Todos los Santos

Son la una y pico de la mañana de este día de todos los Santos. Acabo de terminar de hacer las cosillas que hago cada 31 de Octubre, y que relaté ayer en este mismo blog. El cuarto está en silencio, así es que supongo que todo el barrio está en las fiestas de Halloween que hay por todo Madrid, como varios de mis amigos. Yo, para romperlo un poco, me he puesto en el ordenador la banda sonora de "Harry Potter and the philosopher's stone", de ese genio que es John Williams.
Me acabo de hacer un chocolate a la taza y me dispongo a escribir unas líneas para "empezar el año". De las personas que me han dejado, quizás la más importante sea mi abuelo, al que he decidido dedicar esta entrada en ese ejercicio de sinceridad que me he propuesto hacer en este sitio de hoy en adelante... Ahora mismo tengo puesto, junto a la taza de chocolate, su reloj... el que llevaba puesto cuando se murió y que (aunque parezca mentira) sigue marcando la hora en que nos dejó. Se llamaba José, y es por eso por lo que tiene ese nombre mi hermano pequeño. A mi me llamaron Francisco por mi otro abuelo y el segundo de los tres lleva el nombre de Antonio, por mi padre.
José Flórez nació en Villablino, y allí se casó con mi abuela Encarna, que desde que se quedó viuda vive con mis padres, primero en nuestra casa de la Alameda de Osuna, ahora en Barajas. Tuvieron cuatro hijos: Encarnación, José (al que todos llamamos Pepe), Germán y por último a mi madre, Mari Carmen. Así es que yo soy el mayor de los hijos de su hija pequeña. Toda la vida trabajó en la mina así es que os podréis imaginar que cuando se jubiló y se vino para Madrid, donde ya estaban viviendo Encarna y Germán, pues la pensión que le quedó no era para tirar cohetes. Se compraron el piso, en el que ya acabaría sus días a causa de la enfermedad de la que morían casi todos los mineros, cerca de la calle General Ricardos, en cuya terraza está echada esta foto... Cada verano mis abuelos iban al pueblo porque hacía más fresco y ese clima le venían mejor a él y a sus pulmones.
Tenía un fuerte carácter, lo que le vino bien para convivir con mi abuela, que tenía uno bastante especialito. Y un algo que no sé, pero fue morirse y la familia se dispersó bastante. Si levantara la cabeza... Mi mayor recuerdo es pasear con él, de la mano. Le encantaba caminar y a eso me acostumbró bien. Siendo como era yo tan pequeño, imaginad las zancadas para seguirle el paso (je,je...) Otro de los recuerdos es levantarme por la mañana, los fines de semana que mi padre viajaba con mi madre por trabajo dejándome con mis abuelos, e ir a su habitación a que me contara un cuento, el más vivo en mi memoria el de los cabritillos que son devorados por el lobo, a excepción del pequeño...(La noche la pasaba con mi abuela, que me daba unas friegas de Vicks VapoRub tremendas porque la casa no tenía calefacción y era fría en invierno)
De él heredé un par de cosas: La confesable, el daltonismo... Ya podía haber heredado el color de ojos (rarísimo: una especie de violeta, el mismo que Liz Taylor...), pero no... La otra la sabemos mi madre y yo. Cuando se compró la tele en color la regaló porque dijo que le levantaba dolor de cabeza... Para cenar siempre una ensalada de lechuga que mi abuela tenía que hacer por la tarde (otra rareza es que le gustaba comerla como blandurria) y pescado blanco hervido...
Los libros por toda la casa, desde Rintintin a clásicos... y es que mi abuela debe de ser la única mujer en el mundo que, sin haber ido a la escuela, se haya leído el Quijote y tantos más... mi pijama de Starsky y Hutch, los cientos de gomas de borrar que mi abuela tenía en un armario, cuando era poco más que un bebé y me bañaban en un barreño... el salir por ese barrio, los caramelos de anís que venían en una imitación de plástico de las botellas de gaseosa, ir con él al mercado con una bolsa de tela, siempre la misma... las calcomanías pegadas junto al fregadero por mi madre cuando era poco más que una niña... la pizarra con tizas de colores... un mazinger z de metal pequeñito con el que jugaba yo, érase una vez el espacio, de érase una vez el hombre me acuerdo que me dormía en cuanto acababa la música (nunca me ha gustado la historia), vagos recuerdos de los ángeles de Charlie, Aplauso (supongo, porque tengo imágenes vagas de gente con pintas actuando)... El canto de los pájaros que venían de una terraza del bloque de enfrente... De todo eso me acuerdo con cariño.
De la bombona de oxígeno de los últimos tiempos, cuando se nos iba, me acuerdo (haciendo un poco de esfuerzo, porque lo tengo como borrado con premeditación) y me dan ganas de llorar... Ya los viajes en coche a casa, con mis padres, de vuelta de visitarle el sábado o el domingo, no eran igual.
Cuando se fue, los domingos eran día de canelones porque mi madre los dejaba hechos y cuando volvíamos del cementerio cada semana los calentaba. Era la época de David el gnomo... Qué tristes esas navidades sin árbol ni nacimiento, y mi madre no volvió a encender la radio en no sé cuánto tiempo...
Le quise tanto... y, cuando me dijeron que se había muerto, no pude llorar... No sé si fue por la impresión de ver a mi madre casi morirse de pena, o porque en el fondo siempre he sabido que la muerte no es más que un paso para el que se va. Bajé a dormir a casa de mis tíos Pepe (el hermano de mi padre, no el de mi madre) y Mari Tere y ahí ya lloré, creo que un poco por no entender por qué no podía llorar y un mucho por mi madre. a la que le cambió la vida totalmente este hecho pero eso ya es otra historia...
Le recuerdo como alguien recto. Sé que nunca estaré a la altura de lo que él esperaría de mi pero también sé que mientras quiera a mi madre él me perdonará casi todo porque por allá se saben las cosas que todos nos preguntamos por acá, las que importan...
Una vez le dieron por muerto en la mina porque estalló la zona en la que estaba trabajando... Le sacaron y estuvo en el hospital, escayolado de pies a cabeza. Y duró la tira de años más... Yo, es el día de hoy, y no le creo muerto. Siento que me lleva de la mano todavía por un camino, a veces me suelto y hago lo que quiero y él me espera donde lo dejé sólo para decirme sonriendo "Tonto, tonto..." Parece mentira...





