: primavera, verano, otoño, invierno
Una dirección: norte, sur, este, oeste
El tiempo: alba, mediodía, crepúsculo, noche
Un color.
Cada cultura tiene su propia historia de cómo fueron creadas.
-La escandinava cuenta cómo los gusanos que salían del cadáver del gigante Ymir se transformaban en elfos claros (las elfinas) y elfos oscuros. Las elfinas, que viven en el aire, son criaturas bondadosas y felices, pero los elfos oscuros, que tienen en sus dominios las regiones subterráneas, son morenos, malignos y atizonados.
-La versión islandesa cuenta, por otra parte, que hallábase Eva lavando a sus hijosa orillas del río, cuando Dios le habló. Asustada y temerosa, escondió a los hijos que no había lavado todavía. Le preguntó Dios si estaban allí todos sus hijos y ella le contestó que sí. Le advirtió El entonces que aquellos que le había ocultado quedarían ocultos al hombre también. Estos niños ocultos se convirtieron en elfos o hadas, y en los países escandinavos se les denominó raza huldre. Las jóvenes huldre son de una belleza excepcional, pero con largas colas de vaca; o bien aparecen hundidas por detrás y sólo son hermosas de frente. Así responden al engaño de su origen.
-En otros lugares se cree que son ángeles caídos; o paganos muertos que no son lo suficientemente buenos para ir al cielo, ni lo bastante malos para tener sitio en el infierno, obligados a vivir eternamente “en medio”, en las oscuras regiones del reino intermedio. En Devon, se considera que los “pixies”, los espíritus traviesos, son almas de niños sin bautizar. Aunque estas creencias provienen solamente de la llegada del cristianismo, antes de cuya fecha no se conocía el bautismo, por lo que no pueden considerarse fidedignas.
Os dejo con una página interesante. La de Stephanie Pui-Mun Law. Visitad su galería, tiene unas ilustraciones preciosas, como la que he puesto más arriba ;)
“¿Creéis en las hadas? Si creéis en las hadas, dad una palmada. No dejéis que Campanilla se muera.”
Porque es mejor creer en una ilusión, que no creer en nada...
Ilustraciones de Brian Froud y Alan Lee
El reino de las Hadas
¿Dónde está el país de las hadas? Su situación se nos escapa. Unas veces se halla justamente sobre el horizonte y otras bajo nuestros pies. Sin embargo, ha habido épocas en que se ha creído que el país de las hadas era un lugar geográfico concreto, aunque incluso este miso ha tendido a mudar de sitio. Por ejemplo, los galeses pensaban que se hallaba al norte de sus tierras montañosas y, después, en la parte peninsular oeste, misteriosa y rocosa, de Pembrokeshire. Alguna vez la vieron los marinos, y hasta desembarcaron en ella, pero luego desapareció de un modo desconcertante. No obstante, se dice que sus imaginarios habitantes frecuentaban los mercados de Laugharne y Milkford Haven. Los irlandeses llamaban Hy Breasail a la isla fantasma y, según ellos, se ubicaba al oeste. Los britanos decían que la isla feérica era la isla de Man.
Probablemente, l a isla más famosa entre las islas imaginarias es Avalon. Al legendario rey Arturo, a quien el poeta Lydgate del siglo XV describe como un “rey coronado en el país de las hadas”, lo trasladan allí mortalmente herido para que lo asistieran cuatro hadas reinas. Se cree que Arturo yace aún con sus caballeros en el corazón de una colina mágica, en un profundo sueño del que despertará cuando se le necesite para regir esa tierra.
Los habitantes del país de las hadas pueden dividirse en varias especies distintas, según su hogar natural. Además de las hadas solitarias, hay muchas elfinas de tipo rural que habitan en los bosques (o, a veces, más concretamente “adoptan” a un árbol de tal modo que el hada y el árbol vienen a ser más o menos sinónimos), en las colinas y en las cuevas montañosas. Las hay que viven en las islas míticas o en países que yacen debajo de los océanos y existen también las hadas acuáticas que habitan en los mares, los lagos y los ríos. Por último, tenemos a los espíritus domésticos y caseros (demonios familiares, etc.).
Entre las diversas especies, los estilos de vida varían mucho entre los pequeños núcleos familiares, las comunidades jerárquicamente organizadas (que habitan con frecuencia en colinas huecas) y los seres solitarios e independientes, como los leprechauns.
*Nota: Cada colina tiene su rey y su reina, pero estos, por lo general, guardan fidelidad a un “rey soberano” El más conocido de todos éstos, el “Oberón” de los romances medievales, le debe su corta estatura a una maldición que le echarán a la hora de su bautismo.
Las colinas huecas
El hogar tradicional de las hadas son las antiguas obras de la tierra, como las fortalezas y los túmulos. La palabra hada, en gaélico, es Sidhe (Shee), que quiere decir gante de las colinas. Por las noches, las colinas de las hadas aparecen encendidas, con miriadas de lucecillas centelleantes. Hay veces en que las colinas acaso se eleve sobre unos pilares, para mostrar las luces brillantes de las hadas, que paulatinamente avanzan en procesión hacia otros cerros. La época tradicional en que esto sucede es la fiesta de la cosecha (el 7 de agosto). Sin embargo, la época en que los montañeses, la gente más temida entre los fabulosos habitantes de la isla de Man, cambian de morada es el día de Todos los Santos (el 1 de noviembre).
Decididamente, no se recomienda a los intrusos que invadan estos cerros de las hadas, ni ningún otro hábitat suyo. Pero nada hay que decir en contra de una observación discreta, y hasta es posible que un amigable espectador se vea recompensado. Sin embargo, si las hadas parecen reacias a salir de su colina, puede descubrirse la entrada dando nueve vueltas entorno al cerro, con luna llena. Así quedará revelada la entrada. Quienes no tengan valor suficiente para penetrar realmente en la morada de las hadas, si pegan el oído al suelo tal vez se vean premiados con el ruido de sus algazaras. Además de emplearlas como vivienda, las colinas huecas son escondites para guardar oro, y también hacen las veces con frecuencia de camposantos. Ya tenemos noticia del rey Arturo. Otro rey hay, el rey Sil, que cabalga sobre su caballo, vestido con ramadura de oro, allá muy en el interior de la colina de Silbury, en Wiltshire. Y una parecida leyenda envuelve la colina de los Duendecillos, en Bryn yr Ellyllon, cerca de Mold, Clyd Flint; la ronda una figura con armadura de oro. Unas excavaciones que datan de 1833, revelaron, en efecto, un esqueleto con un corselete de oro.
Las hadas se afanan por proteger sus hogares y su oro. A los buscadores de oro que excavan en las colinas de las hadas, les advierten voces extrañas, ruidos maléficos y terribles tormentas. Si se desoyesen estas advertencias, el único pago sería la mala suerte, las catástrofes e incluso la muerte. El reverendo F. Warne relata en unas “actas” publicadas en 1854, que algunos hombres ávidos de encontrar tesoros en una colina denominada castillo de Neroche, en Somerset, “violaron la santidad de este cerro misterioso. Pero sin que hubiesen hallado ni una sola moneda, fueron presas del pánico y renunciaron a sus atrevidas empresas, y resulta pasmoso y aterrador decirlo, pero al mes de iniciar su aventura, unos por accidente, otros por muerte repentina, algunos por fiebres violentas, todos pagaron con su vida”
Se publica en la “Old Lore Miscellany” de julio de 1911, el relato de un labrador de Orkney que, advertido por un troll de que no debía excavar en un montículo de sus campos, bajo pena de perder seis vacas y sufrir seis entierros en la casa, continuó no obstante en sus saqueos y perdió el ganado y la familia.
Es evidente que no se puede invadir o profanar impunemente los lugares escogidos por las hadas para su morada. Imprudente será el que decida construir en los terrenos de las hadas, porque esta gente menuda es perfectamente capaz de trasladar casas, iglesias, e incluso castillos si se oponen a su emplazamiento. Las casas imprudentemente construidas en medio de un sendero de hadas sufren trastornos. En Irlanda construyeron una de estas casas aquejadas, una de cuyas esquinas exteriores penetraba en una de esas sendas. Y por las noches, la casa se llenaba de ruidos, temblaba y parecía en peligro de derrumbarse. Y no hubo paz en la casa, hasta que recortaron aquella esquina transgresora.
En otros casos análogos, se había resuelto el problema dejando abiertas las puertas de la fachada y la de detrás para dejarle el paso libre a las hadas. Pese a esta solución bastante medrosa, hay muchas casitas de campo en Irlanda, en las que como precaución contra este tipo de perturbación, las puertas delantera y trasera están una en frente de otra.
*Nota: Las brujas visitan con frecuencia las colinas de las hadas. esta es una de las muchas acusaciones lanzadas contra ellas en los procesos a las brujas, del siglo XVII. Isobel Gowdie confesó en 1662 que consiguió de la Reina de las Hadas más carne de la que era capaz de comerse.
Las invitaciones hechas para visitar la colina de un hada hay que recibirlas con gran precaución y rechazar todos los ofrecimientos de alimentos o de bebida, ya que ello podría desembocar en una perpetua esclavitud. Esta y otras muchas características de la existencia secreta de las hadas tienen un parecido impresionante con las ideas mitológicas de un mundo subterráneo, con un monarca omnipotente, en el que basta un simple bocado (un grano de granada en el caso de Proserpina), para que un ser mortal no tenga ninguna posibilidad de escape.
El paralelismo entre el país de las hadas y Hades (el reino de los muertos) queda perfectamente expuesto en la historia del encuentro de St. Collen con Gwyn ap Nudd, el jefe de Plant Annwn (que aproximadamente puede traducirse por familia del otro mundo), en cuyo dominio subterráneo se penetra por los lagos de Gales. Sin embargo, según esta historia, el palacio de Gwyn está situado en el peñasco de Glastonbury.
St. Collen, que vivía en una celda de ermitaño al pie del peñasco, rechazó varias invitaciones que le hicieron para subir al castillo que milagrosamente surgió en la cima. Se ablandó al fin y, trepando hasta la colina, entró en el maravilloso edificio. Allí se encontró con preciosas doncellas y hermosos muchachos, con un ejército de soldados y docenas de criados vestidos de escarlata y azul. El rey Gwyn ap Nudd le ofreció comida y bebida, pero St. Collen le contestó: “No como ni las hojas del árbol”, y cuando Gwyn le preguntó si le gustaba la librea de sus pajes, Collen contestó que aquellos colores, el escarlata por las llamas eternas y el azul por los hielos perpetuos del infierno, eran propios de naturalezas demoníacas. Luego arrojó el agua bendita que había cuidado de llevar consigo sobre la asamblea y todos ellos y su palacio desaparecieron, dejando a St. Collen solo y de pie sobre la cima desnuda.
El hecho de que en esta historia se ofrezca una visión bíblca del infierno, demuestra con qué avidez los sobrenaturales habitantes del mundo pagano quedaban reclutados en la demonología cristiana.
*Nota: La relación entre el Peñasco de Glastonbury y Gwyn ap Nudd junto con sus más conocidas asociaciones con el Avalon del rey Arturo resulta más interesante aún por el hecho de que el Árbol Santo que se supone brotó del báculo de José Arimatea era un espino. En el mundo de las hadas, el espino es sagrado. Si en una colina hay espinos, ello es clara indicación de que allí pueden morar las hadas.
Hadas, de Brian Froud y Alan Lee
Probablemente, l a isla más famosa entre las islas imaginarias es Avalon. Al legendario rey Arturo, a quien el poeta Lydgate del siglo XV describe como un “rey coronado en el país de las hadas”, lo trasladan allí mortalmente herido para que lo asistieran cuatro hadas reinas. Se cree que Arturo yace aún con sus caballeros en el corazón de una colina mágica, en un profundo sueño del que despertará cuando se le necesite para regir esa tierra.
Los habitantes del país de las hadas pueden dividirse en varias especies distintas, según su hogar natural. Además de las hadas solitarias, hay muchas elfinas de tipo rural que habitan en los bosques (o, a veces, más concretamente “adoptan” a un árbol de tal modo que el hada y el árbol vienen a ser más o menos sinónimos), en las colinas y en las cuevas montañosas. Las hay que viven en las islas míticas o en países que yacen debajo de los océanos y existen también las hadas acuáticas que habitan en los mares, los lagos y los ríos. Por último, tenemos a los espíritus domésticos y caseros (demonios familiares, etc.).
Entre las diversas especies, los estilos de vida varían mucho entre los pequeños núcleos familiares, las comunidades jerárquicamente organizadas (que habitan con frecuencia en colinas huecas) y los seres solitarios e independientes, como los leprechauns.
*Nota: Cada colina tiene su rey y su reina, pero estos, por lo general, guardan fidelidad a un “rey soberano” El más conocido de todos éstos, el “Oberón” de los romances medievales, le debe su corta estatura a una maldición que le echarán a la hora de su bautismo.
Las colinas huecas
El hogar tradicional de las hadas son las antiguas obras de la tierra, como las fortalezas y los túmulos. La palabra hada, en gaélico, es Sidhe (Shee), que quiere decir gante de las colinas. Por las noches, las colinas de las hadas aparecen encendidas, con miriadas de lucecillas centelleantes. Hay veces en que las colinas acaso se eleve sobre unos pilares, para mostrar las luces brillantes de las hadas, que paulatinamente avanzan en procesión hacia otros cerros. La época tradicional en que esto sucede es la fiesta de la cosecha (el 7 de agosto). Sin embargo, la época en que los montañeses, la gente más temida entre los fabulosos habitantes de la isla de Man, cambian de morada es el día de Todos los Santos (el 1 de noviembre).
Decididamente, no se recomienda a los intrusos que invadan estos cerros de las hadas, ni ningún otro hábitat suyo. Pero nada hay que decir en contra de una observación discreta, y hasta es posible que un amigable espectador se vea recompensado. Sin embargo, si las hadas parecen reacias a salir de su colina, puede descubrirse la entrada dando nueve vueltas entorno al cerro, con luna llena. Así quedará revelada la entrada. Quienes no tengan valor suficiente para penetrar realmente en la morada de las hadas, si pegan el oído al suelo tal vez se vean premiados con el ruido de sus algazaras. Además de emplearlas como vivienda, las colinas huecas son escondites para guardar oro, y también hacen las veces con frecuencia de camposantos. Ya tenemos noticia del rey Arturo. Otro rey hay, el rey Sil, que cabalga sobre su caballo, vestido con ramadura de oro, allá muy en el interior de la colina de Silbury, en Wiltshire. Y una parecida leyenda envuelve la colina de los Duendecillos, en Bryn yr Ellyllon, cerca de Mold, Clyd Flint; la ronda una figura con armadura de oro. Unas excavaciones que datan de 1833, revelaron, en efecto, un esqueleto con un corselete de oro.
Las hadas se afanan por proteger sus hogares y su oro. A los buscadores de oro que excavan en las colinas de las hadas, les advierten voces extrañas, ruidos maléficos y terribles tormentas. Si se desoyesen estas advertencias, el único pago sería la mala suerte, las catástrofes e incluso la muerte. El reverendo F. Warne relata en unas “actas” publicadas en 1854, que algunos hombres ávidos de encontrar tesoros en una colina denominada castillo de Neroche, en Somerset, “violaron la santidad de este cerro misterioso. Pero sin que hubiesen hallado ni una sola moneda, fueron presas del pánico y renunciaron a sus atrevidas empresas, y resulta pasmoso y aterrador decirlo, pero al mes de iniciar su aventura, unos por accidente, otros por muerte repentina, algunos por fiebres violentas, todos pagaron con su vida”
Se publica en la “Old Lore Miscellany” de julio de 1911, el relato de un labrador de Orkney que, advertido por un troll de que no debía excavar en un montículo de sus campos, bajo pena de perder seis vacas y sufrir seis entierros en la casa, continuó no obstante en sus saqueos y perdió el ganado y la familia.
Es evidente que no se puede invadir o profanar impunemente los lugares escogidos por las hadas para su morada. Imprudente será el que decida construir en los terrenos de las hadas, porque esta gente menuda es perfectamente capaz de trasladar casas, iglesias, e incluso castillos si se oponen a su emplazamiento. Las casas imprudentemente construidas en medio de un sendero de hadas sufren trastornos. En Irlanda construyeron una de estas casas aquejadas, una de cuyas esquinas exteriores penetraba en una de esas sendas. Y por las noches, la casa se llenaba de ruidos, temblaba y parecía en peligro de derrumbarse. Y no hubo paz en la casa, hasta que recortaron aquella esquina transgresora.
En otros casos análogos, se había resuelto el problema dejando abiertas las puertas de la fachada y la de detrás para dejarle el paso libre a las hadas. Pese a esta solución bastante medrosa, hay muchas casitas de campo en Irlanda, en las que como precaución contra este tipo de perturbación, las puertas delantera y trasera están una en frente de otra.
*Nota: Las brujas visitan con frecuencia las colinas de las hadas. esta es una de las muchas acusaciones lanzadas contra ellas en los procesos a las brujas, del siglo XVII. Isobel Gowdie confesó en 1662 que consiguió de la Reina de las Hadas más carne de la que era capaz de comerse.
Las invitaciones hechas para visitar la colina de un hada hay que recibirlas con gran precaución y rechazar todos los ofrecimientos de alimentos o de bebida, ya que ello podría desembocar en una perpetua esclavitud. Esta y otras muchas características de la existencia secreta de las hadas tienen un parecido impresionante con las ideas mitológicas de un mundo subterráneo, con un monarca omnipotente, en el que basta un simple bocado (un grano de granada en el caso de Proserpina), para que un ser mortal no tenga ninguna posibilidad de escape.
El paralelismo entre el país de las hadas y Hades (el reino de los muertos) queda perfectamente expuesto en la historia del encuentro de St. Collen con Gwyn ap Nudd, el jefe de Plant Annwn (que aproximadamente puede traducirse por familia del otro mundo), en cuyo dominio subterráneo se penetra por los lagos de Gales. Sin embargo, según esta historia, el palacio de Gwyn está situado en el peñasco de Glastonbury.
St. Collen, que vivía en una celda de ermitaño al pie del peñasco, rechazó varias invitaciones que le hicieron para subir al castillo que milagrosamente surgió en la cima. Se ablandó al fin y, trepando hasta la colina, entró en el maravilloso edificio. Allí se encontró con preciosas doncellas y hermosos muchachos, con un ejército de soldados y docenas de criados vestidos de escarlata y azul. El rey Gwyn ap Nudd le ofreció comida y bebida, pero St. Collen le contestó: “No como ni las hojas del árbol”, y cuando Gwyn le preguntó si le gustaba la librea de sus pajes, Collen contestó que aquellos colores, el escarlata por las llamas eternas y el azul por los hielos perpetuos del infierno, eran propios de naturalezas demoníacas. Luego arrojó el agua bendita que había cuidado de llevar consigo sobre la asamblea y todos ellos y su palacio desaparecieron, dejando a St. Collen solo y de pie sobre la cima desnuda.
El hecho de que en esta historia se ofrezca una visión bíblca del infierno, demuestra con qué avidez los sobrenaturales habitantes del mundo pagano quedaban reclutados en la demonología cristiana.
*Nota: La relación entre el Peñasco de Glastonbury y Gwyn ap Nudd junto con sus más conocidas asociaciones con el Avalon del rey Arturo resulta más interesante aún por el hecho de que el Árbol Santo que se supone brotó del báculo de José Arimatea era un espino. En el mundo de las hadas, el espino es sagrado. Si en una colina hay espinos, ello es clara indicación de que allí pueden morar las hadas.
Hadas, de Brian Froud y Alan Lee
La leyenda de Knockgrafton
Existe una leyenda irlandesa de las hadas que nos cuenta de un desdichado jorobado llamado Lusmore que vivía en un fértil vallecito al pie de las lóbregas montañas de Galtee. T. Crofton Croker, en su libro Leyendas y tradiciones de las Hadas del sur de Irlanda, nos cuenta que el pobre Lusmore (a quien llamaban así porque siempre llevaba una ramita de digital –“lusmore” en el idioma de su país- en el sombrerillo de paja) sufría doblemente por su deformidad, ya que a las gentes del campo les causaba cierto temor y le huían.
Una tarde, de regreso del bonito pueblo de Gahir, se sentó un momento para que reposasen sus cansados miembros, cerca de la fortaleza de Knockgrafton. Al poco, oyó una preciosa música, aunque no terrenal, que venía de la fortaleza. Tan cautivadora era la melodía que Lusmore quedóse escuchándola hasta quedar harto de la repetición de la tonada. Al rato, hubo una pausa, y Lusmore reanudó la canción por sí solo, en tono más alto y luego siguió cantando con las voces de dentro del castillo. Encantadas quedaron las hadas con esta variación de su melodía, y con pronta determinación, decidieron traer junto a ellas a aquel mortal, cuya habilidad musical tan superior era a la de ellas, y el pequeño Lusmore fue trasladado a su presencia con la vertiginosa rapidez de un remolino.
Las hadas dichosas rindieron justo homenaje al talento de Lusmore, colocándole por encima de todos sus músicos y le festejaron como si hubiera sido el primer varón sobre la tierra.
Pronto advirtió Lusmore que se estaba celebrando una amplia consulta y se sintió algo alarmado hasta que un hada se separó del resto para decirle:
Cantor, Cantor:
no tengas dolor.
La joroba mayor
que causaba pavor
en tu espalda, señor,
se secó como flor.
Mírala sin temor
en el suelo, cantor.
Lusmore sintió en los hombros una inusitada ligereza y tan emocionado estaba que hubiera podido brincar sobre la luna de un salto. Miró sorprendido en torno suyo, pues por primera vez pudo alzar la cabeza y todo le parecía más hermoso cada vez. Subyugado al contemplar tan resplandeciente escena, empezó a sentirse mareado y se le enturbió la vista. Por último, quedó sumido en un profundo sueño y cuando despertó, ¡oh maravilla de las maravillas!, era un hombre distinto. Vestido con un traje recién hecho, que debía ser obra de las hadas, vio que se había convertido en un ser vivaz y bien formado.
Poco tiempo después, le visitó una anciana que quería saber detalles de su “curación”, para dárselos a conocer a un amigo de su hijo que era jorobado. Lusmore era un hombre de buen corazón y le contó de buen grado lo sucedido. La mujer le dio amablemente las gracias y regresó a su hogar.
Contóle a su amigo cuanto Lusmore le dijera y atravesaron el pueblo para encaminarse a la vieja fortaleza de Knockgrafton. Esta vez el jorobado, que se llamaba Jack Madden, era un ser malhumorado y artero desde que nació. Cuando oyó la música de las hadas, tuvo tanta prisa que interrumpió el canto fabuloso, lanzando sus palabras a voz en grito y pensando que si un día fue bueno, dos serán mejor; y que si a Lusmore le habían dado un traje nuevo, el tendría dos.
Ante esa intrusión, las hadas, indignadas, se pusieron fuera de sí, arrebataron con su tremenda fuerza a Jack Madden hasta hacerlo entrar en el castillo y le rodearon dando gritos y alaridos.
Avanzó una de las del grupo y dijo:
¡Jack Madden, Jack Madden!
Tus letras invaden
nuestra melodía
que es toda alegría.
Si aquí te trajimos,
fue porque te oímos,
pero tu aventura
será desventura.
Pues no nos arrobas,
tendrás dos jorobas.
Y así diciendo, veinte de las hadas más vigorosas trajeron la joroba de Lusmore y se la colocaron en la espalda al pobre Jack, sobre la que ya tenía, y allí quedó fija con tanta firmeza como si estuviese clavada con clavos de veinte peniques, por el mejor carpintero que clavar supiera.
Luego, las hadas le dieron una patada al infortunado para echarle del castillo y a la mañana siguiente dos mujeres le encontraron medio muerto, con sus dos jorobas a cuestas. Inútil decir que el desdichado Jack no vivió mucho más, ya que sea por la vuelta a casa, sea por el peso que llevaba encima, murió poco después.
*Nota: Las hadas músicas poseen una maravillosa habilidad, y muchas de las canciones y tonadas conocidas en todo el mundo, tienen su origen en el país de las hadas. Las hadas son apasionadas de la música, y los grandes músicos humanos corren el peligro de verse atraídos al país de las hadas, seducidos por su talento.
Estas fabulosas melodías son bellísimas y meláncolicas. Un aire nostálgico de las hadas es capaz de sumir al oyente en un sueño fatal que, en el mejor de los casos, le llevaría a un meláncolico olvido, sin dejar jamás de escuchar esa música vaga y anhelante, recuerdo constante de lo inalcanzable.
Hadas, de Brian Froud y Alan Lee
Una tarde, de regreso del bonito pueblo de Gahir, se sentó un momento para que reposasen sus cansados miembros, cerca de la fortaleza de Knockgrafton. Al poco, oyó una preciosa música, aunque no terrenal, que venía de la fortaleza. Tan cautivadora era la melodía que Lusmore quedóse escuchándola hasta quedar harto de la repetición de la tonada. Al rato, hubo una pausa, y Lusmore reanudó la canción por sí solo, en tono más alto y luego siguió cantando con las voces de dentro del castillo. Encantadas quedaron las hadas con esta variación de su melodía, y con pronta determinación, decidieron traer junto a ellas a aquel mortal, cuya habilidad musical tan superior era a la de ellas, y el pequeño Lusmore fue trasladado a su presencia con la vertiginosa rapidez de un remolino.
Las hadas dichosas rindieron justo homenaje al talento de Lusmore, colocándole por encima de todos sus músicos y le festejaron como si hubiera sido el primer varón sobre la tierra.
Pronto advirtió Lusmore que se estaba celebrando una amplia consulta y se sintió algo alarmado hasta que un hada se separó del resto para decirle:
Cantor, Cantor:
no tengas dolor.
La joroba mayor
que causaba pavor
en tu espalda, señor,
se secó como flor.
Mírala sin temor
en el suelo, cantor.
Lusmore sintió en los hombros una inusitada ligereza y tan emocionado estaba que hubiera podido brincar sobre la luna de un salto. Miró sorprendido en torno suyo, pues por primera vez pudo alzar la cabeza y todo le parecía más hermoso cada vez. Subyugado al contemplar tan resplandeciente escena, empezó a sentirse mareado y se le enturbió la vista. Por último, quedó sumido en un profundo sueño y cuando despertó, ¡oh maravilla de las maravillas!, era un hombre distinto. Vestido con un traje recién hecho, que debía ser obra de las hadas, vio que se había convertido en un ser vivaz y bien formado.
Poco tiempo después, le visitó una anciana que quería saber detalles de su “curación”, para dárselos a conocer a un amigo de su hijo que era jorobado. Lusmore era un hombre de buen corazón y le contó de buen grado lo sucedido. La mujer le dio amablemente las gracias y regresó a su hogar.
Contóle a su amigo cuanto Lusmore le dijera y atravesaron el pueblo para encaminarse a la vieja fortaleza de Knockgrafton. Esta vez el jorobado, que se llamaba Jack Madden, era un ser malhumorado y artero desde que nació. Cuando oyó la música de las hadas, tuvo tanta prisa que interrumpió el canto fabuloso, lanzando sus palabras a voz en grito y pensando que si un día fue bueno, dos serán mejor; y que si a Lusmore le habían dado un traje nuevo, el tendría dos.
Ante esa intrusión, las hadas, indignadas, se pusieron fuera de sí, arrebataron con su tremenda fuerza a Jack Madden hasta hacerlo entrar en el castillo y le rodearon dando gritos y alaridos.
Avanzó una de las del grupo y dijo:
¡Jack Madden, Jack Madden!
Tus letras invaden
nuestra melodía
que es toda alegría.
Si aquí te trajimos,
fue porque te oímos,
pero tu aventura
será desventura.
Pues no nos arrobas,
tendrás dos jorobas.
Y así diciendo, veinte de las hadas más vigorosas trajeron la joroba de Lusmore y se la colocaron en la espalda al pobre Jack, sobre la que ya tenía, y allí quedó fija con tanta firmeza como si estuviese clavada con clavos de veinte peniques, por el mejor carpintero que clavar supiera.
Luego, las hadas le dieron una patada al infortunado para echarle del castillo y a la mañana siguiente dos mujeres le encontraron medio muerto, con sus dos jorobas a cuestas. Inútil decir que el desdichado Jack no vivió mucho más, ya que sea por la vuelta a casa, sea por el peso que llevaba encima, murió poco después.
*Nota: Las hadas músicas poseen una maravillosa habilidad, y muchas de las canciones y tonadas conocidas en todo el mundo, tienen su origen en el país de las hadas. Las hadas son apasionadas de la música, y los grandes músicos humanos corren el peligro de verse atraídos al país de las hadas, seducidos por su talento.
Estas fabulosas melodías son bellísimas y meláncolicas. Un aire nostálgico de las hadas es capaz de sumir al oyente en un sueño fatal que, en el mejor de los casos, le llevaría a un meláncolico olvido, sin dejar jamás de escuchar esa música vaga y anhelante, recuerdo constante de lo inalcanzable.
Hadas, de Brian Froud y Alan Lee





