Noche de reyes

La verdad es que ayer volví a estar en mi línea: Frente al rechazo que siento por eso de salir, se va instalando en mi persona el concepto de no entrar. Ésto es, que yo, que soy muy de cafés y poco de noche, estoy cómodo y me quedo, y me quedo... Hasta que me dan las siete de la mañana.
Había quedado con Loreto, una amiga que me eché con cinco años... y quedé con ella en que la llamaría por la tarde, cuando terminase una reunión que Betty y yo teníamos con alguien que no terminò de llamar para concretar la cita y nosotros, esperando, esperando... pues que nos dió la hora de ir a la segunda sesión del cine a ver "Una joya en la familia", peli que no sé si recomendar aunque no me disgustó. El caso es que como me temo que la peli me moló por motivos extracinematográficos, y yo soy raro, raro... pues me abstengo. Hasta donde puedo contar, mola ver a Sarah Jessica Parker con una camisa sucia durante el transcurso de todo un día. Y no digo más de la peli, que se me puede ver el plumero... Sólo que al final meten un recurso megafacilón que me parece absurdo, pero del que me alegré porque así no fui yo el único indignado con el final de la peli. Je, je... Todo el mundo salió jodido. Y ahora sí que no digo más que qué desastre de distribuidora... Si se descuidan estrenan absolutamente fuera de Navidad, y es una peli navideña.
Fuimos a cenar a casa de Betty... Ayer fue Bettyday... y me tomé una sopa de cebolla que me sentó genial y, cuando iba camino de casa dije... qué coño... ¿No encontraré a nadie en ningún local, con lo pendones que son mis amigos? No me equivoqué... En el Ricks me encontré con Miguel, que se agobió porque el lunes tiene que entregar dos artículos y me dejó con la copa en la mano. Y ahí es cuando, probado ya el roscón, cortesía de Pepe... fue cuando los Reyes me dejaron mi primer regalo... Un trozo de carbón que te cagas en las bragas. El caso es que fui a saludar a un conocido de la época de yo qué sé... Le saludé y le dejé al momento porque iba un poco perjudicado. Junto a él, un chico muy pero que muy sonriente... y voy yo... -Me suena tu cara- y él -Hombre, espero...- y yo que no caigo, que no caigo... Me voy porque cuando veo a gente perjudicadilla de más me da como pena, no sé... Y al rato, cuando ya me había quedado solo, saliendo del baño me aborda un tipo colocadísimo, en pleno momento exaltación de la amistad (yo no le había visto en la vida) que no hacía más que preguntarme dónde se podían pillar drogas y tal... Total, que veo al chico sonriente, amigo de mi amigo... y le digo -Tío, sálvame... Haz como que vengo contigo y no puedes estar sin mi...- y él que se ríe... Y yo que me empiezo a sentir mal, y mal, y peor... ¡Coño! Como que caigo... Es Alfredo. Y dirás tú ¿Y a mi qué? Pues que es uno de mis amigos más queridos... Que llevaba sin verle ni sé la de años... De hecho, Raúl... El chico que os dije que estaba perjudicadillo aparece en mi móvil como Raúl Alfredo, para ubicarlo... En todos estos años, no ha habido ni un día que no me haya cruzado con Raúl que no le haya preguntado por mi amigo Alfredo. Y cuando le tengo frente a frente, no le reconozco... Ahora me siento fatal. Como yo le dije... - Lo mío no tiene nombre pero lo tuyo tiene un nombre muy feo... ¿Cómo no me has dicho nada?- Y él, tan divertido... Y yo ya me comeré la cabeza toda mi vida, supongo. Al menos comí roscón.





