¿Año del perro? Año del mono.

Bueno... Ya sé que no son horas de escribir pero acabo de llegar a casa después de pasar n horas de bailoteo con un par de amigos y, como se me tiene que pasar el "subidón subidón" (leer ésto con voz de parodia homozappingera del Corazón Corazón), aprovecho para dejar unas líneas.
Esta tarde nos ha pasado a los tres bailongos una cosa alucinante y es que hemos quedado con un amigo para tomar el primer café del año y, de repente, nos ha dejado medio con la palabra en la boca y se ha largado. El motivo: El debate que teníamos sobre la ley ésta antitabaco. Él, que es fumador, recibió una llamada de otra fumadora (jo... ésto parecen los moros y cristianos) y nos comentaba, espantado, que ésto era la punta de lanza de un futuro fascismo. Yo, claro, le repliqué que a mi me parecía genial que por fin hubiera una ley que va a garantizar alguna zona de no fumadores en este país del segundo mundo y medio. Porque, claro, parece muy difícil de entender que cuando no eres fumador es bastante desagradable esa sensación de aire viciado y que a veces los locales, mal ventilados, se convierten en auténticas cámaras de gas que te irritan los ojos y toda la garganta. Me negaba incluso mi día a día... Cómo tienes que callarte en este país de maleducados cuando vas al mercado y la maruja de turno está comprando en la pescadería con el cigarro en la mano -¡coño! ¡Que está echando el humo en toda la comida!- o cómo, de repente, entras en el ascensor de tu edificio y ha bajado un matrimonio de fumadores que lo han dejado con un fresco aroma de mierda.
Acostumbrados, como se estaba, a que los fumadores encendieran los cigarrillos donde les viniera en gana, qué modernidad... no se ha sido consciente de que han sido un colectivo muy poco educado... y muy poco considerado con aquel que quisiera respirar simplemente aire. Parece que eran inconscientes de sus acciones en su hábito. No sé yo hasta qué punto esa libertad era tal cuando no respetaba tu libertad de elegir que no hubiera humo. Yo a eso sí que le llamo punta de lanza de un fascismo. No nos engañemos, los costes de no dejar fumar a los locales de ocio no les va a compensar, por lo general, y se va a poder fumar en casi todos, pero ahora habrá algunos locales que tengan el cartelito, y el cartelito se respetará sí o sí porque, por fin, se entenderá que el fumar es una opción, y no una obligación impuesta por los fumadores a todo el mundo a su alrededor.
Yo seguiré yendo donde me dé la gana porque no me molesta especialmente el humo pero estoy feliz porque sé que ahora la gente más sensible con el tema no tendrá por qué tragarlo. Por ejemplo, ahora tengo toda la ropa y el pelo oliendo al humo del garito y me lo he pasado bomba, pero lo he elegido. Soy feliz pensando que podría haber elegido ir a un lugar libre de humo y ahora olería a mi colonia mezclada con la normal sudoración del bailoteo. Soy feliz de pensar que puedo tomarme un café en un sitio donde nunca haya entrado un cigarrillo y en el que, al entrar, huela sólo a café, a la canela de los muffins etc. No ese ambiente viciado propio de cafés "de viejos"... De esos con calamares pintados en los cristales que, pueden tener su encanto pero, modernos... lo que se dice modernos no son.
Llevan dos años friendo a todo el mundo con el hecho de que el uno de enero de 2006 ésto iba a cambiar etc. y cuando les sacabas el tema de por qué no intentaban bajar la cantidad de cigarrillos para no pasarlo tan mal, te decían que ya lo harían cuando la ley entrase en vigor, como si el día de ayer no fuese a llegar. Pues la ley, gracias a Dios, ha llegado. Y las empresas tienen sus obligaciones... Habilitar zonas, dar cursillos... Y ahora que nos ha pillado el toro (¡Qué cosa tan española!) qué... Que me digan cuántos se han pasado por el sindicato o a charlar con los directores de sus empresas sobre el tema durante el 2005 para estudiar cómo hacer este momento más llevadero. Si no han encontrado comprensión y ayuda que cuenten conmigo para firmar peticiones, para manifestarme a su lado pero los que no... Ay, los que no... Qué bonito es quejarse y sentirse víctima. Que se acuerden de cuando encendían el cigarrillo en el metro, por sus santos cojones, ¡qué gracia! o en los asientos de atrás del bus, de adolescentes...
Ahora me río yo. Por las veces que me ha jodido estar en el curro y que mientras tú tenías tu descanso para comer y punto, los fumadores tuviesen sus paroncillos durante el día para fumar sus cigarrillos. ¿Acaso les pagaban de menos ese tiempo que no curraban porque, desde luego, más horas no hacían?
Qué bonito es no querer ver.
p.d. Por lo que llevo de año, y se ve en este blog, parece que éste, más que el año del perro, va a ser el año del mono.





