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Viajando en escoba
Viajes y tribulaciones de una francesa que no para quieta en un país o en otro.
Acerca de
Yo, mis aficiones, mis gustos, mi foto... ahm... pues yo: un orgullo desmedido en un cuerpo en el que escasamente cabría un orgullo pequeño, injusticias de la naturaleza. Mis aficiones: leer, leer, leer, dibujar, dibujar, dibujar y escribir, también. Mis gustos: El color negro, el rojo, los domingos por la tarde, las noches de luna llena, la brujería, la mitología celta, las leyendas artúricas, el cine, adoro el cine. En cuanto a mi foto, la imaginación es poderosa, ya que no se ve muy bien.
Sindicación
 
Sueño de una noche de otoño
Debo recordar que la próxima vez que quiera salir de pendoneo no lo haga con dos eslovacas rubias despampanantes. Y es que habíamos quedado con estas dos chicas, preciosas y muy simpáticas, que se encontraban en Sosolandia de erasmus... angelitos.
Independientemente de que los sosolandeses seguían siendo sosos, desde luego todas las miradas se las llevaron ellas. Claro que también tuvieron derecho al otro espécimen de Sosolandia, los babosos (dicese del soso transformado por medio de bebidas alcohólicas). El hombre inició tres acercamientos. Dos los completó y al tercero le lancé una mirada que si las miradas mataran ese habría caído fulminado. La cuestión es que funcionó y el ente se dio media vuelta dejando su pringoso rastro y no volvió. Las rubias, que son muy majas, hasta me dieron las gracias, qué bonito!
En el siguiente bar sí que le hice gracia al camarero, pero es lo que tiene poner acento francés cuando conviene. De todos modos el local estaba lleno del sosolandés típico: mira y calla.
A pesar de todo lo pasamos bien, bailamos casi cuatro horas y Rhiannon y yo acabamos hechas polvo porque somos muy viejas para esto o ya hemos perdido la costumbre, que también puede ser.

Pero ahora, una aventura misteriosa en el próximo capítulo...
No